Ejercicio mindfulness para evitar el descontrol

Ejercicio de respiración “ZONA SOBRIA” para evitar caer en nuestros comportamientos adictivos y compulsivos

Este ejercicio se puede practicar en cualquier momento, es breve y sencillo. Podemos practicarlo en una situación estresante o de alto riesgo, cuando aparecen los deseos de volver a  consumir o de realizar la conducta adictiva que estamos intentando superar (un atracón de comida, tomar una copa,volver a llamar a la pareja con la que siempre peleaba, comprar compulsivamente…)

Nos ayuda a salir del piloto automático, permitiendo que nuestra respuesta no sea tan reactiva y sí más consciente y responsable.

Recordaremos sus pasos con el acrónimo SOBRIA

S de STOP: Acuérdate de PARAR, reducir la marcha (sal del modo automático)

OB de OBSERVAR: Observa qué está ocurriendo , qué emociones, sentimientos y pensamientos estás teniendo. Date cuenta de todo lo que pasa en tu interior, sin juzgar.

R de RESPIRAR: Concentra tu atención en la respiración, en las sensaciones que produce respirar

I de INCREMENTAR: Incrementa tu consciencia y respira con todo tu cuerpo.

A de APLICAR una nueva respuesta, en lugar de reaccionar automáticamente. Aplica tu consciencia para responder con total plenitud.

Más allá de la autoestima: la autocompasión

La curiosa paradoja es que cuando me acepto tal como soy, entoces puedo cambiar

Carl Rogers

Thich Nhat Hahn: “Eres una manifestación maravillosa. Todo el universo se ha unido para hacer posible tu existencia”

La compasión hacia uno mismo no pretende capturar y definir la valía o la esencia de quienes somos. No es un pensamiento o una etiqueta, ni una crítica o valoración. La compasión es una manera de relacionarnos con el misterio de quienes somos, respeta el hecho de que todos los seres humanos tenemos puntos fuertes y débiles.

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En lugar de perdernos en pensar si somos buenos o malos, tomamos conciencia de la experiencia del momento presente y nos damos cuenta de que todo cambia constantemente, todo es transitorio. Los éxitos y los fracasos vienen y van, no nos definen ni determinan nuestra valía. Sólo son una parte del proceso de estar vivo. Nuestra mente puede intentar convencernos de lo contrario, pero nuestro corazón sabe que la verdadera valía radica en la experiencia fundamental de ser una persona consciente que siente, percibe y ama.

A diferencia de la autoestima, los buenos sentimientos de la compasión no dependen de ser especial ni de alcanzar los objetivos ideales. En lugar de compararnos con los demás, nos centramos en lo que compartimos y nos sentimos más conectados y completos. Los buenos sentimientos de la compasión no desaparecen cuando metemos la pata y somos imperfectos. Cuando la inconstante autoestima nos abandona, el abrazo de la compasión siempre está allí.

La compasión hacia los demás implica:

  • Reconocer y ver claramente su sufrimiento
  • Sentir bondad hacia los que sufren, surgiendo de nosotros un deseo de aliviar su sufrimiento
  • Aceptar que el ser humano es imperfecto y frágil

La compasión hacia nosotros mismos tiene las mismas cualidades.

Emplear la Auto-compasión es como hacer mágia, pues transforma el sufrimiento en alegría. Se da la Alquimia emocional: Cuando aceptamos nuestro dolor con afecto y atención, cuando nos dedicamos compasión hacia nosotros mismos, el nudo de la autocrítica empieza a desacerse para ser sustituido por un sentimiento de aceptación tranquila y conectada. Se produce una transformación espiritual y emocional, como si nuestra esencia, nuestro diamante, surgiera del carbón.

Cuando decidimos abrazar nuestra naturaleza humana imperfecta con compasión, todo cambia. Al responder a nuestro dolor con cariño y conexión, calmándonos y consolándonos cuando nos enfrentamos a nuestra imperfección, creamos nuevas emociones positivas que no estaban ahí un segundo antes:

En lugar de sentirnos incompetentes, nos sentimos capaces y conectados al recordar ese aspecto compartido de la experiencia humanaimages.jpeg

En lugar de limitarnos a sentir tristeza, sentimos esa tristeza pero también ternura al preocuparnos por una herida que hay que curar.

En lugar de limitarnos a sentirnos asustados, sentimos ese miedo pero también nos consolamos con cariño y atención.

Abrazamos nuestras emociones negativas con el calor de los buenos sentimientos. Porque en cada momento de angustia se agazapa el potencial de la satisfacción. El dolor puede convertirse en la puerta de la felicidad, ya que sentirnos amados, cuidados y conectados es lo que nos hace verdaderamente felices.

“Los seres humanos deseamos la felicidad por naturaleza y no queremos sufrir. Por este motivo todo el mundo intenta conseguir la felicidad y librarse del sufrimiento, y este es un derecho fundamental para todos. Si tenemos en cuenta el verdadero valor de un ser humano, todos somos iguales” Dalai Lama

Es decir, no tenemos que ganarnos el derecho a la compasión, ya que nacemos con él

TRES ELEMENTOS DE LA COMPASIÓN

La compasión hacia uno mismo abarca tres elementos fundamentales:

  1. Bondad hacia uno mismo, ser amable y comprensivo.
  2. Reconocer nuestra humanidad compartida. Sentirnos conectados con los demás.
  3. Atención plena, Presencia o Mindfulness

1. La bondad hacia uno mismo consiste en dejar de juzgarse y emitir comentarios internos denigrantes, entender nuestros puntos débiles y nuestros fracasos en vez de condenarlos, y además consiste en consolarnos activamente.

En lugar de maltratarnos sin piedad cuando fallamos tenemos otra opción: reconocer que todo el mundo se equivoca y tratarnos con amabilidad. Cuando nos envolvemos en el cálido abrazo de la bondad hacia nosotros mismos, nos sentimos sanos y salvos.

Para ser amables con nosotros mismos debemos ser conscientes de nuestro monólogo interior y emplear un lenguaje empático, no crítico.

2. Nuestra humanidad compartida.

“Un ser humano es parte de un todo al que llamamos Universo. El hombre se experimenta a sí mismo, a sus pensamientos y sentimientos como algo separado del resto (una especie de ilusión óptica de su conciencia). Esta ilusión es como una prisión, que nos encierra a nuestros deseos personales y en el afecto a las personas más cercanas. Nuestra tarea debe ser escaparnos de esta prisión y ampliar nuestro círculo de compasión, para abrazar a todas las criaturas vivientes y a toda la naturaleza en su belleza. Nadie puede lograr esto por completo, pero el esfuerzo por conseguirlo es, en sí mismo, una parte de la liberación y la base de la confianza interna” 

(Einstein)

El sentimiento de compasión surge del reconocimiento de que la experiencia humana es imperfecta. Todos los seres humanos somos falibles. Cuando estamos en contacto con nuestra humanidad común recordamos que los sentimientos de inadaptación y decepción son compartidos.

Cuando nos juzgamos a nosotros mismos por nuestros defectos damos por sentado que existe una entidad separada y claramente delimitada que llamamos “yo” que es la culpable de nuestros fracasos, pero lo cierto es somos la expresión de millones de circunstancias previas que se han unido para darnos forma en el presente.

A veces nos culpamos porque querríamos creer que tenemos el control. Nos asusta reconocer la interconexión esencial que te hace admitir que el control sobre mis pensamientos y actos es sólo una ilusión.

Al reconocer la naturaleza compartida de nuestra imperfección, la compasión hacia uno mismo aporta el sentimiento de conexión necesario para avanzar y desarrollar todo nuestro potencial.

3. La Atención Plena o Mindfulness

Es el tercer elemento clave para despertar nuestro corazón.

Gracias a la Atención plena afrontamos la realidad, vemos las cosas como son, de forma clara, sin críticas, con aceptación del momento presente.

El mindfulness nos sitúa en el momento presente y nos aporta la toma de conciencia que forma la base de la auto-compasión. Como un estanque transparente y tranquilo, sin ondas, el mindfulness refleja los hechos sin distorsiones.

En lugar de perdernos en “nuestro culebrón particular”, nos permite observar nuestra situación con perspectiva y nos ayuda a no sufrir innecesariamente. Para que no nos pase como a Montaigne, el filósofo frances:

 “Mi vida ha estado llena de terribles desgracias, la mayoría de las cuales nunca sucedieron” 

Cuando eres consciente de que estás experimentando determinados pensamientos y sentimientos dejas de estar perdido en la trama de tu vida.

Imaginemos un pájaro volando en el cielo. El pájaro representa un pensamiento o emoción que estás experimentando en este momento, y el cielo representa el mindfulness, que contiene el pensamiento o emoción. El pájaro podría empezar a hacer giros inesperados, bajar en picado, etc. pero el cielo seguiría ahí, imperturbable. Cuando nos identificamos con el cielo en lugar de con el pájaro (cuando nuestra atención se deposita en la conciencia misma y no en el pensamiento o emoción que se desencadena dentro de esa conciencia), permanecemos tranquilos y centrados.

Así nuestro sentido del “Yo” deja de estar atrapado y de verse arrastrado por el contenido de la conciencia; permanece centrado en la conciencia misma. Podemos sentir ira, sin pensar que esa ira nos definen. Yo soy aquel que observa lo que pasa, no las cosas que pasan. Las cosas que pasan ni son yo, ni me pertenecen a mí. No soy la ira, ni la maldad. Soy el que observa esa emoción que pasa por mí.

El auténtico tesoro que nos ofrece el mindfulness es que nos brinda la oportunidad de responder en lugar de limitarnos a reaccionar. Cuando somos capaces de reconocer lo que sentimos en el momento presente, podemos impedir que esos sentimientos nos lancen a la acción.

A través de la meditación o el mindfulness podemos salir de lo que en budismo se denomina “samsara” o apariencia ilusoria de la realidad, que se deriva del continuo hábito de dividir en dos el campo de la experiencia y suponer que el ego que observa es algo separado del resto. Con la meditación podemos acceder a un conocimiento directo de la totalidad

El Maestro Tailandés Ajahn Chah dice:

“Aparezca lo que aparezca en tu mente obsérvalo. Examina cómo los sentimientos y pensamientos van y vienen, no te aferres a nada. Se consciente de lo que ves, sea lo que sea. Y no creas que nada de eso eres tú. Todo es solamente una visión, una construcción de la mente”

¿De dónde surge nuestro sufrimiento?

El sufrimiento surge de comparar nuestra realidad con nuestros ideales. Como hay pocas posibilidades de que la realidad encaje con nuestros ideales, el sufrimiento es omnipresente.

El sufrimiento aparece cuando nos resistimos al dolor. No podemos evitar el dolor, pero no tenemos que sufrir debido a ese dolor.

El sufrimiento tiene una fórmula matemática, es igual al dolor por nuestra resistencia. Cuanto más nos resistimos a lo que ocurre en el momento presente, más sufrimos.

El dolor es como una sustancia gaseosa. Si permites que simplemente esté ahí, libre, acabará disipándose por sí solo.

Si luchas contra el dolor y te resistes a él, lo encierras, la presión aumentará más y más hasta que se produzca la explosión.

Con la Atención Plena, con la meditación, podemos distinguir aquellos aspectos de nuestra experiencia que podemos cambiar y los que no. La oración de la serenidad de Alcohólicos Anonimos describe bien esta idea:

Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar,

valor para cambiar las cosas que sí puedo cambiar,

y sabiduría para reconocer la diferencia

La belleza de la compasión radica en que en lugar de sustituir los sentimientos negativos por otros positivos, se generan nuevas emociones positivas aceptando las negativas.

“El sufrimiento solo se cura soportándolo hasta el final

Marcel Proust

El silencio

Para lograr el silencio interior es necesario dedicarnos tiempo para ese “cultivo”, al igual que dedicaríamos un tiempo a nuestro jardín si queremos que esté lleno de flores.

img_4579Cuando surge un problema y comenzamos a sentir ansiedad, enfado, desesperación,impulsividad, … y no sabemos qué va a pasar o que hacer, podemos dedicarnos unos minutos de silencio, centrando la atención no en el problema, sino en nuestra respiración, inhalando y exhalando. Si los pensamientos sobre el problema llega a nuestra mente los observamos y seguimos concentrados en la respiración y después de hacer esto, ya con más calma podremos afrontar la situación- problema de otra manera.

Puede que no lo consigamos a la primera, pero igual que en el gimnasio vas poco a poco desarrollando tus músculos, practicando el silencio y el mindfulness desarrollas habilidades que en un principio están “flojas”.

Así como cada gota de agua,abono, y  rayo de sol le da vida a la flor, practicando el silencio se le da otro sentido a las dificultades, por lo tanto a la vida y como la percibimos. Podemos afinar nuestro oido y escuchar el sentido de nuestra vida.

El objetivo del silencio no es simplemente apaciguar nuestra mente sino entrar dentro de lo más profundo de nosotros mismos para no vivir distraídos o inconscientes de lo que pasa en nuestro interior. En definitiva el objetivo final del silencio es acoger al Universo en nuestro Corazón.

Adios preocupaciones

¿Amargas tu presente lamentándote por tus errores pasados o por sucesos que ocurrieron tiempo atrás? ¿Huyes del presente soñando con otro futuro más ideal? ¿Repasas lo que te han dicho, lo que deberías haber hecho tú y no hiciste o dijiste?

Existe una “receta rápida” o pauta para poder reducir nuestro ruido mental de preocupación. Todos sabemos que preocuparnos no sirve de nada, puesto que mientras estamos en esa “rumiación” no somos capaces de afrontar ni cambiar nada. Pero…¿Cómo dejamos de preocuparnos, cómo salimos de nuestra mente?

Te proponemos una sencilla técnica que sólo tiene 3 pasos:

  1. ¿Qué es lo peor que puede sucederme…?Analiza la situación de forma valiente y honesta e imagina qué es lo peor que podría ocurrirte por ello
  2. Encara lo peor. Después de imaginarte lo peor que pudiera ocurrirte, hazte uno con ello, no luches, acéptalo.  Hazte a la idea de que eso, lo peor, está pasando. Aunque te extrañe seguramente sentirás paz, ya que lo que rechazamos nos destruye y lo que aceptamos nos transforma.
  3. El paso 3 es mejorar lo peor: dedicar tiempo y energía a mejorar lo peor que ya tienes aceptado.

Una de las peores características de la preocupación es que destruye nuestra capacidad de concentración. Pero cuando nos obligamos a encarar lo peor y lo aceptamos mentalmente nos colocamos en condiciones de concentrarnos en nuestro problema.

Estos tres sencillos pasos nos saca de las nubes negras en las que andamos a tientas cuando las obsesiones nos ciegan

Decía William James a sus alumnos:

“Aceptad que haya sido así…

Aceptad que haya sido así, porque la aceptación es el primer paso para superar las consecuencias de cualquier calamidad”

Lin Yutang, filósofo chino, escribía en “La importancia de vivir”:

“La verdadera paz de espíritu viene de la aceptación de lo peor.

Psicológicamente creo que eso significa una liberación de energía”

img_9737.jpgCuando aceptamos lo peor ya no tenemos nada que perder, y por tanto todo que ganar. Sientes alivio y puedes pensar!! Y aún mejor: actuar!!

Es muy importante interiorizar estos pasos, apuntarlo y emplearlos a menudo. Mira tus obsesiones como oportunidades para practicarlos. Recuerda lo que decía el doctor Alexis Carrel: Aquellos que no saben cómo combatir la preocupación mueren jóvenes, o al menos se les hace la vida muy larga.

La otra regla fundamental para ser feliz y controlar las obsesiones es:

 


Vive el presente. Vive solamente el día de hoy. Aprende a meditar, practica el mindfulness…

Con ambas cosas, la regla de los tres pasos y la vivencia del presente sentirás la gran liberación que estabas buscando

Los 5 obstáculos de nuestra mente

Hay pensamientos y emociones que se enredan en nosotros y crecen desmedidamente, como las malas hierbas del huerto. Nos impiden tener claridad, espacio interior para tomar las adecuadas decisiones, poniéndonos en riesgo de recaer cuando hemos superado un problema o una adicción. Nos distraen, sabotean nuestro propósito y nublan la conciencia

Conocer esos 5 obstáculos o malas hierbas de nuestra mente es fundamental:

  • Deseo sensual
  • Hostilidad
  • Pereza y letargo
  • Inquietud y ansiedad
  • Duda e indecisión

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Deseo sensual 

Es el deseo de ser feliz a través de nuestros sentidos. Vemos algo en un escaparate y lo deseamos, nos hace sentir bien comprarlo. Olemos un pan recién hecho y tenemos ganas de darnos ese placer…Hay un deseo sensual que nos empuja a satisfacer nuestras necesidades por medio de nuestras adicciones. También existe el deseo sensual de poseer bienes materiales, tener más dinero, el último móvil de diseño, etc

Los deseos de placer forman parte del ser humano, pero cuando son el centro de nuestra vida y controlan nuestra existencia se convierten en un problema.

El antídoto para el deseo sensual es la MODERACIÓN. Para ser más moderados hemos de apreciar la imperfección de la vida, pues la búsqueda de perfección multiplica los anhelos. Y como nada es perfecto nunca quedamos satisfechos.

Hostilidad

Cuando nos supera el deseo vehemente aparece la hostilidad o aversión, en forma de resentimiento, envidia, celos, agresión, odio o quejas.

Con ello nos castigamos y castigamos a otros. Tras una recaída en una adicción suele ser un estado mental frecuente

 

El antídoto de la hostilidad es el cultivo del amor , la compasión, el perdón  y la bondad. Una manera es aportarnos las 4 necesidades básicas del corazón: atención, afecto, aprecio y aceptación.

Inquietud y ansiedad

La inquietud y la ansiedad se manifiesta a través de preocupaciones en la mente, de un estado de insatisfacción, que nos agitan, deseando nuestra adicción para calmarnos.

Nos alejamos del contacto con la respiración y se nos acelera el corazón.

El antídoto de la inquietud es la presencia, la atención plena en nuestra respiración, sintiendo nuestro cuerpo gracias a prácticas de mindfulness en nuestra vida cotidiana.

Pereza y letargo

La pereza es una inercia del cuerpo y el letargo es el estancamiento de pensamientos y sentimientos.

La pereza es una dejadez muy marcada. Quizá hemos sido muy indulgentes con nosotros mismos o que no hemos sabido enfrentarnos a las acciones equivocadas que hemos cometido.

El letargo es un embotamiento de la mente y un desinterés con lo que ocurre a nuestro alrededor.

La pereza, el letargo y el cansancio se alimentan entre sí.

Hemos de trabajar para superar este obstáculo, levantarnos y saltar, salir al aire fresco, encontrar algo que nos inspire o nos motive. Crear un ritmo o rutina en nuestra vida nos hará mantener la energía y nos dejaremos llevar por la inercia de la pereza.

Necesitamos comprometernos con nuestra vida, sin permitirnos vivir en una indulgencia excesiva.

Duda e indecisión

La duda socava nuestra recuperación. La secuestra. La duda es el obstáculo que dice “no vale la pena. La recuperación no es para mí. Nunca lo lograré”

La duda nos impide comprometernos totalmente con nuestra recuperación.

El antídoto contra la duda es vivir de acuerdo a nuestros valores y prioridades

Haz una pausa para reflexionar:

¿Cuál es mi principal obstáculo?

¿Cómo se manifiesta en mi vida?

¿De qué obstáculo necesito alejarme para tener éxito en mi recuperación? ¿Qué puedo hacer?

Para poder afrontar los 5 obstáculos es muy importante la práctica de la meditación. Durante nuestra experiencia meditativa surgirán todos esos estados y podremos observarlos. Practicar el reconocimiento de esos obstáculos  mientras cultivamos una actitud de curiosidad ante ellos, y no tanto el resistirnos o querer eliminarlos. Hacernos conscientes de nuestras sensaciones de malestar, de sopor, o de inquietud en el momento presente que ocurren nos facilita observar nuestra tendencia a reaccionar automáticamente cuando aparece un deseo intenso de volver a  las conductas que nos dañan o nos alejan de nuestros objetivos.

Meditación contra la anorexia

Queremos compartir con vosotros este artículo publicado en El Mundo por Raquel Villaécija, donde nos entrevistaron sobre la meditación y la anorexia. Esperamos que os guste:

“Sara Ferrer descubrió el mindfulness en el momento en el que aceptó que sufría un trastorno de la alimentación. Vivía, según relata, desconectada de sí misma, de sus necesidades físicas y biológicas. Empezó a practicar la meditación en la atención plena y experimentó una gran mejoría. “Me ayudó a escucharme, a observar qué es lo que necesitaba mi cuerpo. Volví a recuperar el contacto con esa parte de mí misma que tanto rechazaba”, explica Ferrer, que ahora trabaja como coordinadora del programa de alimentación consciente en la Escuela Transpersonal en Madrid.

Cada vez más centros y profesionales que tratan a pacientes con Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) están introduciendo el mindfulness, o la práctica de la atención plena, en sus terapias con los enfermos para obtener mejores resultados. “Esta herramienta lo que permite es pasar de la conducta compulsiva que se da en este tipo de trastornos a una mucho más consciente. Se trata, en definitiva, de ser conscientes de la cantidad que comemos, saber qué es lo que necesitamos ingerir y ser dueños, en definitiva, de nuestros actos”, explica Carmen Tolosa, experta del Centro de Psicología Aplicada de la Universidad Autónoma de Madrid sobre Trastornos del Comportamiento Alimentario.

Aunque en España elmindfulness aún no está muy extendido en los tratamientos de estas enfermedades, “cada vez hay más psicólogos que las conocen y las utilizan como una herramienta más de trabajo a la hora de evaluar a los pacientes”, señala Tolosa.

Para la psicóloga Sara Valcárcel, “la anorexia o la bulimia son trastornos mentales que tienen una raíz profunda y, por eso, cada caso es personal e intransferible, pero cualquier herramienta que ayude al enfermo a conectar consigo mismo es sin duda apoyo importante en su tratamiento”.

El mindfulness y la meditación logran “rápidos beneficios” en los enfermos, según Darina Nikolaeva, de la Escuela Transpersonal. “Los pacientes que sí lo practican o lo introducen en sus terapias evolucionan mucho más rápido e incluso hay altas totales”, explica Tatiana Muñoz, que trata a personas con estos problemas desde hace 15 años.

Según Carmen Tolosa, el mindfulness “ayuda a regular emociones e identificar aquellas que pueden desembocar, por ejemplo, en atracones o en actos de purga como el vómito”. Según Tatiana Muñoz, “cuando la gente empieza a meditar, sale del estado emocional que le ha llevado a padecer esos síntomas asociados a la comida. Al meditar es como si le dieran al pause y vieran las cosas desde otra perspectiva mucho más consciente. La actitud de no enjuiciarse a sí mismo y aceptar la realidad tal y como es ayuda a que lo emocional no nos secuestre. Pero no se trata de estar relajado, como en la meditación, sino de estar consciente”.

En el hospital Universitario La Paz ya se utiliza el mindfulness para tratar a personas con estos problemas. Uno de los referentes internacionales está en la facultad de Medicina de la Universidad de Montreal, en Canadá. “Intentamos tratar al enfermo o la enferma con ejercicios que calmen el estrés y cultiven una resiliencia a largo plazo. Está científicamente probado que la meditación es beneficiosa y eficaz a la hora de mejorar la salud y la calidad de vida de estos enfermos”, explica el doctor Hugues Cormier, uno de los responsables del programa.

Para el doctor Jean Wilkins, que lleva 30 años tratando a adolescentes con anorexia, “es importante crear un vínculo con el joven, intentar comprender el problema que le ha hecho caer en la enfermedad, y eso se hace a través del diálogo y con tiempo. El tiempo es muy necesario”, añade.

Para Sara Ferrer, que ha vivido el problema desde los dos lados, la alimentación consciente ayuda a “saber qué es lo que necesitas comer, identificar si es hambre física o emocional. Aprendes a controlar la cantidad, a observar los sabores. Empiezas a sentir el hambre, que es tan rechazado por el enfermo en una determinada fase de la enfermedad. Se trata de volver a sentir en el cuerpo las necesidades físicas que durante tanto tiempo han estado desatendidas”.

Alimentación sana y ortorexia

Hay una línea muy fina entre lo que puede considerarse una predilección por la comida sana (un estilo de vida consciente)  y una obsesión por la calidad, pureza y origen de los alimentos, que nos llevaría a la ortorexia.

La ortorexia es un trastornos de la conducta alimentaria, al igual que la anorexia, la bulimia o el trastorno por atracón . La Ortorexia Nerviosa, la vigorexia, la alcoholexia y la Pica, están consideradas como trastornos de la conducta alimentaria no especificados (TCANES).

La ortorexia se define como una obsesión por el consumo de alimentos sanos, hasta un nivel que cabe considerar patológico.  Este trastorno fue definido por primera vez por el médico norteamericano Steve Bratman en 1997, en un libro publicado en el año 2000 en USA y titulado “Health Food Junkies” (“Yonkies de comida sana”).

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En muchos casos la obsesión por la comida pura, ecológica y sana esconde patologías más complicadas de detectar y sanar que la anorexia. Esta obsesión puede conducir muchas veces a suprimir grupos enteros de alimentos por razones ideológicas que, en ocasiones, no se reemplazan correctamente por otros que puedan aportar los mismos complementos nutricionales ocasionando graves problemas para la salud.

Los ortoréxicos suelen ser personas con normas muy rígidas, si en algún momento no las cumplen se angustian y autocastigan con dietas más estrictas, depuraciones o prácticas de ayuno, alaban sus éxitos y tienen un estricto autocontrol para resistir las tentaciones, la autoestima se ve envuelta en la pureza de su dieta y sienten superioridad hacia aquellos que no siguen sus mismos hábitos alimentarios, lo cual les produce una sensación de seguridad y control, desplazando todo el significado de sus vidas hacia la comida sana.

Su vida social y familiar se resiente, no consienten comer comidas “no sanas o impuras”, por lo que han de reducir sus relacione sociales.

¿Cómo podemos diferenciar una decisión saludable de comer consciente y ecológicamente por una patología? La clave reside en la obsesión y el deseo de pureza, la rigidez y la culpabilidad al infligir las reglas y el valor añadido que la persona siente tener por su forma de comer. El ortoréxico escucha más a su mente, a sus ideologías sobre alimentos puros, que a su propio cuerpo.

En cambio aquellos que han evolucionado y son conscientes de la importancia que la alimentación tiene en nuestra salud y nuestras emociones y por ello eligen alimentos ecológicos, preparados de modo saludable, comidos con un enfoque mindfull eating, escuchan a su cuerpo y tienen en cuenta al entorno . Valoran los momentos sociales, dan importancia a las redes humanas, relativizando la gravedad de comer puntualmente alimentos menos sanos. En ocasiones una buena compañía nos nutre más que un maravillosos alimento y quien se encuentra en equilibrio, sano psíquicamente, lo percibe y lo prioriza.

El Dr. Bratman diseño un test de autodiagnóstico para detectar los síntomas de este trastorno de alimentación con las siguientes preguntas:

a) Dedica usted más de 3 horas al día a pensar en su dieta sana.

b) Se preocupa más por la calidad de los alimentos, que del placer de consumirlos.

c) Ha habido una disminución de su calidad de vida, conforme aumenta la pseudocalidad de su alimentación.

d) Se siente culpable cuando no cumple con sus convicciones dietéticas.

e) Realiza una planificación excesiva de lo que comerá al día siguiente.

f) Está experimentando un aislamiento social, provocado por su tipo de alimentación.

La respuesta afirmativa a estas y otras cuestiones similares permitirían, según Bratman, diagnosticar ortorexia.

Si crees que padeces ortorexia y quieres ayuda para sanar, ponte en contacto con nosotros en info@esenciadealquimia.es. Estaremos encantados de acompañarte

Tatiana Muñoz