Abriendo la puerta a tu verdadero Yo

Hoy queremos mostraros un mapa muy interesante. Es el mapa para el viaje de regreso al espacio interior en donde se sitúa tu verdadera identidad, tu “Yo verdadero”. El plano que nos lleva del miedo a la identidad esencial.

Imagina tres círculos concéntricos, con un anillo exterior, otro medio y otro interior. 

mapa circular.jpgAl exterior le denominamos la capa de protección, que es el hogar de tu adulto compensado.

Al segundo anillo le llamamos capa de la vulnerabilidad y los sentimientos y es la sede de tu niño vulnerable.

El centro es el núcleo del ser esencial, el hogar del “testigo”. Donde se encuentra el estado de la unidad con la existencia.

      

Normalmente vivimos en la capa exterior, bien “protegidos”, no por elección, sino de forma inconsciente.

Vivir en la capa de protección es algo seguro, conocido y sin peligro, pero lo sentimos como algo vacío. La vida comienza indicarnos de diferentes modos que algo anda mal: enfermamos, sentimos que nada tiene sentido, no encontramos nuestro lugar en la vida…

Una parte de nosotros sabe que para llegar al núcleo de nuestro ser esencial hemos de atravesar la capa del medio. Una energía desconocida y misteriosa nos empuja hacia dentro, nos invita a contactar con la vulnerabilidad, a quitarnos corazas.

Sentimos que nos movemos entre dos fuerzas opuestas: una que nos mantiene inconscientes pero seguros, y otra que nos mueve hacia lo desconocido, hacia una verdad mayor y más profunda.

La capa de protección

La capa más externa es un escudo que hemos creado para evitar sentir dolor y que nos hagan daño. Nos evita sentir miedo y dolor.

Para ello traslada esas sensaciones a cualquier acción adictiva, como la comida, las drogas, el sexo…o con pensamientos rumiantes y dramáticos.

Consiste en adoptar un rol, un papel detrás del cual nos escondemos: el espiritual, el divertido, el inteligente, el exitoso, el vegetariano, el pobrecito, el enfermo…y nos apegamos e identificamos tanto con nuestras identidades que ya no podemos des-identificarnos. Es una coraza fija que nos encierra dentro.

La capa intermedia es la capa de la vulnerabilidad

Es el espacio donde volvemos a conectar con nuestras heridas, con los miedos…

Poder investigar y atravesar por nuestra capa media, con comprensión amorosa y tierna, desbloquea aspectos que han quedado tapados bajo la vergüenza, como la energía sexual, la amorosa, la creativa y la extravagante. Al atravesar esta zona recuperamos nuestras energías vitales, liberándonos del peso de la culpa y el miedo

Nos permite salir del control para entrar en el corazón, abriendo un espacio de compasión y entrega que nos prepara para entrar en contacto con nuestro núcleo.

Cuando en lugar de luchar aprendemos a aceptar el miedo, el dolor, la incomodidad , la decepción…abrimos una puerta a nuestro ser esencial, nos recolecta con la unidad de la existencia.

El nucleo del Ser

Es un espacio de aceptación de la vida y compasión desbordante donde existe la sensación de entrega, confianza y no hacer. Se experimenta una sensación atemporal, expansiva, libre de ruido mental. Simplemente somos

Para llegar aquí se requiere de la meditación como puente entre capas. Cultivando esos espacio de silencio y observación experimentamos como la meditación se convierte en protagonista y guía. 

La salida está dentro…¿Te animas a usar este mapa y viajar hacia tu verdadero Ser?

Inspirado en el libro de Krishnananda “De la codependencia a la libertad. Cara a cara con el miedo”

 

Anuncios

¿Por qué medito?

¿Por qué meditamos?¿Qué buscamos exactamente?

Creer que meditamos sólo para sentirnos bien es un error. Meditar nos conecta en muchas ocasiones con nuestro dolor psicológico. La meditación nos muestra tal y como somos, nuestras luces y sombras, nuestras partes sabias y las confusas. 

Meditar nos ayuda a aceptarnos enteramente tal y como somos, a mantener una relación sincera con nuestra persona y sus sombras. 

Sólo cuando nos relacionamos con nosotros mismos sin moralizar, sin dureza y sin engaños, es cuando podremos transformar los aspectos que queremos cambiar. Querer mejorar sin aceptarnos verdaderamente solo trae resultados temporales. La transformación surge tras honrarnos tal y como somos, mirándonos con sabiduría y compasión.

Estamos programados para no tolerar el malestar, para buscar el placer y evitar el dolor. Desarrollamos habilidades para huir de lo incómodo, y nos hacemos adictos a sustancias y conductas para no sentir. Empleamos la comida para calmarnos, o nos vemos una temporada completa de una serie para no estar con lo que nos agobia. 

Animarnos a sentir nuestra propia vulnerabilidad es algo nuevo para nosotros, un potente antídoto difícil de incorporar en nuestras habilidades, pero gracias a la meditación aprendemos a hacerlo.

Meditar es el método para cultivar una incondicional amistad con nosotros mismos, y como dice Pema Chodron, “para abrir la cortina de la indiferencia que nos separa del sufrimiento de los demás”

Cuando meditamos se cultivan cuatro cualidades fundamentales: la firmeza, vernos con claridad, sostener la agitación emocional y vivir en atención plena.

La firmeza

Cuando practicamos la meditación reforzamos la capacidad de ser firmes con nosotros mismos, de ser leales a  las experiencias que vivimos. Se nos anima a meditar a diario, aunque sea por un breve espacio de tiempo, para cultivar esa firmeza: nos sentamos a meditar en cualquier tipo de circunstancia: estando sanos o enfermos, de buen humor o tristes, los días en los que nos sentimos más espirituales y los días más densos. Y con la practica vamos descubriendo que la meditación no consiste en entender o en alcanzar un estado ideal, sino en poder estar presentes con nosotros mismos.

Un aspecto de la firmeza es ser consciente de nuestro cuerpo. Cuando te sientas a meditar es importante relajarte en tu cuerpo, entrar en contacto con lo que está sucediendo dentro de él, habitarlo por completo.

En la meditación descubrimos nuestra inherente agitación. Unas veces queremos levantarnos, dejar de meditar. Otras conseguimos estar sentados pero nuestra mente viaja lejos. En ocasiones nos sentimos tan molestos que nos parece imposible seguir meditando. Y estas sensaciones no sólo nos enseñan a algo de nosotros mismos o un rasgo de nuestro carácter  sino de lo que significa ser humano. Ninguno de nosotros desea permanecer en lo incómodo, en la desnudez del presente. Estar presentes nos cuesta muchísimo. Y en esos casos, sólo la suavidad y el sentido del humor nos da la fuerza para tranquilizarnos.

Meditando aprendemos que la instrucción más importante es “!Sigue…sigue…sigue…sigue estando contigo mismo!”

Siempre que nos distraigamos hemos de animarnos con suavidad a “seguir estando con nosotros mismos” y a tranquilizarnos: ¿Te sientes nervioso? Sigue…, ¿las rodillas te duelen?Sigue…, ¿las preocupaciones te invaden? sigue…, !No puedo soportarlo más!! Sigue…Así es cómo cultivamos la firmeza

Vernos con claridad

Con la meditación aprendemos a volver a este momento, a estar aquí en el presente y ser honestos con lo que encontramos. Percibimos nuestra claridad y nuestra confusión tal y como son. No intentamos desprendernos de los pensamientos, sino que al etiquetarlos como “pensamientos” cuando la mente se distrae, vemos con claridad nuestros mecanismos de defensa, las ideas negativas que tenemos de nosotros mismos y los demás, nuestros deseos y expectativas. Vemos también la bondad, el valor y sabiduría que hay en nosotros.

Al practicar la técnica de ser conscientes con regularidad, ya no podemos escondernos de nosotros mismos. 

Sostener la agitación emocional

Tenemos la tentación de emplear la meditación como un medio de huir de las emociones problemáticas, como una forma de alejar la negatividad. Sabemos que hemos de estar abiertos a cualquier cosa que surja, pero sentimos el impulso de emplear la meditación como una herramienta de represión de lo que no queremos sentir ni ser.

Pero, como expresa Pema Chodron, la transformación de lo que no deseamos sólo ocurrirá cuando aceptemos respiración tras respiración, día a día, año a año, acercarnos a la agitación emocional que sentimos sin condenar o justificar nuestra experiencia.

No permanecer con nuestra energía emocional es un hábito humano común. Dejarnos arrastrar por nuestras emociones o reprimir los pensamientos son tácticas que usamos para huir del dolor emocional que sentimos. Pero la sabiduría es inherente a las emociones, y cuando luchamos contra ellas, rechazamos la fuente de sabiduría que hay en nosotros. Tomar consciencia y aceptar lo que hay es la puerta de la expansión de la conciencia

Vivir en atención plena

En la meditación cultivamos la habilidad de estar atentos a cada momento, elegimos estar plenamente aquí. 

Estar atentos a nuestra mente y nuestro cuerpo en este momento presente es una forma de ser afectuosos con nosotros mismos, con los demás y con el mundo. 

Volver al momento presente requiere de un ligero esfuerzo que se va trabajando y fortaleciendo, al igual que hacemos con nuestros músculos en un gimnasio. A veces descubrimos que nuestros pensamientos nos gustan tanto que no queremos dejar que se vayan, y sentimos que nuestra película interior es muy interesante o que nuestro mundo de fantasía es tremendamente seductor. Por ello aprendemos a esforzarnos con suavidad, aprendemos a cultivar la autocompasión para volvernos al momento presente. Al no bloquear nada adrede, al sentir directamente nuestros pensamientos y dejar que se vayan con una actitud de no darles importancia, descubrimos que nuestra energía original es tierna, sana y fresca

 

Inspirado en el libro de Pema Chodron “Los lugares que te asustan”

El fértil silencio

Tal y como expresa Antonio Blay, hay muchos tipos de silencio:

Hay un silencio que se produce o se registra en la mente, en la cabeza. 

Otro silencio se registra en el pecho, en el corazón. 

Hay un Silencio que se registra en el cuerpo como cuerpo. 

Hay un silencio que se percibe encima de mí. 

Hay un silencio que me rodea, que me envuelve. 

Hay un silencio que me penetra, que me llena.

 

El ego se llena de ruido para no sentir nada, sobretodo para no sentir su propio vacío. El ego teme al silencio porque en él se ve a sí mismo y siente todo lo que hay, las alegrías y las penas

En el silencio podemos volver a ser sensibles, abiertos, vulnerables y vivos. El ruido anestesia. El silencio despierta (Annie Marquier) 

No es fácil para muchas personas pasar del narcotizante y adormecedor ruido cotidiano al silencio fértil. Es necesario un entrenamiento que nos conduzca a conectar con el silencio y una predisposición adecuada que nos motive a salir de la adicción a hablar, hacer, ver y no pensar.

Para ello podemos comenzar reduciendo el “ruido” externo como la televisión de fondo, la tablet o el móvil como compañía constante. Así, pues, como dice Antonio Blay, la primera misión es tratar de reducir los estímulos externos a aquellos que son imprescindibles.

En segundo lugar, producir silencio de palabras externas. Hablamos por inercia, por costumbre, por convicción, por prejuicio, por estar dormidos. Muy pocas veces hablamos para decir realmente algo. El silencio externo, el que parece más fácil, simplemente callar, es ya una gran ayuda para nuestra madurez psicológica. Necesitamos madurar psicológicamente mientras aprendemos a contemplar, y el silencio nos ayuda a madurar debido a que habitualmente no disfrutamos del silencio de manera voluntaria.

Así, aun cuando todavía no tengamos el silencio interior, es decir, el silencio del pensamiento aquietado, el simple echo de quedarnos en silencio exterior ya nos hace madurar. Aunque sigamos pensando, en el silencio exterior los pensamientos van a mostrarnos alguna cosa gracias a que no caemos en la habitual evasión que nos conduce al sueño profundo. Entonces notaré algún ruido en la máquina psicológica, sentiré que algo esta sucediendo.

Cuando se está en soledad, uno no tiene más remedio que mantenerse ahí, en esa “terapia” de ver un poco los pensamientos. Así, estar callados voluntariamente nos permite madurar. todas estas cosas tienen valor cuando se hacen voluntariamente, ya que si no se hacen voluntariamente nos abocamos rápidamente a evasiones. Cuando voluntariamente hay silencio externo, no hay ninguna evasión. Aquí estoy callado; y puesto que veo algún pensamiento, ya hay alguna madurez.

En tercer lugar, producir silencio de las palabras internas. Las palabras internas son ese monólogo ó diálogo que está ocurriendo constantemente en nuestra mente: lo que yo me debo a mí, lo que me imagino que me dicen, lo que diría, lo que yo diré, lo que aparecerá, lo que ocurrirá.

Todo ese fantástico espectáculo que está pasando por nuestra mente es precisamente lo que hemos de aprender a que se reduzca. ¿Cómo conseguir que no tenga lugar? Ese espectáculo ocurre justamente en la medida inversa de mi lucidez; cuanto más lúcido, menos se produce; cuanto más dormido, más producción.

En cuarto lugar hemos de conseguir el silencio de nuestro nivel emocional. Este silencio se produce automáticamente al reducir los estímulos externos y los internos. Porque la emoción no es otra cosa que una reacción automática, un contraste entre estímulos y modos internos que tenemos de pensar, de sentir, de querer. Luego, tratar de producir el silencio en los sentimientos.

Y, por último, tratar de que se produzca el silencio en las sensaciones.

Más adelante, cuando uno aprende a vivir en silencio se produce un nuevo grado de realización: uno aprende a vivir del silencio, uno aprende a vivir las cosas que vive como procedentes de este silencio. El silencio es la raíz, es la causa, es la matriz, es donde está la verdadera significación, es el verdadero sentido de lo que aquí ocurre, el verdadero argumento. Todo lo que aquí ocurre son solamente señales, símbolos de una realidad que subsiste detrás de todo esto. Vivir el silencio quiere decir tomar conciencia de esa verdad que ya existe y que es la que hace que se vayan expresando las cosas, en cada momento, de un modo y no de otro .(Antonio Blay)

Una vez que hemos aprendido a disfrutar del silencio físico y material, comenzamos a descubrir que el silencio es lo que está detrás de todas las cosas, de todos los fenómenos. Por lo tanto, no tiene ninguna conexión entre fenómeno y fenómeno, entre uno y otro. Lo cual quiere decir que no hay ninguna incompatibilidad en que uno pueda vivir, a la vez, el silencio y la acción. Precisamente porque son dos dimensiones distintas.

No es algo que suela ocurrir cuando nos iniciamos en su descubrimiento. Primero aprendemos las letras y después leemos. Por ello al principio comprendemos el silencio como ausencia de fenómenos, como alejamientos de nuestra identificación con las cosas, con el pensar, con el sentir, con el hacer. Esto es cierto como camino, como aprendizaje, ya que, dado que nosotros estamos partiendo de nuestra identificación exclusiva con los fenómenos, hemos de soltar esa identificación para poder descubrir algo nuevo. Pero no porque el fenómeno sea incompatible con el silencio.

Cuando se abre al silencio uno descubre que no sólo existe silencio en esas intermitencias, en esos espacios huecos sin televisión, sin hablar, o en una meditación. Sino que percibimos que el silencio es una realidad permanente, es lo Único Permanente. El silencio está coexistiendo detrás de todo lo que existe, de todo lo que se mueve, de todo lo que aparece. Yo puedo tener una conciencia simultánea del silencio y de todo lo que está ocurriendo en mí, y fuera de mí; no son dos cosas incompatibles. Puedo aprender a vivir en silencio y, al mismo tiempo, activamente.

Llamamos silencio al preámbulo de la lucidez. El momento en el que se descubre algo de lo que no se había tomado conciencia, el momento del darse cuenta es lo esencial. El silencio es una lúcida apertura a lo real desconocido. El silencio es una música inteligente, callada sí, pero no muda. Porque en el silencio  surge la inteligencia creadora, esa fuerza trascendente e inmanente que trasciende la existencia humana. Desde el silencio sabremos que todo lo que percibimos en el estado de la consciencia dual no son sino maneras relativas de ver la única realidad absoluta. (Consuelo Martin)

El silencio es el vientre de donde nacen los sabios. Si deseas adquirir sabiduría, vuelve a nacer en medio del silencio. Solo así encontrarás tu razón de ser, la razón por la cual has nacido.

Como dice Eckhart Tolle ,cuando pierdes contacto con la quietud interior, con ese silencio, pierdes contacto contigo mismo. Cuando pierdes contacto contigo mismo te pierdes en el mundo. Tu sentido más interno de ti mismo, tu sentido de quien eres, es inseparable de la quietud. Ése es el Yo Soy que es más profundo que el nombre y la forma. El equivalente del silencio externo es la quietud interna.¿Que es la quietud? es el espacio interno o conciencia en el que las palabras de esta página son percibidas y se convierten en pensamientos. Sin esa conciencia, no habría percepción, ni pensamientos ni mundo. Tú eres esa conciencia disfrazada de persona.odas las personas somos manifestaciones temporales de la Conciencia Única.

Cuando estamos en silencio, en quietud interior y atentos, podemos percibir la esencia de la vida, la conciencia o espíritu que vive en nuestro interior y así sentir que no hay separación. Sentir que tu y yo solo somos distintas formas de manifestarse la Conciencia Única, el Todo, el Dios Universal, etc. Independientemente del nombre que le demos, la esencia es la misma

El silencio es una manera de abrir la puerta a lo divino que hay en nosotros.

El silencio

Para lograr el silencio interior es necesario dedicarnos tiempo para ese “cultivo”, al igual que dedicaríamos un tiempo a nuestro jardín si queremos que esté lleno de flores.

img_4579Cuando surge un problema y comenzamos a sentir ansiedad, enfado, desesperación,impulsividad, … y no sabemos qué va a pasar o que hacer, podemos dedicarnos unos minutos de silencio, centrando la atención no en el problema, sino en nuestra respiración, inhalando y exhalando. Si los pensamientos sobre el problema llega a nuestra mente los observamos y seguimos concentrados en la respiración y después de hacer esto, ya con más calma podremos afrontar la situación- problema de otra manera.

Puede que no lo consigamos a la primera, pero igual que en el gimnasio vas poco a poco desarrollando tus músculos, practicando el silencio y el mindfulness desarrollas habilidades que en un principio están “flojas”.

Así como cada gota de agua,abono, y  rayo de sol le da vida a la flor, practicando el silencio se le da otro sentido a las dificultades, por lo tanto a la vida y como la percibimos. Podemos afinar nuestro oido y escuchar el sentido de nuestra vida.

El objetivo del silencio no es simplemente apaciguar nuestra mente sino entrar dentro de lo más profundo de nosotros mismos para no vivir distraídos o inconscientes de lo que pasa en nuestro interior. En definitiva el objetivo final del silencio es acoger al Universo en nuestro Corazón.

Meditación contra la anorexia

Queremos compartir con vosotros este artículo publicado en El Mundo por Raquel Villaécija, donde nos entrevistaron sobre la meditación y la anorexia. Esperamos que os guste:

“Sara Ferrer descubrió el mindfulness en el momento en el que aceptó que sufría un trastorno de la alimentación. Vivía, según relata, desconectada de sí misma, de sus necesidades físicas y biológicas. Empezó a practicar la meditación en la atención plena y experimentó una gran mejoría. “Me ayudó a escucharme, a observar qué es lo que necesitaba mi cuerpo. Volví a recuperar el contacto con esa parte de mí misma que tanto rechazaba”, explica Ferrer, que ahora trabaja como coordinadora del programa de alimentación consciente en la Escuela Transpersonal en Madrid.

Cada vez más centros y profesionales que tratan a pacientes con Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) están introduciendo el mindfulness, o la práctica de la atención plena, en sus terapias con los enfermos para obtener mejores resultados. “Esta herramienta lo que permite es pasar de la conducta compulsiva que se da en este tipo de trastornos a una mucho más consciente. Se trata, en definitiva, de ser conscientes de la cantidad que comemos, saber qué es lo que necesitamos ingerir y ser dueños, en definitiva, de nuestros actos”, explica Carmen Tolosa, experta del Centro de Psicología Aplicada de la Universidad Autónoma de Madrid sobre Trastornos del Comportamiento Alimentario.

Aunque en España elmindfulness aún no está muy extendido en los tratamientos de estas enfermedades, “cada vez hay más psicólogos que las conocen y las utilizan como una herramienta más de trabajo a la hora de evaluar a los pacientes”, señala Tolosa.

Para la psicóloga Sara Valcárcel, “la anorexia o la bulimia son trastornos mentales que tienen una raíz profunda y, por eso, cada caso es personal e intransferible, pero cualquier herramienta que ayude al enfermo a conectar consigo mismo es sin duda apoyo importante en su tratamiento”.

El mindfulness y la meditación logran “rápidos beneficios” en los enfermos, según Darina Nikolaeva, de la Escuela Transpersonal. “Los pacientes que sí lo practican o lo introducen en sus terapias evolucionan mucho más rápido e incluso hay altas totales”, explica Tatiana Muñoz, que trata a personas con estos problemas desde hace 15 años.

Según Carmen Tolosa, el mindfulness “ayuda a regular emociones e identificar aquellas que pueden desembocar, por ejemplo, en atracones o en actos de purga como el vómito”. Según Tatiana Muñoz, “cuando la gente empieza a meditar, sale del estado emocional que le ha llevado a padecer esos síntomas asociados a la comida. Al meditar es como si le dieran al pause y vieran las cosas desde otra perspectiva mucho más consciente. La actitud de no enjuiciarse a sí mismo y aceptar la realidad tal y como es ayuda a que lo emocional no nos secuestre. Pero no se trata de estar relajado, como en la meditación, sino de estar consciente”.

En el hospital Universitario La Paz ya se utiliza el mindfulness para tratar a personas con estos problemas. Uno de los referentes internacionales está en la facultad de Medicina de la Universidad de Montreal, en Canadá. “Intentamos tratar al enfermo o la enferma con ejercicios que calmen el estrés y cultiven una resiliencia a largo plazo. Está científicamente probado que la meditación es beneficiosa y eficaz a la hora de mejorar la salud y la calidad de vida de estos enfermos”, explica el doctor Hugues Cormier, uno de los responsables del programa.

Para el doctor Jean Wilkins, que lleva 30 años tratando a adolescentes con anorexia, “es importante crear un vínculo con el joven, intentar comprender el problema que le ha hecho caer en la enfermedad, y eso se hace a través del diálogo y con tiempo. El tiempo es muy necesario”, añade.

Para Sara Ferrer, que ha vivido el problema desde los dos lados, la alimentación consciente ayuda a “saber qué es lo que necesitas comer, identificar si es hambre física o emocional. Aprendes a controlar la cantidad, a observar los sabores. Empiezas a sentir el hambre, que es tan rechazado por el enfermo en una determinada fase de la enfermedad. Se trata de volver a sentir en el cuerpo las necesidades físicas que durante tanto tiempo han estado desatendidas”.

Obsesiones: pautas para liberarte

¿Cómo liberarme de mis obsesiones? candadosolo

Cada vez que tengo una obsesión puedo hacer dos cosas: atormentarme y oponer resistencia, y entonces se incrementa la angustia y aumenta más y más la obsesión, o aceptar ese pensamiento, diciéndote interiormente “Acepto que sólo es un pensamiento, no lucho contra mi obsesión”

El mensaje que ha de quedarnos claro es que las obsesiones son pensamientos involuntarios. Y si aceptas tenerlos, entonces comienzas a tener algo de dominio sobre ellas, lo que supone un gran paso.

Superar las obsesiones requiere que tengamos durante al menos 40 días un plan de afrontamiento diario muy claro. ¿Cómo sería ese plan diario para pensar libremente?

Paso 1. Cada mañana al despertar repetirme: “Estoy dispuesto a vencer mi problema, lo estoy logrando”

Comenzar con un momento mindfulness, lavándote los sientes con atención plena.

2. Posponer las obsesiones Permítete tener las obsesiones. No obstante, vas a posponer el prestarles atención por un ratito. Con esta táctica, ganarás control sobre tus obsesiones. Por un lado, al posponerlas durante un período limitado, no entrarás en el círculo vicioso que resulta de combatirlas o debatirlas, y permitirá que otras cuestiones sustituyan temporalmente a las obsesiones. Y por otro lado, aun cuando estas nuevas cuestiones dejen de ser el objeto de su atención y vuelva a tus obsesiones originales, habrás cambiado la pauta rígida de estar absorbido por una preocupación. Cuando llegue una obsesión sólo repítete a tí mismo: “Lo siento, no hay tiempo para eso. Vas a tener que esperar hasta las 8 de la noche, o cuando dedique 10 minutos a llenar mi cabeza de obsesiones.”

Es decir:

  1. Acepta mentalmente prestar atención a las obsesiones.
  2. Escoje  un momento específico en el futuro para volver a ellas (para empezar se aconseja posponer sus obsesiones sólo durante unos pocos minutos)
  3. Cuando llegue ese momento, comience a obsesionarse o considere la posibilidad de posponer las obsesiones para otro momento específico. Siempre que sea posible, elija posponerlas.

3. Tiempo diario para preocuparte

  1. Reserva dos períodos de preocupación por día, de diez a quince minutos cada uno.
  2. Pasa todo ese tiempo preocupándote.
  3. No pienses en ninguna alternativa posible.
  4. No intentes convencerte de que tus preocupaciones son irracionales.
  5. Si es necesario, repita las mismas preocupaciones una y otra vez hasta que se agote el tiempo.
  6. Trate de llegar a sentirte tan angustiado como te sea posible mientras te dedicas a preocuparte.

Cuando dejas de luchar y voluntariamente escoges preocuparte, las obsesiones que habitualmente se inmiscuyen en tu mente durante el día no pueden sostenerse en sí mismas ni siquiera un cuarto de hora. Una vez más, es difícil mantener una obsesión a menos que simultáneamente te resistas a ella. Por tanto, si te has quedado sin preocupaciones, ¡eso es una buena señal! Pero continúe durante todo el tiempo establecido, aun cuando tengas que repetir los mismos pensamientos inquietantes. La combinación de la técnica de posposición con un par de momentos de preocupación diaria aumentará tu sensación de dominio de sus obsesiones.

4. Utiliza autoinstrucciones positivas a lo largo del día Toda vez que sientas que vuelves a caer en pensamientos inquietantes, piensa en una autoinstrucción que respalde tu compromiso a decirles adiós. Verbaliza literalmente esa autoinstrucción. No recite mentalmente frases que no considera que puedan ser verdad Ejemplos:

  1. Ese pensamiento no resulta útil en este preciso instante.
  2. Ahora no es momento para pensar en ello. Puedo pensar en ello más tarde.
  3. Esto es irracional. Voy a liberarme de esa idea.
  4. No me debatiría con un pensamiento irracional.
  5. Ésta no es una emergencia. Puedo ir más despacio y pensar con serenidad en lo que necesito.
  6. Esto parece alarmante y urgente, pero realmente no lo es.
  7. No tengo que ser perfecto para estar bien.
  8. No tengo que resolver esta cuestión. Lo mejor que puedo hacer es abandonarla.
  9. Está bien cometer errores.
  10. Por mis experiencias del pasado, ya sé que estos miedos son irracionales.
  11. Tengo que asumir riesgos con el objeto de ser libre. Estoy dispuesto a asumir este riesgo.
  12. Está bien que haya tenido ese pensamiento/imagen, y no significa nada. No tengo que prestarle atención.
  13. En este momento estoy dispuesto a seguir avanzando.
  14. Puedo soportar la idea de estar equivocado.
  15. No merezco sufrir de este modo. Merezco sentirme tranquilo.
  16. Ésa no es mi responsabilidad.
  17. Ése no es mi problema.
  18. He hecho todo lo que puedo.
  19. Es bueno poner en práctica técnicas para liberarme de esta preocupación. Quiero practicar esas técnicas.

5. Medita al menos 7 minutos al día, o emplea técnicas de relajación (La importancia de tener el lóbulo frontal activo)

6. Emplea la regla de los tres pasos para eliminar las preocupaciones

Si te ha sido útil estas pautas, pero consideras que necesitas ayuda profesional contacta con nosotros en info@esenciadealquimia.com. No sólo tenemos consulta presencial en la Sierra de Madrid, sino también online