Focusing para niños: una herramienta útil para los papás

¿Cómo emplear el focusing en los niños?

Emplear el focusing es absolutamente recomendable con los niños. Si nuestros hijos tienen entre 2 y 6 años responderán con mucha naturalidad, puesto que tienen la capacidad de entrar en contacto con la emoción sentida con facilidad. Si son más mayores se sentirán muy aliviados, pero hemos de respetar sus ritmos y su espacio.

A los niños pequeños les encanta hacer focusing, les parece algo normal. Con los adolescentes pueden en un principio responder un poco a la defensiva, porque no están acostumbrados. Hemos de encontrar el equilibrio entre la distancia y la cercanía.

Cuando venga a nosotros con algún problema, o hayamos vivido alguna experiencia estresante, le preguntaremos si le parece bien que abordemos el problema juntos de un modo diferente. Nunca nos impondremos, sugeriremos, y el niño puede aceptar o no. Nosotros le ofrecemos un espacio y un tiempo para acompañarle, no le empujamos a nada.

uando nuestro hijo se exprese en el focusing reflejaremos sus palabras. NO pondremos nada de nuestra cosecha, sólo escuchamos y reflejamos. Con nuestra presencia y nuestra escucha le damos seguridad y le brindamos la confianza para que despliegue su proceso emocional.

Las preguntas no han de colocarnos a nosotros en la posición central, es decir, preguntaremos ¿Qué te está diciendo por dentro? y no ¿Puedes contarme que te está diciendo por dentro?. Mantengamos al margen los pronombres “yo”, “me” y “mi”.

Aceptar nuestro yo interior, en nuestra sabiduría interior, nos permite aceptar el yo interior del niño. Cuando aprendemos a ser amables con lo que ocurre dentro de nosotros podemos ayudar a nuestros hijos a ser amables con sus emociones.

Esta sería una posible guía para el focusing con niños:

Paso 1. Pedir permiso y crear las condiciones para hacer el focusing.

Si vemos que nuestro hijo está mal podemos pedirle permiso para acompañarle: ¿Te puedo acompañar en este momento? De este modo le damos el control a él. Vamos a prestar atención a lo que nos dice y cómo nos lo dice. Al lenguaje verbal y no verbal.

emocionesssssssss.jpgPaso 2. Dejar que el niño exponga el problema o la cuestión. ¿Podrías contarme brevemente qué ha pasado, en dos palabras? Si no te apetece contarme no pasa nada, lo importante es que lo tengas claro por dentro. 

No vamos a dar mucho tiempo al contenido, a las palabras, porque queremos ir a la emoción.

Paso 3. Vamos a dirigir la atención del niño hacia su interior. 

Le podremos decir que necesitamos conectar con nuestro cuerpo. “Toma conciencia de tus pies. Muéve los dedos para sentirlos mejor. ¿Los sientes? ¿Sientes tu cuerpo sentado sobre la silla? Siente tus manos, mueve los dedos. Nota la respiración. Si quieres puedes cerrar los ojos para bucear en tu interior. Cuándo estés preparado para seguir hazme una señal con la mano.
(Los adolescentes suelen desconfiar y, les cuesta cerrar los ojos. Si se sienten más seguros con los ojos abiertos nos adaptaremos)

Vuelve a imaginar lo que ha ocurrido, aquello que te ha angustiado (por ejemplo: que no le eligieron en el equipo de baloncesto)

Comprueba en qué parte de tu cuerpo sientes esto, ahora que lo estás recordando.
(Ej: en la tripa)

Ahora tómate el tiempo necesario para ver qué sientes en esa parte del cuerpo…(Ej: parece una bola)

Se puede recurrir a pintar: ¿Quieres dibujar algo en relación con ello? ¿Cómo es lo que tienes por dentro?

Permanecemos en la emoción, repitiendo todo lo que el niño nos diga.

¿Puedes permanecer junto a ello, prestándole toda tu atención?

(Ej. Es duro como una piedra que pesa mucho)
Repetiremos lo que ha dicho: Es duro como una piedra que pesa mucho…Mira a ver si eso se corresponde exactamente con lo que sientes… puede que todavía tenga algo más que decirte (Acogemos lo que venga)

Dar tiempo, respetar sus silencios. Aunque no hable ellos están sintiendo cosas y no es nuestra función guiar hacia ningún lado. Hemos de ir un paso más atrás.

Seguramente la sensación cambiará dejando un alivio interior (Se está haciendo pequeñita…)

Podemos terminar preguntando ¿Cómo te sientes ahora?

Tatiana Muñoz

Psicóloga

Inspirado en “Focusing con niños” de Stapert y Verliefde

Anuncios

¿Practicas el focusing?

Queremos mostrarte en qué consiste este recurso terapéutico, el focusing, para que puedas usarlo tú en tu vida cotidiana.

Quizá ya lo has experimentado en tu terapia psicológica y puede servirte de esquema para recordar sus pasos.

El focusing no sólo se emplea en adultos. De hecho en niños es totalmente recomendable usarlo, porque se les muestra una habilidad desde pequeñitos para ser más conscientes de las señales de su cuerpo, a escuchar la sabiduría que todos tenemos en nuestro interior.

 

Emplear el focusing nos ayuda a:

  • Entrar en contacto con la conciencia corporal (la sensación sentida)
  • Confiar en que nuestras sensaciones interiores se asocian a problemas y situaciones específicas 
  • Expresar e identificar las emociones adecuadamente
  • Aprender que escuchar a nuestras emociones es más conveniente que ignorarlas o negarlas, aunque sean dolorosas. 
  • Autorregular las emociones según las situaciones y expresar los sentimientos de forma controlada
  • Superar los bloqueos emocionales

 

El focusing es un proceso de toma de conciencia y sanación emocional, que trabaja con la experiencia corporalmente sentida. Es el proceso de “enfocar”, de encontrar esa “sensación sentida” que todos tenemos en nuestro cuerpo que sabe muchas cosas de nosotros y de lo que nos pasa. El focusing nos permite crear una relación de comunicación y confianza con el cuerpo, y conocer y aceptar la realidad de nuestro momento vital. Nos enseña a escuchar los mensajes de las emociones cuando aún son sutiles, antes de que necesiten convertirse en síntomas para que los escuchemos.

Tiene su origen en Eugene Gendlin, y es una técnica amable, auto-aplicativa y abierta. 

Es más sencillo realizar ésta técnica si ya la has vivido previamente en una terapia, pero podemos hacer focusing también por nuestra cuenta. ¿Te animas a practicarlo? 

Los pasos en adultos:

Paso 1. Dirige tu atención hacia tu interior. Tomamos contacto con nuestro cuerpo para conectar con nuestra Conciencia Corporal. Hacemos un chequeo corporal, con los ojos cerrados,  para ir sumergiendo nuestra atención al interior. 

Sentimos los pies en contacto con el suelo…, nuestro cuerpo en contacto con la silla…, observamos nuestra respiración…

Tomamos contacto con el torso, el pecho y el área del estómago…

 

Paso 2. Escuchamos al cuerpo, a las sensaciones sentidas. Podemos preguntar ¿Qué pide atención en mi cuerpo en este momento? ¿Qué necesita ser expresado?

Y damos un tiempo, presentes en la respiración a que aparezca. Esperaremos respetuosamente a ver qué viene. Será el cuerpo, y no la mente quien responda.

¿Qué sensación ocurre? Mantente ahí. No la evites, deja que se presente. Observa. Respira. ¿hay alguna palabra que describa la sensación?( ¿Es como un bloque de hielo, como una bola, como un picor…?) Buscar esa palabra nos ayuda a intensificar la conexión con la sensación sentida.

¿Dónde lo sientes? ¿Cómo es?

Una vez que encontramos algún símbolo que se corresponde con la emoción sentida notaremos una sensación de alivio. Le daremos el tiempo que haga falta. Seremos amables con lo que aparezca, aunque sea miedo o pánico.Ese “algo” nos relatará su propia historia.

 

Paso 3. Despejamos espacios, sacándo fuera lo que hemos visto y sentido. 

Hacemos una amable invitación para poder sacarlo fuera y tomar distancia con lo observado. Así descongestionamos el área. 

“Mira a ver si puedes tomarlo y colocarlo a una distancia que te sea cómoda y segura para poder atenderlo”

Paso 4. Trabajamos con lo que ha salido. Procuramos generar empoderamiento ¿Eres más grande que ello…? ¿Puedes ver que eso no eres tú?

Si han salido varias emociones sentidas es el momento para elegir la más relevante de todas ¿Cuál es la que pide más atención? ¿Cuál duele o molesta más?

Paso 5. Generamos un asidero: Acojemos la emoción sentida, la atendemos y la ponemos un nombre.

¿Qué emoción se forma en tu cuerpo viéndola ahí? ¿Dónde lo sientes dentro de tu cuerpo? ¿Qué es lo que sientes?

¿Qué forma tiene? ¿De qué color es? ¿Es caliente o fria?…

Deja que una palabra o imagen aparezca junto a la sensación. Dale la oportunidad de expresarse a través de una palabra, un color,…¿Resuena bien su nombre? ¿Se ajusta? Repetimos el nombre y buscamos el que mejor resuene. Es ver si verdaderamente la palabra, imagen o símbolo encaja con lo que sentimos dentro de nuestro cuerpo. Si encaja hará de “asidero”, nos permitirá “sujetar bien” la sensación sentida y mantenerla dentro de nuestra conciencia. Si la descripción encaja nuestro cuerpo nos lo confirmará. La respiración se hace más profunda, nos estremecemos, o nos sentimos liberados.

 

Puedes hacerle diferentes preguntas, explorar: ¿Qué necesita?¿Qué quiere de tí? ¿Cuál es su misión? ¿De qué te protege?¿cómo te ayuda? ¿Qué mensaje tiene para tí?

¿Qué es lo peor de esto?

¿Te resulta familiar esta sensación?

¿Qué postura te pide?

¿Qué le preguntarías a esa sensación?

¿Desde cuándo está contigo?

¿Qué quieres hacer con ésto?

Paso 7. Para cerrar preguntar ¿Está bien para ti el dejarlo aquí?

Acogemos y agradecemos lo que hemos vivido, y notamos los cambios corporales tras el focusing, sobretodo tras despejar espacios.

Tatiana Muñoz

 

Si estás interesado en vivenciar una sesión de focusing pide una cita en info@esenciadealquimia.es