Papás y mamás conscientes

Podríamos decir que un padre consciente es aquel que sabe cómo vincularse sanamente, gracias a que está presente y es capaz de escuchar con atención más allá de las palabras.

La paternidad consciente es una ayuda fundamental para hacer una limpieza profunda de nuestras expectativas, frustraciones y cuestiones sin resolver que levantan una barrera entre nosotros y nuestros hijos y que tanto sufrimiento generan en nuestras relaciones familiares. La paternidad automatizada, no examinada puede causar un daño profundo y duradero en el desarrollo de los niños.

IMG_1083.jpgEn muchas situaciones con los hijos no bastan el amor, la espontaneidad y las buenas intenciones. Cuando un padre está frente a determinadas situaciones necesita desarrollar nuevas habilidades de comunicación , aprender nuevos patrones y olvidarse de los antiguos para resolver problemas o lograr que el niño coopere.

Las bases o características básicas que cómo cuidadores hemos de desarrollar:

1.Situarnos en un lugar de “padre adulto”, capaz de reorganizar el propio mundo emocional

Nuestros niños necesitan padres que se sepan situar en un lugar adulto y no en un lugar de carencia, que necesita más de ese hijo que el propio hijo al padre

¿Qué tipos de padres no están situados en ese lugar sano y adulto?

a. El padre helicóptero:aquellos papás sobreprotectores y controladores que sobrevuelan la vida de sus hijos, estando pendientes de sus necesidades hasta límites insospechados, evitando que cometan errores o vivan riesgos. Dificultan la capacidad del hijo para ser autosuficiente y asumir responsabilidades

b. El padre drone. Es el padre que se las arregla para controlar a sus hijos a distancia , desde el móvil, diciendo al profesor con quién ha de sentarse su hijo, y escribiendo en los grupos de whatsapp o en Facebook todos los errores que se cometen injustamente a su hijo desde el colegio, las clases extraescolares etc

c. El padre quitanieves, es aquel que se encarga de quitar cualquier mínimo obstáculo de la vida de su hijo

d. El padre mayordomo, perchero o bocadillo: aquellos progenitores que llevan todas las pertenencias de los hijos, atienden como exclavos a sus deseos, y mientras juegan  sus hijos llevan el bocadillo en la mano y les dan de comer sin que ellos casi se den cuenta

Cuando los padres se posicionan así generan hijos frágiles y dependientes o hijos consentidos y tiranos

2. Capacidad de auto-observación del adulto. 

Poder preguntarnos ¿Qué quiero transmitir? ¿Cuáles son mis valores? y reajustarnos según las circunstancias.

El reto de la paternidad consciente supone llevar a cabo elecciones que reflejen nuestros valores familiares en un estado de atención consciente

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3.Ofrecer una  respuesta sensible y coherente a las necesidades del bebé o del niño. Lo que requiere grandes dosis de empatía y de presencia emocional

Para, respira y pregúntate: ¿Qué es lo que más deseabas de tus padres cuando eras pequeño? Para mucho la respuesta es haber sido reconocidos y aceptados en su familia tal como eran, haber sido tratados con dulzura, comprensión y respeto. Que les hubieran proporcionado libertad, seguridad e intimidad. Y todo esto depende de la capacidad de empatizar de los padres.

Cultivar la empatía supone intentar ver las cosas desde el punto de vista del niño y comprender lo que puede estar sintiendo o experimentando.

4. Ver a nuestro verdadero hijo (aceptación)

Cada niño viene a este mundo con sus propias cualidades , temperamento y dones. Es nuestra labor de padres reconocer la individualidad de cada uno de nuestros hijos y honrarla, aceptándoles tal y como son, sin intentar cambiarles, por difícil que resulte. Es entregarnos al momento presente con el corazón abierto y comprensivo, soltando las expectativas que traíamos.

Esta experiencia de ser visto verdaderamente le lleva a relacionarse con el mundo desde su confianza y fortaleza interior, desde la seguridad en sí mismo, libre de personajes y etiquetas. Desde el conocimiento de que es amado y digno de ser amado, y aceptado tal y como es.

Para lograr esto podemos  preguntarnos ¿Cómo honramos el ser que es nuestro hijo, y como nos respetamos a nosotros mismos?¿Cómo le ayudamos a desarrollar todos los aspectos del ser y permanecer en contacto con sigo mismo? ¿Y como le fomentamos para que vea y respete eso mismo en los demás?

La aceptación es una orientación interna que reconoce las cosas tal y como son, sean o no como queremos, e incluso cuando son horribles en determinados momentos. Aceptar las cosas como son es la base de nuestra capacidad de elegir cómo relacionarnos con lo que está pasando. No es resignarse pasivamente, ni que todo lo que hagan nuestros hijos nos parezca bien. Es sentir que les aceptamos completamente, aunque tengamos claro que algunos comportamientos no lo son y podamos enfocarnos en ellos

5. Aprender a escuchar y adquirir nuevas habilidades de comunicación 

Escuchar es una habilidad que se debe practicar. Escuchar es una parte muy importante de la comunicación afectiva. Cuando los padres escuchan a sus hijos les están mostrando que están interesados y que ponen atención a lo que sus hijos tienen que decir.

Puedes mejorar tu escucha si:

Mantienes el contacto con la mirada, demostrando tu interés, eliminas distracciones en ese momento, como la tele, el móvil, el periódico  o el ordenador. Escuchas en silencio, sin interrumpir, empleando sonidos que le hagan ver a tu hijo que escuchas como “ummm”. Tras ello puedes reflejar lo que le ha contado, reformulándolo, sin sermones, consejos ni interrogatorios

6. Ver a los hijos como espejos o maestros

Tener un hijo es acoger a un maestro en nuestra casa.

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Cuando comprendemos algo de nuestros hijos también comprendemos algo de nosotros mismos.

Cuando soy capaz de empatizar y sentir compasión por el dolor de mi hijo, cuando acepto sus comportamientos contradictorios, irritantes o exasperantes y elijo actuar, pensar y sentir desde el amor incondicional , también me alimento y me sano yo. Me lleva a amar, comprender y sanar al niño que fui

La paternidad es un espejo que nos da la oportunidad de ver lo mejor y lo peor de nosotros mismos así como los momentos de nuestra vida más enriquecedores y más aterradores y sanarlo

Focusing para niños: una herramienta útil para los papás

¿Cómo emplear el focusing en los niños?

Emplear el focusing es absolutamente recomendable con los niños. Si nuestros hijos tienen entre 2 y 6 años responderán con mucha naturalidad, puesto que tienen la capacidad de entrar en contacto con la emoción sentida con facilidad. Si son más mayores se sentirán muy aliviados, pero hemos de respetar sus ritmos y su espacio.

A los niños pequeños les encanta hacer focusing, les parece algo normal. Con los adolescentes pueden en un principio responder un poco a la defensiva, porque no están acostumbrados. Hemos de encontrar el equilibrio entre la distancia y la cercanía.

Cuando venga a nosotros con algún problema, o hayamos vivido alguna experiencia estresante, le preguntaremos si le parece bien que abordemos el problema juntos de un modo diferente. Nunca nos impondremos, sugeriremos, y el niño puede aceptar o no. Nosotros le ofrecemos un espacio y un tiempo para acompañarle, no le empujamos a nada.

uando nuestro hijo se exprese en el focusing reflejaremos sus palabras. NO pondremos nada de nuestra cosecha, sólo escuchamos y reflejamos. Con nuestra presencia y nuestra escucha le damos seguridad y le brindamos la confianza para que despliegue su proceso emocional.

Las preguntas no han de colocarnos a nosotros en la posición central, es decir, preguntaremos ¿Qué te está diciendo por dentro? y no ¿Puedes contarme que te está diciendo por dentro?. Mantengamos al margen los pronombres “yo”, “me” y “mi”.

Aceptar nuestro yo interior, en nuestra sabiduría interior, nos permite aceptar el yo interior del niño. Cuando aprendemos a ser amables con lo que ocurre dentro de nosotros podemos ayudar a nuestros hijos a ser amables con sus emociones.

Esta sería una posible guía para el focusing con niños:

Paso 1. Pedir permiso y crear las condiciones para hacer el focusing.

Si vemos que nuestro hijo está mal podemos pedirle permiso para acompañarle: ¿Te puedo acompañar en este momento? De este modo le damos el control a él. Vamos a prestar atención a lo que nos dice y cómo nos lo dice. Al lenguaje verbal y no verbal.

emocionesssssssss.jpgPaso 2. Dejar que el niño exponga el problema o la cuestión. ¿Podrías contarme brevemente qué ha pasado, en dos palabras? Si no te apetece contarme no pasa nada, lo importante es que lo tengas claro por dentro. 

No vamos a dar mucho tiempo al contenido, a las palabras, porque queremos ir a la emoción.

Paso 3. Vamos a dirigir la atención del niño hacia su interior. 

Le podremos decir que necesitamos conectar con nuestro cuerpo. “Toma conciencia de tus pies. Muéve los dedos para sentirlos mejor. ¿Los sientes? ¿Sientes tu cuerpo sentado sobre la silla? Siente tus manos, mueve los dedos. Nota la respiración. Si quieres puedes cerrar los ojos para bucear en tu interior. Cuándo estés preparado para seguir hazme una señal con la mano.
(Los adolescentes suelen desconfiar y, les cuesta cerrar los ojos. Si se sienten más seguros con los ojos abiertos nos adaptaremos)

Vuelve a imaginar lo que ha ocurrido, aquello que te ha angustiado (por ejemplo: que no le eligieron en el equipo de baloncesto)

Comprueba en qué parte de tu cuerpo sientes esto, ahora que lo estás recordando.
(Ej: en la tripa)

Ahora tómate el tiempo necesario para ver qué sientes en esa parte del cuerpo…(Ej: parece una bola)

Se puede recurrir a pintar: ¿Quieres dibujar algo en relación con ello? ¿Cómo es lo que tienes por dentro?

Permanecemos en la emoción, repitiendo todo lo que el niño nos diga.

¿Puedes permanecer junto a ello, prestándole toda tu atención?

(Ej. Es duro como una piedra que pesa mucho)
Repetiremos lo que ha dicho: Es duro como una piedra que pesa mucho…Mira a ver si eso se corresponde exactamente con lo que sientes… puede que todavía tenga algo más que decirte (Acogemos lo que venga)

Dar tiempo, respetar sus silencios. Aunque no hable ellos están sintiendo cosas y no es nuestra función guiar hacia ningún lado. Hemos de ir un paso más atrás.

Seguramente la sensación cambiará dejando un alivio interior (Se está haciendo pequeñita…)

Podemos terminar preguntando ¿Cómo te sientes ahora?

Tatiana Muñoz

Psicóloga

Inspirado en “Focusing con niños” de Stapert y Verliefde