La salida al laberinto de la adicción

La adicción es un síntoma. Es la punta del iceberg que asoma sobre la superficie del agua, dejando oculta bajo ella su mayor parte. Nos engañamos si pensamos que la adicción “es el problema”: no, en realidad es tan sólo una pista que señala que hay algo más profundo oculto bajo ella. Puede tratarse de un gran dolor, de una sensación de incapacidad, de una historia sin sanar o de una búsqueda desorientada. Depende de en qué nivel se haya producido el bloqueo o la pérdida en el camino hacia una vida plena.

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El laberinto de la adicción

Quien está atrapado en una adicción, busca algo externo que alivie a su malestar. Recurre a la conducta adictiva como vía de escape de una realidad que se le antoja intolerable, o tal vez creyendo en la promesa engañosa de una felicidad fácil. En ambos casos la persona cede su poder y pierde su libertad en el intento. Si lo que pretendía era paliar su sufrimiento, se encuentra con que este se despliega en proporciones aún mayores. Si lo anhelado era encontrar un resquicio de felicidad, tropieza con un sucedáneo que pronto se transforma en la mayor de sus desdichas. Si en un principio pudo vivir experiencias de éxtasis enseguida éstas, como si se tratase de espejismos, desaparecieron engullidas por la desolación, como pertenecientes al mundo de lo ilusorio.

Cuando la adicción se apropia de una persona haciéndola su esclava, no deja ningún territorio sin invadir. La salud y el nivel físico se ven pronto dañados, la energía vital únicamente puede transitar por canales relacionados con el fortalecimiento de la conducta adictiva, la lucidez se empaña tornándose una caricatura de sí misma, la inteligencia se somete a la única tarea de encontrar nuevas y mejores oportunidades de consolidar el reinado de la impostora, ningún otro sentido o propósito vital mayor puede sobrevivir a su empuje, las relaciones más sublimes sucumben ante ella. Poco a poco la adicción se convierte en la grotesca soberana de un reino desolado.

Pero hay algo en el núcleo profundo de cada ser que no puede ser dañado. Un vacio interior fértil e inmortal. Una Conciencia que es la misma que anima la totalidad del universo. Unos lo han llamado hálito divino, otros energía imperecedera, otros Espíritu, el Todo, el Tao, la Unidad, lo Transpersonal, la Fuente o la Divinidad… No importa el nombre, en realidad ni siquiera alcanzamos con ninguno ellos a acercarnos a la realidad que queremos definir: se trata de lo que Es.

Y Lo que Es no puede ser dañado, ni sometido, ni matado, ni callado. Lo que Es permanece intacto, aunque puede que oculto, en lo más profundo de cualquier ser, también en las personas que han desarrollado una adicción o cualquier otro tipo de situación problemática. Cuando una persona toma conciencia de quién Es, de su Identidad profunda, se allana el camino de retorno de cualquier esclavitud, también de la adicción. Quién ha hecho experiencia, aunque sólo sea por un instante, de su Identidad profunda no necesita escapar más, comprende que no hay nada que buscar fuera porque siempre estuvo allí, en el Silencio profundo que le habita.

Pero no hay que olvidar que, normalmente, el camino de vuelta a casa requiere prestar atención al ser integral.images.jpeg Si la adicción se manifiesta en los niveles físico, mental, emocional y espiritual, es necesario que también sea tratada desde estos cuatro aspectos. Suspender el uso de una sustancia o abandonar determinada conducta no resulta suficiente para soltar la adicción. De hecho, la simple suspensión puede ser contraproducente si no se están trabajando los anteriores niveles como parte del camino para llegar a la raíz del problema, y pueden darse continuas recaídas o muy frecuentemente buscarse adicciones sustitutivas.

Liberarse de la trampa de las adicciones, encontrar la salida al laberinto, requiere aplicar conjuntamente estrategias de desintoxicación y reparación del daño físico y del campo energético; un trabajo terapéutico serio, individual y muchas veces grupal, que profundice en el nivel emocional, en las pautas de pensamientos automáticos y en las creencias erróneas instaladas, en la sanación de la historia personal y en la adquisición de habilidades de relación, de introspección, de análisis y de crítica; un discernimiento lúcido acerca de las elecciones realizadas y una educación en la responsabilidad de coger las riendas de la propia vida con todas sus consecuencias; un proceso profundo de perdón que rompa cadenas y permita superar la culpa; un entrenamiento en la tarea de ejercer una libertad consciente y un progresivo camino de identificación de los anhelos espirituales más profundos. Por eso superar una adicción es una tarea integral e integradora.

En este sentido una adicción puede ser la gran oportunidad de contestarse a la eterna pregunta de ¿Quién Soy? y emprender el Camino de Vuelta a Casa.

Ejercicio mindfulness para evitar el descontrol

Ejercicio de respiración “ZONA SOBRIA” para evitar caer en nuestros comportamientos adictivos y compulsivos

Este ejercicio se puede practicar en cualquier momento, es breve y sencillo. Podemos practicarlo en una situación estresante o de alto riesgo, cuando aparecen los deseos de volver a  consumir o de realizar la conducta adictiva que estamos intentando superar (un atracón de comida, tomar una copa,volver a llamar a la pareja con la que siempre peleaba, comprar compulsivamente…)

Nos ayuda a salir del piloto automático, permitiendo que nuestra respuesta no sea tan reactiva y sí más consciente y responsable.

Recordaremos sus pasos con el acrónimo SOBRIA

S de STOP: Acuérdate de PARAR, reducir la marcha (sal del modo automático)

OB de OBSERVAR: Observa qué está ocurriendo , qué emociones, sentimientos y pensamientos estás teniendo. Date cuenta de todo lo que pasa en tu interior, sin juzgar.

R de RESPIRAR: Concentra tu atención en la respiración, en las sensaciones que produce respirar

I de INCREMENTAR: Incrementa tu consciencia y respira con todo tu cuerpo.

A de APLICAR una nueva respuesta, en lugar de reaccionar automáticamente. Aplica tu consciencia para responder con total plenitud.

Los pasos para cambiar

Damos la bienvenida al nuevo año y nos cargamos de nuevas y buenas intenciones, como ir al gimnasio, comer mejor, meditar cada día o abandonar alguna adicción.

Pero cambiar y que ese nuevo hábito saludable permanezca no es nada sencillo. Introducir algo nuevo y estable afecta a nuestra mente, conducta, mundo emocional y a nuestros valores y sentido de la vida.

“Las personas cambian cuando se dan cuenta del potencial que tienen para cambiar las cosas” (Paulo Coelho)

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Las personas atravesamos 6 fases para cambiar nuestros hábitos: precontemplación, contemplación, determinación, acción y mantenimiento. Y una más ,que serían las recaídas. Observar en cuál estamos y aumentar nuestro grado de consciencia y presencia nos ayuda a avanzar en cada una de las fases.

La autoeficacia, o percepción que tenemos sobre nuestra capacidad para responder a las circunstancias  o dificultades que se van a presentar, es un factor muy importante que  determina en gran parte nuestro avance por las distintas fases.

Las 6 fases o estadios del cambio:

A cada fase le corresponde una actitud mental diferente

Estadio 1. Precontemplación: “¿Problema? ¿Qué problema?”

La persona no tiene conciencia de problema, por lo que no contempla ninguna posibilidad de cambio.

Quizá no queremos o no podemos admitir que tenemos un problema con el tabaco, decimos que todo el mundo hace igual, nos excusamos y negamos la realidad.

Estadio 2. Contemplación: “Debería dejar de fumar …”

Hay una pequeña toma de conciencia sobre el problema y las consecuencias que tiene esa conducta (fumar, no ir al gimnasio, comer de más). Pero aún no es momento de emprender ninguna acción.

Se siente ambivalencia: quiero tener una conducta más saludable y a la vez no. Tengo muchas razones para ambas cosas. Puede que no me sienta con la autoeficacia suficiente como para llevar a  cabo el cambio con éxito ( no me siento fuerte para sostener la ansiedad que me producirá dejar de fumar, y temo que volveré a hacerlo en unos días)

Es importante enfocarse en la motivación para poder pasar a la siguiente fase, decantando la balanza hacia la acción

Estadio 3. Preparación para el cambio o determinación: “Tengo que hacer algo, esto va en serio”

He tomado la decisión y la determinación de cambiar. Me falta encontrar la estrategia más adecuada para comenzar con los hábitos saludables

Estadio 4. Acción o cambio: “Manos a la obra”beneficios-de-cambiar-de-empleo-pasados-unos-anos_291.jpg

Es el momento de estar atento a nuestras emociones y pensamientos mientras realizamos las conductas saludables. Tendremos que cambiar rutinas, y estar bien enfocados en nuestro objetivo

Estadio 5. Mantenimiento: Constancia en el cambio.

Una fase ha llegado al mantenimiento cuando la nueva conducta permanece durante más de 9 meses. Es más sencillo iniciar la acción de cambiar que mantenerla.

Estadio 6. Tratar con las recaídas

Las recaídas son la regla y no la excepción. El resultado del verdadero cambio depende de qué hacemos frente a una recaída. Cuando ocurran podemos aprovechar para re evaluar y aprender de ellas, en lugar de culparnos o castigarnos por fallar.

En lugar de tirar la toalla cuando nos caigamos, cuando volvamos a las conductas de antes, nos levantaremos rápido y volveremos a enfocarnos en el nuevo objetivo.

 

Meditación contra la anorexia

Queremos compartir con vosotros este artículo publicado en El Mundo por Raquel Villaécija, donde nos entrevistaron sobre la meditación y la anorexia. Esperamos que os guste:

“Sara Ferrer descubrió el mindfulness en el momento en el que aceptó que sufría un trastorno de la alimentación. Vivía, según relata, desconectada de sí misma, de sus necesidades físicas y biológicas. Empezó a practicar la meditación en la atención plena y experimentó una gran mejoría. “Me ayudó a escucharme, a observar qué es lo que necesitaba mi cuerpo. Volví a recuperar el contacto con esa parte de mí misma que tanto rechazaba”, explica Ferrer, que ahora trabaja como coordinadora del programa de alimentación consciente en la Escuela Transpersonal en Madrid.

Cada vez más centros y profesionales que tratan a pacientes con Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) están introduciendo el mindfulness, o la práctica de la atención plena, en sus terapias con los enfermos para obtener mejores resultados. “Esta herramienta lo que permite es pasar de la conducta compulsiva que se da en este tipo de trastornos a una mucho más consciente. Se trata, en definitiva, de ser conscientes de la cantidad que comemos, saber qué es lo que necesitamos ingerir y ser dueños, en definitiva, de nuestros actos”, explica Carmen Tolosa, experta del Centro de Psicología Aplicada de la Universidad Autónoma de Madrid sobre Trastornos del Comportamiento Alimentario.

Aunque en España elmindfulness aún no está muy extendido en los tratamientos de estas enfermedades, “cada vez hay más psicólogos que las conocen y las utilizan como una herramienta más de trabajo a la hora de evaluar a los pacientes”, señala Tolosa.

Para la psicóloga Sara Valcárcel, “la anorexia o la bulimia son trastornos mentales que tienen una raíz profunda y, por eso, cada caso es personal e intransferible, pero cualquier herramienta que ayude al enfermo a conectar consigo mismo es sin duda apoyo importante en su tratamiento”.

El mindfulness y la meditación logran “rápidos beneficios” en los enfermos, según Darina Nikolaeva, de la Escuela Transpersonal. “Los pacientes que sí lo practican o lo introducen en sus terapias evolucionan mucho más rápido e incluso hay altas totales”, explica Tatiana Muñoz, que trata a personas con estos problemas desde hace 15 años.

Según Carmen Tolosa, el mindfulness “ayuda a regular emociones e identificar aquellas que pueden desembocar, por ejemplo, en atracones o en actos de purga como el vómito”. Según Tatiana Muñoz, “cuando la gente empieza a meditar, sale del estado emocional que le ha llevado a padecer esos síntomas asociados a la comida. Al meditar es como si le dieran al pause y vieran las cosas desde otra perspectiva mucho más consciente. La actitud de no enjuiciarse a sí mismo y aceptar la realidad tal y como es ayuda a que lo emocional no nos secuestre. Pero no se trata de estar relajado, como en la meditación, sino de estar consciente”.

En el hospital Universitario La Paz ya se utiliza el mindfulness para tratar a personas con estos problemas. Uno de los referentes internacionales está en la facultad de Medicina de la Universidad de Montreal, en Canadá. “Intentamos tratar al enfermo o la enferma con ejercicios que calmen el estrés y cultiven una resiliencia a largo plazo. Está científicamente probado que la meditación es beneficiosa y eficaz a la hora de mejorar la salud y la calidad de vida de estos enfermos”, explica el doctor Hugues Cormier, uno de los responsables del programa.

Para el doctor Jean Wilkins, que lleva 30 años tratando a adolescentes con anorexia, “es importante crear un vínculo con el joven, intentar comprender el problema que le ha hecho caer en la enfermedad, y eso se hace a través del diálogo y con tiempo. El tiempo es muy necesario”, añade.

Para Sara Ferrer, que ha vivido el problema desde los dos lados, la alimentación consciente ayuda a “saber qué es lo que necesitas comer, identificar si es hambre física o emocional. Aprendes a controlar la cantidad, a observar los sabores. Empiezas a sentir el hambre, que es tan rechazado por el enfermo en una determinada fase de la enfermedad. Se trata de volver a sentir en el cuerpo las necesidades físicas que durante tanto tiempo han estado desatendidas”.

La herida del rechazo en la anorexia y la bulimia

 

Según Lisa Bourbeau , existen 5 heridas que nos impiden ser nosotros mismos y que nos generan un gran sufrimiento: rechazo, abandono, humillación, traición e injusticia. Para no sentir esas heridas recurrimos a “máscaras “ (“personalidades” que nos protegen )para ocultar ese dolor, pero esto a la vez aumenta la profundidad de la herida.

Si la herida es el rechazo la máscara será ser huidizo.

Si es el abandono, la herida lo ocultaremos tras una más cara dependiente.

La humillación tras la personalidad masoquista.

La traición tras ser controlador.

La injusticia con rigidez.

Las máscaras son visibles en nuestra personalidad y también en nuestro aspecto físico.

Puede resultarnos difícil distinguir entre sentirnos rechazados o abandonados. Abandonar a alguien quiere decir distanciarse de esa persona por algo o por alguien , mientras que rechazar a alguien significa no desear tenerla cerca o no desear tenerla en nuestra vida. Quien rechaza utiliza la expresión “No quiero”. Quien abandona emplea “No puedo”

En el caso de los trastornos de la conducta alimentaria es la herida del rechazo la que se sitúa generalmente debajo de estos problemas, sobretodo en los casos de anorexia.

Nuestras heridas afectan a la manera en que nos alimentamos, pues tratamos al cuerpo físico de la misma manera que hacemos con nuestro cuerpo mental y emocional.

El rechazo es una herida muy profunda. Quienes la viven se sienten rechazados en su interior, sienten rechazo con respecto  a su derecho a existir. Esta herida se puede apreciar desde la tierna infancia ,a pesar de que el progenitor que le hace sentir ese dolor nunca le haya rechazado verdaderamente.

Cuando vivimos sintiéndonos rechazados todo lo que nos va sucediendo lo interpretamos desde el filtro de esa herida, sintiendo rechazo aunque no sea cierto.

La máscara consiste en volverse huidizo, con un cuerpo que parece querer desaparecer y ser muy delgado Es un cuerpo que no desea ocupar mucho lugar

Duda de su derecho a existir. En ocasiones prefieren crearse un mundo imaginativo y estar “en la luna”. Les llama más la atención lo intelectual o lo espiritual que las cosas materiales, que viven como superfluas

La herida del rechazo radica en el progenitor del mismo sexo. Dice Lisa Bourbeau que el progenitor de nuestro mismo sexo desempeña la función de enseñarnos a amar, a amarnos y a darnos amor. El del sexo opuesto nos enseña a dejarnos amar y a recibir amor.

Puede ocurrir que la persona, debido a ese dolor, decida inconscientemente no utilizar a su progenitor del mismo sexo como modelo, llevándola a anularse, infravalorarse. Debido a ello necesita a toda costa ser perfecta y obtener reconocimiento antes sus ojos y ante los de los demás. No se percibe como una persona completa, puesto que busca incesantemente el amor de su progenitor. Al pasar los años está se puede transformar en un odio intenso hacia ese progenitor (odiar exige mucho amor). Las mujeres dejan de confiar en sus madres por temor a no ser comprendidas, ya que para ellas eso es sinónimo de ser amadas aunque esto no sea cierto.

Cuánto más se rechaza a sí misma, mayor temor tendrá de que los demás también lo hagan.

Una de las características más evidentes del huidizo es buscar la perfección en todo lo que hace, obsesivamente,ya que considera que si comete un error será juzgado por ello, lo que equivale interiormente a ser rechazado . Como no cree en la perfección de su ser, lo compensa intentando alcanzar la perfección en todo lo que hace. Confundiendo el ser con el hacer

Sanar esta herida es fundamental para poder ser nosotros mismos, para vivir desde nuestro centro. Su sanción nace de desarrollar un trato gentil y compasivo hacia nuestra persona, de soltar viejas creencias y perdonarnos IMG_1005.jpg

¿Cómo me comunico con mi hija con anorexia?

Una buena comunicación familiar puede inducir cambios positivos en la salud de nuestros hijos, en especial si estamos ante un caso de anorexia o bulimia.

Debemos aprender a emplear un lenguaje “racional”, que refleje la situación tal y cómo es, sin dramatismos ni exageraciones. Cuándo damos más énfasis del requerido, conseguimos que la otra persona defienda el extremo opuesto, haciendo imposible la comunicación.

¿Puedo expresar a mi hija una crítica?

Una pregunta habitual de los padres en la consulta es “¿podemos regañarla si hace algo mal?”, “¿Cómo le pedimos que haga o no haga algo?”, “¿la empeorará?”.

Este miedo al empeoramiento conduce a una falta absoluta de límites y de comunicación.

Una chica con TCA tiene problemas con su imagen corporal y su alimentación, pero el resto de su personalidad no tiene porqué estar afectada. Debemos comportarnos con normalidad, como haríamos con otro de nuestros hijos.

Así pues, como con otras personas, en ocasiones necesitaremos expresar nuestra disconformidad y pedir que cambien su forma de comportarse con nosotros.

¿Cuándo es positivo hacer una crítica a nuestra hija?

-Cuando el comportamiento al que nos referimos es algo que puede cambiarse.

Por ejemplo: No podemos pedir que deje de vomitar, puesto que es un síntoma de la enfermedad que desaparecerá con el tratamiento. Pero si podemos pedir que reponga lo que se ha comido en el atracón, o que limpie la taza del inodoro si deja restos.

-Es positivo cuando se expresa de forma serena, sin intención de herir los sentimientos. Con el objetivo final de mejorar el vínculo y la relación.

-Cuando hablamos de una conducta concreta, sin generalizar.

Por ejemplo: No podemos pedir “deja de ser tan egoísta”. Si no podemos concretar en qué acciones vemos que es egoísta, es mejor no expresar la crítica.

Es importante se positivos al expresar el deseo de cambio. Regañar y mostrar lo malo del otro puede conducir a aumentar esas conductas.

Vigilar y castigar aumenta la frecuencia de la conducta negativa.

¿Cómo formulo la crítica de manera asertiva?

1. Evalúa serenamente el problema que te causa el comportamiento de tu hija. Pregúntate si es razonable pedirle que cambie su comportamiento en este tema concreto ( podrás responder afirmativamente si su actuación va en contra de tus derechos, si la daña a ella o a otros, si es una conducta que verdaderamente ella podría cambiar, y si es de verdad importante para ti).

2. Plantea a tu hija que algo te preocupa, detallando exactamente la conducta concreta que lo provoca.

Por ejemplo: “Tengo un problema: cuando voy a desayunar y veo que no queda nada de comida en la despensa…”

No la descalifiques, ni la insultes, aunque ella se muestre reacia a colaborar. No generalices diciendo “siempre me haces igual”.

No hables de sus intenciones “todos te damos igual, lo haces para castigarnos…”.

No añadas temas que se han hablado otras veces. Sólo vas a hablar de una cosa y con un enfoque.

3. Busca y propón una conducta alternativa. Prohibir una conducta sin mostrar otra alternativa produce angustia, que a su vez mantiene en el tiempo e intensifica lo que se desea cambiar.

Si quieres que tu hija no vaya con una determinada persona no debes prohibirlo. Facilita que conozca a nuevas personas, pero sin prohibir la anterior relación. Cuánto más prohíbas más se producirá lo que no deseas.

4. Espera la reacción de ella y escucha de corazón lo que tu hija quiere decir. Es bueno contar hasta 20 antes de volver a hablar. Deja tiempo de reflexión. Comprende su reacción, sea la que sea. Así la siguiente vez podrás avanzar un poquito más lejos y conseguir más conductas saludables.

Termina SIEMPRE agradeciendo que te haya escuchado.

¿Cómo ganarnos el respeto y confianza de nuestra hija?

Nuestros hijos nos necesitan, pero para que nos permitan ayudarles necesitan sentir admiración por nosotros, respeto. Las claves de nuestro comportamiento para lograrlo son:

1. Establecer reglas realistas y claras.

2. Expresar nuestros sentimientos, pues así favorecemos que ellas también lo hagan

3. Admitir nuestros errores. No somos perfectos y nadie como nuestra hija necesita verlo. Si admitimos nuestros defectos ellas aprenderán a hacerlo, y no frustrarse ante la mínima equivocación.

4. Definir con claridad los límites. Ser cercanos y cariñosos no significa no poner límites ni normas. Existen horarios, límites con el dinero, etc. que se deben respetar.

5. Reforzar más veces que criticar. Se deben valorar sus esfuerzos, y no sólo sus logros.

6. Demostrar que confiamos en ella. Si tenemos que hacer una crítica a algún comportamiento lo haremos de forma asertiva, sin generalizar a toda su persona (mirar capítulo de asertividad)

7. Controlar nuestra exigencia e impaciencia.

8. Generar un clima de receptividad y sinceridad ante las diferentes formas de ver la vida.

9. Nunca, nunca, debemos comparar a nuestros hijos. Genera una competición que sólo consigue dañar su autoestima. Cada persona es única, y no tiene porqué parecerse a nadie.

10. Amar sin condiciones. No sólo porque sea buena estudiante. La queremos tal y como es, también con su enfermedad. Pensad que ellas se lo toman como una prueba de amor. Cuando se curan recuerdan siempre quién estuvo ahí a su lado y quién no.

El saludable “NO” en la anorexia y bulimia

Las emociones que no exteriorizamos, como la rabia, los celos, el odio, generan una gran presión que necesita del propio cuerpo para descargarlos, y al no hacerlo en su cauce natural se transforman en un problema alimentario.

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Darse atracones, vomitar, ayunar, obsesionarse con los alimentos, son formas indirectas de encontrar un falso y temporal consuelo por la presión que se siente al no expresar lo que sentimos. Son maneras de drenar lo que nos inunda por dentro.

La comida nos distrae de los enfados, anestesia el dolor, nos permite morder y masticar nuestra rabia, o podemos rechazarla y decirla que “no” con ayunos.

Existe una conexión primitiva y profunda entre nuestras emociones y el hambre:

Te haré tragar tu orgullo

Esta situación no la trago

Me pasé la tarde rumiando qué decirle

La envidia te come vivo

Es un amor, me lo comería

Para descargar su hostilidad la persona con anorexia ayuna, como un suicidio lento, un acto agresivo que castiga alos padres por no dar el cuidado y la atención que han necesitado. La alimentación emocional se podría denominar también “trastorno de aislamiento”, ya que se intima más con la comida que con las personas.

Janet Woititz exponne los miedos y malos entendidos sobre la rabia:

Si estoy furiosa es que no te quiero

Si estás furioso conmigo es que no me quieres

Como te quiero no puedo permitirme estar furioso contigo

Si realmente me quieres tampoco estarás furioso conmigo

 

Las personas que padecen un problema con la alimentación suelen ver  el mundo en blanco y negro. No pueden percibir el amplio abanico de gamas de la rabia: sentirse vejado, frustrado, resentido, ofendido, amargado, indignado, insultado, enojado, sentir odio, furia, albergar pensamientos asesinos…

Aprender a decir “NO” es esencial. Decir “no” es similar a ejercitar un músculo que se vuelve más fuerte con la práctica. si verbalizamos más el no, no necesitaremos atracones para mantener la boca cerrada.images

No es imprescindible expresar la rabia a la persona hacia la cual se dirige, sirve escribir una carta, hablar con un amigo…Puedes fantasear que lo dices

Pero para liberarnos completamente de los síntomas es necesario poder tener verdadera intimidad en las relaciones. Expresarnos desde nuestro corazón y de forma auténtica. Y para ello necesitamos practicar el saludable “no”