Ideario para la existencia

Soy una persona libre, sólo porque tengo derecho a equivocarme, si no pudiera cometer errores me sentiría atada por el miedo a hacerlo mal.

No me arrepiento de lo que he hecho en el pasado, porque cuando miro atrás, me reconozco en las acciones y soy consciente de que he llegado hasta aquí, a pesar de los obstáculos, gracias a la voluntad que me ha acompañado.

He querido mucho y me han querido y continúo haciéndolo como un mandato supremo, porque este sentimiento es el que me alienta para seguir adelante.

También he olvidado y me han abandonado a veces, pero el dolor que me inflingieron me hizo crecer y conocerme mejor, porque mi derrota de hoy es el entrenamiento para la victoria del mañana.

Sé que todo es mejorable y que en mi existen cosas que me gustaría cambiar, pero no me tortura esta circunstancia, porque comprendo que todo lleva su tiempo, y darme cuenta de mis facetas menos positivas ya es un gran paso para la mejora.

Intento compartir mi tiempo con los demás y relacionarme, para entregarle a otros lo que llevo dentro, pero también le dedico parte de la jornada a la soledad, porque defiendo firmemente que quien no se escucha a sí mismo nunca podrá conversar con otros.

Levanto metas basadas en mis sueños e intento llegar a conseguirlas, pero sin torturarme con la prisa, porque la experiencia me dice que muchas veces el camino recorrido, es más bello y gratificante que el propio premio alcanzado.

Dejo que las circunstancias me embriaguen cuando son propicias y analizo con la mayor objetividad posible lo malo que acontece a mi alrededor, porque en ocasiones la tristeza sólo sirve para empeorar las cosas. Pero si alguna vez siento ganas de llorar no me culpabilizo por hacerlo, ni me recreo; dejo que fluya la pena y comienzo a reconstruirme con ánimo en el momento en que puedo.

Expreso mis sentimientos de la forma más clara que se me ocurre. Río a carcajadas si estoy contenta pero también sé gritar de rabia o decir NO cuando es lo que necesito.

No quiero ser perfecta porque se me antoja que es aburrido e irreal y la vida merece ser cierta. Considero poco original y falto de matices actuar siempre dentro de un “tono prudente” ya que arriesgarse a conseguir lo que queremos es gratificante porque es siempre nuevo.

Básicamente, con todos esos buenos y malos momentos que han transcurrido, con esas cosas estupendas y menos agradables que me conforman, soy en mi totalidad una persona ÚNICA e IRREPETIBLE que merece la pena conocer y conocerse en su infinitud, porque como todos, pertenezco a un entramado vital maravilloso, en el que las criaturas, sin excepción, son auténticas y, en cierto modo, mágicas.

Ideario para la existencia

Perfeccionismo, exigencia e ilusión de control

El perfeccionismo es la necesidad compulsiva de conseguir los objetivos respetando a rajatabla los ideales personales, con unas expectativas tan irreales que conducen a la decepción. Se ven las cosas en términos absolutos (o eres perfecto o eres un inútil) y te sientes insatisfecho contigo mismo.

Su aspecto positivo es la gran voluntad de dar lo mejor de uno mismo. Pero cuando la autoestima se basa en ser productiva y tener éxito, no se deja espacio al fracaso, y el esfuerzo se convierte en tiranía.

Exigirnos la perfección equivale a dar la espalda a la vida real. Es la ilusión de tener el control, y es una ilusión muy dañina, que fomenta la autocrítica y la culpa.

En el perfeccionismo hay una cierta oposición a la naturaleza de la vida que es percibida como caótica e impredecible, por lo que se recurre al control, al orden y la ley.

Se observa constantemente la diferencia entre el ideal (como deberían ser las cosas) y cómo son en realidad, entre lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo.

Se cree que hay una manera correcta de hacer las cosas: existe “la manera” y todo lo que no se ajuste es no válido (y en cierto modo censurable)

El perfeccionismo conlleva desarrollar la fuerza de voluntad, control y disciplina. Si consigues hacer las cosas bien “tienes derecho a que te quieran”.

Esta creencia se apoya en una experiencia vital de un amor condicionado a la buena conducta. Si de pequeño sientes que sólo por existir no sirves, no eres querido, tienes que cambiarte, saber cómo debes ser y conseguirlo. Debajo del perfeccionismo está la necesidad de que nos quieran y nos aprueben, “pues nadie rechaza a alguien ideal”.

“Con mucho, la mayor parte de las vidas humanas son destruidas por un exceso de autoexigencia” Max Frisch

.

La autoexigencia además es una estrategia para no conectar con la vulnerabilidad. Y la vulnerabilidad constituye el germen de la iluminación. Cuando permitimos que la ternura de nuestro corazón madure nos conduce al corazón despierto.

La autocrítica es un comportamiento de seguridad, diseñado para garantizarnos ser aceptados dentro de nuestra familia, a la vez una conducta de sumisión, porque nos permite degradarnos ante personas imaginarias que emiten un juicio sobre nosotros. Es como si decidiésemos “Me voy a maltratar y a criticarme antes de que tú puedas hacerlo. Reconozco lo imperfecto que soy para que tú no tengas que despreciarme y decirme lo que ya se. Así sentirás lástima por mí en vez de juzgarme y me asegurarás que no soy tan malo como pienso”. Surge del deseo de no ser rechazado y abandonado (instinto básico de supervivencia) y del deseo de control.

La mejor manera de contrarrestar la crítica destructiva hacia uno mismo consiste en entenderla, sentir compasión por ella, y finalmente sustituirla por una respuesta más amable. Si nos permitimos conmovernos por el sufrimiento que experimentamos en manos de nuestra autocrítica. Podemos reconocer que los puntos débiles y la imperfección forman parte de nuestra experiencia humana. De este modo podemos sentirnos más conectados con nuestros compañeros de viaje en esta vida, tan imperfectos y vulnerables como nosotros. En lugar de intentar controlarnos a nosotros mismos y a nuestra propia vida para conseguir un ideal perfeccionista podemos tomar la vida tal y como es, con sus luces y sus sombras.

La felicidad se encuentra cuando nos dejamos llevar con el flujo de la vida, no cuando luchamos contra él. La auto-compasión puede ayudarnos a navergar por estas corrientes turbulentas con sabiduría y aceptación en el corazón.

“No puedes detener las olas, pero puedes aprender a surfear”

Jon Kabat-Zinn

Más allá de la autoestima: la autocompasión

La curiosa paradoja es que cuando me acepto tal como soy, entoces puedo cambiar

Carl Rogers

Thich Nhat Hahn: “Eres una manifestación maravillosa. Todo el universo se ha unido para hacer posible tu existencia”

La compasión hacia uno mismo no pretende capturar y definir la valía o la esencia de quienes somos. No es un pensamiento o una etiqueta, ni una crítica o valoración. La compasión es una manera de relacionarnos con el misterio de quienes somos, respeta el hecho de que todos los seres humanos tenemos puntos fuertes y débiles.

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En lugar de perdernos en pensar si somos buenos o malos, tomamos conciencia de la experiencia del momento presente y nos damos cuenta de que todo cambia constantemente, todo es transitorio. Los éxitos y los fracasos vienen y van, no nos definen ni determinan nuestra valía. Sólo son una parte del proceso de estar vivo. Nuestra mente puede intentar convencernos de lo contrario, pero nuestro corazón sabe que la verdadera valía radica en la experiencia fundamental de ser una persona consciente que siente, percibe y ama.

A diferencia de la autoestima, los buenos sentimientos de la compasión no dependen de ser especial ni de alcanzar los objetivos ideales. En lugar de compararnos con los demás, nos centramos en lo que compartimos y nos sentimos más conectados y completos. Los buenos sentimientos de la compasión no desaparecen cuando metemos la pata y somos imperfectos. Cuando la inconstante autoestima nos abandona, el abrazo de la compasión siempre está allí.

La compasión hacia los demás implica:

  • Reconocer y ver claramente su sufrimiento
  • Sentir bondad hacia los que sufren, surgiendo de nosotros un deseo de aliviar su sufrimiento
  • Aceptar que el ser humano es imperfecto y frágil

La compasión hacia nosotros mismos tiene las mismas cualidades.

Emplear la Auto-compasión es como hacer mágia, pues transforma el sufrimiento en alegría. Se da la Alquimia emocional: Cuando aceptamos nuestro dolor con afecto y atención, cuando nos dedicamos compasión hacia nosotros mismos, el nudo de la autocrítica empieza a desacerse para ser sustituido por un sentimiento de aceptación tranquila y conectada. Se produce una transformación espiritual y emocional, como si nuestra esencia, nuestro diamante, surgiera del carbón.

Cuando decidimos abrazar nuestra naturaleza humana imperfecta con compasión, todo cambia. Al responder a nuestro dolor con cariño y conexión, calmándonos y consolándonos cuando nos enfrentamos a nuestra imperfección, creamos nuevas emociones positivas que no estaban ahí un segundo antes:

En lugar de sentirnos incompetentes, nos sentimos capaces y conectados al recordar ese aspecto compartido de la experiencia humanaimages.jpeg

En lugar de limitarnos a sentir tristeza, sentimos esa tristeza pero también ternura al preocuparnos por una herida que hay que curar.

En lugar de limitarnos a sentirnos asustados, sentimos ese miedo pero también nos consolamos con cariño y atención.

Abrazamos nuestras emociones negativas con el calor de los buenos sentimientos. Porque en cada momento de angustia se agazapa el potencial de la satisfacción. El dolor puede convertirse en la puerta de la felicidad, ya que sentirnos amados, cuidados y conectados es lo que nos hace verdaderamente felices.

“Los seres humanos deseamos la felicidad por naturaleza y no queremos sufrir. Por este motivo todo el mundo intenta conseguir la felicidad y librarse del sufrimiento, y este es un derecho fundamental para todos. Si tenemos en cuenta el verdadero valor de un ser humano, todos somos iguales” Dalai Lama

Es decir, no tenemos que ganarnos el derecho a la compasión, ya que nacemos con él

TRES ELEMENTOS DE LA COMPASIÓN

La compasión hacia uno mismo abarca tres elementos fundamentales:

  1. Bondad hacia uno mismo, ser amable y comprensivo.
  2. Reconocer nuestra humanidad compartida. Sentirnos conectados con los demás.
  3. Atención plena, Presencia o Mindfulness

1. La bondad hacia uno mismo consiste en dejar de juzgarse y emitir comentarios internos denigrantes, entender nuestros puntos débiles y nuestros fracasos en vez de condenarlos, y además consiste en consolarnos activamente.

En lugar de maltratarnos sin piedad cuando fallamos tenemos otra opción: reconocer que todo el mundo se equivoca y tratarnos con amabilidad. Cuando nos envolvemos en el cálido abrazo de la bondad hacia nosotros mismos, nos sentimos sanos y salvos.

Para ser amables con nosotros mismos debemos ser conscientes de nuestro monólogo interior y emplear un lenguaje empático, no crítico.

2. Nuestra humanidad compartida.

“Un ser humano es parte de un todo al que llamamos Universo. El hombre se experimenta a sí mismo, a sus pensamientos y sentimientos como algo separado del resto (una especie de ilusión óptica de su conciencia). Esta ilusión es como una prisión, que nos encierra a nuestros deseos personales y en el afecto a las personas más cercanas. Nuestra tarea debe ser escaparnos de esta prisión y ampliar nuestro círculo de compasión, para abrazar a todas las criaturas vivientes y a toda la naturaleza en su belleza. Nadie puede lograr esto por completo, pero el esfuerzo por conseguirlo es, en sí mismo, una parte de la liberación y la base de la confianza interna” 

(Einstein)

El sentimiento de compasión surge del reconocimiento de que la experiencia humana es imperfecta. Todos los seres humanos somos falibles. Cuando estamos en contacto con nuestra humanidad común recordamos que los sentimientos de inadaptación y decepción son compartidos.

Cuando nos juzgamos a nosotros mismos por nuestros defectos damos por sentado que existe una entidad separada y claramente delimitada que llamamos “yo” que es la culpable de nuestros fracasos, pero lo cierto es somos la expresión de millones de circunstancias previas que se han unido para darnos forma en el presente.

A veces nos culpamos porque querríamos creer que tenemos el control. Nos asusta reconocer la interconexión esencial que te hace admitir que el control sobre mis pensamientos y actos es sólo una ilusión.

Al reconocer la naturaleza compartida de nuestra imperfección, la compasión hacia uno mismo aporta el sentimiento de conexión necesario para avanzar y desarrollar todo nuestro potencial.

3. La Atención Plena o Mindfulness

Es el tercer elemento clave para despertar nuestro corazón.

Gracias a la Atención plena afrontamos la realidad, vemos las cosas como son, de forma clara, sin críticas, con aceptación del momento presente.

El mindfulness nos sitúa en el momento presente y nos aporta la toma de conciencia que forma la base de la auto-compasión. Como un estanque transparente y tranquilo, sin ondas, el mindfulness refleja los hechos sin distorsiones.

En lugar de perdernos en “nuestro culebrón particular”, nos permite observar nuestra situación con perspectiva y nos ayuda a no sufrir innecesariamente. Para que no nos pase como a Montaigne, el filósofo frances:

 “Mi vida ha estado llena de terribles desgracias, la mayoría de las cuales nunca sucedieron” 

Cuando eres consciente de que estás experimentando determinados pensamientos y sentimientos dejas de estar perdido en la trama de tu vida.

Imaginemos un pájaro volando en el cielo. El pájaro representa un pensamiento o emoción que estás experimentando en este momento, y el cielo representa el mindfulness, que contiene el pensamiento o emoción. El pájaro podría empezar a hacer giros inesperados, bajar en picado, etc. pero el cielo seguiría ahí, imperturbable. Cuando nos identificamos con el cielo en lugar de con el pájaro (cuando nuestra atención se deposita en la conciencia misma y no en el pensamiento o emoción que se desencadena dentro de esa conciencia), permanecemos tranquilos y centrados.

Así nuestro sentido del “Yo” deja de estar atrapado y de verse arrastrado por el contenido de la conciencia; permanece centrado en la conciencia misma. Podemos sentir ira, sin pensar que esa ira nos definen. Yo soy aquel que observa lo que pasa, no las cosas que pasan. Las cosas que pasan ni son yo, ni me pertenecen a mí. No soy la ira, ni la maldad. Soy el que observa esa emoción que pasa por mí.

El auténtico tesoro que nos ofrece el mindfulness es que nos brinda la oportunidad de responder en lugar de limitarnos a reaccionar. Cuando somos capaces de reconocer lo que sentimos en el momento presente, podemos impedir que esos sentimientos nos lancen a la acción.

A través de la meditación o el mindfulness podemos salir de lo que en budismo se denomina “samsara” o apariencia ilusoria de la realidad, que se deriva del continuo hábito de dividir en dos el campo de la experiencia y suponer que el ego que observa es algo separado del resto. Con la meditación podemos acceder a un conocimiento directo de la totalidad

El Maestro Tailandés Ajahn Chah dice:

“Aparezca lo que aparezca en tu mente obsérvalo. Examina cómo los sentimientos y pensamientos van y vienen, no te aferres a nada. Se consciente de lo que ves, sea lo que sea. Y no creas que nada de eso eres tú. Todo es solamente una visión, una construcción de la mente”

¿De dónde surge nuestro sufrimiento?

El sufrimiento surge de comparar nuestra realidad con nuestros ideales. Como hay pocas posibilidades de que la realidad encaje con nuestros ideales, el sufrimiento es omnipresente.

El sufrimiento aparece cuando nos resistimos al dolor. No podemos evitar el dolor, pero no tenemos que sufrir debido a ese dolor.

El sufrimiento tiene una fórmula matemática, es igual al dolor por nuestra resistencia. Cuanto más nos resistimos a lo que ocurre en el momento presente, más sufrimos.

El dolor es como una sustancia gaseosa. Si permites que simplemente esté ahí, libre, acabará disipándose por sí solo.

Si luchas contra el dolor y te resistes a él, lo encierras, la presión aumentará más y más hasta que se produzca la explosión.

Con la Atención Plena, con la meditación, podemos distinguir aquellos aspectos de nuestra experiencia que podemos cambiar y los que no. La oración de la serenidad de Alcohólicos Anonimos describe bien esta idea:

Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar,

valor para cambiar las cosas que sí puedo cambiar,

y sabiduría para reconocer la diferencia

La belleza de la compasión radica en que en lugar de sustituir los sentimientos negativos por otros positivos, se generan nuevas emociones positivas aceptando las negativas.

“El sufrimiento solo se cura soportándolo hasta el final

Marcel Proust

La transformación en guerreros despiertos

¿Cómo despertamos nuestra compasión?

Con la máxima budista de “Tres objetos, tres venenos y tres semillas de virtud”

En las enseñanzas budistas, a los asuntos turbios se les llama klesha, que significa veneno, y hay tres venenos promordiales: la pasión (deseo ansioso), la agresión (aversión) y la ignorancia (no me importa nada).

La instrucción esencial de la enseñanza Lojong es, paradójicamente: hagas lo que hagas, no trates de que estos sentimientos indeseados desaparezcan.

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Las personas y las situaciones de nuestras vidas siempre activan nuestra pasión, nuestra aversión y nuestra ignorancia. Unas cosas (objetos) nos resultan agradables, otras desagradables y con otras sentimos neutralidad.

Estos tres venenos pueden ser tres semillas para florecer. Hagas lo que hagas, no intentes hacer que desaparezcan los venenos, porque si lo consigues perderás tu riqueza junto con tu neurosis, y todo este material turbio es tu riqueza.

¿Cómo convertir esta idea en algo práctico?

Cuando una persona “x” pasa por tu lado y activa uno de los tres venenos, cuando surge un sentimiento, podrías considerarlo como si una pequeña campana sonara en tu cabeza: aparece una oportunidad para despertar tu corazón, para volver al presente. Pueder reconectar contigo, con tu corazón, ya que los venenos suelen hacer surgir nuestras defensas. Y la forma de reaccionar si no despertamos es acorazando nuestros corazones.

¿Cómo sería una reacción habitual ante un veneno?

Generalmente lo que hacemos es o bien exteriorizar ese impulso (atacar física o mentalmente a “x”) , o reprimirlo (reprimimos nuestros sentimientos). Ambas son las maneras de no conectar nunca con nuestra vulnerabilidad, con nuestra sensación de apertura, con la dimensión fresca de nuestro Ser, con nuestra compasión.

Al actuar o reprimir se intensifica el sufrimiento o la confusión.

Cuando estos venenos surgen la consigna sería abandonar la historia, usar la situación como una oportunidad de sentir tu corazón, tu herida. Una oportunidad de tocar tu punto delicado. Porque debajo está nuestro Corazón.

Si alguién viene y dispara una flecha a tu corazón no sirve de nada quedarte allí gritándo a esa persona, o hacer que no notas nada. Sería mucho mejor dirigir tu atención al hecho de que tienes una flecha en el corazón, y relacionarte con esa herida.

Una clave para desarrollar la compasión es usar todas las circunstancias desfavorables y no deseadas de nuestra vida como material para despertar. De este modo nos transformamos en un Guerrero Despierto, que cultiva la valentía y la compasión. Como guerreros cultivamos la honestidad y la visión clara, porque cuanto más conocemos nuestros propios estados internos, más entendemos los estados de los demás.

Al descubrir un árbol envenenado, algunas personas sólo ven el peligro. Su reacción inmediata es “vamos a cortarlo antes de que nos haga daño, antes de que alguien coma sus envenenados frutos” Lo cual es semejante a nuestra respuesta inicial a las dificultades que surgen en la vida, cuando nos topamos con la agresión, la compulsión, la ambición o el temor; cuado nos enfrentamos con el estrés, la pérdida, el conflicto, la depresión, la pena por nosotros mismos o por los demás. Nuestra respuesta inicial es huir, diciendo: “El veneno nos aflige, vamos a cortarlo, a desenraizarlo, escapémonos de él”

Otra persona, que ha ido un poco más lejos en el camino espiritual, descubre el árbol envenenado pero no se aproxima con aversión, diciendo: “No cortemos el árbol, tengamos compasión de él” Por lo que, llenos de cariño, construye una valla rodeando al árbol para que los demás no se envenenen y, a su vez, el árbol siga viviendo. Esta segunda variante muestra una clara variante entre el juicio y el temor y la compasión.

Finalmente, una tercera persona que ha viajado todavía más lejos en el camino del conocimiento, ve e mismo árbol y desde una mayor sabiduría dice: “Oh, un árbol envenenado. ¡Perfecto, justo lo que buscaba! Este individuo toma la ruta envenenada, investiga sus propiedades, las mezcla con otros ingredientes y utiliza el veneno como una estupenda medicina para curar a los enfermos y transformar los males en el mundo. Ésta es la vía del corazón.” Cuento Tradicional

Propongámonos sentirnos agradecidos a todos y a todo: Hagamos las paces con todos los aspectos de nosotros mismos que hemos rechazado y así también hacemos las paces con las personas que nos incomodan.

Si observamos a aquellas personas que no nos gustan y los describimos descubriremos una lista de cualidades que rechazamos en nosotros mismos y proyectamos al mundo interno (nuestras sombras). Según las enseñanzas Lojong, las demás personas activan en nosotros el karma que no hemos resuelto. Nos reflejan y nos dan la oportunidad de hacernos amigos de nuestras sombras. Son nuestros maestros.

La herida del rechazo en la anorexia y la bulimia

 

Según Lisa Bourbeau , existen 5 heridas que nos impiden ser nosotros mismos y que nos generan un gran sufrimiento: rechazo, abandono, humillación, traición e injusticia. Para no sentir esas heridas recurrimos a “máscaras “ (“personalidades” que nos protegen )para ocultar ese dolor, pero esto a la vez aumenta la profundidad de la herida.

Si la herida es el rechazo la máscara será ser huidizo.

Si es el abandono, la herida lo ocultaremos tras una más cara dependiente.

La humillación tras la personalidad masoquista.

La traición tras ser controlador.

La injusticia con rigidez.

Las máscaras son visibles en nuestra personalidad y también en nuestro aspecto físico.

Puede resultarnos difícil distinguir entre sentirnos rechazados o abandonados. Abandonar a alguien quiere decir distanciarse de esa persona por algo o por alguien , mientras que rechazar a alguien significa no desear tenerla cerca o no desear tenerla en nuestra vida. Quien rechaza utiliza la expresión “No quiero”. Quien abandona emplea “No puedo”

En el caso de los trastornos de la conducta alimentaria es la herida del rechazo la que se sitúa generalmente debajo de estos problemas, sobretodo en los casos de anorexia.

Nuestras heridas afectan a la manera en que nos alimentamos, pues tratamos al cuerpo físico de la misma manera que hacemos con nuestro cuerpo mental y emocional.

El rechazo es una herida muy profunda. Quienes la viven se sienten rechazados en su interior, sienten rechazo con respecto  a su derecho a existir. Esta herida se puede apreciar desde la tierna infancia ,a pesar de que el progenitor que le hace sentir ese dolor nunca le haya rechazado verdaderamente.

Cuando vivimos sintiéndonos rechazados todo lo que nos va sucediendo lo interpretamos desde el filtro de esa herida, sintiendo rechazo aunque no sea cierto.

La máscara consiste en volverse huidizo, con un cuerpo que parece querer desaparecer y ser muy delgado Es un cuerpo que no desea ocupar mucho lugar

Duda de su derecho a existir. En ocasiones prefieren crearse un mundo imaginativo y estar “en la luna”. Les llama más la atención lo intelectual o lo espiritual que las cosas materiales, que viven como superfluas

La herida del rechazo radica en el progenitor del mismo sexo. Dice Lisa Bourbeau que el progenitor de nuestro mismo sexo desempeña la función de enseñarnos a amar, a amarnos y a darnos amor. El del sexo opuesto nos enseña a dejarnos amar y a recibir amor.

Puede ocurrir que la persona, debido a ese dolor, decida inconscientemente no utilizar a su progenitor del mismo sexo como modelo, llevándola a anularse, infravalorarse. Debido a ello necesita a toda costa ser perfecta y obtener reconocimiento antes sus ojos y ante los de los demás. No se percibe como una persona completa, puesto que busca incesantemente el amor de su progenitor. Al pasar los años está se puede transformar en un odio intenso hacia ese progenitor (odiar exige mucho amor). Las mujeres dejan de confiar en sus madres por temor a no ser comprendidas, ya que para ellas eso es sinónimo de ser amadas aunque esto no sea cierto.

Cuánto más se rechaza a sí misma, mayor temor tendrá de que los demás también lo hagan.

Una de las características más evidentes del huidizo es buscar la perfección en todo lo que hace, obsesivamente,ya que considera que si comete un error será juzgado por ello, lo que equivale interiormente a ser rechazado . Como no cree en la perfección de su ser, lo compensa intentando alcanzar la perfección en todo lo que hace. Confundiendo el ser con el hacer

Sanar esta herida es fundamental para poder ser nosotros mismos, para vivir desde nuestro centro. Su sanción nace de desarrollar un trato gentil y compasivo hacia nuestra persona, de soltar viejas creencias y perdonarnos IMG_1005.jpg

Supera el miedo a poner límites a los demás

Los límites no parecen estar muy bien vistos, los rechazamos o nos cuesta ponerlos.

Pero…¿son importantes los límites?Los límites con los demás nos estructuran como personas, nuestra identidad, nuestra forma de ser ante el otro, a mi YO se le da forma con los límites.

Nuestro mundo interno se proyecta en las cosas cotidianas que nos rodean, desde la comida, la casa, la decoración, la ropa … Por eso poner límites a las cosas (a la comida, a las drogas en caso de adicciones, cerrar la puerta de mi habitación o de mi casa y que no entre nadie si no quiero, tener mis propios horarios, respetar mi ropa si no me gusta dejarla, tener mi propio dinero y no sentir que abusan de él o que alguien tiene poder sobre mi por dármelo) nos ayuda a poner límites con las personas.

No poner límites es dejarme llevar por la vida y por los demás.

Aprende a decir NO

Aprende a decir NO

Poner los límites es:

  • Tomar las riendas
  • Es DECIR NO
  • Es decir HASTA AQUÍ
  • Es NO dejarme llevar haciendo lo que los demás quieren por no crear conflicto.
  • Es NO terminar haciendo las sugerencias de los demás.
  • Es NO dejar que invadan mi intimidad.
  • NO dar por hecho q cualquiera puede opinar, manipular y exigir sobre mi espacio personal.
  • Distinguir lo que quiero hacer y lo que no quiero hacer y no hacerlo.
  • Cuando alguien me habla mal, aunque sea alguien a quien otorgue cierto “poder” jefes, padres,… no consentirlo.
  • Decir NO QUIERO aunque esto represente cierto dolor al otro (dolor que muchas veces sobredimensionamos, no es tanto).
  • Hacerlo con las personas que más queremos (que son las que más nos cuesta).
  • No dejarme liar con los chantajes emocionales, por miedo a ser “egoísta” o “egocéntric@” confundir esto es un grave error.
  • No confundirme con frases como “lo hago por tu bien”, el cariño nos descoloca.

Entonces…¿Por qué no ponemos los límites a veces?

      • Porque no nos damos cuenta pensando “no me importa, no me cuesta nada” y se va acumulando. Después sientes un malestar general que no sabes de donde viene…
      • Por temor a ser egoístas y malas personas.
      • Por omnipotencia, y creer que podemos con todo
      • Por miedo a las soledad

Qué consecuencias tiene para nosotros no poner los límites:

 

Inseguridad General, Baja Autoestima,

Dificultad para saber lo que quiero, Falta de Identidad,

Dependencia Emocional, Desconcentración

 

Los límites con nuestros hijos: Hasta los 18 meses, el bebé cree que él y su mama son “todo uno”, una fusión total donde no hay limites. Llega un momento en que el bebé se descubre a si mismo como una persona autónoma y por fin puede ver a la madre como otro ser diferente. Esto es sano para el crecimiento.

Con los limites se descubre la existencia del otro, se distingue hasta donde tu y hasta donde yo, como eres y como soy. También los demás te empiezan a ver como alguien con presencia y autonomía. Esto es sano para el crecimiento personal.

Que representa poner límites:

A nivel consciente: decir o hacer lo que se piensa en lo cotidiano, decidir mi propio camino.

A nivel inconsciente: formarme como individuo, con mi propia individualidad, estructurarme psíquicamente.

 

Creencias Populares Dañinas:

La familia piña “la familia que está unida debe compartirlo todo, no cuestionarse los unos a los otros y que no haya nada privado porque eso es de despreocupados y egoístas”

El amor idílico “el verdadero amor es que los dos sean uno, compartirlo y saberlo todo, quererse es fusión sin limites” (como el bebé con su mamá).

Esto no solo es erróneo sino perjudicial a nivel psicológico. Madurar la AUTONOMÍA es básico para la Salud Psíquica.

¿Cómo puedo poner límites?

  • Poco a poco.
  • Primero hay que empezar por detectar las situaciones, aunque no podamos cambiar nada.
  • Estar alerta y localizar cuando me sienta mal algo (a veces respondemos tan automáticamente que no pensamos si me gusta o no lo que me están diciendo).
  • Recordar que seguimos queriendo a esa persona, que NO ES MALO, ponerle un límite…
  • Cuando lo tengamos claro internamente empezará a salir solo…
  • Soportar la culpa inicial, no estamos acostumbrados! Pero pasará.
  • Confiar en uno mismo, ya se irá pudiendo, sin prisas
  • Todos somos personas igual de valiosas. El valor te lo das tú mismo.
  • Siendo ASERTIVO: decir lo que pienso, con educación pero con firmeza. Esto me hace sentirme coherente conmigo mismo, fortalece la autoestima, produce tranquilidad, seguridad y respeto.

 

¿Cómo te tratas? ¿Te autocriticas?

Todas las personas tenemos un lenguaje interno, los pensamientos. Según sea esa forma de hablarnos, nos sentiremos de una manera u otra. La auto-crítica es una forma de hablarnos, basada en la exigencia y el reproche hacia lo que sientes, dices o haces. Es la voz interna que te castiga por cada error que cometes, que no te permite disfrutar de las cosas buenas que te suceden y la responsable de que tengas la autoestima baja.

Es necesario que te pares, y observes como es tu lenguaje interno. Este es el primer paso para el cambio.

Te darás cuenta del “mal trato” que te haces, de que eres el peor crítico que puedas tener, y poco a poco, podrás sustituirlo por un “buen trato”. Aprenderás a tratarte con cariño y respeto, aunque haya cosas tuyas que no te gusten…cuando vayas cambiando la forma en que te hablas, también irás cambiando los sentimientos que tienes hacia ti mismo/a. En lugar de desprecio, rechazo e, incluso, vergüenza, empezarás a sentir aceptación, cariño, tranquilidad….

Cuando empieces a tratarte sin el “látigo” de la auto-crítica, tu autoestima mejorará y, paradójicamente, las cosas te empezarán a salir mejor, porque aprenderás a aceptar el error como parte del aprendizaje.

La base psicológica de la autocrítica es la exigencia y el perfeccionismo, ese afán por querer hacer o ser perfecto. También son los “deberías” o las distorsiones cognitivas, errores de pensamiento que generan mucho malestar y sufrimiento innecesario.

LAS DISTORSIONES COGNITIVAS son alteraciones en la forma de ver los hechos, como si nos colocáramos unas gafas mal graduadas que deforman la percepción. Estas distorsiones de pensamiento o trampas son aprendidas y nos hacen confundir la realidad. Investiga cuántas veces ves así las cosas:

1. PENSAMIENTO TODO O NADA:

Tú consideras a las cosas en categorías absolutas, o blanco o negro. Si tu éxito no es absoluto, te consideras un fracaso total.

2. GENERALIZACIÓN EXCESIVA:

Tomas un hecho negativo aislado por una pauta interminable de derrotas. Puede que te digas a ti mismo/a: “esto es para siempre” o “jamás lo haré bien”. Si se llega al extremo la generalización excesiva puede convertirse en una “ETIQUETACIÓN”: Se utilizan términos peyorativos para describirse a uno mismo, en vez de describir el error concretando el momento temporal en que sucedió: “Si me sale mal el pastel ¡Soy una torpe!!”.

3. FILTRO MENTAL:

Es como la gota de tinta que tiñe todo un vaso de agua. Tú das vueltas a un solo detalle negativo, como puede ser un error que cometiste, y pasas por alto las cosas que hiciste bien.

4. DESCARTAR LO POSITIVO:

Relacionado con el anterior, te empeñas en que tus logros o tus cualidades positivas no cuentan y las omites.

5. SALTAR A LAS CONCLUSIONES:

Saltas a conclusiones que no se justifican con los hechos. Existen dos tipos:

A. Lectura del pensamiento: das por supuesto que la gente tiene una tendencia terrible a juzgarte, a pensar mal de ti o a despreciarte.

B. Anticipación: te dices a ti mimo/a que está a punto de suceder algo malo o que lo vas a pasar mal… Sólo contemplas lo malo que puede suceder.

6. RAZONAMIENTO EMOCIONAL:

En vez de razones, recurrimos a emociones para interpretar la realidad. Si lo siento así es verdad. Nos sentimos solos , sin amigos y creemos que este sentimiento refleja la realidad sin parar a contrastarlo con otros momentos y experiencias. Los hechos reales de nuestras vidas no cambian de un día otro, sólo cambian nuestras emociones

7. DEBERÍAS:

Te criticas a ti mismo/a o a otros con “deberías”, “no deberías”, “tendría que” y “no tendría que”. Por ejemplo, “no debería ser tan tímido/a y nervioso/a, ¿qué pasa conmigo?”

8. INCULPACIÓN:

En vez de detectar la causa de un problema, te dedicas a asignar culpabilidades. Exiten dos pautas básicas de inculpación:

A. Autoinculpación: te culpas de algo que no fue tu responsabilidad o te criticas sin compasión siempre que te equivocas.

B. Inculpación de los demás: culpas a los demás, negando tu propio papel en el problema.

¿Te apetece que te acompañemos en el camino de ser mejor amigo de ti mismo? Ponte en contacto con nosotros en info@esenciadealquimia.es