Perfeccionismo, exigencia e ilusión de control

El perfeccionismo es la necesidad compulsiva de conseguir los objetivos respetando a rajatabla los ideales personales, con unas expectativas tan irreales que conducen a la decepción. Se ven las cosas en términos absolutos (o eres perfecto o eres un inútil) y te sientes insatisfecho contigo mismo.

Su aspecto positivo es la gran voluntad de dar lo mejor de uno mismo. Pero cuando la autoestima se basa en ser productiva y tener éxito, no se deja espacio al fracaso, y el esfuerzo se convierte en tiranía.

Exigirnos la perfección equivale a dar la espalda a la vida real. Es la ilusión de tener el control, y es una ilusión muy dañina, que fomenta la autocrítica y la culpa.

En el perfeccionismo hay una cierta oposición a la naturaleza de la vida que es percibida como caótica e impredecible, por lo que se recurre al control, al orden y la ley.

Se observa constantemente la diferencia entre el ideal (como deberían ser las cosas) y cómo son en realidad, entre lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo.

Se cree que hay una manera correcta de hacer las cosas: existe “la manera” y todo lo que no se ajuste es no válido (y en cierto modo censurable)

El perfeccionismo conlleva desarrollar la fuerza de voluntad, control y disciplina. Si consigues hacer las cosas bien “tienes derecho a que te quieran”.

Esta creencia se apoya en una experiencia vital de un amor condicionado a la buena conducta. Si de pequeño sientes que sólo por existir no sirves, no eres querido, tienes que cambiarte, saber cómo debes ser y conseguirlo. Debajo del perfeccionismo está la necesidad de que nos quieran y nos aprueben, “pues nadie rechaza a alguien ideal”.

“Con mucho, la mayor parte de las vidas humanas son destruidas por un exceso de autoexigencia” Max Frisch

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La autoexigencia además es una estrategia para no conectar con la vulnerabilidad. Y la vulnerabilidad constituye el germen de la iluminación. Cuando permitimos que la ternura de nuestro corazón madure nos conduce al corazón despierto.

La autocrítica es un comportamiento de seguridad, diseñado para garantizarnos ser aceptados dentro de nuestra familia, a la vez una conducta de sumisión, porque nos permite degradarnos ante personas imaginarias que emiten un juicio sobre nosotros. Es como si decidiésemos “Me voy a maltratar y a criticarme antes de que tú puedas hacerlo. Reconozco lo imperfecto que soy para que tú no tengas que despreciarme y decirme lo que ya se. Así sentirás lástima por mí en vez de juzgarme y me asegurarás que no soy tan malo como pienso”. Surge del deseo de no ser rechazado y abandonado (instinto básico de supervivencia) y del deseo de control.

La mejor manera de contrarrestar la crítica destructiva hacia uno mismo consiste en entenderla, sentir compasión por ella, y finalmente sustituirla por una respuesta más amable. Si nos permitimos conmovernos por el sufrimiento que experimentamos en manos de nuestra autocrítica. Podemos reconocer que los puntos débiles y la imperfección forman parte de nuestra experiencia humana. De este modo podemos sentirnos más conectados con nuestros compañeros de viaje en esta vida, tan imperfectos y vulnerables como nosotros. En lugar de intentar controlarnos a nosotros mismos y a nuestra propia vida para conseguir un ideal perfeccionista podemos tomar la vida tal y como es, con sus luces y sus sombras.

La felicidad se encuentra cuando nos dejamos llevar con el flujo de la vida, no cuando luchamos contra él. La auto-compasión puede ayudarnos a navergar por estas corrientes turbulentas con sabiduría y aceptación en el corazón.

“No puedes detener las olas, pero puedes aprender a surfear”

Jon Kabat-Zinn

¿Cómo te tratas? ¿Te autocriticas?

Todas las personas tenemos un lenguaje interno, los pensamientos. Según sea esa forma de hablarnos, nos sentiremos de una manera u otra. La auto-crítica es una forma de hablarnos, basada en la exigencia y el reproche hacia lo que sientes, dices o haces. Es la voz interna que te castiga por cada error que cometes, que no te permite disfrutar de las cosas buenas que te suceden y la responsable de que tengas la autoestima baja.

Es necesario que te pares, y observes como es tu lenguaje interno. Este es el primer paso para el cambio.

Te darás cuenta del “mal trato” que te haces, de que eres el peor crítico que puedas tener, y poco a poco, podrás sustituirlo por un “buen trato”. Aprenderás a tratarte con cariño y respeto, aunque haya cosas tuyas que no te gusten…cuando vayas cambiando la forma en que te hablas, también irás cambiando los sentimientos que tienes hacia ti mismo/a. En lugar de desprecio, rechazo e, incluso, vergüenza, empezarás a sentir aceptación, cariño, tranquilidad….

Cuando empieces a tratarte sin el “látigo” de la auto-crítica, tu autoestima mejorará y, paradójicamente, las cosas te empezarán a salir mejor, porque aprenderás a aceptar el error como parte del aprendizaje.

La base psicológica de la autocrítica es la exigencia y el perfeccionismo, ese afán por querer hacer o ser perfecto. También son los “deberías” o las distorsiones cognitivas, errores de pensamiento que generan mucho malestar y sufrimiento innecesario.

LAS DISTORSIONES COGNITIVAS son alteraciones en la forma de ver los hechos, como si nos colocáramos unas gafas mal graduadas que deforman la percepción. Estas distorsiones de pensamiento o trampas son aprendidas y nos hacen confundir la realidad. Investiga cuántas veces ves así las cosas:

1. PENSAMIENTO TODO O NADA:

Tú consideras a las cosas en categorías absolutas, o blanco o negro. Si tu éxito no es absoluto, te consideras un fracaso total.

2. GENERALIZACIÓN EXCESIVA:

Tomas un hecho negativo aislado por una pauta interminable de derrotas. Puede que te digas a ti mismo/a: “esto es para siempre” o “jamás lo haré bien”. Si se llega al extremo la generalización excesiva puede convertirse en una “ETIQUETACIÓN”: Se utilizan términos peyorativos para describirse a uno mismo, en vez de describir el error concretando el momento temporal en que sucedió: “Si me sale mal el pastel ¡Soy una torpe!!”.

3. FILTRO MENTAL:

Es como la gota de tinta que tiñe todo un vaso de agua. Tú das vueltas a un solo detalle negativo, como puede ser un error que cometiste, y pasas por alto las cosas que hiciste bien.

4. DESCARTAR LO POSITIVO:

Relacionado con el anterior, te empeñas en que tus logros o tus cualidades positivas no cuentan y las omites.

5. SALTAR A LAS CONCLUSIONES:

Saltas a conclusiones que no se justifican con los hechos. Existen dos tipos:

A. Lectura del pensamiento: das por supuesto que la gente tiene una tendencia terrible a juzgarte, a pensar mal de ti o a despreciarte.

B. Anticipación: te dices a ti mimo/a que está a punto de suceder algo malo o que lo vas a pasar mal… Sólo contemplas lo malo que puede suceder.

6. RAZONAMIENTO EMOCIONAL:

En vez de razones, recurrimos a emociones para interpretar la realidad. Si lo siento así es verdad. Nos sentimos solos , sin amigos y creemos que este sentimiento refleja la realidad sin parar a contrastarlo con otros momentos y experiencias. Los hechos reales de nuestras vidas no cambian de un día otro, sólo cambian nuestras emociones

7. DEBERÍAS:

Te criticas a ti mismo/a o a otros con “deberías”, “no deberías”, “tendría que” y “no tendría que”. Por ejemplo, “no debería ser tan tímido/a y nervioso/a, ¿qué pasa conmigo?”

8. INCULPACIÓN:

En vez de detectar la causa de un problema, te dedicas a asignar culpabilidades. Exiten dos pautas básicas de inculpación:

A. Autoinculpación: te culpas de algo que no fue tu responsabilidad o te criticas sin compasión siempre que te equivocas.

B. Inculpación de los demás: culpas a los demás, negando tu propio papel en el problema.

¿Te apetece que te acompañemos en el camino de ser mejor amigo de ti mismo? Ponte en contacto con nosotros en info@esenciadealquimia.es