Carta de la ansiedad para tí

¿Has llegado a comprender el mensaje de tu ansiedad?

Gracias a Fabiola Cuevas tenemos esta carta que la ansiedad te escribe, donde comprenderás cuál es su sentido en tu vida.

¡Hola!

Soy la ansiedad, no te asustes… vengo en son de paz, por cierto, ¿por qué te asustas tanto ante mi presencia?Sé que sientes horrible cada vez que aparezco, que te desesperas y quisieras hacerme desaparecer,sé que si pudieras me mandarías con todas tus fuerzas lejos de tu vida, sobre todo porque crees que estoy aquí para hacerte daño, para amargarte la existencia… inclusive has de creer que puedo llegar a ser la causa de tu muerte; pero créeme, si no te he hecho daño, es porque no es mi intención hacerlo y porque tampoco lo voy a hacer.

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No estoy aquí ni para que te de un ataque al corazón, ni para que te ahogues y mucho menos para volverte loco o hacerte sentir raro e inadecuado; creo que ya te lo he demostrado. Y sí, sé que hago un desastre en tu interior y que te asusto, pero al final del día… no te he matado, no te has ahogado y tampoco te has vuelto loco. La realidad es que estás aquí, teniendo miedo a que eso pase, sin que haya pasado en realidad.

Y te confieso que no porque pienses o sientas que pueda pasar, significa que realmente vaya a pasar

Estoy aquí escribiéndote esta carta porque te quiero contarte la verdad y serte totalmente honesta: si he aparecido en tu vida haciéndote sentir todo esto es porque no había encontrado otra manera de hacerme escuchar por ti.

Estabas tan ocupado tratando de ser exitoso, de ser productivo y de demostrarle a los demás que eres digno de ser amado… que no escuchabas mis pequeñas señales.

¿Recuerdas esa vez que te dio un dolor de cabeza? ¿O cuando tuviste insomnio por más de 2 horas? ¿O qué tal esa vez que sin razón aparente te soltaste a llorar sintiendo que algo andaba mal? ¿y esa vez que te quedaste solo y te sentiste inquieto y buscaste con qué distraerte…? ¿o qué tal esa vez que te dio un temblor en el párpado? ¿aquella alergia en la piel…? y ni hablar de la gastritis y colitis.

Bueno, pues todas esas veces era yo misma tratando de hacer algo para que me escucharas, para que te detuvieras por un momento a sentirme y resolver de verdad lo que te estaba pasando.

Pero no lo hiciste, seguiste con tu ritmo de vida; seguiste con tu misma manera de pensar y reaccionar; preocupándote por el qué dirán, presionándote por ser perfecto, angustiándote por tener el control de todas las cosas a tu alrededor… por salvar a los demás mientras que te descuidabas a ti mismo, y está bien… está bien… comprendo que es algo actual y hasta aprendido.

Pero como eso no es lo que quiero para ti, como sé que puedes ser libre de verdad, entonces intenté algo más fuerte: hice que te doliera la quijada al despertar, que se te taparan los oídos y te sudaran las manos…que tu corazón acelerado para después sentirte agotado y hasta mareado… en fin, tampoco me quisiste escuchar.

Y sé que te desesperas porque no “entiendes” con tu mente racional lo que te está pasando, y claro, con tu mente racional no me vas a entender, ¡al contrario! sólo logras asustarte más y generarte nuevas sensaciones e ideas que no eran mi intención que tuvieras.

Mi intención es ayudarte a ti y a regresar a tu centro, ayudarte a frenar por un momento para que te gires a  ver en tu interior qué es lo que estás necesitando para volver a sentirte libre y pleno.

Mi intención sí es llamar tu atención, y te felicito si estás leyendo esto, pues significa que ahora ya no quieres evitarme. De hecho, sé que estás cansado y cansada de hacerlo, de huir de mí como si fuera un monstruo en medio de un bosque oscuro.

Sé que ya no toleras seguir embobándote horas y horas en el Facebook y la televisión mientras que sabes que hay algo que necesitas atender, que estás cansado de vivir la vida de otras personas para no girarte a ver la tuya, sé que ya no quieres seguir adormeciendo tu cuerpo, que ya no quieres fugarte de la realidad y que realmente quieres disfrutar de tu vida.

Sé, que ya empiezas a estar más dispuesto a sentirme y escucharme.

Y espero de verdad que ahora estés listo y lista para enfrentar tu realidad, para enfrentar la verdad de tu vida y de ti mismo tal y como es, sin máscaras, sin atajos… sin pretensiones.

Y siéndote honesta, yo también ya me cansé de estarte mandando avisos para nada más ver cómo te asustas y sales corriendo, cómo llegas a pensamientos que no son verdad generándote un malestar mayor, alejándote cada vez más de escucharme.

Y como me cansé, me rendí, y decidí escribirte. Pues tengo algo realmente importante que decirte.

Así es que vayamos al grano.

Lo único que llevo tratándote de decir todo este tiempo, es que… es momento de evolucionar.

¿Evolucionar? sí, no es un concepto New Age, es una necesidad de todo ser humano cuando en algún momento de su vida ya no le funciona lo que viene haciendo.

La realidad es que estoy aquí porque necesitas hacer algunos cambios en tu interior y en tu vida, pues aceptémoslo, no te sientes pleno y no estás viviendo como quisieras hacerlo.

¿Quién quiere vivir presionándose a sí mismo? ¿exigiéndose por cumplir estándares aprendidos?

¿Tratando de complacer a medio mundo menos a sí mismo? ¿intentando controlar todas las variables de cada día? ¿quién quiere vivir quejándose y con miedo de todo lo que sucede?

¿queriendo tener la certeza de todo lo que va a suceder? ¿repitiendo los eventos traumáticos de su pasado? ¿echando culpas a los demás?

¿Cómo vas a querer vivir sin ser tú mismo y sin tomar las riendas de tu propia vida?

Para eso estoy aquí, para ayudarte a recuperar esa plenitud que vive dentro de ti, y para lograrlo, tendrás que deshacerte de lo que te impide contactarla. No significa que te tengas que convertir en otra persona, ¡al contrario! significa que necesitas dejar de actuar y pensar como tú no eres y poder ser más tú mismo.

Estoy aquí para ayudarte a ver precisamente qué te impide contactar con tu sentido de vida, con tu pasión por vivir, con tu alegría y con tu verdadero ser. Y que puedas descubrir que hay algo que estás necesitando darte y generarte para lograrlo.

Es lógico que a veces no te des cuenta de esas cosas que necesitas, que te sumerjas en relaciones que no te funcionan, en trabajos que no te gustan pero que “necesitas”, que busques ser amado por los demás poniéndote máscaras y actuando como no eres; es lógico, que busques la seguridad en alguien más y que creas que no puedes tú sólo con esta vida, ¿quién no quisiera regresar a la tripa de su mamá y despreocuparse por todo?

Pero tampoco tienes por qué vivir alerta y protegiéndote de “posibles peligros”, puedes relajarte…

y darte cuenta que no tienes que controlar absolutamente todas las variables para poder dormir con la mente en paz. Puedes hacerte responsable de ti y de tu vida sin que te conviertas en un adulto aburrido abrumado por la vida; puedes seguir disfrutando aunque tengas hijos por cuidar o sueños por cumplir.

Puedes vivir de hacer lo que te gusta y compartir tu tiempo con quien eliges, puedes generarte una manera de pensar más realista y positiva, al final del día, tú no eres tus pensamientos, eres quien se da cuenta que piensa y puedes tomar las riendas de tu mente, claro, de manera amorosa y paciente.

Y para lograr esto, necesitabas darte cuenta que tu mente está interpretando constantemente la realidad, y que no siempre tu interpretación es correcta, que puedes caer en errores, creer esos errores, obsesionarte con esos pensamientos, y alejarte de la realidad que sí está sucediendo.

Es momento de que regreses a la realidad y descubras que hoy, ahí donde estás, estás a salvo, y tienes todo el derecho y la capacidad para tomar las riendas de tu vida. Eso sí, necesitarás perderle el miedo al rechazo, al ridículo, al fracaso y al qué dirán, necesitarás hacerte tu prioridad y confiar en tu voz interior, necesitarás esforzarte por generarte eso que sí anhelas y que sabes que es tu derecho vivir.

Estoy aquí para decirte que necesitas ponerle límites a las personas que te lastiman; para que te agarres de valor y aprendas a decir que “no”; para que dejes de mendigar amor con quien no te merece; para que dejes de depender de la existencia de tu pareja para ser feliz; para que de una vez por todas… ¡cuides tu cuerpo!

¿De qué otra manera le habrías puesto atención a tu cuerpo? Digo, probablemente de muchas maneras, pero ésta está funcionando. Necesitas darle el alimento que necesita, dejar de criticar tu físico y agradecerle por lo que te da; haz que sude y que se mueva, ten tus hormonas al día y duerme las horas que necesitas.

¿Por qué te explotas? ¿Por qué te exiges tanto? No entiendo porque lo haces… si lo tienes todo, lo eres todo, tienes toda la capacidad que necesitas para crear tu propia realidad, pero te tratas como tu propio esclavo, eres demasiado severo contigo mismo… y estoy aquí para pedirte que simplemente te detengas.

Así es que ya sabes… si realmente quieres que me vaya, toma el timón de ti mismo, pregúntate qué has hecho que te ha alejado de tu esencia. Pregúntate realmente cómo quieres vivir y lucha por esa vida, pues es tu vida, y solamente tú puedes decidir sobre ella… si a los demás no les parece, es porque ellos tienen su propia vida, no tendrían por qué comprenderte y tú no tendrías por qué controlar lo que piensan sobre ti.

El único control que puedes tomar es el de ti mismo, y para recuperarlo, necesitarás aceptar que lo has perdido y retomarlo con fuerza. Necesitarás usar toda esa frustración y tensión interior y convertirla en motivación para ir tras lo que anhelas. Por eso, necesitas permitir que yo me exprese, perderme el miedo, sentirme para que veas que estos síntomas tan sólo son una manera de ayudarte a recuperar tu equilibrio, y que si esperas a que pasen… pasarán, y que si aprendes a relajarte y a tener tu mente en el presente, se transformarán.

Así es que la próxima vez que me sientas, cierra los ojos… confía y siénteme, déjate llevar… escucha lo que tengo por decirte, entiendeme y después, ¡pasa a la acción! Por favor, ya no me reprimas, ya no te distraigas cada vez que llego… pues así no podré hablarte y no podrás hacer esos cambios que tú sabes que necesitas hacer.

Espero no tener que llegar muchas veces más en tu vida, pero si lo hago… recuerda que no quiero lastimarte, quiero ayudarte a que recuperes tu propio camino de evolución, el camino que si lo tomas, te hará mucho muy feliz.

Y ya para terminar, quiero confesarte una última cosa, quiero decirte quién soy en realidad:

Yo… soy tú esencia.

Así es, soy tu esencia, disfrazada de ansiedad.

Soy tú verdadero ser, ese que guardaste para proteger, y estoy aquí, gritándote, tocando desde el interior de tu corazón con fuerza para que me escuches. No es taquicardia lo que sientes, soy yo, que quiero salir de ahí.

Déjame salir… déjame tomar las riendas y confía en mí, recuerda quién soy y quién eres, vuélvete a hacer uno conmigo y pierde el miedo a salir lastimado. Yo prefiero que vivamos la vida como es, que la exploremos y que demos lo que tenemos que dar, sea lo que sea, a vivir escondidos por

miedo a lo que pueda pasar…

Así es que hola, yo soy tú, y ya es momento de escucharme.

Con cariño, yo – La Ansiedad

 

 

 

Extraído de http://www.desansiedad.com/carta-de-la-ansiedad-para-ti/

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¿Quién no es adicto?

Hoy quería compartir con vosotros este texto de Jeff Foster sobre la adicción. ¿Quién de nosotros no es adicto?:

Durante los últimos años he hablado con cientos de personas de todo el mundo que se autodenominan “adictos”. Seamos claros, no sólo los “adictos” son adictos. Todos somos adictos de diferentes maneras, al trabajo, al alcohol, a la pornografía, al juego, al sexo, al poder, a tener siempre la razón, a probar nuestra valía, a revisar nuestro correo electrónico cada 5 minutos.

Incluso, podemos hacernos adictos a las enseñanzas espirituales, a la meditación, a los gurús, a los retiros, a libros, a los satsangs. Pero la raíz de toda adicción es la misma – nuestra adicción hacia nosotros mismos. Nuestra adicción a mantener y a nutrir “mi” historia. Y subyacente a esto, nuestra adicción a salir de este momento, a escapar de las molestias buscando alguna clase de liberación. Nuestra adicción hacia el momento siguiente…IMG_5199.JPG

Recuerdo que de pequeño regresaba de la escuela sintiéndome a veces solo, triste e incomprendido, probablemente después de haber sido intimidado por mis compañeros o después de que se burlaban de mí en el autobús de la escuela. Llegaba directamente al refrigerador o a la despensa y, cuando nadie me observaba, me devoraba cualquier bocadillo que pudiera encontrar. La comida hacía que mi tristeza se fuera, o así parecía. Por unos pocos y preciosos instantes me sentía reconfortado, satisfecho, lleno – ya no había ese vacío en mí ni me sentía incompleto. Aparentemente la comida hacía que mi “hambre” desapareciera. Había llenado el vacío. Y mi estómago…

En realidad no quería comida, por supuesto, sino amor y aceptación. Comía para que el dolor de vivir desapareciera. Incluso a esa temprana edad, ¡comía para vivir! Pero, por supuesto, no tenía forma de articular esto en ese momento. ¡Simplemente me sentía hambriento! sólo tenía la urgencia de comer. No era realmente comida lo que yo quería – era amor, y vida. Tenía deseos de sentirme vivo. Estaba intentando y fallando al comerme la vida. Estaba tratando de comerme a mí mismo.

Ésta era un hambre cósmica, un anhelo muy profundo de ser tomado en cuenta, de ser incluido, de ser visto, de ser validado. Y si los otros no podían hacerlo, tal vez los chocolates sí. Todo eso era una expresión de una profunda hambre por la vida, hambre de recordar lo que yo era realmente – ese vasto océano de consciencia en donde las olas de pensamiento, sensaciones y sentimientos tienen absoluta libertad para surgir y desaparecer. Yo estaba ignorando mi verdadera adicción – con el deseo de recordar lo que yo era me estaba volviendo falsamente adicto a algo. Me tomó años y años darme cuenta de esto y empezar a enfrentar mi dolor en lugar de huir de él, a recordar en lugar de olvidarme de mí mismo, a descubrir que eso que realmente soy, jamás podría ser adicto a nada.

Más tarde, mis adicciones cambiaron hacia otros objetos y hacia otras personas y después, finalmente, todo este asunto se proyectó hacia mi búsqueda por la iluminación. La iluminación se convirtió en el objeto de adicción final. Vivía y respiraba enseñanzas espirituales hasta que empezaron a generar efectos secundarios. Pero no estuve satisfecho hasta que todo ese ciclo se rompió, justo en donde había comenzado.

Como individuos, todos somos adictos, en el sentido en que huimos del momento presente en cierto grado. Todos evitamos pensamientos y sentimientos, tratamos de no sentirlos, los ignoramos, nos distraemos de ellos, nos medicamos o meditamos o nos vamos de compras. Por un instante, pareciera como si la comida, el alcohol, el sexo, el gurú, la droga, la fama, tuvieran el “poder” de eliminar la tristeza, el dolor; el sentimiento de soledad, de vulnerabilidad y de aislamiento, y por último, la muerte misma.

Pareciera como si la persona, el objeto o la sustancia tuviera el poder de “arreglar” la vida. Pero, por supuesto, pronto el “efecto” desaparece, el “subidón” desaparece y luego viene una especie de bajón, una especie de culpa y todas esas olas rechazadas y no deseadas regresan, algunas con mayor intensidad, y estamos de vuelta en esa fuerte identificación.  Y después se nos antoja todo de vuelta. Posteriormente sentimos una mayor necesidad de la persona o de la sustancia. Y el ciclo continúa. ¿Qué es lo que rompe el ciclo?

RECONOCER NUESTRO MALESTAR EN LUGAR DE HUIR DE ÉL, aunque suene muy descabellado. Ahí es en donde el ciclo puede empezar a romperse. Entrar en comunión con esas olas antes rechazadas y darnos cuenta que todas ellas tienen un hogar en nosotros – la tristeza, la soledad, el miedo, la vulnerabilidad. Como el océano de la consciencia, somos lo suficientemente vastos para aceptar cada una de ellas.

Tienen permiso para llegar a nosotros, pero no pueden definirnos. Y así, enfrentar nuestros impulsos en lugar de evitarlos, encontrando una forma de estar con nosotros mismos en el ahora sin tener que movernos hacia un “futuro”. Así es como el mecanismo de la adicción puede empezar a disolverse.

Normalmente cuando surge algún impulso o urgencia, o tratamos de ignorarlo, tratamos de no sentirlo, o bien, actuamos sobre él. Solemos juzgar el impulso como malo o erróneo o incluso “enfermo”. Sin embargo, hay un punto medio – el encuentro del que yo hablo, esta profunda aceptación, este “estar con”, sin una agenda. Encarar el impulso o la urgencia hace que ésta desaparezca y se rinda sin tiempo, y además, sin daño. Sentarse con la urgencia, dejando que se queme, permitiendo que esté allí con toda su intensidad, y después observar cómo todos esos pensamiento e imágenes surgen – ya sabes, la imagen de un delicioso pastel de chocolate, de una cerveza; esa película del pensamiento en donde te ves felizmente comiendo o bebiendo, de cuando tus problemas han desaparecido, esas películas de una liberación y una salvación inminente, de amor, de paz – y permitiéndoles estar ahí también. Y estar ahí con todas las sensaciones que surgen, incluso las incómodas.

Y después también permitir la ira – con esa extraña superstición primaria de que si permitimos que la urgencia permanezca ahí terminaremos “actuando en consecuencia”, o que nos quedaremos “atascados” y nunca saldremos de ello, o que simplemente nos vencerá. Todos los juicios rondando. Sintiendo que necesitamos de inmediato “hacer algo” sobre esa urgencia. Y, después de todo esto, recordarte como ese amplio espacio abierto, el vasto océano de la vida en donde todas las olas ya han sido aceptadas. Y saber, después, que ninguna cantidad de alcohol, sexo, drogas, chocolate, palabras, imágenes o sentimientos puede generarte una profunda aceptación en este momento – porque eso es lo que tú ya eres y lo que siempre has sido. Aquello que tanto deseas, en un nivel más profundo,  ya está aquí. Tú ya eres eso que buscas, como todas las enseñanzas espirituales a través de los años nos han estado recordando.

Lo único que estamos haciendo es buscarnos a nosotros mismos, en millones de formas diferentes, y el chocolate o el alcohol o los casinos nunca han tenido el “poder” de llevarnos de vuelta a casa, nunca. Nuestros gurús nunca han tenido el poder que nosotros proyectamos en ellos.

Perdemos la fe en los gurús del cigarro y del alcohol, y regresamos a nosotros, confiando profundamente en nuestra propia experiencia una vez más, en una forma en que nunca pudimos hacer cuando éramos pequeños.

La adicción se deshace desde dentro. Ya que lo que somos está naturalmente en paz, naturalmente no-adicto, naturalmente completo, sin la necesidad de gente externa u objetos que lo complementen. Es aquí donde el círculo de la adicción – que es el ciclo del ser – puede ser roto, justo donde empezó. Esta es la exploración que toda adicción e indudablemente todo sufrimiento nos invita a hacer, independientemente de que nos veamos a nosotros mismos como “adictos” o no.

Jeff Foster

Texto encontrado en el blog compartiendoluzconsol.wordpress.com

Afirmaciones positivas

 “Así como piensas, así es tu vida.

Siembra un pensamiento, cosecha una acción.

Siembra una acción, cosecha un hábito.

Siembra un hábito, cosecha un carácter.

Siembra un carácter, cosecha un destino”

Nuestros pensamientos cobran fuerza cuando se repiten. Si nos repetimos insistentemente una idea, como que estamos gordas, o que somos una persona insegura, ese pensamiento se grabará en nuestro inconsciente, convirtiéndose en una verdad absoluta. El pensamiento repetido se convertirá en acción. Así, si pensamos que estamos gordas, tendremos cada vez más necesidad de comer.

Pero si sustituimos nuestros pensamientos negativos por otros positivos, descubriremos que podemos sentirnos tal y como deseamos si los repetimos. Podemos reprogramar nuestro pensamiento.

Una de las mejores técnicas es acostumbrar a nuestra mente a sustituir nuestros pensamientos negativos por otros positivos a través de las afirmaciones.

Las afirmaciones son enunciados positivos sobre cómo queremos ser y que sea nuestra vida, formulados en tiempo presente y en primera persona. Es lo contrario a una autocrítica. Las afirmaciones se pueden repetir en silencio o en voz alta.

Las afirmaciones positivas son las semillas de la felicidad. En principio parece algo tan pequeño no puede generar ningún cambio, pero si las regamos con las repeticiones modifican nuestra vida (nos hacen florecer).

Cómo se practican las afirmaciones:

Dibuja en un folio dos columnas. Escribe en una  los pensamientos negativos que tienes sobre ti, y en la columna de al lado expresa ese mismo pensamiento pero de forma contraria.

Ejemplos:

Estoy gorda——————-Me siento guapa y atractiva

Soy muy nerviosa————Estoy completamente relajada

No soy capaz————- Tengo confianza en mis capacidades

No merezco tener suerte———–Merezco toda la suerte que me trae la vida

Soy un desastre—————-Me acepto y me apruebo

No importa si no te crees el pensamiento positivo. Sigue repitiendo la afirmación hasta que casi no tenga connotaciones para ti. De este modo, el hemisferio izquierdo dejará de analizar y juzgar el pensamiento, y el hemisferio derecho aceptará como valido el enunciado.

Un truco es escribir en una nota las afirmaciones o pensamientos positivos y llevarla siempre contigo en la cartera, para leerla varias veces al día. Puedes comprometerte a repetir 15 veces la frase, cada vez que veas la nota.

¿Cómo me comunico con mi hija con anorexia?

Una buena comunicación familiar puede inducir cambios positivos en la salud de nuestros hijos, en especial si estamos ante un caso de anorexia o bulimia.

Debemos aprender a emplear un lenguaje “racional”, que refleje la situación tal y cómo es, sin dramatismos ni exageraciones. Cuándo damos más énfasis del requerido, conseguimos que la otra persona defienda el extremo opuesto, haciendo imposible la comunicación.

¿Puedo expresar a mi hija una crítica?

Una pregunta habitual de los padres en la consulta es “¿podemos regañarla si hace algo mal?”, “¿Cómo le pedimos que haga o no haga algo?”, “¿la empeorará?”.

Este miedo al empeoramiento conduce a una falta absoluta de límites y de comunicación.

Una chica con TCA tiene problemas con su imagen corporal y su alimentación, pero el resto de su personalidad no tiene porqué estar afectada. Debemos comportarnos con normalidad, como haríamos con otro de nuestros hijos.

Así pues, como con otras personas, en ocasiones necesitaremos expresar nuestra disconformidad y pedir que cambien su forma de comportarse con nosotros.

¿Cuándo es positivo hacer una crítica a nuestra hija?

-Cuando el comportamiento al que nos referimos es algo que puede cambiarse.

Por ejemplo: No podemos pedir que deje de vomitar, puesto que es un síntoma de la enfermedad que desaparecerá con el tratamiento. Pero si podemos pedir que reponga lo que se ha comido en el atracón, o que limpie la taza del inodoro si deja restos.

-Es positivo cuando se expresa de forma serena, sin intención de herir los sentimientos. Con el objetivo final de mejorar el vínculo y la relación.

-Cuando hablamos de una conducta concreta, sin generalizar.

Por ejemplo: No podemos pedir “deja de ser tan egoísta”. Si no podemos concretar en qué acciones vemos que es egoísta, es mejor no expresar la crítica.

Es importante se positivos al expresar el deseo de cambio. Regañar y mostrar lo malo del otro puede conducir a aumentar esas conductas.

Vigilar y castigar aumenta la frecuencia de la conducta negativa.

¿Cómo formulo la crítica de manera asertiva?

1. Evalúa serenamente el problema que te causa el comportamiento de tu hija. Pregúntate si es razonable pedirle que cambie su comportamiento en este tema concreto ( podrás responder afirmativamente si su actuación va en contra de tus derechos, si la daña a ella o a otros, si es una conducta que verdaderamente ella podría cambiar, y si es de verdad importante para ti).

2. Plantea a tu hija que algo te preocupa, detallando exactamente la conducta concreta que lo provoca.

Por ejemplo: “Tengo un problema: cuando voy a desayunar y veo que no queda nada de comida en la despensa…”

No la descalifiques, ni la insultes, aunque ella se muestre reacia a colaborar. No generalices diciendo “siempre me haces igual”.

No hables de sus intenciones “todos te damos igual, lo haces para castigarnos…”.

No añadas temas que se han hablado otras veces. Sólo vas a hablar de una cosa y con un enfoque.

3. Busca y propón una conducta alternativa. Prohibir una conducta sin mostrar otra alternativa produce angustia, que a su vez mantiene en el tiempo e intensifica lo que se desea cambiar.

Si quieres que tu hija no vaya con una determinada persona no debes prohibirlo. Facilita que conozca a nuevas personas, pero sin prohibir la anterior relación. Cuánto más prohíbas más se producirá lo que no deseas.

4. Espera la reacción de ella y escucha de corazón lo que tu hija quiere decir. Es bueno contar hasta 20 antes de volver a hablar. Deja tiempo de reflexión. Comprende su reacción, sea la que sea. Así la siguiente vez podrás avanzar un poquito más lejos y conseguir más conductas saludables.

Termina SIEMPRE agradeciendo que te haya escuchado.

¿Cómo ganarnos el respeto y confianza de nuestra hija?

Nuestros hijos nos necesitan, pero para que nos permitan ayudarles necesitan sentir admiración por nosotros, respeto. Las claves de nuestro comportamiento para lograrlo son:

1. Establecer reglas realistas y claras.

2. Expresar nuestros sentimientos, pues así favorecemos que ellas también lo hagan

3. Admitir nuestros errores. No somos perfectos y nadie como nuestra hija necesita verlo. Si admitimos nuestros defectos ellas aprenderán a hacerlo, y no frustrarse ante la mínima equivocación.

4. Definir con claridad los límites. Ser cercanos y cariñosos no significa no poner límites ni normas. Existen horarios, límites con el dinero, etc. que se deben respetar.

5. Reforzar más veces que criticar. Se deben valorar sus esfuerzos, y no sólo sus logros.

6. Demostrar que confiamos en ella. Si tenemos que hacer una crítica a algún comportamiento lo haremos de forma asertiva, sin generalizar a toda su persona (mirar capítulo de asertividad)

7. Controlar nuestra exigencia e impaciencia.

8. Generar un clima de receptividad y sinceridad ante las diferentes formas de ver la vida.

9. Nunca, nunca, debemos comparar a nuestros hijos. Genera una competición que sólo consigue dañar su autoestima. Cada persona es única, y no tiene porqué parecerse a nadie.

10. Amar sin condiciones. No sólo porque sea buena estudiante. La queremos tal y como es, también con su enfermedad. Pensad que ellas se lo toman como una prueba de amor. Cuando se curan recuerdan siempre quién estuvo ahí a su lado y quién no.

¿Eres asertiv@?

¿Qué es la asertividad?

Es la capacidad de un individuo para transmitir a otra persona sus posturas, opiniones, creencias o sentimientos de manera eficaz y sin sentirse incómodo, respetando a su vez los derechos del otro.

Mejora la comunicación en la familia y entorno al expresarnos de forma más directa y honesta.

Conlleva expresar con respeto y tono de voz adecuado lo que realmente queremos decir, de forma tranquila, escuchando, y con la intención de buscar una solución o acuerdo al problema concreto.

Aprender a ser asertivo nos ofrece la posibilidad de solucionar de forma satisfactoria los problemas cotidianos del día a día, provocando satisfacción a todos. Lo más importante es que es una habilidad que se aprende fácilmente, si somos constantes y nos entrenamos para ello.

¿Qué conlleva ser asertivos?

Autoafirmarnos y defender nuestros derechos

Respetar los derechos de los demás

Hacer y recibir elogios de forma adecuada

Expresar los sentimientos negativos que sentimos

¿Cuáles son las fórmulas de comunicación no asertivas?

La asertividad es una estrategia de comunicación aprendida, que se encuentra a medio camino entre dos fórmulas de comunicación poco recomendables: La inhibición y la agresividad.

1. La inhibición se caracteriza por una forma de comunicación basada en la sumisión, la adaptación excesiva a los deseos de los demás, la pasividad…

Tienen más en cuenta a los demás, por miedo al rechazo y al abandono, que a sí mismos.

Es un comportamiento muy habitual en algunas madres de chicas con anorexia (y también de las mismas pacientes).

Se sienten culpables y priorizan los sentimientos de la hija antes que los suyos propios.

No expresan su enfado, ni comunican sus verdaderos pensamientos de forma directa, sino que dan giros y giros en la conversación sin ir a ninguna parte.

2. El estilo de comunicación agresivo consiste en no respetar los deseos y sentimientos de los demás.

Las personas que se comunican de esta forma, parecen muy seguras de sí mismas y muy sinceras. Se expresan de forma exigente y hostil. Intentan ganar utilizando el sarcasmo, el tono de voz elevado, los gestos bruscos…

La comunicación agresiva deteriora las relaciones interpersonales y produce alteraciones emocionales.

La actitud agresiva puede llevar al maltrato familiar y al distanciamiento afectivo.

Esta forma de comunicación genera miedo y por lo tanto no facilita el cambio en las personas del entorno.

¿Cómo puedo llegar a ser asertivo?

Primero es necesario conocer nuestros derechos asertivos:

  • Tenemos derecho a ser nuestro propio juez, a juzgar nuestro propio comportamiento, nuestros pensamientos y nuestras emociones y a tomar la responsabilidad de su iniciación y de sus consecuencias. Tenemos derecho a decidir qué creemos y opinamos de nuestro comportamiento.
  • Tenemos derecho a no dar razones o excusas para justificar nuestro comportamiento
  • Tenemos derecho a interrumpir a nuestro interlocutor para pedir una explicación
  • Tenemos derecho a cambiar de idea.
  • Tenemos derecho a cometer errores. Es lo normal.
  • Tenemos derecho a decir “No lo sé”
  • Tenemos derecho de decidir cuándo prestar ayuda a los demás y cuándo no
  • Tenemos derecho a ser independientes de la buena voluntad de los demás antes de enfrentarnos a ellos
  • Tenemos derecho a tomar decisiones ajenas a la lógica
  • Tenemos derecho a decir “No lo entiendo”
  • Tenemos derecho a decir “No me importa ”

¿Cómo debo hablar para ser asertivo?

Para expresarnos de forma asertiva debemos emplear el lenguaje corporal y el verbal.

Cuando conversamos con alguien no sólo intercambiamos información verbal. También enviamos mensajes con nuestra posición, movimientos, etc.

La comunicación no-verbal o lenguaje corporal es la información que transmitimos con nuestros movimientos, gestos, miradas, posturas, etc. Es una comunicación ineludible, porque aunque estemos en silencio siempre decimos algo con nuestro cuerpo. Es imposible no comunicar.

Además, las emociones y sentimientos se transmiten por esta vía.

corazon

Para expresarnos de forma asertiva con el lenguaje no-verbal, debemos tener en cuenta:

  • Mirar siempre a los ojos al hablar. De esta manera la persona se sentirá escuchada, aceptada e importante para nosotros.
  • La expresión facial debe ser congruente con lo que estamos diciendo. Es preferible sonreír para iniciar la conversación, pues predispone al otro a relacionarse.
  • La distancia entre ambos debe ser intermedia. Si nos acercamos demasiado podemos parecer hostiles, consiguiendo que la otra persona se ponga a la defensiva. Si nos alejamos mucho expresamos desagrado.
  • Asentir con la cabeza cuando el otro habla para hacerle ver que le entiendes. Indica interés.
  • Mantener una postura relajada, inclinada hacia el interlocutor. Sin cruzar los brazos, para no parecer desafiante o inaccesible.
  • Cuidar el volumen, el tono de voz y la entonación. Si hablamos muy bajito indicamos sumisión, inseguridad. Con un tono muy alto expresamos ira, agresividad. Sólo con un volumen adecuado conseguimos expresarnos adecuadamente y que el otro nos responda de igual modo. Debemos evitar ser irónicos o sarcásticos con nuestra entonación.

Para ser asertivos en la comunicación verbal seguiremos estas pautas:

  • Para iniciar una conversación asertiva primero pensaremos cuáles   son nuestros objetivos y en qué situación nos encontramos.

Siempre tendremos muy en cuenta el contexto: no hablar en situaciones estresantes, con poco tiempo, con gente presente…

Una vez seguros de que es la situación y contexto adecuado, iniciaremos la conversación con algún comentario agradable para romper el hielo (Observa el lenguaje no-verbal en todo momento para continuar).

  • Si lo que quieres hacer es una petición, convéncete interiormente de que estás en tu derecho. Pide cosas realistas, preferiblemente una única cosa cada vez.
  • Expresa tu petición de forma clara, sin contradicciones y con un lenguaje directo. No te justifiques en exceso. Puedes explicar por qué lo quieres, pero sin pedir disculpas por ello ni anticipar que no te lo dará. Antes de continuar observa el lenguaje no-verbal del otro.
  • Pregunta frecuentemente “¿me has entendido?”. “¿Qué piensas?”.
  • Cuando quieras hablar de un tema concreto mantente persistente en el tema, (técnica del disco rayado) sin desviarte por otros derroteros. Siempre de forma suave, sin levantar la voz. Si el otro cambia el tema, dí: “Sí, pero eso ya lo hablaremos en otra ocasión. Lo que yo te estoy diciendo es…” de forma serena. Puedes repetirlo unas cinco veces. Vuelve y vuelve al tema que quieres hablar. Que seas persistente en el tema no significa que el otro deba responder que sí. Puede aplazar la decisión, responder con una negativa… No intentamos manipular, sino hacernos entender.
  • Si queremos comunicarnos asertivamente debemos aceptar que en ocasiones nos equivocamos. Nuestra humildad y flexibilidad puede ser un recurso fantástico. Pero siempre de forma asertiva (basándonos en la empatía) y no desde el sentimiento de inferioridad.
  • Interésate sinceramente por lo que el otro quiere decir. Ponte en su lugar. No le compares ni digas “tu hermano me hubiera dicho que sí”.
  • Destaca los puntos en los que estáis de acuerdo.
  • Es bueno iniciar las frases con “Yo creo que…”, “yo pienso que…” “Yo me he sentido…”. Recuerda que puede que el otro no lo vea de igual manera. Debes respetarlo. No aceptaremos descalificaciones acerca de lo que nosotros sentimos pero tampoco nosotros descalificamos las opiniones del otro.

Ejemplo: “Me he sentido engañada”  (que no es igual a decir “me has engañado”)

La crisis de ansiedad o ataque de pánico

¿Qué es una crisis de ansiedad o ataque de pánico?  Es la aparición más o menos repentina, muchas veces sin motivo aparente, de una sensación de miedo intenso acompañado de un importante malestar corporal y una serie de síntomas que pueden variar entre diferentes personas:

  • Palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardíaca.
  • Sudoración.
  • Temblores o sacudidas
  • Sensación de ahogo o falta de aliento.
  • Sensación de atragantarse.
  • Opresión o malestar torácico.
  • Nauseas o molestias abdominales.
  • Inestabilidad, mareo o desmayo.
  • Sensación de que el mundo de alrededor ha cambiado o es irreal en algún sentido, o de que la persona se encuentra fuera de sí misma.
  • encuentra como separada de sí misma.
  • Miedo a perder el control o volverse loco.
  • Miedo a morir.
  • Sensación de entumecimiento u hormigueo en diversas partes del cuerpo.
  • Escalofríos o sofocos.IMG_4002

¿Qué es una crisis durante el sueño?

En algunas personas pudiera ocurrir que durante la noche, mientras duermen, se despierten bruscamente con síntomas corporales similares a los que aparecen durante una crisis de pánico, todo ello acompañado de una gran angustia ante el temor a que algo grave les esté pasando.

¿Qué es la hiperventilación?

La hiperventilación o ventilación pulmonar excesiva suele aparecer cuando la persona nota determinadas dificultades respiratorias, como puede ser la sensación de no poder aspirar suficiente aire por opresión en el pecho. “Tengo dificultades para respirar, casi constantes, y la verdad que es algo que me desorienta mucho. Es como que el aire entra a los pulmones pero no puede ser asimilado, por lo que me agito y tengo que controlar todo el tiempo mi respiración. Me ahogo, aún estando sola, y cuando tengo que hablar, leer o cantar, me falta el aire y me corto en el medio. Pareciera que el acto involuntario de respirar se ha convertido en algo voluntario y al mismo tiempo, cuando quiero hablar con alguien y estoy así, se me corta la voz, me agito y me pongo muy nerviosa por lo que me está pasando. En fin, me genera mucha angustia, me inhabilita y me da miedo que me pase en momentos importantes”.

Se sabe que personas predispuestas pueden desencadenar la propia crisis si fuerzan su respiración de forma voluntaria.

¿Qué es la ansiedad anticipadora? Es un estado secundario tras la presentación de un ataque de pánico y por el que la persona, a pesar de no sufrir un nuevo ataque, vive atemorizada por la posibilidad de que la crisis se repita. Es “miedo al miedo”, que puede ser muy incapacitante y confundirse con un estado de ansiedad generalizada si no se explora la existencia de ataques de pánico previos. El individuo está continuamente pendiente de sus sensaciones corporales, alerta ante posibles señales de aviso que anuncien la inminencia del ataque de pánico. Evidentemente esto genera una importante tensión en las actividades diarias, sometidas a una hipervigilancia continua para evitar verse sorprendido por la crisis.

Recuerda:IMG_3728

Nadie se muere de ansiedad

No significa perder la cabeza o volverse loco (aunque puede ser posible que con el tiempo aparezcan otros trastornos psiquiátricos como la depresión, ansiedad generalizada o abuso y dependencia de tóxicos. Estas situaciones requerirán atención y tratamiento de forma añadida.)

Descartar que estos síntomas no sean debidos a la ingesta de algún tipo de sustancia ansiogénica: cafeína, anfetaminas o a una enfermedad médica (hipertiroidismo por ej.).

Se calcula que entre el 1,5 y el 3,5% de la población puede sufrir este trastorno, aunque se ha descrito que hasta un 9,3 % de la población general puede presentar alguna crisis aislada a lo largo de la vida. Lo más frecuente es que aparezca entre los 20 y los 45 años. Podemos decir entonces que es un trastorno frecuente, sobre todo en el caso de las mujeres que lo presentan 2 a 3 veces más que los varones.

Aceptar que estos síntomas, al igual que los que sentimos tras un susto no tienen por qué ir asociados a una causa médica, es parte importante para su superación.

¿Qué puedo hacer?

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1.- Desarrolla la confianza en ti mismo y sus capacidades.

2.-Aumenta la confianza en los demás y en el grado de ayuda que se puede recibir del exterior. Ayuda que no solo vendría del apoyo, aliento y consejos que las personas cercanas pueden brindar, sino del propio hecho de hablar y compartir con los demás, evitando en lo posible la tendencia al aislamiento.

3.- Confianza en los profesionales que le atienden y en su mejor disposición para ayudarle.

4.- Confianza en que el trastorno de angustia no va a deteriorar de forma irreversible su salud corporal o mental y que muy posiblemente mejorará de forma importante.

5.- Confianza en que vas a poder mejorar mucho por ti y que hay muchas cosas que puedes hacer para controlar tu estado.

 

¿Qué hago si tengo una crisis de angustia?

1.- Reconoce que se trata de una crisis de angustia que ya has tenido en alguna otra ocasión. Como entonces ocurrió, a pesar del mal rato que pasó, no significa que te vaya a ocurrir nada fatal ni sin remedio.

2.- Recuerda que a pesar de parecer “eterna”, la crisis llega a su máximo en escasos minutos. Intente despreocuparse de su duración, aceptando que a pesar de ser un estado muy desagradable va a pasar en unos minutos.

3.- Busca ayuda sin alarmismos.

4.- Intenta relajarte lo más posible, no dirijas tu atención de forma mantenida a los síntomas.

5.- Respira de forma pausada. Recuerda entonces que:

  • La sensación de falta de aire es más subjetiva que real.

  • Nadie se ha ahogado en una crisis de angustia. Es imposible. Incluso en el caso de llegar a perder el conocimiento por una respiración forzada, los propios mecanismos reguladores del organismo harán que el ritmo respiratorio vuelva a la normalidad, estabilizando la situación.

¿Cual es la causa de los problemas de ansiedad?

Descartados los problemas físicos, reconocemos entonces que TU CUERPO HABLA POR TI.

Existen conflictos psicológicos subyacentes e inconscientes para la persona. La angustia sería la señal de alarma ante tensiones internas no resueltas.

La ansiedad se produce siempre como consecuencia de dificultades a la hora de adaptarnos a los cambios que se van produciendo en nuestra vida.

El proceso madurativo del ser humano viene marcado por una serie de situaciones de crisis, generalmente originadas en lo que se denominan “sucesos vitales” (circunstancias que ocurren en la vida de una persona, desequilibrando su existencia). Unas serán naturales como la adolescencia o la menopausia, mientras que otras serán accidentales, como una enfermedad o fallecimiento de un ser querido. En estas crisis, el individuo pondrá a prueba sus recursos personales y una vez superada, en la mayoría de los casos, saldrá más fortalecido de ella, favoreciéndose así el proceso madurativo.

También es posible que si la resolución de la crisis no es adecuada, la persona quede marcada de alguna forma para el futuro, debilitándose sus capacidades adaptativas ante nuevas situaciones de tensión, sacando conclusiones “defectuosas”, que determinarán un tipo de respuestas o conductas desproporcionadas o inadecuadas. Sobreestimando el grado de peligro, ya sea interno o externo, así como devaluando sus propias capacidades personales para enfrentarlo.

Además algunas conductas, como por ejemplo la evitación de la situación temida, producen un cierto “placer” secundario (disminución de la tensión) que actuaría entonces como refuerzo de esa conducta, por lo que ésta tiende a perpetuarse automáticamente.

Pero independientemente de la angustia, miremos más allá: los síntomas nos señalan una dirección en la que mirar, algo profundo que comprender.

Si quieres en Esencia de alquimia podemos acompañarte. No dudes en contactar con nosotros en info@esenciadealquimia.es

Hoy hablamos de ansiedad

 

¿Qué es la ansiedad? Es una respuesta que tenemos los seres humanos (y también los animales) cuando nuestro cerebro comprueba que existe un peligro que pone en riesgo nuestra vida.

Si existe un peligro real, la ansiedad hace que huyamos o evitemos esa situación, es decir, nos ayuda a ponernos a salvo.
Pero, ¿qué ocurre si nuestro cerebro interpreta como peligroso algo que es inofensivo? Inmediatamente envía síntomas de ansiedad, como si el peligro fuera real.luz en el camino

Entonces hay dos tipos de ansiedad: la ansiedad positiva, que es consecuencia de peligros reales, y la ansiedad negativa, que responde a miedos que sólo están en nuestra imaginación. La primera es adaptativa porque nos moviliza y nos lleva a buscar una solución, mientras que la segunda es desadaptativa porque nos bloquea y nos impide ser felices.

La ansiedad se produce siempre como consecuencia de dificultades a la hora de adaptarnos a los cambios que se van produciendo en nuestra vida.

 

¿Cómo se manifiesta la ansiedad?

Huida/Evitación: Evitas situaciones de la vida diaria o escapas de ellas si te las encuentras de forma imprevista.

Respuestas físicas y psicológicas: Palpitaciones, sacudidas del corazón o aceleración del pulso; Sudoración; Temblores o sacudidas; Sensación de ahogo o falta de aliento; Sensación de atragantarte; Opresión o malestar torácico; Náuseas o molestias abdominales; Inestabilidad, mareo o desmayo; Sensación de irrealidad o de estar separado de ti mismo; Sensación de embotamiento, desapego o ausencia de reactividad emocional; Falta de concentración o sensación de mente en blanco; Aturdimiento respecto al entorno; Irritabilidad sin motivo; tensión muscular sin motivo; Dificultad para conciliar el sueño al acostarte; Sensación de no haber descansado al levantarte por la mañana; Inquietud o impaciencia frecuentes. Fatiga fácil y sin motivo; Sensación de entumecimiento o de hormigueo; Escalofríos o sofocos.

Sensación de pérdida de control: Miedo a perder el control o a volverte loco; a hacerte daño a ti mismo o a los demás en un arrebato incontrolable; Miedo a hacer algo sin poderte controlar.

Miedos: Miedo a tener un infarto de miocardio; a morir tu o algún ser querido, o a que ocurra alguna desgracia; Miedo a estar solo o con demasiadas personas; a atragantarte, a tener vómitos, a producir demasiada o poca saliva, a cerrar demasiado o poco los párpados, a respirar demasiado o con poca frecuencia; Miedo a estar en sitios muy grandes o muy pequeños; a estar con gente; Miedo a viajar en automóvil, en tren, en avión, en bus o a subirte en ascensores; a objetos concretos, a personas determinadas o a situaciones específicas; Miedo a animales, a la administración de inyecciones o a la visión de sangre; Temor intenso a tener crisis de ansiedad; a volverte loco o a perder la cabeza; Preocupaciones irracionales por cosas de la vida cotidiana; Horror intenso ante el recuerdo permanente a lo largo de meses o años de un acontecimiento traumático (un accidente, muerte o amenazas reales).

Pensamientos repetitivos: Pensamientos, impulsos o imágenes que aparecen en tu cabeza y no las puedes evitar; Comportamientos irracionales (lavado de manos, puesta en orden de objetos, comprobaciones, etc.); Acciones repetitivas de acuerdo con determinadas reglas (rezar de determinada manera, contar o sumar matrículas de automóviles, pisar las baldosas al andar por la calle).

Algunos Trastornos de Ansiedad más comunes:

Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG): es mucho más de lo que una persona normal con ansiedad experimenta en su vida diaria. Son preocupación y tensión crónicas aún cuando nada parece provocarlas. El padecer de este trastorno significa anticipar siempre un desastre, frecuentemente preocupándose excesivamente por la salud, el dinero, la familia o el trabajo. Sin embargo, a veces, la raíz de la preocupación es difícil de localizar. El simple hecho de pensar en pasar el día provoca ansiedad.

Fobia: es una forma especial de miedo y reacción desproporcionada, irracional, fuera de control voluntario del sujeto, implica respuestas de evitación de la situación u objeto fobizado y es persistente en el tiempo.Los temores más frecuentes suelen referirse a:

  •  Animales.
  •  Ambiente. En relación con la naturaleza y fenómenos atmosféricos (tormentas, viento, precipicios, agua…. )
  • Sangre, inyecciones, daño corporal.  Con cierta facilidad se desencadenan reacciones vegetativas que pueden llegar al mareo o desvanecimiento ante la visión de estas circunstancias.
  • Situaciones. Como transporte, tuneles, puentes, aviones, ascensores, coches, espacios cerrados.
  • Otros tipos. Como el temor al atragantamiento, vómitos, contraer una enfermedad, a caer si no hay paredes cerca,  suciedad, muerte, oscuridad…

Agorafobia: miedo a lugares o situaciones donde escapar puede ser difícil o embarazoso, (pueden darse diarreas, mareos…) la persona comienza a evitar algunas situaciones o lugares temidos, pero al cabo del tiempo puede que esté muy limitado en cuanto al número y lugares donde se encuentra cómodo. Evita así estar solo dentro o fuera de casa, las concentraciones de gente, lugares con mucho ruido o luces, grandes almacenes o comercios, transportes públicos, puentes o ascensores.

Fobia social: temor a aquellas situaciones de tipo social o público donde la persona puede sentirse observada. La fobia social se caracteriza por el miedo a ser censurado y el consiguiente bochorno y humillación pública. Son frecuentes la aparición de enrojecimientos de cara, sudor, temblor (por ejemplo al firmar en público o levantar una taza) y bloqueos del habla. Comer en público puede ser una acción insoportable, tendiendo a buscar mesas o lugares apartados. A diferencia de la agorafobia, se evitan las tiendas pequeñas, mientras que los grandes supermercados no generan dificultades hasta que llega la hora de pagar.

  • A tener en cuenta…

Nadie se muere de ansiedad

No significa perder la cabeza o volverse loco (aunque puede ser posible que con el tiempo aparezcan otros trastornos psiquiátricos como la depresión, ansiedad generalizada o abuso y dependencia de tóxicos. Estas situaciones requerirán atención y tratamiento de forma añadida.)

Descartar que estos síntomas no sean debidos a la ingesta de algún tipo de sustancia ansiogénica: cafeína, anfetaminas o a una enfermedad médica (hipertiroidismo por ej.).

Se calcula que entre el 1,5 y el 3,5% de la población puede sufrir este trastorno, aunque se ha descrito que hasta un 9,3 % de la población general puede presentar alguna crisis aislada a lo largo de la vida. Lo más frecuente es que aparezca entre los 20 y los 45 años. Podemos decir entonces que es un trastorno frecuente, sobre todo en el caso de las mujeres que lo presentan 2 a 3 veces más que los varones.

Aceptar que estos síntomas, al igual que los que sentimos tras un susto no tienen por qué ir asociados a una causa médica, es parte importante para su superación.

 

¿Qué hacer?:

Terapia: la que se ajuste a ti. Si quieres puedes escribirnos un email a info@esenciadealquimia.es y te informamos de cómo podemos ayudarte.

Medicación: El grupo de fármacos más utilizados son los tranquilizantes o ansiolíticos junto a los antidepresivos.

Ejercicio 

Relaciones Sociales proporcionan sentimiento de compañía y pertenencia, aumenta la autoestima, ayuda a ampliar y relativizar nuestros puntos de vista. Además es una buena manera de distraerse y da la posibilidad de desahogarse.