Siete pasos para una alimentación consciente

La alimentación consciente, o minfulness de la alimentación, tiene como objetivo que nos relacionemos de manera equilibrada con la comida. Sin duda todos hemos experimentado lo contrario, que es una alimentación inconsciente: comer de modo automático,comiendo sin preguntarnos si tenemos … Sigue leyendo

Hambre de felicidad

La experiencia de hambre puede existir incluso cuando no existe la necesidad de comida. Cuando la mente  y las emociones están satisfechas, el cuerpo deja de ansiar demasiada comida. La vida gira en torno a la satisfacción, en un deseo … Sigue leyendo

Alimentación sana u ortorexia

Hay una línea muy fina entre lo que puede considerarse una predilección por la comida sana (un estilo de vida consciente)  y una obsesión por la calidad, pureza y origen de los alimentos, que nos llevaría a la ortorexia. La … Sigue leyendo

Las siete hambres: ejercicio de alimentación consciente

Para un segundo, toma tres respiraciones profundas y pregúntate cuánta hambre tienes de 0 a 10…¿Dónde has buscado para saber el hambre que tienes? ¿En el estómago? ¿En tus emociones? ¿cómo sabes que tienes hambre? Pensamos que sólo nuestro estómago … Sigue leyendo

Meditar a la hora del te

¿Por qué no aprovechar ese momento relajan de la sobremesa para meditar con una buena taza  de te o de café?

taza de cafeLa presencia se iniciaría desde el momento en que decidimos preparar nuestra bebida caliente.

Nos sentamos cómodamente y acercamos la taza a la nariz aspirando su aroma. Mantenemos el tiempo de la inhalación por un tiempo mayor de lo habitual, de forma lenta y profunda. Repetimos esa inhalación a la vez que escuchamos el sonido que produce esa sutil entrada de aire en nuestros pulmones.

Agarramos la taza con las dos manos y volvemos a hacercarla a nuestra nariz. Cerramos los ojos para percibir su aroma. Observamos nuestras sensaciones, y permanecemos oliendo la bebida unos instantes.

Probamos un sorbito de nuestro te. Estamos plenamente atentos a su temperatura, a las sensaciones en los labios, en los dientes, la lengua, el paladar, la garganta…Observamos qué le sucede a nuestro cuerpo…Sentimos…

Dejamos la taza en la mesa y la observamos mientras somos conscientes de nuestra respiración.te

Integramos en una secuencia todos esos momentos de presencia: aspiramos el aroma del te, nos calentamos las manos con la taza, bebemos un sorbo y depositamos la taza en la mesa.

Somos conscientes de cada paso, somos uno con el aroma, el gusto, el tacto, la vista…Estamos plenamente atentos.

Seguro que nunca antes te gustó tanto tu infusión favorita!!!

 

 

¿Qué es comer saludable o “normal”?

Comer consciente

Comer consciente

 

Cuando somos niños tenemos claro cuándo tenemos hambre, pero al crecer la comida la empleamos en más ocasiones: comemos para calmarnos, para insensibilizarnos al dolor y la ansiedad, para evitar el aburrimiento, para premiarnos o castigarnos…

¿Qué nos ha sucedido de adultos para que hayamos convertido nuestra hambre natural y nuestra manera fácil de hallar satisfacción al comer en un complicado problema?

Es importante observar cara a cara nuestras luchas con la comida para atravesarlas y salir de ellas. Cuando nuestra relación con la comida deja de ser armónica, perdemos el disfrute innato de comer, y nos olvidamos de lo que es “comer normal”.

¿Qué es comer saludable o “normal”?:

1. Sentirse feliz y parte de la vida cuando no estás comiendo, es decir, que la comida no es tu única fuente regular de placer y satisfacción

2. No comes si no tienes hambre

3. Dejas de comer cuando te sientes lleno, y eres capaz de dejar comida en el plato

4. Puedes dejar intervalos de  varias horas entre comidas y sin pensar en ello. Cuando llega la hora de comer sientes hambre y disfrutas comiendo.

5. Disfrutas comiendo una alimentación variada

6. Mantienes un peso saludable y regular (es decir, que fluctúa 3 ó 4 kilos arriba o abajo). No necesitas pesarte para mantenerte

7. No te obsesionas con la comida, ni cuentas calorías, para decidir si puedes permitirte comer algo

¿Comes así? ¿Te relacionas saludablemente con la alimentación? Si no es así tranquilo, puedes lograrlo llevando la consciencia al campo de la alimentación, con prácticas de mindfulness y/o con terapias especializadas.

 

Tatiana Muñoz

¿Cómo influyen tus creencias en tu alimentación?

Vivimos nuestra realidad basándonos en lo que creemos. Todo acaba reduciéndose a nuestras creencias. Entonces ¿de dónde vienen nuestras creencias?: De lo que dice la ciencia, la historia, la religión, la cultura, los medios de comunicación, nuestra familia y antepasados, de nuestras emociones ,condicionamientos y asociaciones…

Las creencias se desarrollan a partir de nuestra experiencia personal, según cómo resolvemos nuestras necesidades emocionales, y ésto se ve influido por la familia en la que hemos nacido, la sociedad en la que vivimos y sus medios de comunicación. La cultura a la que pertenecemos, nuestro mundo, nos dice cómo ha de ser nuestra vida. La influencia comienza antes de que los niños nazcan, en la concepción y gestación.

chica y globos felicidad

Del nacimiento a los dos años la actividad del cerebro genera ondas delta, y de los 2 a los 6 ondas theta. Ambas ondas producen estados sugestionables que almacenan la información y lo registran todo sin filtros.

Nuestros cerebros hasta los 7 años están en un estado hipnogógico o de ensoñación donde los comportamientos, creencias y actitudes que observamos y percibimos en nuestros padres y cuidadores se graban como las rutas sinápticas inconscientes. Después estas rutas controlan nuestra biología durante el resto de nuestra vida hasta que las observamos y las hacemos conscientes. De adultos tenemos creencias que se formaron siendo niños.

Muchas de nuestras actitudes hacia la comida y hacia nuestro cuerpo se basan en grabaciones de estos primeros años.

De pequeños podemos escuchar de nuestros cuidadores “Hay que dejar el plato limpio”, “come espinacas para que tengas mucho hierro y seas muy fuerte”, “sin carne no tienes hierro”, “hay niños en Africa que mueren de hambre y tú no te comes todo”, “si te portas bien te doy una chuchería”, “como has sido malo no tienes postre”

En la adolescencia somos más receptivos e influenciables a los mensajes sobre nuestro cuerpo y a nuestra imagen corporal. Las creencias de los familiares, los amigos y la publicidad se pueden  grabar en nosotros: “La delgadez es sinónimo de salud y belleza”, “Si como un yogurt light adelgazo”, “comer light es cuidar tu salud”, “las mujeres sólo son atractivas si están delgadas”, “si comes pan engordas”, “el chocolate hace que te salgan granos”, “En nuestra familia todos tenemos el colesterol alto y no podemos comer grasas “. Sin una actitud crítica que observe cuáles son los intereses que hay detrás de cada uno de los mensajes de los medios de comunicación sobre la belleza, la delgadez y los alimentos que debemos consumir, nuestra relación con el cuerpo y la comida puede resentirse. La publicidad se remonta a la antigüedad, se conocen anuncios de la época de la antigua Roma. Su objetivo es grabar creencias en nuestro inconsciente que nos lleven a consumir sus productos que se asocian al éxito, el reconocimiento, la belleza, ser especial, diferente…

Lo bueno, lo malo, los juicios, lo que nos gusta y lo que no nos gusta, las pautas de conducta de nuestros cuidadores…todo queda almacenado. Las creencias de otros se convierten en el fundamento de lo que consideramos verdadero con respecto a nosotros mismos y al mundo.

Podemos tener creencias limitantes respecto de nosotros mismos, de lo que nos sienta bien o mal respecto a la alimentación, de cómo es nuestro metabolismo y nuestra fuerza de voluntad para conseguir las cosas que deseamos. “Tienes el mismo metabolismo que tu tia, tu gordura es genética”

Todas las creencias se viven como certezas, son una película mental de cómo somos, como seremos. Y son los cimientos para construir nuestra identidad. Las creencias no son ni ciertas ni falsas: son creencias, y todos tenemos las que necesitamos en cada momento.

No es suficiente que una cosa sea comestible para que sea consumida: son necesarios unos condicionamientos culturales. Lo que nos gusta, lo que preferimos en la alimentación, está determinado por las contingencias ambientales, políticas  y económicas , pero sobretodo por los ritos sociales, por los valores éticos, religiosos, espirituales…

Si creemos que los vegetarianos son personas especiales, más espirituales y bondadosas, y nosotros deseamos ser así comeremos de ese modo, y podemos no tener en cuenta los mensajes de nuestro cuerpo. ¿Por qué elijo un estilo de alimentación?

Algunos alimentos están asociados a momentos de afecto con seres queridos y cuando ingerimos esa comida nos sentimos como entonces. Si nuestra abuela nos daba leche calentita con miel para dormir, y junto a esa leche recibíamos su ternura y presencia, ese vaso con miel será para nosotros un bálsamo de paz y amor.

Para otras personas la leche se relacionará con la madre, y según sea el vínculo con ella así de beneficioso o no será ese alimento. No hay verdades absolutas en las formas de alimentarnos. Hay estudios documentados que consideran que la leche es beneficiosa para la salud durante toda la vida, y estudios que documentan todo lo contrario.  ¿Crees que es necesario y beneficioso eliminar  la leche de vaca de tu dieta? ¿Es un alimento sano o perjudicial?¿Cómo lo sientes tú? Puedes escuchar “Sin leche tus huesos se descalcifican”, “Es la industria láctea la que promueve el consumo de leche”, “La leche es la principal causa de alergias en niños y adultos”, “La leche de soja es más sana que la leche de vaca”… Observa, escucha tu cuerpo: ¿Qué te sirve a ti? ¿Por qué comes lo que comes?

Los alimentos tienen generalmente unos valores añadidos por las creencias de nuestra cultura o nuestra religión. Los hindúes no comen carne de vaca y los judíos no toman carne de cerdo. Comer puede ser pecar en las épocas de ayuno cristianas como La Pascua, o musulmanas como en el Ramadán.

Desde finales del siglo III se estableció el ayuno como práctica religiosa Cristiana para purificar nuestro corazón ante Dios. A partir del año 2000, la cultura de la delgadez añadió nuevos sacrificios, esta vez el ídolo es la silueta perfecta, que te traerá paz interior y aprovación social.

Para cambiar, para avanzar, para ser libres, hemos de abrir nuestra mente y estar dispuestos a cuestionarnos nuestras creencias, por muy útiles que hayan sido hasta ahora. Está en nuestra mano decidir si seguimos respondiendo en base a estas programaciones o decidimos llevar la luz de la conciencia a esas zonas oscuras. Ser consciente es un acto de valentía, que conlleva en ocasiones abandonar la lealtad familiar y crear nuevos modelos y filosofías de vida.