Ejercicio mindfulness para evitar el descontrol

Ejercicio de respiración “ZONA SOBRIA” para evitar caer en nuestros comportamientos adictivos y compulsivos

Este ejercicio se puede practicar en cualquier momento, es breve y sencillo. Podemos practicarlo en una situación estresante o de alto riesgo, cuando aparecen los deseos de volver a  consumir o de realizar la conducta adictiva que estamos intentando superar (un atracón de comida, tomar una copa,volver a llamar a la pareja con la que siempre peleaba, comprar compulsivamente…)

Nos ayuda a salir del piloto automático, permitiendo que nuestra respuesta no sea tan reactiva y sí más consciente y responsable.

Recordaremos sus pasos con el acrónimo SOBRIA

S de STOP: Acuérdate de PARAR, reducir la marcha (sal del modo automático)

OB de OBSERVAR: Observa qué está ocurriendo , qué emociones, sentimientos y pensamientos estás teniendo. Date cuenta de todo lo que pasa en tu interior, sin juzgar.

R de RESPIRAR: Concentra tu atención en la respiración, en las sensaciones que produce respirar

I de INCREMENTAR: Incrementa tu consciencia y respira con todo tu cuerpo.

A de APLICAR una nueva respuesta, en lugar de reaccionar automáticamente. Aplica tu consciencia para responder con total plenitud.

Más allá de la autoestima: la autocompasión

La curiosa paradoja es que cuando me acepto tal como soy, entoces puedo cambiar

Carl Rogers

Thich Nhat Hahn: “Eres una manifestación maravillosa. Todo el universo se ha unido para hacer posible tu existencia”

La compasión hacia uno mismo no pretende capturar y definir la valía o la esencia de quienes somos. No es un pensamiento o una etiqueta, ni una crítica o valoración. La compasión es una manera de relacionarnos con el misterio de quienes somos, respeta el hecho de que todos los seres humanos tenemos puntos fuertes y débiles.

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En lugar de perdernos en pensar si somos buenos o malos, tomamos conciencia de la experiencia del momento presente y nos damos cuenta de que todo cambia constantemente, todo es transitorio. Los éxitos y los fracasos vienen y van, no nos definen ni determinan nuestra valía. Sólo son una parte del proceso de estar vivo. Nuestra mente puede intentar convencernos de lo contrario, pero nuestro corazón sabe que la verdadera valía radica en la experiencia fundamental de ser una persona consciente que siente, percibe y ama.

A diferencia de la autoestima, los buenos sentimientos de la compasión no dependen de ser especial ni de alcanzar los objetivos ideales. En lugar de compararnos con los demás, nos centramos en lo que compartimos y nos sentimos más conectados y completos. Los buenos sentimientos de la compasión no desaparecen cuando metemos la pata y somos imperfectos. Cuando la inconstante autoestima nos abandona, el abrazo de la compasión siempre está allí.

La compasión hacia los demás implica:

  • Reconocer y ver claramente su sufrimiento
  • Sentir bondad hacia los que sufren, surgiendo de nosotros un deseo de aliviar su sufrimiento
  • Aceptar que el ser humano es imperfecto y frágil

La compasión hacia nosotros mismos tiene las mismas cualidades.

Emplear la Auto-compasión es como hacer mágia, pues transforma el sufrimiento en alegría. Se da la Alquimia emocional: Cuando aceptamos nuestro dolor con afecto y atención, cuando nos dedicamos compasión hacia nosotros mismos, el nudo de la autocrítica empieza a desacerse para ser sustituido por un sentimiento de aceptación tranquila y conectada. Se produce una transformación espiritual y emocional, como si nuestra esencia, nuestro diamante, surgiera del carbón.

Cuando decidimos abrazar nuestra naturaleza humana imperfecta con compasión, todo cambia. Al responder a nuestro dolor con cariño y conexión, calmándonos y consolándonos cuando nos enfrentamos a nuestra imperfección, creamos nuevas emociones positivas que no estaban ahí un segundo antes:

En lugar de sentirnos incompetentes, nos sentimos capaces y conectados al recordar ese aspecto compartido de la experiencia humanaimages.jpeg

En lugar de limitarnos a sentir tristeza, sentimos esa tristeza pero también ternura al preocuparnos por una herida que hay que curar.

En lugar de limitarnos a sentirnos asustados, sentimos ese miedo pero también nos consolamos con cariño y atención.

Abrazamos nuestras emociones negativas con el calor de los buenos sentimientos. Porque en cada momento de angustia se agazapa el potencial de la satisfacción. El dolor puede convertirse en la puerta de la felicidad, ya que sentirnos amados, cuidados y conectados es lo que nos hace verdaderamente felices.

“Los seres humanos deseamos la felicidad por naturaleza y no queremos sufrir. Por este motivo todo el mundo intenta conseguir la felicidad y librarse del sufrimiento, y este es un derecho fundamental para todos. Si tenemos en cuenta el verdadero valor de un ser humano, todos somos iguales” Dalai Lama

Es decir, no tenemos que ganarnos el derecho a la compasión, ya que nacemos con él

TRES ELEMENTOS DE LA COMPASIÓN

La compasión hacia uno mismo abarca tres elementos fundamentales:

  1. Bondad hacia uno mismo, ser amable y comprensivo.
  2. Reconocer nuestra humanidad compartida. Sentirnos conectados con los demás.
  3. Atención plena, Presencia o Mindfulness

1. La bondad hacia uno mismo consiste en dejar de juzgarse y emitir comentarios internos denigrantes, entender nuestros puntos débiles y nuestros fracasos en vez de condenarlos, y además consiste en consolarnos activamente.

En lugar de maltratarnos sin piedad cuando fallamos tenemos otra opción: reconocer que todo el mundo se equivoca y tratarnos con amabilidad. Cuando nos envolvemos en el cálido abrazo de la bondad hacia nosotros mismos, nos sentimos sanos y salvos.

Para ser amables con nosotros mismos debemos ser conscientes de nuestro monólogo interior y emplear un lenguaje empático, no crítico.

2. Nuestra humanidad compartida.

“Un ser humano es parte de un todo al que llamamos Universo. El hombre se experimenta a sí mismo, a sus pensamientos y sentimientos como algo separado del resto (una especie de ilusión óptica de su conciencia). Esta ilusión es como una prisión, que nos encierra a nuestros deseos personales y en el afecto a las personas más cercanas. Nuestra tarea debe ser escaparnos de esta prisión y ampliar nuestro círculo de compasión, para abrazar a todas las criaturas vivientes y a toda la naturaleza en su belleza. Nadie puede lograr esto por completo, pero el esfuerzo por conseguirlo es, en sí mismo, una parte de la liberación y la base de la confianza interna” 

(Einstein)

El sentimiento de compasión surge del reconocimiento de que la experiencia humana es imperfecta. Todos los seres humanos somos falibles. Cuando estamos en contacto con nuestra humanidad común recordamos que los sentimientos de inadaptación y decepción son compartidos.

Cuando nos juzgamos a nosotros mismos por nuestros defectos damos por sentado que existe una entidad separada y claramente delimitada que llamamos “yo” que es la culpable de nuestros fracasos, pero lo cierto es somos la expresión de millones de circunstancias previas que se han unido para darnos forma en el presente.

A veces nos culpamos porque querríamos creer que tenemos el control. Nos asusta reconocer la interconexión esencial que te hace admitir que el control sobre mis pensamientos y actos es sólo una ilusión.

Al reconocer la naturaleza compartida de nuestra imperfección, la compasión hacia uno mismo aporta el sentimiento de conexión necesario para avanzar y desarrollar todo nuestro potencial.

3. La Atención Plena o Mindfulness

Es el tercer elemento clave para despertar nuestro corazón.

Gracias a la Atención plena afrontamos la realidad, vemos las cosas como son, de forma clara, sin críticas, con aceptación del momento presente.

El mindfulness nos sitúa en el momento presente y nos aporta la toma de conciencia que forma la base de la auto-compasión. Como un estanque transparente y tranquilo, sin ondas, el mindfulness refleja los hechos sin distorsiones.

En lugar de perdernos en “nuestro culebrón particular”, nos permite observar nuestra situación con perspectiva y nos ayuda a no sufrir innecesariamente. Para que no nos pase como a Montaigne, el filósofo frances:

 “Mi vida ha estado llena de terribles desgracias, la mayoría de las cuales nunca sucedieron” 

Cuando eres consciente de que estás experimentando determinados pensamientos y sentimientos dejas de estar perdido en la trama de tu vida.

Imaginemos un pájaro volando en el cielo. El pájaro representa un pensamiento o emoción que estás experimentando en este momento, y el cielo representa el mindfulness, que contiene el pensamiento o emoción. El pájaro podría empezar a hacer giros inesperados, bajar en picado, etc. pero el cielo seguiría ahí, imperturbable. Cuando nos identificamos con el cielo en lugar de con el pájaro (cuando nuestra atención se deposita en la conciencia misma y no en el pensamiento o emoción que se desencadena dentro de esa conciencia), permanecemos tranquilos y centrados.

Así nuestro sentido del “Yo” deja de estar atrapado y de verse arrastrado por el contenido de la conciencia; permanece centrado en la conciencia misma. Podemos sentir ira, sin pensar que esa ira nos definen. Yo soy aquel que observa lo que pasa, no las cosas que pasan. Las cosas que pasan ni son yo, ni me pertenecen a mí. No soy la ira, ni la maldad. Soy el que observa esa emoción que pasa por mí.

El auténtico tesoro que nos ofrece el mindfulness es que nos brinda la oportunidad de responder en lugar de limitarnos a reaccionar. Cuando somos capaces de reconocer lo que sentimos en el momento presente, podemos impedir que esos sentimientos nos lancen a la acción.

A través de la meditación o el mindfulness podemos salir de lo que en budismo se denomina “samsara” o apariencia ilusoria de la realidad, que se deriva del continuo hábito de dividir en dos el campo de la experiencia y suponer que el ego que observa es algo separado del resto. Con la meditación podemos acceder a un conocimiento directo de la totalidad

El Maestro Tailandés Ajahn Chah dice:

“Aparezca lo que aparezca en tu mente obsérvalo. Examina cómo los sentimientos y pensamientos van y vienen, no te aferres a nada. Se consciente de lo que ves, sea lo que sea. Y no creas que nada de eso eres tú. Todo es solamente una visión, una construcción de la mente”

¿De dónde surge nuestro sufrimiento?

El sufrimiento surge de comparar nuestra realidad con nuestros ideales. Como hay pocas posibilidades de que la realidad encaje con nuestros ideales, el sufrimiento es omnipresente.

El sufrimiento aparece cuando nos resistimos al dolor. No podemos evitar el dolor, pero no tenemos que sufrir debido a ese dolor.

El sufrimiento tiene una fórmula matemática, es igual al dolor por nuestra resistencia. Cuanto más nos resistimos a lo que ocurre en el momento presente, más sufrimos.

El dolor es como una sustancia gaseosa. Si permites que simplemente esté ahí, libre, acabará disipándose por sí solo.

Si luchas contra el dolor y te resistes a él, lo encierras, la presión aumentará más y más hasta que se produzca la explosión.

Con la Atención Plena, con la meditación, podemos distinguir aquellos aspectos de nuestra experiencia que podemos cambiar y los que no. La oración de la serenidad de Alcohólicos Anonimos describe bien esta idea:

Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar,

valor para cambiar las cosas que sí puedo cambiar,

y sabiduría para reconocer la diferencia

La belleza de la compasión radica en que en lugar de sustituir los sentimientos negativos por otros positivos, se generan nuevas emociones positivas aceptando las negativas.

“El sufrimiento solo se cura soportándolo hasta el final

Marcel Proust

El silencio

Para lograr el silencio interior es necesario dedicarnos tiempo para ese “cultivo”, al igual que dedicaríamos un tiempo a nuestro jardín si queremos que esté lleno de flores.

img_4579Cuando surge un problema y comenzamos a sentir ansiedad, enfado, desesperación,impulsividad, … y no sabemos qué va a pasar o que hacer, podemos dedicarnos unos minutos de silencio, centrando la atención no en el problema, sino en nuestra respiración, inhalando y exhalando. Si los pensamientos sobre el problema llega a nuestra mente los observamos y seguimos concentrados en la respiración y después de hacer esto, ya con más calma podremos afrontar la situación- problema de otra manera.

Puede que no lo consigamos a la primera, pero igual que en el gimnasio vas poco a poco desarrollando tus músculos, practicando el silencio y el mindfulness desarrollas habilidades que en un principio están “flojas”.

Así como cada gota de agua,abono, y  rayo de sol le da vida a la flor, practicando el silencio se le da otro sentido a las dificultades, por lo tanto a la vida y como la percibimos. Podemos afinar nuestro oido y escuchar el sentido de nuestra vida.

El objetivo del silencio no es simplemente apaciguar nuestra mente sino entrar dentro de lo más profundo de nosotros mismos para no vivir distraídos o inconscientes de lo que pasa en nuestro interior. En definitiva el objetivo final del silencio es acoger al Universo en nuestro Corazón.

Las recaídas en las adicciones

La recaída es parte del proceso de curación

El cambio de una conducta adictiva es un proceso que se da a través de una serie de etapas que va desde que el individuo comienza a darse cuenta que tiene un problema, hasta el momento en que  éste ya no existe. Así, el abandono exitoso de la conducta adictiva abarca una progresión de cinco fases: precontemplación, contemplación, preparación, acción y mantenimiento. (Modelo transteórico de Prochaska y DiClemente)

Cuando hablamos de adicciones nos referimos no solamente a las drogas o al alcohol. También a los trastornos de la conducta alimentaria, las compras compulsivas, las parejas dependientes, el juego patológico, el uso excesivo de las tecnologías o el móvil…

Los procesos de cambio no progresan en forma lineal; es un proceso dinámico de avances y retrocesos, en el que las personas siguen un patrón cíclico o espiral a través de diferentes estadios hasta que logran consolidar el mantenimiento de la abstinencia. Durante este proceso las recaídas se hacen presente cuando las estrategias de estabilización y mantenimiento de la abstinencia fallan; así, una recaída puede originarse tanto en la etapa de acción como en la de mantenimiento, e implican un movimiento a estadios previos

La recaída constituye una crisis y retroceso en los intentos por mantener los cambios de conducta.

Cuando se hace referencia a una recaída, es porque ha habido anteriormente un periodo de mejoría significativa en la liberación de la conducta adictiva.

Hay que tener claro que un consumo aislado (droga, atracón de comida, juego, compra compulsiva…) no es en sí una recaída, ni tiene porqué llevarnos a ella.

Hay diversas etapas en el proceso de recaída (Marlatt):

Desliz o Lapso: Error leve, con una ingesta aislada de la droga o un comportamiento adictivo aislado

Recaída: Proceso transitorio de vuelta al consumo o al comportamiento adictivo, mayor en el tiempo y en la cantidad

Colapso: Regreso a las conductas anteriores de la adicción, con persistencia en el tiempo, y retomando las antiguas pautas de pensamiento

El proceso de recaída no ocurre de la noche a la mañana sino que se va incubando de modo silencioso.

Permanecer en el camino de la recuperación

Para permanecer en el camino de la recuperación debemos hacer que esta sea nuestra prioridad, que sea lo que más anhelamos en este momento en nuestras vidas. Cuando comenzamos el camino de la recuperación quizá sintamos mucha confianza en que vamos a cambiar nuestra vida y dejar atrás la adicción, que jamás tendremos un retroceso. Pero la fuerza de voluntad se va debilitando con el tiempo.

Hace falta un esfuerzo sostenido para mantener viva la recuperación, trabajando activamente la mente, empleando recursos casi diarios que mantengan la llama en ese camino.

Cuando recaemos podemos interpretarlo como un recordatorio de que no queremos rendirnos, por muy difícil que sea la situación: necesitamos levantarnos de esa recaída, reorientar nuestro GPS interno con amabilidad y firmeza, y seguir hacia delante. Cuanto más duros seamos con nosotros, más probable es que recaigamos.

Necesitamos reconocer nuestros errores pero también perdonarlos. La recaída es parte de nuestro proceso de recuperación y sentir vergüenza, ira o frustración no nos hará mejores, pero sentir compasión sí.

Recuperarnos de una adicción requiere esfuerzo diario, es un trabajo a tiempo completo.

 

Ejercicio mindfulness para las recaídas: Espacio para respirar después de un desliz

Después de haber tenido un tropezón, al día siguiente, o en los momentos posteriores, hazte consciente de cualquier enfado o resentimiento que tengas hacia tí. Este es un momento para trabajar la compasión y no caer en el ciclo de culpa, ansiedad y nuevo desliz

Nota tus pensamientos y sentimientos.

Después, conténtrandote en tu respiración, notando como inhalas y exhalas, reconoce simplemente que ese desliz es parte de tu proceso, que este es un nuevo momento (o un nuevo día) para hacer algo diferente.

Mientras expandes tu respiración por todo el cuerpo, habla contigo regalando unas palabras de ayuda y aliento, como si estuvieras apoyando a un amigo que quiere recuperarse.

Puedes decirte “Lo has hecho bien, sigues en el camino de la recuperación, y este tropiezo sólo es una oportunidad para practicar lo aprendido”

 

Focusing para niños: una herramienta útil para los papás

¿Cómo emplear el focusing en los niños?

Emplear el focusing es absolutamente recomendable con los niños. Si nuestros hijos tienen entre 2 y 6 años responderán con mucha naturalidad, puesto que tienen la capacidad de entrar en contacto con la emoción sentida con facilidad. Si son más mayores se sentirán muy aliviados, pero hemos de respetar sus ritmos y su espacio.

A los niños pequeños les encanta hacer focusing, les parece algo normal. Con los adolescentes pueden en un principio responder un poco a la defensiva, porque no están acostumbrados. Hemos de encontrar el equilibrio entre la distancia y la cercanía.

Cuando venga a nosotros con algún problema, o hayamos vivido alguna experiencia estresante, le preguntaremos si le parece bien que abordemos el problema juntos de un modo diferente. Nunca nos impondremos, sugeriremos, y el niño puede aceptar o no. Nosotros le ofrecemos un espacio y un tiempo para acompañarle, no le empujamos a nada.

uando nuestro hijo se exprese en el focusing reflejaremos sus palabras. NO pondremos nada de nuestra cosecha, sólo escuchamos y reflejamos. Con nuestra presencia y nuestra escucha le damos seguridad y le brindamos la confianza para que despliegue su proceso emocional.

Las preguntas no han de colocarnos a nosotros en la posición central, es decir, preguntaremos ¿Qué te está diciendo por dentro? y no ¿Puedes contarme que te está diciendo por dentro?. Mantengamos al margen los pronombres “yo”, “me” y “mi”.

Aceptar nuestro yo interior, en nuestra sabiduría interior, nos permite aceptar el yo interior del niño. Cuando aprendemos a ser amables con lo que ocurre dentro de nosotros podemos ayudar a nuestros hijos a ser amables con sus emociones.

Esta sería una posible guía para el focusing con niños:

Paso 1. Pedir permiso y crear las condiciones para hacer el focusing.

Si vemos que nuestro hijo está mal podemos pedirle permiso para acompañarle: ¿Te puedo acompañar en este momento? De este modo le damos el control a él. Vamos a prestar atención a lo que nos dice y cómo nos lo dice. Al lenguaje verbal y no verbal.

emocionesssssssss.jpgPaso 2. Dejar que el niño exponga el problema o la cuestión. ¿Podrías contarme brevemente qué ha pasado, en dos palabras? Si no te apetece contarme no pasa nada, lo importante es que lo tengas claro por dentro. 

No vamos a dar mucho tiempo al contenido, a las palabras, porque queremos ir a la emoción.

Paso 3. Vamos a dirigir la atención del niño hacia su interior. 

Le podremos decir que necesitamos conectar con nuestro cuerpo. “Toma conciencia de tus pies. Muéve los dedos para sentirlos mejor. ¿Los sientes? ¿Sientes tu cuerpo sentado sobre la silla? Siente tus manos, mueve los dedos. Nota la respiración. Si quieres puedes cerrar los ojos para bucear en tu interior. Cuándo estés preparado para seguir hazme una señal con la mano.
(Los adolescentes suelen desconfiar y, les cuesta cerrar los ojos. Si se sienten más seguros con los ojos abiertos nos adaptaremos)

Vuelve a imaginar lo que ha ocurrido, aquello que te ha angustiado (por ejemplo: que no le eligieron en el equipo de baloncesto)

Comprueba en qué parte de tu cuerpo sientes esto, ahora que lo estás recordando.
(Ej: en la tripa)

Ahora tómate el tiempo necesario para ver qué sientes en esa parte del cuerpo…(Ej: parece una bola)

Se puede recurrir a pintar: ¿Quieres dibujar algo en relación con ello? ¿Cómo es lo que tienes por dentro?

Permanecemos en la emoción, repitiendo todo lo que el niño nos diga.

¿Puedes permanecer junto a ello, prestándole toda tu atención?

(Ej. Es duro como una piedra que pesa mucho)
Repetiremos lo que ha dicho: Es duro como una piedra que pesa mucho…Mira a ver si eso se corresponde exactamente con lo que sientes… puede que todavía tenga algo más que decirte (Acogemos lo que venga)

Dar tiempo, respetar sus silencios. Aunque no hable ellos están sintiendo cosas y no es nuestra función guiar hacia ningún lado. Hemos de ir un paso más atrás.

Seguramente la sensación cambiará dejando un alivio interior (Se está haciendo pequeñita…)

Podemos terminar preguntando ¿Cómo te sientes ahora?

Tatiana Muñoz

Psicóloga

Inspirado en “Focusing con niños” de Stapert y Verliefde

El secreto de la felicidad

Cierto mercader envió a su hijo a aprender el Secreto de la Felicidad con el más sabio de todos los hombres. El muchacho anduvo durante cuarenta días por el desierto, hasta llegar a un bello castillo, en lo alto de una montaña. Allí vivía el sabio que el muchacho buscaba. No obstante, en lugar de encontrar a un hombre santo, nuestro héroe entró en una sala en la que se deparó con una enorme actividad: mercaderes que entraban y salían, personas conversando por los rincones, una pequeña orquesta tocando suaves melodías, y una mesa muy bien servida con los más deliciosos platos de aquella región del mundo.

El Sabio conversaba con todos, y el muchacho tuvo que esperar durante dos horas hasta que pudo ser atendido. Con mucha paciencia, el Sabio escuchó atentamente el motivo de la visita del chico, pero le dijo que en ese momento no tenía tiempo para explicarle el Secreto de la Felicidad. Le sugirió que diese un paseo por su palacio, y regresase al cabo de dos horas.

“De todas maneras, voy a pedirte un favor – añadió, entregándole al muchacho una cucharita de té en la que dejó caer dos gotas de aceite-. Mientras estés caminando, lleva contigo esta cuchara sin derramar el aceite”.

El joven empezó a subir y a bajar las escalinatas del palacio sin apartar la mirada de las gotitas de aceite. Dos horas más tarde, regresó ante la presencia del Sabio.

“Entonces – preguntó el sabio – ¿Ya has visto los tapices de Persia que están en mi comedor, y el jardín que al Maestro de los Jardineros le llevó diez años concluir? ¿Y te has fijado en los hermosos pergaminos de mi biblioteca?”

El muchacho, avergonzado, confesó que no había visto nada de eso. Su única preocupación había sido no derramar las gotas de aceite que el Sabio le había confiado.

“En ese caso vuelve y conoce las maravillas de mi mundo – dijo el Sabio -. No puedes confiar en alguien hasta que no conoces su casa”.

Ya más tranquilo, el joven muchacho tomó una vez más la cucharilla y volvió a pasear por el palacio, pero esta vez fijándose en todas las obras de arte que colgaban del techo y las paredes. Vio los jardines, las montañas de alrededor, la delicadeza de las flores, el refinamiento con que cada obra de arte había sido colocada en su lugar. Por fin, una vez más ante la presencia del Sabio, le contó pormenorizadamente todo lo que había visto.

“Pero, ¿dónde están las dos gotas de aceite que te confié?- preguntó el Sabio”.

Mirando a la cuchara, el joven se dio cuenta de que las había derramado.

“Pues este es el único consejo que puedo darte – dijo el más Sabio de los Sabios-. El secreto de la felicidad está en saber mirar todas las maravillas del mundo, sin olvidarse nunca de las dos gotas de aceite de la cucharilla”.

Paulo Coelho

La transformación en guerreros despiertos

¿Cómo despertamos nuestra compasión?

Con la máxima budista de “Tres objetos, tres venenos y tres semillas de virtud”

En las enseñanzas budistas, a los asuntos turbios se les llama klesha, que significa veneno, y hay tres venenos promordiales: la pasión (deseo ansioso), la agresión (aversión) y la ignorancia (no me importa nada).

La instrucción esencial de la enseñanza Lojong es, paradójicamente: hagas lo que hagas, no trates de que estos sentimientos indeseados desaparezcan.

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Las personas y las situaciones de nuestras vidas siempre activan nuestra pasión, nuestra aversión y nuestra ignorancia. Unas cosas (objetos) nos resultan agradables, otras desagradables y con otras sentimos neutralidad.

Estos tres venenos pueden ser tres semillas para florecer. Hagas lo que hagas, no intentes hacer que desaparezcan los venenos, porque si lo consigues perderás tu riqueza junto con tu neurosis, y todo este material turbio es tu riqueza.

¿Cómo convertir esta idea en algo práctico?

Cuando una persona “x” pasa por tu lado y activa uno de los tres venenos, cuando surge un sentimiento, podrías considerarlo como si una pequeña campana sonara en tu cabeza: aparece una oportunidad para despertar tu corazón, para volver al presente. Pueder reconectar contigo, con tu corazón, ya que los venenos suelen hacer surgir nuestras defensas. Y la forma de reaccionar si no despertamos es acorazando nuestros corazones.

¿Cómo sería una reacción habitual ante un veneno?

Generalmente lo que hacemos es o bien exteriorizar ese impulso (atacar física o mentalmente a “x”) , o reprimirlo (reprimimos nuestros sentimientos). Ambas son las maneras de no conectar nunca con nuestra vulnerabilidad, con nuestra sensación de apertura, con la dimensión fresca de nuestro Ser, con nuestra compasión.

Al actuar o reprimir se intensifica el sufrimiento o la confusión.

Cuando estos venenos surgen la consigna sería abandonar la historia, usar la situación como una oportunidad de sentir tu corazón, tu herida. Una oportunidad de tocar tu punto delicado. Porque debajo está nuestro Corazón.

Si alguién viene y dispara una flecha a tu corazón no sirve de nada quedarte allí gritándo a esa persona, o hacer que no notas nada. Sería mucho mejor dirigir tu atención al hecho de que tienes una flecha en el corazón, y relacionarte con esa herida.

Una clave para desarrollar la compasión es usar todas las circunstancias desfavorables y no deseadas de nuestra vida como material para despertar. De este modo nos transformamos en un Guerrero Despierto, que cultiva la valentía y la compasión. Como guerreros cultivamos la honestidad y la visión clara, porque cuanto más conocemos nuestros propios estados internos, más entendemos los estados de los demás.

Al descubrir un árbol envenenado, algunas personas sólo ven el peligro. Su reacción inmediata es “vamos a cortarlo antes de que nos haga daño, antes de que alguien coma sus envenenados frutos” Lo cual es semejante a nuestra respuesta inicial a las dificultades que surgen en la vida, cuando nos topamos con la agresión, la compulsión, la ambición o el temor; cuado nos enfrentamos con el estrés, la pérdida, el conflicto, la depresión, la pena por nosotros mismos o por los demás. Nuestra respuesta inicial es huir, diciendo: “El veneno nos aflige, vamos a cortarlo, a desenraizarlo, escapémonos de él”

Otra persona, que ha ido un poco más lejos en el camino espiritual, descubre el árbol envenenado pero no se aproxima con aversión, diciendo: “No cortemos el árbol, tengamos compasión de él” Por lo que, llenos de cariño, construye una valla rodeando al árbol para que los demás no se envenenen y, a su vez, el árbol siga viviendo. Esta segunda variante muestra una clara variante entre el juicio y el temor y la compasión.

Finalmente, una tercera persona que ha viajado todavía más lejos en el camino del conocimiento, ve e mismo árbol y desde una mayor sabiduría dice: “Oh, un árbol envenenado. ¡Perfecto, justo lo que buscaba! Este individuo toma la ruta envenenada, investiga sus propiedades, las mezcla con otros ingredientes y utiliza el veneno como una estupenda medicina para curar a los enfermos y transformar los males en el mundo. Ésta es la vía del corazón.” Cuento Tradicional

Propongámonos sentirnos agradecidos a todos y a todo: Hagamos las paces con todos los aspectos de nosotros mismos que hemos rechazado y así también hacemos las paces con las personas que nos incomodan.

Si observamos a aquellas personas que no nos gustan y los describimos descubriremos una lista de cualidades que rechazamos en nosotros mismos y proyectamos al mundo interno (nuestras sombras). Según las enseñanzas Lojong, las demás personas activan en nosotros el karma que no hemos resuelto. Nos reflejan y nos dan la oportunidad de hacernos amigos de nuestras sombras. Son nuestros maestros.