¿Cómo identifico que tengo hambre emocional?

Te invitamos a responder a las siguientes preguntas:

¿Es tu primer impulso abrir la nevera cuando estás enfadado, molesto, solo, estresado, cansado o aburrido?

¿La comida recompensa en algunos momentos tu estado de ánimo?

¿Te sientes impotente o fuera de control en presencia de comida deliciosa?

¿Es la comida como un amigo, algo que te da seguridad?

¿Te has comido una bolsa de patatas, nachos, etc. sin prestar atención a su  sabor, o a la cantidad?

¿Te sientes culpable después de comer?

¿Alguna vez comes simplemente para llenar un vacío?

¿Comes hasta sentirte mal de la cantidad ingerida?

Si la contestación es afirmativa a alguna de estas preguntas ya has experimentado en tí mismo lo que es la alimentación emocional.plato.png

El hambre emocional  se caracteriza por su aparición súbita, nos suele llevar a ingerir alimentos que son reconfortantes , normalmente cereales o dulces que asociamos inconscientemente con los alimentos de nuestra primera infancia, cuando mamá nos cuidaba y reconfortaba. Es un hambre que no respeta el tiempo ni la hora del día y que exige que comas en ese mismo momento. Puede aparecer en cualquier instante y persistir incluso tras haber comido. El hambre de corazón nos lleva a comer sin pensar, en grandes cantidades, de modo inconsciente. Posteriormente nos sentimos vacíos emocionales, con la tripa demasiado llena e incluso culpables.

La alimentación emocional es un hambre normal que está en todos nosotros, pero cuando es muy dominante se convierte en el terreno de los comedores compulsivos, de aquellos que hacen dieta constantemente o padecen anorexia y bulimia.

 

Comprendiendo el hambre de corazón

Las luchas internas son acalladas con frecuencia a base de llenarnos la boca de comida para no pronunciar palabras cuya carga emocional puede asustarnos; palabras que se refieren a cosas que no nos permitimos sentir. La boca que se cierra y se abre a la comida es la misma boca que quiere hablar.

Con la comida conseguimos rebajar una tensión que nos molesta. Nuestra relación con la comida y los problemas  que tenemos con ella se convierten en un vehículo para comunicar asuntos del corazón que a veces no disponen de otro canal de expresión.

El lenguaje de la comida es un lenguaje simbólico, una forma de expresar luchas emocionales, ambivalencias, sentimientos de vacío, de vulnerabilidad y necesidad de protección, de deseo y desesperación.

Cuando no podemos expresar lo que sentimos transformamos lo emocional en físico, del corazón lo llevamos al estómago: tengo hambre o no quiero ingerir nada. El lenguaje está lleno de referencias a esta mezcla entre sentimientos y alimentación: `No me lo puedo tragar”, refiriéndonos a algo que rechazamos; “se me revuelve el estómago“, cuando sentimos asco por algo; “tengo mariposas en el estómago”, cuando tenemos angustia.

Cuando aparecen problemas con la comida, convendría reflexionar sobre qué estado de ánimo nos provoca el hambre o la inapetencia; qué deseos, ambiciones, decepciones o fantasías se ocultan tras esos actos que nos llevan a deglutir o a rechazar el alimento. Es inútil perder el tiempo y las energías controlando obsesivamente la dieta, cuando el peso del conflicto se desarrolla en el mundo de los afectos. En muchas ocasiones comer se convierte en una metáfora entre la forma en que vivimos y la manera en la que gestionamos nuestras emociones.

Saciar nuestra hambre emocional conlleva un provechoso  pero intenso viaje a nuestro interior donde comprender y desenmarañar nuestra relación con la comida, con nuestros afectos y emociones, con nuestro cuerpo, con el amor, con la vida.

 

Si necesitas ayuda para sanar tu hambre emocional ponte en contacto con nosotros

 

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Mindfulness y bulimia

¿En qué puede ayudarme el mindfulness si sufro un trastorno de la alimentación o una adicción?

atención plena
El mindfulness o Atención Plena tiene enormes beneficios y se emplea de forma terapéutica para tratar conductas adictivas . La tragedia de las adicciones es que las personas recurren a una sustancia, comida o distracción para liberarse de su sufrimiento, pero terminan en un círculo vicioso en el que se crea más sufrimiento y avidez.

El mindfulness nos aporta un gran aliado para la recuperación que es la respiración. Conectar con la respiración puede ayudarnos a hacer una pausa y desacelerar. Aprendemos a vivir con más calma.

Nos ayuda a comprender cómo operan nuestras mentes, nuestros corazones y cómo creamos sufrimiento frente a los momentos de dolor. Mejora nuestro estado de ánimo, nos reduce el estrés, mejora nuestra memoria y la habilidad de gestionar nuestras emociones, al hacernos más conscientes de lo que nos rodea. Las emociones y pensamientos dejan de secuestrarnos. Pasamos de reaccionar a responder

Los estudios ponen de manifiesto que la práctica de la atención plena produce cambios físicos duraderos a corto, medio y largo plazo en la estructura interna del cerebro. Estos cambios permiten una mejor integración de la información, una mayor flexibilidad de respuestas y una reducción de las consecuencias negativas del estrés en nuestra salud física y emocional.

Reduce la dispersión cognitiva y la inestabilidad emocional, propia de la red neuronal por defecto, que se activa automáticamente cuando no hay un enfoque de atención sostenido. Una red de neuronas que se activa de forma aleatoria, consumiendo más energía que la que se necesita cuando la atención se enfoca de forma deliberada.

Se activa entonces el área prefrontal izquierda del cerebro, reduciendo la impulsividad y la reactividad emocional, a la vez que se potencia la sensación de bienestar. Ayuda a desarrollar la calma, la empatía, la amabilidad, la aceptación y la compasión. Permite ver al otro más claramente y actuar en resonancia. 

Fomenta el bienestar psicofísico general y permite establecer una relación diferente con lo que ocurre, más comprensiva y serena.

La práctica sostenida de Mindfulness fortalece la perseverancia. Aprendemos que al enfocar nuestra atención en la respiración o en la técnica elegida, nos distraemos a los pocos segundos, y gracias a ello tenemos la oportunidad de ejercitar la atención de nuevo. La perseverancia nos ayuda a comprender que una y otra vez aparecerán retos y junto con ellos formas de superarlos y seguir creciendo y madurando.

El mindfulness es una forma de dar sentido a nuestra vida. El sentido ya estaba ahí, pero es afinando la atención cuando lo descubro.

Alimentación sana y ortorexia

Hay una línea muy fina entre lo que puede considerarse una predilección por la comida sana (un estilo de vida consciente)  y una obsesión por la calidad, pureza y origen de los alimentos, que nos llevaría a la ortorexia.

La ortorexia es un trastornos de la conducta alimentaria, al igual que la anorexia, la bulimia o el trastorno por atracón . La Ortorexia Nerviosa, la vigorexia, la alcoholexia y la Pica, están consideradas como trastornos de la conducta alimentaria no especificados (TCANES).

La ortorexia se define como una obsesión por el consumo de alimentos sanos, hasta un nivel que cabe considerar patológico.  Este trastorno fue definido por primera vez por el médico norteamericano Steve Bratman en 1997, en un libro publicado en el año 2000 en USA y titulado “Health Food Junkies” (“Yonkies de comida sana”).

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En muchos casos la obsesión por la comida pura, ecológica y sana esconde patologías más complicadas de detectar y sanar que la anorexia. Esta obsesión puede conducir muchas veces a suprimir grupos enteros de alimentos por razones ideológicas que, en ocasiones, no se reemplazan correctamente por otros que puedan aportar los mismos complementos nutricionales ocasionando graves problemas para la salud.

Los ortoréxicos suelen ser personas con normas muy rígidas, si en algún momento no las cumplen se angustian y autocastigan con dietas más estrictas, depuraciones o prácticas de ayuno, alaban sus éxitos y tienen un estricto autocontrol para resistir las tentaciones, la autoestima se ve envuelta en la pureza de su dieta y sienten superioridad hacia aquellos que no siguen sus mismos hábitos alimentarios, lo cual les produce una sensación de seguridad y control, desplazando todo el significado de sus vidas hacia la comida sana.

Su vida social y familiar se resiente, no consienten comer comidas “no sanas o impuras”, por lo que han de reducir sus relacione sociales.

¿Cómo podemos diferenciar una decisión saludable de comer consciente y ecológicamente por una patología? La clave reside en la obsesión y el deseo de pureza, la rigidez y la culpabilidad al infligir las reglas y el valor añadido que la persona siente tener por su forma de comer. El ortoréxico escucha más a su mente, a sus ideologías sobre alimentos puros, que a su propio cuerpo.

En cambio aquellos que han evolucionado y son conscientes de la importancia que la alimentación tiene en nuestra salud y nuestras emociones y por ello eligen alimentos ecológicos, preparados de modo saludable, comidos con un enfoque mindfull eating, escuchan a su cuerpo y tienen en cuenta al entorno . Valoran los momentos sociales, dan importancia a las redes humanas, relativizando la gravedad de comer puntualmente alimentos menos sanos. En ocasiones una buena compañía nos nutre más que un maravillosos alimento y quien se encuentra en equilibrio, sano psíquicamente, lo percibe y lo prioriza.

El Dr. Bratman diseño un test de autodiagnóstico para detectar los síntomas de este trastorno de alimentación con las siguientes preguntas:

a) Dedica usted más de 3 horas al día a pensar en su dieta sana.

b) Se preocupa más por la calidad de los alimentos, que del placer de consumirlos.

c) Ha habido una disminución de su calidad de vida, conforme aumenta la pseudocalidad de su alimentación.

d) Se siente culpable cuando no cumple con sus convicciones dietéticas.

e) Realiza una planificación excesiva de lo que comerá al día siguiente.

f) Está experimentando un aislamiento social, provocado por su tipo de alimentación.

La respuesta afirmativa a estas y otras cuestiones similares permitirían, según Bratman, diagnosticar ortorexia.

Si crees que padeces ortorexia y quieres ayuda para sanar, ponte en contacto con nosotros en info@esenciadealquimia.es. Estaremos encantados de acompañarte

Tatiana Muñoz

Los siete pasos de la alimentación consciente

La alimentación consciente, o minfulness de la alimentación, tiene como objetivo que nos relacionemos de manera equilibrada con la comida.

Sin duda todos hemos experimentado lo contrario, que es una alimentación inconsciente: comer de modo automático,comiendo sin preguntarnos si tenemos o no hambre, sin disfrutar el momento, sin pensar en lo que estamos comiendo.

Se trata de adoptar unos enfoques de atención que te enseñan a relacionarte con la comida y contigo mismo, de un modo diferente. Sin hacer ningún tipo de dieta, consiste en ser consciente tanto de tus sensaciones físicas (hambre o saciedad) , de los mensajes de tu mente, y de tus emociones, para ser libre de elegir cuándo empezar y cuándo terminar de comer. Con la alimentación consciente encontramos en nosotros mismos la respuesta a la pregunta de cuánto y qué debemos comer.

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Según Buda tanto demasiado alimento como demasiado poco son perjudiciales para la salud y el bienestar. La comprensión de las necesidades únicas de tu cuerpo son esenciales para una vida sana y feliz.

La herramienta principal para ayudar a las personas a ser conscientes de lo que comen (algo que supone el 90% del trabajo) es la meditación .Cuando estamos llenos de consciencia y presencia entonces sí nos llenamos y  podemos sentir satisfacción.

Vamos a aprovechar la comida como una puerta que tiene el potencial de despertarnos a una verdad más profunda sobre la vida. Y tenemos 5 oportunidades diarias al menos.

Recuerda que no se trata de presionar un botón para activar la alimentación consciente y, así, cumplirla a la perfección. Es algo que requiere constancia y entrenamiento

LOS 7 PASOS PARA ALCANZAR UNA ALIMENTACIÓN CONSCIENTE

¿Cuáles serían los pilares fundamentales?

1.Come sólo cuando tengas hambre. Cada vez que vayas a comer, pregúntate para qué. ¿Qué parte de ti tiene hambre?(Después practicaremos este punto)

Si abres la nevera y te quedas mirando para ver qué te apetece comer es que no tienes hambre, vas allí porque te aburres. Si estás en el trabajo y vas a picotear algo no es porque tengas hambre, es porque quieres descansar. Si tomas un helado porque estás enfadado no tienes hambre, probablemente tienes ansiedad.

¿Quién es el que está hambriento? ¿Qué partes de mí son las que tienen hambre? 

2. Comer más despacio, llevar la atención a la masticación.

Ser conscientes de que nuestra satisfacción al comer procede del masticar. Es por esa razón que nos gustan los alimentos crujientes. Si estamos hablando, leyendo o contestando un whapsap mientras comemos nuestra hambre bucal no se sacia porque no hemos estado atentos. Sólo invitando a nuestra mente a la boca nos saciaremos.

Si masticamos bien aparecen sabores secundarios que al comer rapido no percibimos

Masticar despacio es igual a mayor satisfacción. Las señales de saciedad y statisfacción se activan a los 20 minutos de comenzar a comer, por lo tanto si comemos rápido habremos comido demasiada comida y nuestro estómago se resentirá

3. Come como si fueras un catador de vinos, oliendo, saboreando cada bocado.vino

Huele, disfruta de los aromas, toma un bocado y dale vueltas en la boca. Detecta todos los ingredientes y especias. Mastica lentamente hasta tragar, observa cuánto dura el sabor en tu boca. Toma agua para limpiar el paladar antes de dar el siguiente trago.

Observa cómo “solo sabe el primer trozo”, pero puedes lograr que cada bocado sea igual que el primero si estás atento

Fijaté cuando has dejado de notar el sabor: es momento de volver a invitar a la mente a tu boca, de estar presente, comenzando de nuevo a ser un catador de comida

4. Come sin distracciones: Si te conectas a la tele, al ordenador o al móvil te desconectas de tí. Tu mente no está en la boca, y así no hay satisfacción ni saciedad.

5. No te prohibas ningún alimento. Atrévete a comer de todo, el problema no es lo que comes sino la cantidad que comes o desde dónde lo comes. Si tienes alimentos prohibidos aumenta la tentación de ingerirlos., tenemos hambre “mental”. Si no los hay no hay nada que transgredir.

6. Come la cantidad adecuada o suficiente:

Aunque varía según las circunstancias,en general sería estar lleno 2 tercios.

Cuando nos sintamos llenos en un 80% podemos beber agua, tomar dos bocados más y dejar de comer

Para ello durante 3 momentos de la comida he de preguntarme¿tengo más hambre?: Nos han enseñado a comérnoslo todo, sin dejar nada en el plato.

7.  Experimenta la mirada blanda y la gratitud mientras comes. 

Mirada blanda: Observa lo que te pasa, los mensajes de tu mente, las veces que comes distraido e inconsciente con benevolencia hacia tí. El juicio, el perfeccionismo y la crítica interior ayuda a que abandonemos este enfoque.

La gratitud nos llena el corazón, que suele ser quién más nos pide comer. 

La gratitud se experimenta al ser consciente de todos los seres que han hecho posible que esos alimentos estén allí presentes: plantas, animales, personas…

Según las enseñanzas del Zen, cada vez que comemos ingerimos la energía vital de incontables seres. La comida de nuestro plato es producto del sol, la tierra, la lluvia, los insectos que polinizaron las plantas, y de muchas personas, como los labradores, trasportistas, tenderos…Esa energía del alimento, producto de tantos seres, recorre nuestro cuerpo, llega a todas nuestras cálulas. Y ese milagro ocurre cada día

 

Trucos para llevar la alimentación consciente a tu vida cotidiana:

1. Meditación del tenedor vacio: Soltar el tenedor entre bocado y bocado. Esperar hasta que no quede más comida en la boca antes de volver  a cojer el tenedor.

Puedes practicarlo durante 5 minutos o durante uno de los platos.

2. Hoy permanece presente al menos los 3 primeros bocados y/o los 3 primeros sorbos al empezar a comer o beber

3. Antes de comer para unos segundos y evalúa tu hambre estomacal, valorándola de 0 a 10, donde 0 es nada de hambre y 10 es desnutrido. Cuando en tu plato quede la mitad de la comida evalúa de nuevo tu hambre.

Y repite esa valoración al terminar de comer el plato. El objetivo es ejercitar la atención, conectar con las señales que habitualmente no percibimos.

4. Hacer una pausa antes de comenzar a comer y observar cada alimento del plato, comiendo con la vista: fíjate en los colores, formas, texturas…

Inhala los aromas. Siente cómo te alimentas con ese olor.

Y experimenta la gratitud hacia todos los seres que han hecho posible que esos alimentos estén allí presentes: plantas, animales, personas…

5. Come como si fueras un catador de vinos, oliendo, saboreando cada bocado.

Huele, disfruta de los aromas, toma un bocado y dale vueltas en la boca. Detecta todos los ingredientes y especias. Mastica lentamente hasta tragar, observa cuánto dura el sabor en tu boca. Toma agua para limpiar el paladar antes de dar el siguiente trago.

Observa cómo “solo sabe el primer trozo”Fíjate cuando has dejado de notar el sabor: es momento de volver a invitar a la mente a tu boca, de estar presente, comenzando de nuevo a ser un catador de comida

6. Mastica un bocado de la comida entre 15 y 30 veces. Enfocar la atención en lo que ocurre en nuestra boca cuando masticamos de ese modo, notar las diferencias entre comer así y de modo normal.

7. Puedes probar a beber agua antes de comer algo, saboreándola, una pausa que te ayuda a distinguir si tienes hambre verdaderamente y de qué tipo es (o simplemente es sed).

 

Las siete hambres: ejercicio de mindfulness

Para un segundo, toma tres respiraciones profundas y pregúntate cuánta hambre tienes de 0 a 10…¿Dónde has buscado para saber el hambre que tienes? ¿En el estómago? ¿En tus emociones? ¿cómo sabes que tienes hambre?

Pensamos que sólo nuestro estómago nos indica si tenemos o no hambre, pero eso no es así. Se sienten 7 diferentes tipos de hambres.

Algunas de nuestras experiencias de hambre no son hambre de comida, pero cuando las sentimos, tratamos erróneamente de aliviarlas comiendo.

Con el mindfulness podemos empezar a desenredar y separar las distintas experiencias de hambre. Y sólo entonces podremos responder a cada una de ellas de la manera más apropiada e íntegra.

Te proponemos un ejercicio para sentir los 7 tipos de hambre. Necesitaremos una uva pasa o una fresa o un trocito de chocolate.

Puedes grabarte esta meditación para escucharla y no necesitar leer mientras lo practicas, o dejar que alguién te lo lea mientras lo realizas.

Durante el ejercicio vamos a “jugar” a que estamos en otro planeta y nunca hemos visto este alimento. Con esa mente de principiante vamos a acercarnos a esta nueva comida para nosotros (la pasa, la pequeña fruta, una galletita salada, etc)

Siéntate cómodamente y haz dos respiraciones profundas. Observa cómo te encuentras y evalúa cuál es en estos momentos tu sensación de hambre…En una escala del 0 al 10 ¿cómo de hambriento te sientes?…

¿En qué lugar del cuerpo buscas para decir cuánta hambre sientes?…

Hambre visual: Toma el objeto-alimento y colócalo en tu mano. Observalo como si nunca antes lo hubieras visto…

Fíjate en su textura, en su color, en su forma…

¿Qué te dice la mente que podría ser?…

¿Evalúa en una escala de 0 a 10 cuánta hambre tienes al ver este objeto? ¿cuánta hambre tienes basándote en lo que ven tus ojos?

Hambre olfativa: Investiga el objeto con la nariz. Huélelo….refresca la nariz alejándolo y vuelvelo a oler…¿cambia en algo tu sensación de hambre?

En una escala de 0 a 10, ¿cuánta hambre tienes por este alimento basándote en su olor?

bocaHambre bucal: Y ahora investiga el alimento con la boca… Mételo en la boca pero no lo muerdas. Dale vueltas, exploraló con la lengua…¿qué notas?

Muerde este objeto pero sólo una vez. Tras morderlo vuelve a darle vueltas en la boca y exploraló con la lengua…¿qué notas? Observa

Evalúa ahora tu hambre bucal: en una escala del 0 al 10 ¿Cuánta hambre sientes por este objeto basándote en lo que la boca siente y saborea?

¿Hasta qué punto quiere tu boca seguir experimentándolo?

Hambre estomacal: Decides ahora comerte este objeto-alimento.

Lo masticas con lentitud, notando los cambios en su textura y sabor que se producen en tu boca… Te lo tragas…Investiga si ha quedado algún trocito por tus dientes, siénte el sabor…¿Qué hace la lengua cuando has terminado de comértelo? Observa…

¿Durante cuánto tiempo sigue manteniéndose su sabor?

Evalúa ahora tu hambre estomacal: ¿Está tu estómago satisfecho, se siente lleno? Evalúa de 0 a 10 hasta qué punto quiere tu estómago más de lo mismo.

Hambre celular: Se consciente de esa comida que está pasando a tu cuerpo, de cómo tus células lo están absorbiendo. ¿Qué sensaciones tienes? ¿Cómo lo reciben tus células?

Hambre mental: ¿Puedes escuchar lo que opina tu mente sobre esta comida? ¿Debías o no debías comer este alimento?

Evalúa tu hambre mental. En una escala de 0 a 10: ¿hasta qué punto quiere tu mente más de lo mismo?

Hambre de corazón: ¿Dice algo tu corazón sobre esta comida? ¿Le recuerda a algo?…

Valora en una escala de 0 a 10 lo tranquilizadora y reconfortante que resulta…¿Le gustaría al corazón probar más?…

Vuelve a centrarte en tu respiración: ¿Cuánta hambre tienes? ¿Dónde lo buscas?

El saludable “NO” en la anorexia y bulimia

Las emociones que no exteriorizamos, como la rabia, los celos, el odio, generan una gran presión que necesita del propio cuerpo para descargarlos, y al no hacerlo en su cauce natural se transforman en un problema alimentario.

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Darse atracones, vomitar, ayunar, obsesionarse con los alimentos, son formas indirectas de encontrar un falso y temporal consuelo por la presión que se siente al no expresar lo que sentimos. Son maneras de drenar lo que nos inunda por dentro.

La comida nos distrae de los enfados, anestesia el dolor, nos permite morder y masticar nuestra rabia, o podemos rechazarla y decirla que “no” con ayunos.

Existe una conexión primitiva y profunda entre nuestras emociones y el hambre:

Te haré tragar tu orgullo

Esta situación no la trago

Me pasé la tarde rumiando qué decirle

La envidia te come vivo

Es un amor, me lo comería

Para descargar su hostilidad la persona con anorexia ayuna, como un suicidio lento, un acto agresivo que castiga alos padres por no dar el cuidado y la atención que han necesitado. La alimentación emocional se podría denominar también “trastorno de aislamiento”, ya que se intima más con la comida que con las personas.

Janet Woititz exponne los miedos y malos entendidos sobre la rabia:

Si estoy furiosa es que no te quiero

Si estás furioso conmigo es que no me quieres

Como te quiero no puedo permitirme estar furioso contigo

Si realmente me quieres tampoco estarás furioso conmigo

 

Las personas que padecen un problema con la alimentación suelen ver  el mundo en blanco y negro. No pueden percibir el amplio abanico de gamas de la rabia: sentirse vejado, frustrado, resentido, ofendido, amargado, indignado, insultado, enojado, sentir odio, furia, albergar pensamientos asesinos…

Aprender a decir “NO” es esencial. Decir “no” es similar a ejercitar un músculo que se vuelve más fuerte con la práctica. si verbalizamos más el no, no necesitaremos atracones para mantener la boca cerrada.images

No es imprescindible expresar la rabia a la persona hacia la cual se dirige, sirve escribir una carta, hablar con un amigo…Puedes fantasear que lo dices

Pero para liberarnos completamente de los síntomas es necesario poder tener verdadera intimidad en las relaciones. Expresarnos desde nuestro corazón y de forma auténtica. Y para ello necesitamos practicar el saludable “no”

¿Qué es comer saludable o “normal”?

Comer consciente

Comer consciente

 

Cuando somos niños tenemos claro cuándo tenemos hambre, pero al crecer la comida la empleamos en más ocasiones: comemos para calmarnos, para insensibilizarnos al dolor y la ansiedad, para evitar el aburrimiento, para premiarnos o castigarnos…

¿Qué nos ha sucedido de adultos para que hayamos convertido nuestra hambre natural y nuestra manera fácil de hallar satisfacción al comer en un complicado problema?

Es importante observar cara a cara nuestras luchas con la comida para atravesarlas y salir de ellas. Cuando nuestra relación con la comida deja de ser armónica, perdemos el disfrute innato de comer, y nos olvidamos de lo que es “comer normal”.

¿Qué es comer saludable o “normal”?:

1. Sentirse feliz y parte de la vida cuando no estás comiendo, es decir, que la comida no es tu única fuente regular de placer y satisfacción

2. No comes si no tienes hambre

3. Dejas de comer cuando te sientes lleno, y eres capaz de dejar comida en el plato

4. Puedes dejar intervalos de  varias horas entre comidas y sin pensar en ello. Cuando llega la hora de comer sientes hambre y disfrutas comiendo.

5. Disfrutas comiendo una alimentación variada

6. Mantienes un peso saludable y regular (es decir, que fluctúa 3 ó 4 kilos arriba o abajo). No necesitas pesarte para mantenerte

7. No te obsesionas con la comida, ni cuentas calorías, para decidir si puedes permitirte comer algo

¿Comes así? ¿Te relacionas saludablemente con la alimentación? Si no es así tranquilo, puedes lograrlo llevando la consciencia al campo de la alimentación, con prácticas de mindfulness y/o con terapias especializadas.

 

Tatiana Muñoz