Abriendo la puerta a tu verdadero Yo

Hoy queremos mostraros un mapa muy interesante. Es el mapa para el viaje de regreso al espacio interior en donde se sitúa tu verdadera identidad, tu “Yo verdadero”. El plano que nos lleva del miedo a la identidad esencial.

Imagina tres círculos concéntricos, con un anillo exterior, otro medio y otro interior. 

mapa circular.jpgAl exterior le denominamos la capa de protección, que es el hogar de tu adulto compensado.

Al segundo anillo le llamamos capa de la vulnerabilidad y los sentimientos y es la sede de tu niño vulnerable.

El centro es el núcleo del ser esencial, el hogar del “testigo”. Donde se encuentra el estado de la unidad con la existencia.

      

Normalmente vivimos en la capa exterior, bien “protegidos”, no por elección, sino de forma inconsciente.

Vivir en la capa de protección es algo seguro, conocido y sin peligro, pero lo sentimos como algo vacío. La vida comienza indicarnos de diferentes modos que algo anda mal: enfermamos, sentimos que nada tiene sentido, no encontramos nuestro lugar en la vida…

Una parte de nosotros sabe que para llegar al núcleo de nuestro ser esencial hemos de atravesar la capa del medio. Una energía desconocida y misteriosa nos empuja hacia dentro, nos invita a contactar con la vulnerabilidad, a quitarnos corazas.

Sentimos que nos movemos entre dos fuerzas opuestas: una que nos mantiene inconscientes pero seguros, y otra que nos mueve hacia lo desconocido, hacia una verdad mayor y más profunda.

La capa de protección

La capa más externa es un escudo que hemos creado para evitar sentir dolor y que nos hagan daño. Nos evita sentir miedo y dolor.

Para ello traslada esas sensaciones a cualquier acción adictiva, como la comida, las drogas, el sexo…o con pensamientos rumiantes y dramáticos.

Consiste en adoptar un rol, un papel detrás del cual nos escondemos: el espiritual, el divertido, el inteligente, el exitoso, el vegetariano, el pobrecito, el enfermo…y nos apegamos e identificamos tanto con nuestras identidades que ya no podemos des-identificarnos. Es una coraza fija que nos encierra dentro.

La capa intermedia es la capa de la vulnerabilidad

Es el espacio donde volvemos a conectar con nuestras heridas, con los miedos…

Poder investigar y atravesar por nuestra capa media, con comprensión amorosa y tierna, desbloquea aspectos que han quedado tapados bajo la vergüenza, como la energía sexual, la amorosa, la creativa y la extravagante. Al atravesar esta zona recuperamos nuestras energías vitales, liberándonos del peso de la culpa y el miedo

Nos permite salir del control para entrar en el corazón, abriendo un espacio de compasión y entrega que nos prepara para entrar en contacto con nuestro núcleo.

Cuando en lugar de luchar aprendemos a aceptar el miedo, el dolor, la incomodidad , la decepción…abrimos una puerta a nuestro ser esencial, nos recolecta con la unidad de la existencia.

El nucleo del Ser

Es un espacio de aceptación de la vida y compasión desbordante donde existe la sensación de entrega, confianza y no hacer. Se experimenta una sensación atemporal, expansiva, libre de ruido mental. Simplemente somos

Para llegar aquí se requiere de la meditación como puente entre capas. Cultivando esos espacio de silencio y observación experimentamos como la meditación se convierte en protagonista y guía. 

La salida está dentro…¿Te animas a usar este mapa y viajar hacia tu verdadero Ser?

Inspirado en el libro de Krishnananda “De la codependencia a la libertad. Cara a cara con el miedo”

 

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¿Por qué medito?

¿Por qué meditamos?¿Qué buscamos exactamente?

Creer que meditamos sólo para sentirnos bien es un error. Meditar nos conecta en muchas ocasiones con nuestro dolor psicológico. La meditación nos muestra tal y como somos, nuestras luces y sombras, nuestras partes sabias y las confusas. 

Meditar nos ayuda a aceptarnos enteramente tal y como somos, a mantener una relación sincera con nuestra persona y sus sombras. 

Sólo cuando nos relacionamos con nosotros mismos sin moralizar, sin dureza y sin engaños, es cuando podremos transformar los aspectos que queremos cambiar. Querer mejorar sin aceptarnos verdaderamente solo trae resultados temporales. La transformación surge tras honrarnos tal y como somos, mirándonos con sabiduría y compasión.

Estamos programados para no tolerar el malestar, para buscar el placer y evitar el dolor. Desarrollamos habilidades para huir de lo incómodo, y nos hacemos adictos a sustancias y conductas para no sentir. Empleamos la comida para calmarnos, o nos vemos una temporada completa de una serie para no estar con lo que nos agobia. 

Animarnos a sentir nuestra propia vulnerabilidad es algo nuevo para nosotros, un potente antídoto difícil de incorporar en nuestras habilidades, pero gracias a la meditación aprendemos a hacerlo.

Meditar es el método para cultivar una incondicional amistad con nosotros mismos, y como dice Pema Chodron, “para abrir la cortina de la indiferencia que nos separa del sufrimiento de los demás”

Cuando meditamos se cultivan cuatro cualidades fundamentales: la firmeza, vernos con claridad, sostener la agitación emocional y vivir en atención plena.

La firmeza

Cuando practicamos la meditación reforzamos la capacidad de ser firmes con nosotros mismos, de ser leales a  las experiencias que vivimos. Se nos anima a meditar a diario, aunque sea por un breve espacio de tiempo, para cultivar esa firmeza: nos sentamos a meditar en cualquier tipo de circunstancia: estando sanos o enfermos, de buen humor o tristes, los días en los que nos sentimos más espirituales y los días más densos. Y con la practica vamos descubriendo que la meditación no consiste en entender o en alcanzar un estado ideal, sino en poder estar presentes con nosotros mismos.

Un aspecto de la firmeza es ser consciente de nuestro cuerpo. Cuando te sientas a meditar es importante relajarte en tu cuerpo, entrar en contacto con lo que está sucediendo dentro de él, habitarlo por completo.

En la meditación descubrimos nuestra inherente agitación. Unas veces queremos levantarnos, dejar de meditar. Otras conseguimos estar sentados pero nuestra mente viaja lejos. En ocasiones nos sentimos tan molestos que nos parece imposible seguir meditando. Y estas sensaciones no sólo nos enseñan a algo de nosotros mismos o un rasgo de nuestro carácter  sino de lo que significa ser humano. Ninguno de nosotros desea permanecer en lo incómodo, en la desnudez del presente. Estar presentes nos cuesta muchísimo. Y en esos casos, sólo la suavidad y el sentido del humor nos da la fuerza para tranquilizarnos.

Meditando aprendemos que la instrucción más importante es “!Sigue…sigue…sigue…sigue estando contigo mismo!”

Siempre que nos distraigamos hemos de animarnos con suavidad a “seguir estando con nosotros mismos” y a tranquilizarnos: ¿Te sientes nervioso? Sigue…, ¿las rodillas te duelen?Sigue…, ¿las preocupaciones te invaden? sigue…, !No puedo soportarlo más!! Sigue…Así es cómo cultivamos la firmeza

Vernos con claridad

Con la meditación aprendemos a volver a este momento, a estar aquí en el presente y ser honestos con lo que encontramos. Percibimos nuestra claridad y nuestra confusión tal y como son. No intentamos desprendernos de los pensamientos, sino que al etiquetarlos como “pensamientos” cuando la mente se distrae, vemos con claridad nuestros mecanismos de defensa, las ideas negativas que tenemos de nosotros mismos y los demás, nuestros deseos y expectativas. Vemos también la bondad, el valor y sabiduría que hay en nosotros.

Al practicar la técnica de ser conscientes con regularidad, ya no podemos escondernos de nosotros mismos. 

Sostener la agitación emocional

Tenemos la tentación de emplear la meditación como un medio de huir de las emociones problemáticas, como una forma de alejar la negatividad. Sabemos que hemos de estar abiertos a cualquier cosa que surja, pero sentimos el impulso de emplear la meditación como una herramienta de represión de lo que no queremos sentir ni ser.

Pero, como expresa Pema Chodron, la transformación de lo que no deseamos sólo ocurrirá cuando aceptemos respiración tras respiración, día a día, año a año, acercarnos a la agitación emocional que sentimos sin condenar o justificar nuestra experiencia.

No permanecer con nuestra energía emocional es un hábito humano común. Dejarnos arrastrar por nuestras emociones o reprimir los pensamientos son tácticas que usamos para huir del dolor emocional que sentimos. Pero la sabiduría es inherente a las emociones, y cuando luchamos contra ellas, rechazamos la fuente de sabiduría que hay en nosotros. Tomar consciencia y aceptar lo que hay es la puerta de la expansión de la conciencia

Vivir en atención plena

En la meditación cultivamos la habilidad de estar atentos a cada momento, elegimos estar plenamente aquí. 

Estar atentos a nuestra mente y nuestro cuerpo en este momento presente es una forma de ser afectuosos con nosotros mismos, con los demás y con el mundo. 

Volver al momento presente requiere de un ligero esfuerzo que se va trabajando y fortaleciendo, al igual que hacemos con nuestros músculos en un gimnasio. A veces descubrimos que nuestros pensamientos nos gustan tanto que no queremos dejar que se vayan, y sentimos que nuestra película interior es muy interesante o que nuestro mundo de fantasía es tremendamente seductor. Por ello aprendemos a esforzarnos con suavidad, aprendemos a cultivar la autocompasión para volvernos al momento presente. Al no bloquear nada adrede, al sentir directamente nuestros pensamientos y dejar que se vayan con una actitud de no darles importancia, descubrimos que nuestra energía original es tierna, sana y fresca

 

Inspirado en el libro de Pema Chodron “Los lugares que te asustan”

El fértil silencio

Tal y como expresa Antonio Blay, hay muchos tipos de silencio:

Hay un silencio que se produce o se registra en la mente, en la cabeza. 

Otro silencio se registra en el pecho, en el corazón. 

Hay un Silencio que se registra en el cuerpo como cuerpo. 

Hay un silencio que se percibe encima de mí. 

Hay un silencio que me rodea, que me envuelve. 

Hay un silencio que me penetra, que me llena.

 

El ego se llena de ruido para no sentir nada, sobretodo para no sentir su propio vacío. El ego teme al silencio porque en él se ve a sí mismo y siente todo lo que hay, las alegrías y las penas

En el silencio podemos volver a ser sensibles, abiertos, vulnerables y vivos. El ruido anestesia. El silencio despierta (Annie Marquier) 

No es fácil para muchas personas pasar del narcotizante y adormecedor ruido cotidiano al silencio fértil. Es necesario un entrenamiento que nos conduzca a conectar con el silencio y una predisposición adecuada que nos motive a salir de la adicción a hablar, hacer, ver y no pensar.

Para ello podemos comenzar reduciendo el “ruido” externo como la televisión de fondo, la tablet o el móvil como compañía constante. Así, pues, como dice Antonio Blay, la primera misión es tratar de reducir los estímulos externos a aquellos que son imprescindibles.

En segundo lugar, producir silencio de palabras externas. Hablamos por inercia, por costumbre, por convicción, por prejuicio, por estar dormidos. Muy pocas veces hablamos para decir realmente algo. El silencio externo, el que parece más fácil, simplemente callar, es ya una gran ayuda para nuestra madurez psicológica. Necesitamos madurar psicológicamente mientras aprendemos a contemplar, y el silencio nos ayuda a madurar debido a que habitualmente no disfrutamos del silencio de manera voluntaria.

Así, aun cuando todavía no tengamos el silencio interior, es decir, el silencio del pensamiento aquietado, el simple echo de quedarnos en silencio exterior ya nos hace madurar. Aunque sigamos pensando, en el silencio exterior los pensamientos van a mostrarnos alguna cosa gracias a que no caemos en la habitual evasión que nos conduce al sueño profundo. Entonces notaré algún ruido en la máquina psicológica, sentiré que algo esta sucediendo.

Cuando se está en soledad, uno no tiene más remedio que mantenerse ahí, en esa “terapia” de ver un poco los pensamientos. Así, estar callados voluntariamente nos permite madurar. todas estas cosas tienen valor cuando se hacen voluntariamente, ya que si no se hacen voluntariamente nos abocamos rápidamente a evasiones. Cuando voluntariamente hay silencio externo, no hay ninguna evasión. Aquí estoy callado; y puesto que veo algún pensamiento, ya hay alguna madurez.

En tercer lugar, producir silencio de las palabras internas. Las palabras internas son ese monólogo ó diálogo que está ocurriendo constantemente en nuestra mente: lo que yo me debo a mí, lo que me imagino que me dicen, lo que diría, lo que yo diré, lo que aparecerá, lo que ocurrirá.

Todo ese fantástico espectáculo que está pasando por nuestra mente es precisamente lo que hemos de aprender a que se reduzca. ¿Cómo conseguir que no tenga lugar? Ese espectáculo ocurre justamente en la medida inversa de mi lucidez; cuanto más lúcido, menos se produce; cuanto más dormido, más producción.

En cuarto lugar hemos de conseguir el silencio de nuestro nivel emocional. Este silencio se produce automáticamente al reducir los estímulos externos y los internos. Porque la emoción no es otra cosa que una reacción automática, un contraste entre estímulos y modos internos que tenemos de pensar, de sentir, de querer. Luego, tratar de producir el silencio en los sentimientos.

Y, por último, tratar de que se produzca el silencio en las sensaciones.

Más adelante, cuando uno aprende a vivir en silencio se produce un nuevo grado de realización: uno aprende a vivir del silencio, uno aprende a vivir las cosas que vive como procedentes de este silencio. El silencio es la raíz, es la causa, es la matriz, es donde está la verdadera significación, es el verdadero sentido de lo que aquí ocurre, el verdadero argumento. Todo lo que aquí ocurre son solamente señales, símbolos de una realidad que subsiste detrás de todo esto. Vivir el silencio quiere decir tomar conciencia de esa verdad que ya existe y que es la que hace que se vayan expresando las cosas, en cada momento, de un modo y no de otro .(Antonio Blay)

Una vez que hemos aprendido a disfrutar del silencio físico y material, comenzamos a descubrir que el silencio es lo que está detrás de todas las cosas, de todos los fenómenos. Por lo tanto, no tiene ninguna conexión entre fenómeno y fenómeno, entre uno y otro. Lo cual quiere decir que no hay ninguna incompatibilidad en que uno pueda vivir, a la vez, el silencio y la acción. Precisamente porque son dos dimensiones distintas.

No es algo que suela ocurrir cuando nos iniciamos en su descubrimiento. Primero aprendemos las letras y después leemos. Por ello al principio comprendemos el silencio como ausencia de fenómenos, como alejamientos de nuestra identificación con las cosas, con el pensar, con el sentir, con el hacer. Esto es cierto como camino, como aprendizaje, ya que, dado que nosotros estamos partiendo de nuestra identificación exclusiva con los fenómenos, hemos de soltar esa identificación para poder descubrir algo nuevo. Pero no porque el fenómeno sea incompatible con el silencio.

Cuando se abre al silencio uno descubre que no sólo existe silencio en esas intermitencias, en esos espacios huecos sin televisión, sin hablar, o en una meditación. Sino que percibimos que el silencio es una realidad permanente, es lo Único Permanente. El silencio está coexistiendo detrás de todo lo que existe, de todo lo que se mueve, de todo lo que aparece. Yo puedo tener una conciencia simultánea del silencio y de todo lo que está ocurriendo en mí, y fuera de mí; no son dos cosas incompatibles. Puedo aprender a vivir en silencio y, al mismo tiempo, activamente.

Llamamos silencio al preámbulo de la lucidez. El momento en el que se descubre algo de lo que no se había tomado conciencia, el momento del darse cuenta es lo esencial. El silencio es una lúcida apertura a lo real desconocido. El silencio es una música inteligente, callada sí, pero no muda. Porque en el silencio  surge la inteligencia creadora, esa fuerza trascendente e inmanente que trasciende la existencia humana. Desde el silencio sabremos que todo lo que percibimos en el estado de la consciencia dual no son sino maneras relativas de ver la única realidad absoluta. (Consuelo Martin)

El silencio es el vientre de donde nacen los sabios. Si deseas adquirir sabiduría, vuelve a nacer en medio del silencio. Solo así encontrarás tu razón de ser, la razón por la cual has nacido.

Como dice Eckhart Tolle ,cuando pierdes contacto con la quietud interior, con ese silencio, pierdes contacto contigo mismo. Cuando pierdes contacto contigo mismo te pierdes en el mundo. Tu sentido más interno de ti mismo, tu sentido de quien eres, es inseparable de la quietud. Ése es el Yo Soy que es más profundo que el nombre y la forma. El equivalente del silencio externo es la quietud interna.¿Que es la quietud? es el espacio interno o conciencia en el que las palabras de esta página son percibidas y se convierten en pensamientos. Sin esa conciencia, no habría percepción, ni pensamientos ni mundo. Tú eres esa conciencia disfrazada de persona.odas las personas somos manifestaciones temporales de la Conciencia Única.

Cuando estamos en silencio, en quietud interior y atentos, podemos percibir la esencia de la vida, la conciencia o espíritu que vive en nuestro interior y así sentir que no hay separación. Sentir que tu y yo solo somos distintas formas de manifestarse la Conciencia Única, el Todo, el Dios Universal, etc. Independientemente del nombre que le demos, la esencia es la misma

El silencio es una manera de abrir la puerta a lo divino que hay en nosotros.

Las 7 actitudes de la práctica mindfulness

 

Aceptación

Se trata de aceptar el fluir de la vida, reconocer lo que hay en el presente como es, no como me gustaría que fuera. No es resignación, sino no resistirse a lo que “es” tal y como “es”. No es tampoco renunciar a cambiar las cosas en el futuro, pero sí acogerlas como son en el presente. Sin evitar o huir de ellas, sino permaneciendo con ellas. Se trata de reconocer la realidad, de decir “sí” a lo que es, de sintonizar con lo que hay ahora tal y como es.  La aceptación supone aflojar y abrirse a lo que tenemos ante nosotros. Abandonar la lucha. Al dejar de negar y luchar con las cosas tal y como son, descubres en tí una mayor energía para sanar y transformar después lo que has hecho consciente.

En lugar de negar nuestro problema, racionalizarlo o evitarlo, podemos acoger lo que nos ocurre en este momento con benevolencia y observar sus raíces. Al darme cuenta con aceptación puedo dejar de actuar automática e inconscientemente

Soltar

Nuestro ego, respondiendo a pautas de supervivencia en las que el poseer es sinónimo de supervivencia, se aferra pensando que, en el retener, se acerca a la felicidad: cuanto más posea, más compre, cuanto más controle, cuanto más consiga, será más feliz, estará más seguro. Nos lleva a mantener conductas compulsivas como comer y comprar en exceso, beber, mantener relaciones tóxicas, el juego patológico para conseguir más dinero rápidamente…

Poseer, retener, controlar son cuestiones a observar desde la evidencia de que nada permanece. Este apego es el origen del sufrimiento. Tomar la impermanencia como referencia y permitirnos fluir.

 

No juzgar

La mente funciona por naturaleza dividiendo y etiquetando, estableciendo clasificaciones funcionales del tipo bueno-malo, bello-feo, deseable-evitable. Su entrenamiento básico ha sido establecer este tipo de divisiones para aprender a manejarse en el mundo mientras crecíamos. La costumbre de categorizar y enjuiciar las experiencias nos encierra en patrones de reacción y pensamientos, sentimientos y comportamientos repetitivos, de los que la mayoría de las veces no somos conscientes. De hecho, el juicio nos separa de la experiencia directa del momento y de la cambiante realidad de las cosas. Mindfulness propone precisamente situarse en la ecuanimidad para permitir que la experiencia se despliegue momento a momento.

Confianza

Confianza en uno mismo y en la vida que nos sostiene. A medida que practicamos la atención plena, nos damos cuenta de que somos nosotros mismos los que mejor sabemos “qué es lo que cada momento nos trae”. Confiar en los propios recursos, en la propia autoridad, en lugar de buscar esa autoridad fuera de uno mismo, en nuestros familiares, maestros o expertos, que si bien pueden ser una referencia no han de sustituir o anular nuestro propio criterio y sentir.

Curiosidad o mente de principiante

Consiste en la actitud de quien observa algo con sumo interés y sin dejarse arrastrar por experiencias, recuerdos o etiquetas previas, como si lo experimentara por primera vez. Esta curiosidad nos impulsa a explorar, investigar y permitirá que descubramos nuevos matices. Atentos a lo que sucede en este preciso instante, a la novedad, con curiosidad y respeto ante aquello que se nos revela por primera vez. Sentir que cada momento es único nos permite acceder a la experiencia directa, como algo único e irrepetible.

Distensión

La actitud de distensión supone evitar un esfuerzo desproporcionado, evitar la tensión que se puede derivar cuando nos fijamos metas elevadas y tenemos expectativas. Practicar mindfulness implica practicar el “ser”, no el “hacer”. En realidad consiste en permitir que suceda lo que está sucediendo, otorgándole una consciencia clara y sin juicio. Por eso, no se trata de esforzarse por cambiar algo de lo que aparece, sino simplemente de estar con ello tal y como aparece y la paradoja es que, al no pretender cambiarlo, al no invertir esfuerzo y energía en transformarlo, el cambio comienza a “suceder”.

Paciencia

La completa apertura al momento requiere paciencia, aceptar que cada evento ocurra a su propio ritmo. Se sostiene en una sabiduría natural, la de reconocer que todo tiene un ciclo vital que es necesario respetar y del que podemos extraer enseñanzas importantes. La paciencia conlleva hacer consciente la tendencia a apresurarnos a cada instante, deseando que llegue el siguiente.

Amor y Compasión

Es importante que la observación esté imbuida de una actitud amorosa y cordial, no de exigencia o prepotencia. Algunos autores llaman a esta actitud compasión. Lo que observamos, ya sea en nuestro interior o exteriormente, es algo muy querido, porque es precisamente lo que nos ha tocado vivir. Nos aproximamos a vivir la experiencia desde el amor.

Mindfulness y bulimia

¿En qué puede ayudarme el mindfulness si sufro un trastorno de la alimentación o una adicción?

atención plena
El mindfulness o Atención Plena tiene enormes beneficios y se emplea de forma terapéutica para tratar conductas adictivas . La tragedia de las adicciones es que las personas recurren a una sustancia, comida o distracción para liberarse de su sufrimiento, pero terminan en un círculo vicioso en el que se crea más sufrimiento y avidez.

El mindfulness nos aporta un gran aliado para la recuperación que es la respiración. Conectar con la respiración puede ayudarnos a hacer una pausa y desacelerar. Aprendemos a vivir con más calma.

Nos ayuda a comprender cómo operan nuestras mentes, nuestros corazones y cómo creamos sufrimiento frente a los momentos de dolor. Mejora nuestro estado de ánimo, nos reduce el estrés, mejora nuestra memoria y la habilidad de gestionar nuestras emociones, al hacernos más conscientes de lo que nos rodea. Las emociones y pensamientos dejan de secuestrarnos. Pasamos de reaccionar a responder

Los estudios ponen de manifiesto que la práctica de la atención plena produce cambios físicos duraderos a corto, medio y largo plazo en la estructura interna del cerebro. Estos cambios permiten una mejor integración de la información, una mayor flexibilidad de respuestas y una reducción de las consecuencias negativas del estrés en nuestra salud física y emocional.

Reduce la dispersión cognitiva y la inestabilidad emocional, propia de la red neuronal por defecto, que se activa automáticamente cuando no hay un enfoque de atención sostenido. Una red de neuronas que se activa de forma aleatoria, consumiendo más energía que la que se necesita cuando la atención se enfoca de forma deliberada.

Se activa entonces el área prefrontal izquierda del cerebro, reduciendo la impulsividad y la reactividad emocional, a la vez que se potencia la sensación de bienestar. Ayuda a desarrollar la calma, la empatía, la amabilidad, la aceptación y la compasión. Permite ver al otro más claramente y actuar en resonancia. 

Fomenta el bienestar psicofísico general y permite establecer una relación diferente con lo que ocurre, más comprensiva y serena.

La práctica sostenida de Mindfulness fortalece la perseverancia. Aprendemos que al enfocar nuestra atención en la respiración o en la técnica elegida, nos distraemos a los pocos segundos, y gracias a ello tenemos la oportunidad de ejercitar la atención de nuevo. La perseverancia nos ayuda a comprender que una y otra vez aparecerán retos y junto con ellos formas de superarlos y seguir creciendo y madurando.

El mindfulness es una forma de dar sentido a nuestra vida. El sentido ya estaba ahí, pero es afinando la atención cuando lo descubro.

Más allá de la autoestima: la autocompasión

La curiosa paradoja es que cuando me acepto tal como soy, entoces puedo cambiar

Carl Rogers

Thich Nhat Hahn: “Eres una manifestación maravillosa. Todo el universo se ha unido para hacer posible tu existencia”

La compasión hacia uno mismo no pretende capturar y definir la valía o la esencia de quienes somos. No es un pensamiento o una etiqueta, ni una crítica o valoración. La compasión es una manera de relacionarnos con el misterio de quienes somos, respeta el hecho de que todos los seres humanos tenemos puntos fuertes y débiles.

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En lugar de perdernos en pensar si somos buenos o malos, tomamos conciencia de la experiencia del momento presente y nos damos cuenta de que todo cambia constantemente, todo es transitorio. Los éxitos y los fracasos vienen y van, no nos definen ni determinan nuestra valía. Sólo son una parte del proceso de estar vivo. Nuestra mente puede intentar convencernos de lo contrario, pero nuestro corazón sabe que la verdadera valía radica en la experiencia fundamental de ser una persona consciente que siente, percibe y ama.

A diferencia de la autoestima, los buenos sentimientos de la compasión no dependen de ser especial ni de alcanzar los objetivos ideales. En lugar de compararnos con los demás, nos centramos en lo que compartimos y nos sentimos más conectados y completos. Los buenos sentimientos de la compasión no desaparecen cuando metemos la pata y somos imperfectos. Cuando la inconstante autoestima nos abandona, el abrazo de la compasión siempre está allí.

La compasión hacia los demás implica:

  • Reconocer y ver claramente su sufrimiento
  • Sentir bondad hacia los que sufren, surgiendo de nosotros un deseo de aliviar su sufrimiento
  • Aceptar que el ser humano es imperfecto y frágil

La compasión hacia nosotros mismos tiene las mismas cualidades.

Emplear la Auto-compasión es como hacer mágia, pues transforma el sufrimiento en alegría. Se da la Alquimia emocional: Cuando aceptamos nuestro dolor con afecto y atención, cuando nos dedicamos compasión hacia nosotros mismos, el nudo de la autocrítica empieza a desacerse para ser sustituido por un sentimiento de aceptación tranquila y conectada. Se produce una transformación espiritual y emocional, como si nuestra esencia, nuestro diamante, surgiera del carbón.

Cuando decidimos abrazar nuestra naturaleza humana imperfecta con compasión, todo cambia. Al responder a nuestro dolor con cariño y conexión, calmándonos y consolándonos cuando nos enfrentamos a nuestra imperfección, creamos nuevas emociones positivas que no estaban ahí un segundo antes:

En lugar de sentirnos incompetentes, nos sentimos capaces y conectados al recordar ese aspecto compartido de la experiencia humanaimages.jpeg

En lugar de limitarnos a sentir tristeza, sentimos esa tristeza pero también ternura al preocuparnos por una herida que hay que curar.

En lugar de limitarnos a sentirnos asustados, sentimos ese miedo pero también nos consolamos con cariño y atención.

Abrazamos nuestras emociones negativas con el calor de los buenos sentimientos. Porque en cada momento de angustia se agazapa el potencial de la satisfacción. El dolor puede convertirse en la puerta de la felicidad, ya que sentirnos amados, cuidados y conectados es lo que nos hace verdaderamente felices.

“Los seres humanos deseamos la felicidad por naturaleza y no queremos sufrir. Por este motivo todo el mundo intenta conseguir la felicidad y librarse del sufrimiento, y este es un derecho fundamental para todos. Si tenemos en cuenta el verdadero valor de un ser humano, todos somos iguales” Dalai Lama

Es decir, no tenemos que ganarnos el derecho a la compasión, ya que nacemos con él

TRES ELEMENTOS DE LA COMPASIÓN

La compasión hacia uno mismo abarca tres elementos fundamentales:

  1. Bondad hacia uno mismo, ser amable y comprensivo.
  2. Reconocer nuestra humanidad compartida. Sentirnos conectados con los demás.
  3. Atención plena, Presencia o Mindfulness

1. La bondad hacia uno mismo consiste en dejar de juzgarse y emitir comentarios internos denigrantes, entender nuestros puntos débiles y nuestros fracasos en vez de condenarlos, y además consiste en consolarnos activamente.

En lugar de maltratarnos sin piedad cuando fallamos tenemos otra opción: reconocer que todo el mundo se equivoca y tratarnos con amabilidad. Cuando nos envolvemos en el cálido abrazo de la bondad hacia nosotros mismos, nos sentimos sanos y salvos.

Para ser amables con nosotros mismos debemos ser conscientes de nuestro monólogo interior y emplear un lenguaje empático, no crítico.

2. Nuestra humanidad compartida.

“Un ser humano es parte de un todo al que llamamos Universo. El hombre se experimenta a sí mismo, a sus pensamientos y sentimientos como algo separado del resto (una especie de ilusión óptica de su conciencia). Esta ilusión es como una prisión, que nos encierra a nuestros deseos personales y en el afecto a las personas más cercanas. Nuestra tarea debe ser escaparnos de esta prisión y ampliar nuestro círculo de compasión, para abrazar a todas las criaturas vivientes y a toda la naturaleza en su belleza. Nadie puede lograr esto por completo, pero el esfuerzo por conseguirlo es, en sí mismo, una parte de la liberación y la base de la confianza interna” 

(Einstein)

El sentimiento de compasión surge del reconocimiento de que la experiencia humana es imperfecta. Todos los seres humanos somos falibles. Cuando estamos en contacto con nuestra humanidad común recordamos que los sentimientos de inadaptación y decepción son compartidos.

Cuando nos juzgamos a nosotros mismos por nuestros defectos damos por sentado que existe una entidad separada y claramente delimitada que llamamos “yo” que es la culpable de nuestros fracasos, pero lo cierto es somos la expresión de millones de circunstancias previas que se han unido para darnos forma en el presente.

A veces nos culpamos porque querríamos creer que tenemos el control. Nos asusta reconocer la interconexión esencial que te hace admitir que el control sobre mis pensamientos y actos es sólo una ilusión.

Al reconocer la naturaleza compartida de nuestra imperfección, la compasión hacia uno mismo aporta el sentimiento de conexión necesario para avanzar y desarrollar todo nuestro potencial.

3. La Atención Plena o Mindfulness

Es el tercer elemento clave para despertar nuestro corazón.

Gracias a la Atención plena afrontamos la realidad, vemos las cosas como son, de forma clara, sin críticas, con aceptación del momento presente.

El mindfulness nos sitúa en el momento presente y nos aporta la toma de conciencia que forma la base de la auto-compasión. Como un estanque transparente y tranquilo, sin ondas, el mindfulness refleja los hechos sin distorsiones.

En lugar de perdernos en “nuestro culebrón particular”, nos permite observar nuestra situación con perspectiva y nos ayuda a no sufrir innecesariamente. Para que no nos pase como a Montaigne, el filósofo frances:

 “Mi vida ha estado llena de terribles desgracias, la mayoría de las cuales nunca sucedieron” 

Cuando eres consciente de que estás experimentando determinados pensamientos y sentimientos dejas de estar perdido en la trama de tu vida.

Imaginemos un pájaro volando en el cielo. El pájaro representa un pensamiento o emoción que estás experimentando en este momento, y el cielo representa el mindfulness, que contiene el pensamiento o emoción. El pájaro podría empezar a hacer giros inesperados, bajar en picado, etc. pero el cielo seguiría ahí, imperturbable. Cuando nos identificamos con el cielo en lugar de con el pájaro (cuando nuestra atención se deposita en la conciencia misma y no en el pensamiento o emoción que se desencadena dentro de esa conciencia), permanecemos tranquilos y centrados.

Así nuestro sentido del “Yo” deja de estar atrapado y de verse arrastrado por el contenido de la conciencia; permanece centrado en la conciencia misma. Podemos sentir ira, sin pensar que esa ira nos definen. Yo soy aquel que observa lo que pasa, no las cosas que pasan. Las cosas que pasan ni son yo, ni me pertenecen a mí. No soy la ira, ni la maldad. Soy el que observa esa emoción que pasa por mí.

El auténtico tesoro que nos ofrece el mindfulness es que nos brinda la oportunidad de responder en lugar de limitarnos a reaccionar. Cuando somos capaces de reconocer lo que sentimos en el momento presente, podemos impedir que esos sentimientos nos lancen a la acción.

A través de la meditación o el mindfulness podemos salir de lo que en budismo se denomina “samsara” o apariencia ilusoria de la realidad, que se deriva del continuo hábito de dividir en dos el campo de la experiencia y suponer que el ego que observa es algo separado del resto. Con la meditación podemos acceder a un conocimiento directo de la totalidad

El Maestro Tailandés Ajahn Chah dice:

“Aparezca lo que aparezca en tu mente obsérvalo. Examina cómo los sentimientos y pensamientos van y vienen, no te aferres a nada. Se consciente de lo que ves, sea lo que sea. Y no creas que nada de eso eres tú. Todo es solamente una visión, una construcción de la mente”

¿De dónde surge nuestro sufrimiento?

El sufrimiento surge de comparar nuestra realidad con nuestros ideales. Como hay pocas posibilidades de que la realidad encaje con nuestros ideales, el sufrimiento es omnipresente.

El sufrimiento aparece cuando nos resistimos al dolor. No podemos evitar el dolor, pero no tenemos que sufrir debido a ese dolor.

El sufrimiento tiene una fórmula matemática, es igual al dolor por nuestra resistencia. Cuanto más nos resistimos a lo que ocurre en el momento presente, más sufrimos.

El dolor es como una sustancia gaseosa. Si permites que simplemente esté ahí, libre, acabará disipándose por sí solo.

Si luchas contra el dolor y te resistes a él, lo encierras, la presión aumentará más y más hasta que se produzca la explosión.

Con la Atención Plena, con la meditación, podemos distinguir aquellos aspectos de nuestra experiencia que podemos cambiar y los que no. La oración de la serenidad de Alcohólicos Anonimos describe bien esta idea:

Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar,

valor para cambiar las cosas que sí puedo cambiar,

y sabiduría para reconocer la diferencia

La belleza de la compasión radica en que en lugar de sustituir los sentimientos negativos por otros positivos, se generan nuevas emociones positivas aceptando las negativas.

“El sufrimiento solo se cura soportándolo hasta el final

Marcel Proust