Manejar los enfados con los hijos

Como padres tenemos miedo de que nuestro enfado y nuestra ira pueda ser perjudicial para los hijos, así que muchas veces la contenemos tal y como un buceador contiene el aire. Y claro …esa capacidad de aguante es limitada. No podemos evitar la aparición de la ira, aparece frecuentemente. No es necesario ser siempre pacientes.

Unknown.jpegLos padres conscientes y emocionalmente saludables no son santos. Son conscientes de su enfado y lo respetan. Lo utilizan como fuente de información, una indicación de su preocupación. Sus palabras son congruentes respecto a sus sentimientos dice Haim Ginott

Hay un lugar para el enfado paterno en la educación del niño. No enfadarse en determinados momentos lleva al niño a la indiferencia y no a la bondad. El enfado dice : “mi tolerancia tiene límites”

La rabia debe expresarse de manera que traiga un poco de alivio al padre, algo de perspicacia al niño, y ningún efecto secundario ni a uno ni a otro (Ginott)

3 pasos para sobrevivir a nuestros enfados:

  1. Aceptar que nos enfadaremos bastantes veces con los niños
  2. Reconocernos el derecho a enfadarnos sin culpa ni vergüenza
  3. Siempre que no perjudiquemos a nadie tenemos el derecho de expresar lo que sentimos, sin atacar la personalidad o el carácter del niño

Identificaremos nuestra emoción y lo expresaremos en primera persona (“Estoy enfadado”). Si expresarlo así no mejora la situación lo expresaremos con más intensidad: “Estoy muy enfadado”. En último lugar podemos declarar lo que nos gustaría hacer por ese enfado: “Cuando veo todo por el suelo, los libros nuevos, la ropa limpia, me enfado muchísimo y me encantaría tirarlo todo a la basura”

Manejar el enfado de los niños

A veces los niños están tan alterados que no escuchan nada, ni notan que les estamos haciendo caso.

Un truco puede ser darles un bloc y un lápiz y decirle “Vamos, enseñaré lo enfadado que estás. Haz un dibujo que lo exprese” Y tras su dibujo reflejar, estar presente “Ya veo cómo de enfadado estás, muéstrame más”images.jpeg

Si el niño no sabe aún dibujar, no quiere o no puede, podemos probar a  hacerlo nosotros: ¿Es así cómo te sientes? Y dejar que él continue, quizá rompiendo la hoja…O se le puede presentar un cojín para golpear

Cada vez que demostramos respeto hacia los sentimientos de nuestro hijo, le ofrecemos la oportunidad de hacer una elección o una oportunidad para resolver sus problemas, aumenta su confianza y su autoestima.

Ideario para la existencia

Soy una persona libre, sólo porque tengo derecho a equivocarme, si no pudiera cometer errores me sentiría atada por el miedo a hacerlo mal.

No me arrepiento de lo que he hecho en el pasado, porque cuando miro atrás, me reconozco en las acciones y soy consciente de que he llegado hasta aquí, a pesar de los obstáculos, gracias a la voluntad que me ha acompañado.

He querido mucho y me han querido y continúo haciéndolo como un mandato supremo, porque este sentimiento es el que me alienta para seguir adelante.

También he olvidado y me han abandonado a veces, pero el dolor que me inflingieron me hizo crecer y conocerme mejor, porque mi derrota de hoy es el entrenamiento para la victoria del mañana.

Sé que todo es mejorable y que en mi existen cosas que me gustaría cambiar, pero no me tortura esta circunstancia, porque comprendo que todo lleva su tiempo, y darme cuenta de mis facetas menos positivas ya es un gran paso para la mejora.

Intento compartir mi tiempo con los demás y relacionarme, para entregarle a otros lo que llevo dentro, pero también le dedico parte de la jornada a la soledad, porque defiendo firmemente que quien no se escucha a sí mismo nunca podrá conversar con otros.

Levanto metas basadas en mis sueños e intento llegar a conseguirlas, pero sin torturarme con la prisa, porque la experiencia me dice que muchas veces el camino recorrido, es más bello y gratificante que el propio premio alcanzado.

Dejo que las circunstancias me embriaguen cuando son propicias y analizo con la mayor objetividad posible lo malo que acontece a mi alrededor, porque en ocasiones la tristeza sólo sirve para empeorar las cosas. Pero si alguna vez siento ganas de llorar no me culpabilizo por hacerlo, ni me recreo; dejo que fluya la pena y comienzo a reconstruirme con ánimo en el momento en que puedo.

Expreso mis sentimientos de la forma más clara que se me ocurre. Río a carcajadas si estoy contenta pero también sé gritar de rabia o decir NO cuando es lo que necesito.

No quiero ser perfecta porque se me antoja que es aburrido e irreal y la vida merece ser cierta. Considero poco original y falto de matices actuar siempre dentro de un “tono prudente” ya que arriesgarse a conseguir lo que queremos es gratificante porque es siempre nuevo.

Básicamente, con todos esos buenos y malos momentos que han transcurrido, con esas cosas estupendas y menos agradables que me conforman, soy en mi totalidad una persona ÚNICA e IRREPETIBLE que merece la pena conocer y conocerse en su infinitud, porque como todos, pertenezco a un entramado vital maravilloso, en el que las criaturas, sin excepción, son auténticas y, en cierto modo, mágicas.

Ideario para la existencia

Perfeccionismo, exigencia e ilusión de control

El perfeccionismo es la necesidad compulsiva de conseguir los objetivos respetando a rajatabla los ideales personales, con unas expectativas tan irreales que conducen a la decepción. Se ven las cosas en términos absolutos (o eres perfecto o eres un inútil) y te sientes insatisfecho contigo mismo.

Su aspecto positivo es la gran voluntad de dar lo mejor de uno mismo. Pero cuando la autoestima se basa en ser productiva y tener éxito, no se deja espacio al fracaso, y el esfuerzo se convierte en tiranía.

Exigirnos la perfección equivale a dar la espalda a la vida real. Es la ilusión de tener el control, y es una ilusión muy dañina, que fomenta la autocrítica y la culpa.

En el perfeccionismo hay una cierta oposición a la naturaleza de la vida que es percibida como caótica e impredecible, por lo que se recurre al control, al orden y la ley.

Se observa constantemente la diferencia entre el ideal (como deberían ser las cosas) y cómo son en realidad, entre lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo.

Se cree que hay una manera correcta de hacer las cosas: existe “la manera” y todo lo que no se ajuste es no válido (y en cierto modo censurable)

El perfeccionismo conlleva desarrollar la fuerza de voluntad, control y disciplina. Si consigues hacer las cosas bien “tienes derecho a que te quieran”.

Esta creencia se apoya en una experiencia vital de un amor condicionado a la buena conducta. Si de pequeño sientes que sólo por existir no sirves, no eres querido, tienes que cambiarte, saber cómo debes ser y conseguirlo. Debajo del perfeccionismo está la necesidad de que nos quieran y nos aprueben, “pues nadie rechaza a alguien ideal”.

“Con mucho, la mayor parte de las vidas humanas son destruidas por un exceso de autoexigencia” Max Frisch

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La autoexigencia además es una estrategia para no conectar con la vulnerabilidad. Y la vulnerabilidad constituye el germen de la iluminación. Cuando permitimos que la ternura de nuestro corazón madure nos conduce al corazón despierto.

La autocrítica es un comportamiento de seguridad, diseñado para garantizarnos ser aceptados dentro de nuestra familia, a la vez una conducta de sumisión, porque nos permite degradarnos ante personas imaginarias que emiten un juicio sobre nosotros. Es como si decidiésemos “Me voy a maltratar y a criticarme antes de que tú puedas hacerlo. Reconozco lo imperfecto que soy para que tú no tengas que despreciarme y decirme lo que ya se. Así sentirás lástima por mí en vez de juzgarme y me asegurarás que no soy tan malo como pienso”. Surge del deseo de no ser rechazado y abandonado (instinto básico de supervivencia) y del deseo de control.

La mejor manera de contrarrestar la crítica destructiva hacia uno mismo consiste en entenderla, sentir compasión por ella, y finalmente sustituirla por una respuesta más amable. Si nos permitimos conmovernos por el sufrimiento que experimentamos en manos de nuestra autocrítica. Podemos reconocer que los puntos débiles y la imperfección forman parte de nuestra experiencia humana. De este modo podemos sentirnos más conectados con nuestros compañeros de viaje en esta vida, tan imperfectos y vulnerables como nosotros. En lugar de intentar controlarnos a nosotros mismos y a nuestra propia vida para conseguir un ideal perfeccionista podemos tomar la vida tal y como es, con sus luces y sus sombras.

La felicidad se encuentra cuando nos dejamos llevar con el flujo de la vida, no cuando luchamos contra él. La auto-compasión puede ayudarnos a navergar por estas corrientes turbulentas con sabiduría y aceptación en el corazón.

“No puedes detener las olas, pero puedes aprender a surfear”

Jon Kabat-Zinn

La salida al laberinto de la adicción

La adicción es un síntoma. Es la punta del iceberg que asoma sobre la superficie del agua, dejando oculta bajo ella su mayor parte. Nos engañamos si pensamos que la adicción “es el problema”: no, en realidad es tan sólo una pista que señala que hay algo más profundo oculto bajo ella. Puede tratarse de un gran dolor, de una sensación de incapacidad, de una historia sin sanar o de una búsqueda desorientada. Depende de en qué nivel se haya producido el bloqueo o la pérdida en el camino hacia una vida plena.

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El laberinto de la adicción

Quien está atrapado en una adicción, busca algo externo que alivie a su malestar. Recurre a la conducta adictiva como vía de escape de una realidad que se le antoja intolerable, o tal vez creyendo en la promesa engañosa de una felicidad fácil. En ambos casos la persona cede su poder y pierde su libertad en el intento. Si lo que pretendía era paliar su sufrimiento, se encuentra con que este se despliega en proporciones aún mayores. Si lo anhelado era encontrar un resquicio de felicidad, tropieza con un sucedáneo que pronto se transforma en la mayor de sus desdichas. Si en un principio pudo vivir experiencias de éxtasis enseguida éstas, como si se tratase de espejismos, desaparecieron engullidas por la desolación, como pertenecientes al mundo de lo ilusorio.

Cuando la adicción se apropia de una persona haciéndola su esclava, no deja ningún territorio sin invadir. La salud y el nivel físico se ven pronto dañados, la energía vital únicamente puede transitar por canales relacionados con el fortalecimiento de la conducta adictiva, la lucidez se empaña tornándose una caricatura de sí misma, la inteligencia se somete a la única tarea de encontrar nuevas y mejores oportunidades de consolidar el reinado de la impostora, ningún otro sentido o propósito vital mayor puede sobrevivir a su empuje, las relaciones más sublimes sucumben ante ella. Poco a poco la adicción se convierte en la grotesca soberana de un reino desolado.

Pero hay algo en el núcleo profundo de cada ser que no puede ser dañado. Un vacio interior fértil e inmortal. Una Conciencia que es la misma que anima la totalidad del universo. Unos lo han llamado hálito divino, otros energía imperecedera, otros Espíritu, el Todo, el Tao, la Unidad, lo Transpersonal, la Fuente o la Divinidad… No importa el nombre, en realidad ni siquiera alcanzamos con ninguno ellos a acercarnos a la realidad que queremos definir: se trata de lo que Es.

Y Lo que Es no puede ser dañado, ni sometido, ni matado, ni callado. Lo que Es permanece intacto, aunque puede que oculto, en lo más profundo de cualquier ser, también en las personas que han desarrollado una adicción o cualquier otro tipo de situación problemática. Cuando una persona toma conciencia de quién Es, de su Identidad profunda, se allana el camino de retorno de cualquier esclavitud, también de la adicción. Quién ha hecho experiencia, aunque sólo sea por un instante, de su Identidad profunda no necesita escapar más, comprende que no hay nada que buscar fuera porque siempre estuvo allí, en el Silencio profundo que le habita.

Pero no hay que olvidar que, normalmente, el camino de vuelta a casa requiere prestar atención al ser integral.images.jpeg Si la adicción se manifiesta en los niveles físico, mental, emocional y espiritual, es necesario que también sea tratada desde estos cuatro aspectos. Suspender el uso de una sustancia o abandonar determinada conducta no resulta suficiente para soltar la adicción. De hecho, la simple suspensión puede ser contraproducente si no se están trabajando los anteriores niveles como parte del camino para llegar a la raíz del problema, y pueden darse continuas recaídas o muy frecuentemente buscarse adicciones sustitutivas.

Liberarse de la trampa de las adicciones, encontrar la salida al laberinto, requiere aplicar conjuntamente estrategias de desintoxicación y reparación del daño físico y del campo energético; un trabajo terapéutico serio, individual y muchas veces grupal, que profundice en el nivel emocional, en las pautas de pensamientos automáticos y en las creencias erróneas instaladas, en la sanación de la historia personal y en la adquisición de habilidades de relación, de introspección, de análisis y de crítica; un discernimiento lúcido acerca de las elecciones realizadas y una educación en la responsabilidad de coger las riendas de la propia vida con todas sus consecuencias; un proceso profundo de perdón que rompa cadenas y permita superar la culpa; un entrenamiento en la tarea de ejercer una libertad consciente y un progresivo camino de identificación de los anhelos espirituales más profundos. Por eso superar una adicción es una tarea integral e integradora.

En este sentido una adicción puede ser la gran oportunidad de contestarse a la eterna pregunta de ¿Quién Soy? y emprender el Camino de Vuelta a Casa.

Vamos a comunicarnos mejor

Entrenamiento en conductas asertivas y habilidades de comunicación

El entrenamiento en habilidades de comunicación facilita el empoderamiento de cualquier persona a la hora de relacionarse con los demás y con el medio.

Todos necesitamos relacionarnos con los demás de un modo adecuado.

La comunicación es una competencia básica que servirá también a las personas en mantenimiento de la deshabituación de su adicción.

¿Qué es una conducta socialmente habilidosa?Según  para Caballo (1991) es aquella que implica un conjunto de conductas, emitidas en un contexto interpersonal donde se expresan sentimientos, actitudes, deseos, opiniones o derechos de forma adecuada (asertiva), respetando las conductas de los demás, resolviendo problemas inmediatos a la situación y minimizar la probabilidad de problemas futuros.

Cuando alguien es capaz de hacer o recibir cumplidos, aceptar o rechazar ofertas o peticiones, expresar molestia o desacuerdo, así como hacer y afrontar las críticas, se comporta de forma asertiva .

Para hablar de asertividad, es necesario identificar primero los otros estilos de respuesta: pasivo o agresivo, y modificarlos por un estilo más asertivo, que genere menos problemas. Se dice que una persona responde de forma:

Estilo de respuesta pasivo:

Cuando demuestra escasa ambición, pocos deseos y opiniones;

En su conducta no verbal tiende a mirar hacia abajo, usa un tono de voz vacilante que apenas es perceptible o de queja, presenta risas nerviosas, vacilaciones en la toma de decisiones, gestos desvalidos, niega importancia a la situación o la evita, la postura es hundida y mueve mucho las manos.

En su conducta verbal usa expresiones como “quizás”, “supongo”, “me pregunto si podríamos”, “te importaría mucho”, “solamente”, “no crees que”, “eh”, “bueno”, “realmente no es importante”, “no te molestes”.

Los efectos que provocan pueden ser el tener conflictos interpersonales, depresión, sentimiento de desamparo, una imagen pobre de sí mismo, hacerse daño, perder oportunidades, andar con tensión, sentirse sin control, con soledad y la mayor parte del tiempo la persona se siente desvalido o enfadado.

Estilo de respuesta agresivo u hostil

Cuando suele mover la cabeza en actitud negativa, con lo que comunica “a mi manera o nada”

Entre las conductas no verbales se observan la mirada fija, un tono de voz demasiado alto, un habla fluida y rápida, realizando enfrentamientos, gesticulación amenazante, postura que resulta intimidatoria, se le percibe como deshonesto, emite los mensajes de modo impersonal.

En su conducta verbal se escuchan frases como “harías mejor en…”, “haz…”, “ten cuidado”, “debes estar bromeando”, “si no lo haces…”, “no sabes..”, “deberías…”, “mal…”. Los efectos que provocan pueden ser el generar conflictos interpersonales, sentimientos de culpa o frustración,

La imagen que tiene de sí mismo es pobre, suele dañar a los demás, pierde oportunidades, presenta tensión, suele sentirse sin control, con soledad y la mayor parte del tiempo está enfadado con todos y por todo.

El estilo de respuesta asertivo

Cuando coopera con los demás para alcanzar objetivos personales;

En su conducta no verbal, se observa un contacto ocular directo, nivel de voz conversacional, con habla fluida, gestos firmes, postura rescta

Los mensajes son en primera persona, ello hace que se perciba sincero, las verbalizaciones son positivas con respuestas directas a la situación, manos sueltas.

Su conducta verbal, permite frases como “pienso…”, “siento…”, “quiero…”, “hagamos…”, “¿cómo podemos resolver ésto?”, “¿qué piensas?”, “¿qué te parece?”.

Un estilo de respuesta asertiva, tiene como efecto el resolver problemas, sentirse a gusto consigo mismo y con los demás y por ello satisfecho, con una actitud relajada.

Siente que tiene el control de la situación, por lo que es capaz de crear nuevas oportunidades.

Para trabajar esta habilidad podemos practicar varias técnicas:

Disco rallado: puede utilizarse al hacer peticiones y también para decir “no”. Consiste en persistir en nuestro objetivo, evitando responder a lo que no tenga que ver con el mismo. Se repetirá la misma frase independientemente de lo que nos diga la otra persona. Por ejemplo:

He decidido que no voy a volver a beber. 

Venga anda, si no va a pasar nada. 

No gracias, de verdad, he decidido que no voy a volver a beber. 

Pero si por una copa no te pasa nada. 

Gracias, pero como te digo, he decidido que no voy a volver a beber. 

Utilizando esta técnica es realmente probable que la otra persona desista en su petición o insistencia si en tres o más veces recibe la misma respuesta.

Banco de niebla. Consiste en mantener nuestro punto de vista, pero con la posibilidad de darle la razón a la otra persona. Al otorgarle el beneficio de la duda, la otra persona no siente que estemos atacando su criterio de la misma manera que podría suceder si comenzamos a argumentar nuestro punto de vista.

He decidido que no voy a volver a beber. 

Venga anda, pero con lo bien que lo pasábamos. 

Puede que antes me pareciera que era una buena forma de pasarlo bien pero he tomado una decisión con respecto a la bebida 

Acuerdo asertivo: con esta técnica admitimos un error o fallo, pero sin entrar en un juicio personal. Por ejemplo:

”Siempre llegas tarde” 

“Tienes razón, ayer y hoy he llegado tarde”. 

Pregunta asertiva: consiste en pedir más información sobre la conducta que hemos realizado para obtener información concreta.

Por ejemplo: “Lamento mucho que te sintieras incómodo con lo que dije ayer, pero ¿qué es exactamente lo que te molestó?” 

Ironía asertiva: consiste en responder de forma positiva a una crítica hostil. Por ejemplo: “Gracias” 

Aplazamiento asertivo: se trata de posponer la discusión o la respuesta a otro momento en el que ambas personas se encuentren más tranquilas. Por ejemplo: “Estoy un poco nerviosa, es preferible que hablemos este tema en otro momento”

Ejercicio mindfulness para evitar el descontrol

Ejercicio de respiración “ZONA SOBRIA” para evitar caer en nuestros comportamientos adictivos y compulsivos

Este ejercicio se puede practicar en cualquier momento, es breve y sencillo. Podemos practicarlo en una situación estresante o de alto riesgo, cuando aparecen los deseos de volver a  consumir o de realizar la conducta adictiva que estamos intentando superar (un atracón de comida, tomar una copa,volver a llamar a la pareja con la que siempre peleaba, comprar compulsivamente…)

Nos ayuda a salir del piloto automático, permitiendo que nuestra respuesta no sea tan reactiva y sí más consciente y responsable.

Recordaremos sus pasos con el acrónimo SOBRIA

S de STOP: Acuérdate de PARAR, reducir la marcha (sal del modo automático)

OB de OBSERVAR: Observa qué está ocurriendo , qué emociones, sentimientos y pensamientos estás teniendo. Date cuenta de todo lo que pasa en tu interior, sin juzgar.

R de RESPIRAR: Concentra tu atención en la respiración, en las sensaciones que produce respirar

I de INCREMENTAR: Incrementa tu consciencia y respira con todo tu cuerpo.

A de APLICAR una nueva respuesta, en lugar de reaccionar automáticamente. Aplica tu consciencia para responder con total plenitud.

Más allá de la autoestima: la autocompasión

La curiosa paradoja es que cuando me acepto tal como soy, entoces puedo cambiar

Carl Rogers

Thich Nhat Hahn: “Eres una manifestación maravillosa. Todo el universo se ha unido para hacer posible tu existencia”

La compasión hacia uno mismo no pretende capturar y definir la valía o la esencia de quienes somos. No es un pensamiento o una etiqueta, ni una crítica o valoración. La compasión es una manera de relacionarnos con el misterio de quienes somos, respeta el hecho de que todos los seres humanos tenemos puntos fuertes y débiles.

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En lugar de perdernos en pensar si somos buenos o malos, tomamos conciencia de la experiencia del momento presente y nos damos cuenta de que todo cambia constantemente, todo es transitorio. Los éxitos y los fracasos vienen y van, no nos definen ni determinan nuestra valía. Sólo son una parte del proceso de estar vivo. Nuestra mente puede intentar convencernos de lo contrario, pero nuestro corazón sabe que la verdadera valía radica en la experiencia fundamental de ser una persona consciente que siente, percibe y ama.

A diferencia de la autoestima, los buenos sentimientos de la compasión no dependen de ser especial ni de alcanzar los objetivos ideales. En lugar de compararnos con los demás, nos centramos en lo que compartimos y nos sentimos más conectados y completos. Los buenos sentimientos de la compasión no desaparecen cuando metemos la pata y somos imperfectos. Cuando la inconstante autoestima nos abandona, el abrazo de la compasión siempre está allí.

La compasión hacia los demás implica:

  • Reconocer y ver claramente su sufrimiento
  • Sentir bondad hacia los que sufren, surgiendo de nosotros un deseo de aliviar su sufrimiento
  • Aceptar que el ser humano es imperfecto y frágil

La compasión hacia nosotros mismos tiene las mismas cualidades.

Emplear la Auto-compasión es como hacer mágia, pues transforma el sufrimiento en alegría. Se da la Alquimia emocional: Cuando aceptamos nuestro dolor con afecto y atención, cuando nos dedicamos compasión hacia nosotros mismos, el nudo de la autocrítica empieza a desacerse para ser sustituido por un sentimiento de aceptación tranquila y conectada. Se produce una transformación espiritual y emocional, como si nuestra esencia, nuestro diamante, surgiera del carbón.

Cuando decidimos abrazar nuestra naturaleza humana imperfecta con compasión, todo cambia. Al responder a nuestro dolor con cariño y conexión, calmándonos y consolándonos cuando nos enfrentamos a nuestra imperfección, creamos nuevas emociones positivas que no estaban ahí un segundo antes:

En lugar de sentirnos incompetentes, nos sentimos capaces y conectados al recordar ese aspecto compartido de la experiencia humanaimages.jpeg

En lugar de limitarnos a sentir tristeza, sentimos esa tristeza pero también ternura al preocuparnos por una herida que hay que curar.

En lugar de limitarnos a sentirnos asustados, sentimos ese miedo pero también nos consolamos con cariño y atención.

Abrazamos nuestras emociones negativas con el calor de los buenos sentimientos. Porque en cada momento de angustia se agazapa el potencial de la satisfacción. El dolor puede convertirse en la puerta de la felicidad, ya que sentirnos amados, cuidados y conectados es lo que nos hace verdaderamente felices.

“Los seres humanos deseamos la felicidad por naturaleza y no queremos sufrir. Por este motivo todo el mundo intenta conseguir la felicidad y librarse del sufrimiento, y este es un derecho fundamental para todos. Si tenemos en cuenta el verdadero valor de un ser humano, todos somos iguales” Dalai Lama

Es decir, no tenemos que ganarnos el derecho a la compasión, ya que nacemos con él

TRES ELEMENTOS DE LA COMPASIÓN

La compasión hacia uno mismo abarca tres elementos fundamentales:

  1. Bondad hacia uno mismo, ser amable y comprensivo.
  2. Reconocer nuestra humanidad compartida. Sentirnos conectados con los demás.
  3. Atención plena, Presencia o Mindfulness

1. La bondad hacia uno mismo consiste en dejar de juzgarse y emitir comentarios internos denigrantes, entender nuestros puntos débiles y nuestros fracasos en vez de condenarlos, y además consiste en consolarnos activamente.

En lugar de maltratarnos sin piedad cuando fallamos tenemos otra opción: reconocer que todo el mundo se equivoca y tratarnos con amabilidad. Cuando nos envolvemos en el cálido abrazo de la bondad hacia nosotros mismos, nos sentimos sanos y salvos.

Para ser amables con nosotros mismos debemos ser conscientes de nuestro monólogo interior y emplear un lenguaje empático, no crítico.

2. Nuestra humanidad compartida.

“Un ser humano es parte de un todo al que llamamos Universo. El hombre se experimenta a sí mismo, a sus pensamientos y sentimientos como algo separado del resto (una especie de ilusión óptica de su conciencia). Esta ilusión es como una prisión, que nos encierra a nuestros deseos personales y en el afecto a las personas más cercanas. Nuestra tarea debe ser escaparnos de esta prisión y ampliar nuestro círculo de compasión, para abrazar a todas las criaturas vivientes y a toda la naturaleza en su belleza. Nadie puede lograr esto por completo, pero el esfuerzo por conseguirlo es, en sí mismo, una parte de la liberación y la base de la confianza interna” 

(Einstein)

El sentimiento de compasión surge del reconocimiento de que la experiencia humana es imperfecta. Todos los seres humanos somos falibles. Cuando estamos en contacto con nuestra humanidad común recordamos que los sentimientos de inadaptación y decepción son compartidos.

Cuando nos juzgamos a nosotros mismos por nuestros defectos damos por sentado que existe una entidad separada y claramente delimitada que llamamos “yo” que es la culpable de nuestros fracasos, pero lo cierto es somos la expresión de millones de circunstancias previas que se han unido para darnos forma en el presente.

A veces nos culpamos porque querríamos creer que tenemos el control. Nos asusta reconocer la interconexión esencial que te hace admitir que el control sobre mis pensamientos y actos es sólo una ilusión.

Al reconocer la naturaleza compartida de nuestra imperfección, la compasión hacia uno mismo aporta el sentimiento de conexión necesario para avanzar y desarrollar todo nuestro potencial.

3. La Atención Plena o Mindfulness

Es el tercer elemento clave para despertar nuestro corazón.

Gracias a la Atención plena afrontamos la realidad, vemos las cosas como son, de forma clara, sin críticas, con aceptación del momento presente.

El mindfulness nos sitúa en el momento presente y nos aporta la toma de conciencia que forma la base de la auto-compasión. Como un estanque transparente y tranquilo, sin ondas, el mindfulness refleja los hechos sin distorsiones.

En lugar de perdernos en “nuestro culebrón particular”, nos permite observar nuestra situación con perspectiva y nos ayuda a no sufrir innecesariamente. Para que no nos pase como a Montaigne, el filósofo frances:

 “Mi vida ha estado llena de terribles desgracias, la mayoría de las cuales nunca sucedieron” 

Cuando eres consciente de que estás experimentando determinados pensamientos y sentimientos dejas de estar perdido en la trama de tu vida.

Imaginemos un pájaro volando en el cielo. El pájaro representa un pensamiento o emoción que estás experimentando en este momento, y el cielo representa el mindfulness, que contiene el pensamiento o emoción. El pájaro podría empezar a hacer giros inesperados, bajar en picado, etc. pero el cielo seguiría ahí, imperturbable. Cuando nos identificamos con el cielo en lugar de con el pájaro (cuando nuestra atención se deposita en la conciencia misma y no en el pensamiento o emoción que se desencadena dentro de esa conciencia), permanecemos tranquilos y centrados.

Así nuestro sentido del “Yo” deja de estar atrapado y de verse arrastrado por el contenido de la conciencia; permanece centrado en la conciencia misma. Podemos sentir ira, sin pensar que esa ira nos definen. Yo soy aquel que observa lo que pasa, no las cosas que pasan. Las cosas que pasan ni son yo, ni me pertenecen a mí. No soy la ira, ni la maldad. Soy el que observa esa emoción que pasa por mí.

El auténtico tesoro que nos ofrece el mindfulness es que nos brinda la oportunidad de responder en lugar de limitarnos a reaccionar. Cuando somos capaces de reconocer lo que sentimos en el momento presente, podemos impedir que esos sentimientos nos lancen a la acción.

A través de la meditación o el mindfulness podemos salir de lo que en budismo se denomina “samsara” o apariencia ilusoria de la realidad, que se deriva del continuo hábito de dividir en dos el campo de la experiencia y suponer que el ego que observa es algo separado del resto. Con la meditación podemos acceder a un conocimiento directo de la totalidad

El Maestro Tailandés Ajahn Chah dice:

“Aparezca lo que aparezca en tu mente obsérvalo. Examina cómo los sentimientos y pensamientos van y vienen, no te aferres a nada. Se consciente de lo que ves, sea lo que sea. Y no creas que nada de eso eres tú. Todo es solamente una visión, una construcción de la mente”

¿De dónde surge nuestro sufrimiento?

El sufrimiento surge de comparar nuestra realidad con nuestros ideales. Como hay pocas posibilidades de que la realidad encaje con nuestros ideales, el sufrimiento es omnipresente.

El sufrimiento aparece cuando nos resistimos al dolor. No podemos evitar el dolor, pero no tenemos que sufrir debido a ese dolor.

El sufrimiento tiene una fórmula matemática, es igual al dolor por nuestra resistencia. Cuanto más nos resistimos a lo que ocurre en el momento presente, más sufrimos.

El dolor es como una sustancia gaseosa. Si permites que simplemente esté ahí, libre, acabará disipándose por sí solo.

Si luchas contra el dolor y te resistes a él, lo encierras, la presión aumentará más y más hasta que se produzca la explosión.

Con la Atención Plena, con la meditación, podemos distinguir aquellos aspectos de nuestra experiencia que podemos cambiar y los que no. La oración de la serenidad de Alcohólicos Anonimos describe bien esta idea:

Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar,

valor para cambiar las cosas que sí puedo cambiar,

y sabiduría para reconocer la diferencia

La belleza de la compasión radica en que en lugar de sustituir los sentimientos negativos por otros positivos, se generan nuevas emociones positivas aceptando las negativas.

“El sufrimiento solo se cura soportándolo hasta el final

Marcel Proust