Papá es importante

La presencia del papá es muy importante para la mamá y la familia

La familia necesita que el papá, sobretodo hasta los dos años del bebé, actúe como un soporte emocional de la mamá. Cuando las mamás nos sentimos sostenidas y cuidadas estamos en equilibrio para sostener, nutrir y cuidar al bebé. Las mamás tenemos un embarazo de nueve meses intrauterinos y de otros nueve meses extrauterinos. Por eso parece que el papá no tiene su sitio durante ese tiempo, porque mamá y bebé están fusionados sanamente. El bebé cree que él es mamá y la mamá vive de forma espontánea una “locura temporal de fusión” para que pueda cuidar, proteger y adivinar los deseos y necesidades del pequeño.

Esta locura temporal necesita de la ayuda del papá para que no se quede más tiempo del debido. La mejor ayuda durante los dos primeros años no es que el padre críe al bebé, que sea “otra mamá” sino que esté disponible para la mamá, con abrazos y caricias no sexuales. El pequeño la necesita a ella, necesita ese vínculo especial. El vínculo con el resto de personas aparecerá un tiempo después. La mamá cuida del bebé, el papá cuida de ella.

Y este periodo es muy difícil para los papás, pues si desconocen lo que es normal y saludable, pueden interpretarlo como que la pareja se rompió, que la mujer ya no le quiere, y en vez de estar preparado para cuando vuelva su papel activo con el hijo, desea marcharse lejos y se muestra ausente y dolido

El padre, además de actuar como soporte emocional de la madre, cumple una función imprescindible de estructuración del Yo del hijo, puesto que representa la separación de la díada madre-niño. La función paterna permite al hijo individualizarse separándolo de la madre. Salva a la madre de su “locura temporal de fusión”, volviéndola a convertir en madre-mujer, y no sólo mamá. Convierte al pequeño en una persona diferente a la madre, en un ser social. 

La ley paterna, le permite su relación con los demás, entendiendo que no se puede tener todo lo que se desea ni en el momento que se desea. 

La función de la madre es fusionarse, nutrir, sostener y adivinar los deseos y necesidades del hijo. El padre es quien pone la “racionalidad” y  los “no se puede”, ayudando así  al hijo a no sentirse frustrado en la vida, puesto que el día a día y el resto de las personas no le tratarán como su madre.

Los límites que establece  la función paterna determinarán su capacidad de adaptación y de plasticidad para adecuarse a distintos momentos y situaciones. Cuando esta ley no está debidamente instaurada, o la madre no ha permitido al padre ejercer su papel, pueden aparecer adicciones, psicosis, psicopatías, trastornos de alimentación, de sueño,  problemas de conducta y aprendizaje en la adolescencia

Pero para que papá pueda hacer su función con su hijo, mamá ha de permitirlo exterior e interiormente.

Las mamás hemos de decir interiormente “está bien hijo que vayas con papá”, “está bien que seas como él”. Los hombres no tienen porqué ser como nosotras.

Es decir, la función del padre tiene dos tiempos: 

El sostén de la madre entre los cero y los dos años

Ayudar a la separación de la fusión, después de los dos años del niño, que coincide con el momento en que el niño empieza la separación emocio­nal de la mamá construyendo su propio yo. 

“El padre está en segundo lugar. Pero hoy día los padres están muchas veces excluidos, y el padre que está excluido pone triste a la madre, la hace infeliz. Para que la madre sea feliz ella tiene que respetar y amar al padre y eso no siempre es muy simple porque los hombres son distintos, los tenemos que amar así como son: distintos. Y los niños necesitan al padre, porque para la felicidad es necesario que ellos puedan tener al padre. Entonces niños felices son aquellos que son mirados por la madre y, la madre a través de este niño ama también al padre; y el padre mira a los hijos y a través de ellos ama también a la mamá. Ese tipo de niños son felices”.                                                                                                                        Bert Hellinger.

La paternidad es una función insustituible y esencial. Se está viviendo la “desculturación de la paternidad”  dice David Gutmann: muchos padres intentan adaptarse a los tiempos feminizándose, adoptando las cualidades deseables que normalmente se atribuían al sexo femenino, sintiendo que han de pedir perdón por su masculinidad, como si ésta fuera negativa o disfuncional, sin darse cuenta de que hay maneras integradoras y valiosas de ser hombre sin renegar de su esencia

Pero lo que el niño necesita de su padre es que sea “la no-madre”, pues su función paterna es imprescindible. El padre concede al hijo un sentimientos de seguridad y de saberse otro diferente e individual frente a la madre

Es importante que la mujer permita que los hombres colaboren desde sus pautas masculinas de actuación. Así la mujer se liberará de muchas cargas, dando un importante ejemplo a los hijos, favoreciendo el equilibrio de las energías masculinas y femeninas en la familia, enriqueciendo su personalidad.

La función del padre no es igual que la de la madre. El padre puede ser empático, escuchar, ser amoroso, pero también incitar al hijo a superar los obstáculos, a atravesar los miedos, a ser fuertes frente al dolor de la vida, a tener disciplina y responsabilidad.

Los niños que se han beneficiado de la presencia de un padre que “les ha mirado con buenos ojos”, que ha estado interesado en su vida académica, emocional y personal, tienen mayores cocientes intelectuales, son más sociables, con mayor autocontrol. Presentan menos problemas en la adolescencia, con una autoestima sana y una adecuada empatía y compasión. Y cuando tienen sus propias parejas, tienen relaciones más estables

Dice María Calvo Charro : ser padre lleva tiempo; la paternidad es un papel en el que los hombres crecen gradualmente. La paternidad es verbo (“fathering”), no sustantivo.  Padre es aquel que se ocupa del hijo, con el que crece y se identifica. El padre concede al hijo un sentimiento de seguridad y de alteridad frente a la madre.

El padre actual, que lucha por ejercer correctamente su función paterna, es pospatriarcal y posfeminista, nuevo y diferente, adaptado a las exigencias laborales y sociales del tiempo en el que vivimos, y al nuevo modelo de madre, en la mayoría de las ocasiones también incorporada al mundo laboral. No es ya únicamente el proveedor financiero sino mucho más. Un padre que entra en la médula del hogar y concilia vida familiar y profesional para que su mujer, en el pleno ejercicio de su libertad, pueda también disfrutar de ese equilibrio personal si así lo desea. Un padre capaz de examinar y cambiar sus prioridades, valores y compromisos cuando nace su primer hijo. Un padre que hace de la paternidad su absoluta prioridad en la vida. Un padre que no “colabora” como un mero asistente, sino que participa plenamente en un área que le pertenece en igualdad de condiciones con la mujer. El padre “nuevo” no rechaza en su totalidad la herencia del pasado, sino que incluye salvar lo valioso, que indudablemente había, atributos atemporales y universales propios de la masculinidad-paternidad, en su configuración.


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Hambre de felicidad

La experiencia de hambre puede existir incluso cuando no existe la necesidad de comida. Cuando la mente  y las emociones están satisfechas, el cuerpo deja de ansiar demasiada comida. La vida gira en torno a la satisfacción, en un deseo profundo de encontrar la felicidad, más allá del mero placer y la evitación del dolor 

Parece paradójico que para comer menos y perder peso, tenemos que llenarnos. Si nos llenamos de satisfacciones la comida deja de ser un problema. Para poder “llenarnos” hemos de nutrir nuestro cuerpo con comida sana, que no significa comida de dieta. También necesitaremos nutrir nuestro corazón con alegría, con amor y grandes dosis de compasión. Y no nos olvidemos de la mente, que requiere nutrirse de nuevos conocimientos y pasiones, mantenerla despierta y activa para que no caiga en la pereza y se llene de pensamientos obsesivos, al igual que nuestro espíritu necesita que nos mantengamos atentos, conscientes a través de la meditación, para poder servirnos de guía.

Cuando no atendemos nuestras necesidades más humanas, pasamos a satisfacer y compensar esas necesidades con comida, y el placer de comer deja de ser un placer entre muchos para convertirse en el centro de nuestras vidas.  Todos necesitamos sentirnos seguros y a salvo, queridos y valorados, nutridos a muchos niveles, y sintiendo que nuestra vida tiene importancia y sentido. 

Cuando no soy consciente de que no me siento seguro puedo emplear  la comida para aletargarme, y gracias a ese embotamiento temporal conseguir un sustituto de la sensación de calma que anhelo. Igualmente puedo buscar lo reconfortante de sentirse amado y parte de algo a a través de la comida, o tapar el vacío existencial “rellenándolo en mi estómago”, y así durante un buen rato puedo ignorarlo

En su estado natural el cerebro controla el hambre automáticamente. Si el azúcar baja por debajo de un nivel se envían mensajes al hipotálamo , responsable de regular el hambre. Este segrega hormonas para que sintamos hambre, y cuando hemos comido lo suficiente las hormonas disminuyen, haciendo que ya no tengamos hambre. Pero en los humanos, nuestra mente y nuestras emociones alteran la percepción de estas señales. 

Por ello es tan importante preguntarme aquí y ahora ¿de qué tengo hambre?: Con esta pregunta, si afinamos la escucha, podremos encontrar varias respuestas:

Tengo hambre de comida

Quiero llenar un vacío emocional

Quiero llenar un vacío mental (quizá una baja autoestima, mala imagen corporal, sensación de fracaso, frustracción…)

Quiero llenar un vacío de mi alma

Podemos abrirnos paso en la niebla de la adicción a la comida viendo de qué tenemos hambre. De este modo ponemos en marcha el proceso para llegar a ser felices, que consiste en ser conscientes de lo que está pasando ahora realmente. Entonces nuestra consciencia nos dirá si queremos confort, seguridad y protección, amor y afecto, sentimiento de pertenencia, logro, éxito, auto-realización, mejor autoestima, canalizar nuestra expresión creativa, conectar con el sentido y propósito de la vida…

Podemos proponernos valorar cómo de satisfechas sentimos que tenemos cada una de estas necesidades. Cómo la atendemos y de qué manera podríamos satisfacerla mejor

Una vez que identificamos lo que necesitamos y sentimos, podemos decidir cómo vamos a expresar esas necesidades directamente, en vez de encargar a nuestro cuerpo que lo haga por nosotros. Cuánto más cultivemos la observación de nuestros pensamientos y emociones  y la responsabilidad de cuidar las necesidades internas, con menos probabilidad hablaremos el lenguaje de la compulsión a comer 

Cuando aparecen problemas con la comida, convendría reflexionar sobre qué estado de ánimo nos provoca el hambre o la inapetencia; qué deseos, ambiciones, decepciones o fantasías se ocultan tras esos actos que nos llevan a deglutir o a rechazar el alimento. Es inútil perder el tiempo y las energías controlando obsesivamente la dieta, cuando el peso del conflicto se desarrolla en el mundo de los afectos. En muchas ocasiones comer se convierte en una metáfora entre la forma en que vivimos y la manera en la que gestionamos nuestras emociones. 

Saciar nuestra hambre emocional conlleva un provechoso  pero intenso viaje a nuestro interior donde comprender y desenmarañar nuestra relación con la comida, con nuestros afectos y emociones, con nuestro cuerpo, con el amor, con la vida.

Abriendo la puerta a tu verdadero Yo

Hoy queremos mostraros un mapa muy interesante. Es el mapa para el viaje de regreso al espacio interior en donde se sitúa tu verdadera identidad, tu “Yo verdadero”. El plano que nos lleva del miedo a la identidad esencial.

Imagina tres círculos concéntricos, con un anillo exterior, otro medio y otro interior. 

mapa circular.jpgAl exterior le denominamos la capa de protección, que es el hogar de tu adulto compensado.

Al segundo anillo le llamamos capa de la vulnerabilidad y los sentimientos y es la sede de tu niño vulnerable.

El centro es el núcleo del ser esencial, el hogar del “testigo”. Donde se encuentra el estado de la unidad con la existencia.

      

Normalmente vivimos en la capa exterior, bien “protegidos”, no por elección, sino de forma inconsciente.

Vivir en la capa de protección es algo seguro, conocido y sin peligro, pero lo sentimos como algo vacío. La vida comienza indicarnos de diferentes modos que algo anda mal: enfermamos, sentimos que nada tiene sentido, no encontramos nuestro lugar en la vida…

Una parte de nosotros sabe que para llegar al núcleo de nuestro ser esencial hemos de atravesar la capa del medio. Una energía desconocida y misteriosa nos empuja hacia dentro, nos invita a contactar con la vulnerabilidad, a quitarnos corazas.

Sentimos que nos movemos entre dos fuerzas opuestas: una que nos mantiene inconscientes pero seguros, y otra que nos mueve hacia lo desconocido, hacia una verdad mayor y más profunda.

La capa de protección

La capa más externa es un escudo que hemos creado para evitar sentir dolor y que nos hagan daño. Nos evita sentir miedo y dolor.

Para ello traslada esas sensaciones a cualquier acción adictiva, como la comida, las drogas, el sexo…o con pensamientos rumiantes y dramáticos.

Consiste en adoptar un rol, un papel detrás del cual nos escondemos: el espiritual, el divertido, el inteligente, el exitoso, el vegetariano, el pobrecito, el enfermo…y nos apegamos e identificamos tanto con nuestras identidades que ya no podemos des-identificarnos. Es una coraza fija que nos encierra dentro.

La capa intermedia es la capa de la vulnerabilidad

Es el espacio donde volvemos a conectar con nuestras heridas, con los miedos…

Poder investigar y atravesar por nuestra capa media, con comprensión amorosa y tierna, desbloquea aspectos que han quedado tapados bajo la vergüenza, como la energía sexual, la amorosa, la creativa y la extravagante. Al atravesar esta zona recuperamos nuestras energías vitales, liberándonos del peso de la culpa y el miedo

Nos permite salir del control para entrar en el corazón, abriendo un espacio de compasión y entrega que nos prepara para entrar en contacto con nuestro núcleo.

Cuando en lugar de luchar aprendemos a aceptar el miedo, el dolor, la incomodidad , la decepción…abrimos una puerta a nuestro ser esencial, nos recolecta con la unidad de la existencia.

El nucleo del Ser

Es un espacio de aceptación de la vida y compasión desbordante donde existe la sensación de entrega, confianza y no hacer. Se experimenta una sensación atemporal, expansiva, libre de ruido mental. Simplemente somos

Para llegar aquí se requiere de la meditación como puente entre capas. Cultivando esos espacio de silencio y observación experimentamos como la meditación se convierte en protagonista y guía. 

La salida está dentro…¿Te animas a usar este mapa y viajar hacia tu verdadero Ser?

Inspirado en el libro de Krishnananda “De la codependencia a la libertad. Cara a cara con el miedo”

 

Deshazte del juicio

Hoy tenemos la suerte de contar en Esencia de Alquimia con un texto que nos ha aportado
Andrés, de
gananci.com . Espero que os guste

Algo que en muchas ocasiones se entromete entre nosotros y las ganas que tenemos de mejorar es un pequeño -pero poderoso elemento-. Este elemento nos sabotea de muchas maneras y aunque queramos verlo o justificarlo desde algún pensamiento positivo, lo más recomendable para impulsar y mantener nuestro crecimiento es deshacernos de él. Nos referimos al juicio.

Cuando una persona empieza a meditar y a hacerse más consciente de sus pensamientos normalmente lo hace porque desea vivir más en el presente, relajarse, traer bienestar a su vida en distintas áreas, conocerse mejor a sí mismo e incluso ser más feliz. 

Si quisieras tomar este hábito como parte de tu vida pero aun no lo haces por diversas razones, escucha el episodio de Gananci Friday cómo encontrar motivación para ser más

Deshazte del juicio.jpg

feliz. Ahí encontrarás información muy valiosa que te puede ser útil para este nuevo episodio en el que estás transitando actualmente en tu vida.

Como ya mencionamos, cuando estamos en la búsqueda de ese constante crecimiento, el cual empieza por modificar nuestra forma de pensar, pueden venir a nuestra mente pensamientos que no son necesarios o no son los ideales por ir en contra de lo que queremos para nosotros o los valores por los que en esos momentos queremos regirnos.

El juicio es uno de esos pensamientos que pueden ser muy dañinos tanto para nosotros como para las personas a nuestro alrededor. Pero ¿Por qué es el juicio tan negativo? A continuación sabrás algunas de las razones más importantes por las que debes deshacerte de este elemento. 

– Todas las personas percibimos las situaciones y los estímulos que ocurren a nuestro alrededor según nuestra manera de ver las cosas, es decir, desde nuestra perspectiva y no como en realidad son. Esto es un hecho y no hay manera en que podamos ser 100% objetivos porque de alguna forma lo que pensamos, lo que creemos y nuestras experiencias tendrán cierta repercusión en cómo percibimos las cosas.

Sin embargo, mientras más juicios tengas, más dificultad tendrás para ver las situaciones frente a ti objetivamente. Esto te quitará muchas oportunidades porque los juicios te hacen creer que conoces las cosas incluso cuando pueden ser nuevas o diferentes.

Por ejemplo, si tienes el juicio de que las personas de cierta ciudad no te agradan (debido a que en cierto momento de tu vida conociste a alguien de ahí que te quedó mal), cuando conozcas a alguien de esa ciudad, automáticamente tu juicio te hará alejarte, lo que te separa automáticamente de ese alguien que pudo haber llegado a convertirse en una persona importante y valiosa en tu vida, pero tu juicio te quitó esa oportunidad.

Deshacerte del juicio te convertirá en una persona con mejores habilidades de escucha. Esto ocurre porque cuando escuchas si deshacerte previamente de tus juicios, no escuchas sinceramente lo que dice tu interlocutor, sino que empiezas a emitir opiniones en tu cabeza acerca de lo que te está contando, esto afecta considerablemente lo que percibes del otro porque dejas de escuchar las palabras en sí para cambiarlas por lo que significan esas palabras para ti.

Cuando escuchas sin juicios podrás ser más objetivo, lo que te agradecerá infinitamente las personas a las que escuches, ya que podrán confiar en ti plenamente. 

No emitir juicios mejorará tus relaciones interpersonales. No solamente porque sabes escuchar activamente, que es algo que no todo el mundo elige hacer, sino también porque esto te convierte en una persona mucho más accesible.

Por ejemplo, seguramente has conocido adolescentes que no le cuentan nada de las cosas que hacen a sus padres ya que conocen que estos suelen emitir muchos juicios incluso de temas con los que no están familiarizados. 

Estos adolescentes acuden a otras personas para consejos, para ser escuchados o simplemente para compañía de otros a los que no deban ocultarle las cosas o cambiarle la historia por miedo a lo que pensarán o dirán acerca de ello.

Además, nadie quiere estar alrededor de alguien que se la pasa juzgando constantemente a las personas a su alrededor.

– Eliminar los juicios te abre la mente. Todos tenemos opiniones, pero los juicios son opiniones que tenemos preconcebidas de temas sobre los cuales podemos no tener ni el mínimo ápice de conocimiento.

Los juicios son como paredes que te colocas en la mente para que no penetren ideas o cosas que no consideras “correctas”, el problema es que al hacerlo también dejas de evolucionar. Si quieres cambiar tus juicios por pensamientos positivos, aprende cómo piensan las personas exitosas en Gananci para que puedas imitarlas.

Todos cometemos errores, que juzgues a los demás no hará que desaparezcan las cosas negativas que tienes. En vez de centrarte en los errores que cometen los demás, céntrate en los tuyos para que puedas mejorar en esas áreas. En muchas ocasiones las cosas que vemos en otros y no nos agradan están en nosotros mismos.

Ahora ¿Qué puedes hacer para mejorar en esta área de tu vida? Puedes decidir dejar de juzgar a las personas, pero eso no significa que simplemente dejarás de hacerlo y ya, para lograrlo necesitas tomar en cuenta lo siguiente:

  1. Mantente consciente para para poder evitar los juicios
  2. No te creas mejor que nadie
  3. Busca las cosas buenas en cada persona
  4. Practica la empatía o el ponerte en los zapatos del otro
  5. Si se te viene un pensamiento de juicio a la mente sustitúyelo por otro positivo
  6. Repasa tu propio comportamiento
  7. No consideres tu punto de vista como infalible

¿Por qué medito?

¿Por qué meditamos?¿Qué buscamos exactamente?

Creer que meditamos sólo para sentirnos bien es un error. Meditar nos conecta en muchas ocasiones con nuestro dolor psicológico. La meditación nos muestra tal y como somos, nuestras luces y sombras, nuestras partes sabias y las confusas. 

Meditar nos ayuda a aceptarnos enteramente tal y como somos, a mantener una relación sincera con nuestra persona y sus sombras. 

Sólo cuando nos relacionamos con nosotros mismos sin moralizar, sin dureza y sin engaños, es cuando podremos transformar los aspectos que queremos cambiar. Querer mejorar sin aceptarnos verdaderamente solo trae resultados temporales. La transformación surge tras honrarnos tal y como somos, mirándonos con sabiduría y compasión.

Estamos programados para no tolerar el malestar, para buscar el placer y evitar el dolor. Desarrollamos habilidades para huir de lo incómodo, y nos hacemos adictos a sustancias y conductas para no sentir. Empleamos la comida para calmarnos, o nos vemos una temporada completa de una serie para no estar con lo que nos agobia. 

Animarnos a sentir nuestra propia vulnerabilidad es algo nuevo para nosotros, un potente antídoto difícil de incorporar en nuestras habilidades, pero gracias a la meditación aprendemos a hacerlo.

Meditar es el método para cultivar una incondicional amistad con nosotros mismos, y como dice Pema Chodron, “para abrir la cortina de la indiferencia que nos separa del sufrimiento de los demás”

Cuando meditamos se cultivan cuatro cualidades fundamentales: la firmeza, vernos con claridad, sostener la agitación emocional y vivir en atención plena.

La firmeza

Cuando practicamos la meditación reforzamos la capacidad de ser firmes con nosotros mismos, de ser leales a  las experiencias que vivimos. Se nos anima a meditar a diario, aunque sea por un breve espacio de tiempo, para cultivar esa firmeza: nos sentamos a meditar en cualquier tipo de circunstancia: estando sanos o enfermos, de buen humor o tristes, los días en los que nos sentimos más espirituales y los días más densos. Y con la practica vamos descubriendo que la meditación no consiste en entender o en alcanzar un estado ideal, sino en poder estar presentes con nosotros mismos.

Un aspecto de la firmeza es ser consciente de nuestro cuerpo. Cuando te sientas a meditar es importante relajarte en tu cuerpo, entrar en contacto con lo que está sucediendo dentro de él, habitarlo por completo.

En la meditación descubrimos nuestra inherente agitación. Unas veces queremos levantarnos, dejar de meditar. Otras conseguimos estar sentados pero nuestra mente viaja lejos. En ocasiones nos sentimos tan molestos que nos parece imposible seguir meditando. Y estas sensaciones no sólo nos enseñan a algo de nosotros mismos o un rasgo de nuestro carácter  sino de lo que significa ser humano. Ninguno de nosotros desea permanecer en lo incómodo, en la desnudez del presente. Estar presentes nos cuesta muchísimo. Y en esos casos, sólo la suavidad y el sentido del humor nos da la fuerza para tranquilizarnos.

Meditando aprendemos que la instrucción más importante es “!Sigue…sigue…sigue…sigue estando contigo mismo!”

Siempre que nos distraigamos hemos de animarnos con suavidad a “seguir estando con nosotros mismos” y a tranquilizarnos: ¿Te sientes nervioso? Sigue…, ¿las rodillas te duelen?Sigue…, ¿las preocupaciones te invaden? sigue…, !No puedo soportarlo más!! Sigue…Así es cómo cultivamos la firmeza

Vernos con claridad

Con la meditación aprendemos a volver a este momento, a estar aquí en el presente y ser honestos con lo que encontramos. Percibimos nuestra claridad y nuestra confusión tal y como son. No intentamos desprendernos de los pensamientos, sino que al etiquetarlos como “pensamientos” cuando la mente se distrae, vemos con claridad nuestros mecanismos de defensa, las ideas negativas que tenemos de nosotros mismos y los demás, nuestros deseos y expectativas. Vemos también la bondad, el valor y sabiduría que hay en nosotros.

Al practicar la técnica de ser conscientes con regularidad, ya no podemos escondernos de nosotros mismos. 

Sostener la agitación emocional

Tenemos la tentación de emplear la meditación como un medio de huir de las emociones problemáticas, como una forma de alejar la negatividad. Sabemos que hemos de estar abiertos a cualquier cosa que surja, pero sentimos el impulso de emplear la meditación como una herramienta de represión de lo que no queremos sentir ni ser.

Pero, como expresa Pema Chodron, la transformación de lo que no deseamos sólo ocurrirá cuando aceptemos respiración tras respiración, día a día, año a año, acercarnos a la agitación emocional que sentimos sin condenar o justificar nuestra experiencia.

No permanecer con nuestra energía emocional es un hábito humano común. Dejarnos arrastrar por nuestras emociones o reprimir los pensamientos son tácticas que usamos para huir del dolor emocional que sentimos. Pero la sabiduría es inherente a las emociones, y cuando luchamos contra ellas, rechazamos la fuente de sabiduría que hay en nosotros. Tomar consciencia y aceptar lo que hay es la puerta de la expansión de la conciencia

Vivir en atención plena

En la meditación cultivamos la habilidad de estar atentos a cada momento, elegimos estar plenamente aquí. 

Estar atentos a nuestra mente y nuestro cuerpo en este momento presente es una forma de ser afectuosos con nosotros mismos, con los demás y con el mundo. 

Volver al momento presente requiere de un ligero esfuerzo que se va trabajando y fortaleciendo, al igual que hacemos con nuestros músculos en un gimnasio. A veces descubrimos que nuestros pensamientos nos gustan tanto que no queremos dejar que se vayan, y sentimos que nuestra película interior es muy interesante o que nuestro mundo de fantasía es tremendamente seductor. Por ello aprendemos a esforzarnos con suavidad, aprendemos a cultivar la autocompasión para volvernos al momento presente. Al no bloquear nada adrede, al sentir directamente nuestros pensamientos y dejar que se vayan con una actitud de no darles importancia, descubrimos que nuestra energía original es tierna, sana y fresca

 

Inspirado en el libro de Pema Chodron “Los lugares que te asustan”

El fértil silencio

Tal y como expresa Antonio Blay, hay muchos tipos de silencio:

Hay un silencio que se produce o se registra en la mente, en la cabeza. 

Otro silencio se registra en el pecho, en el corazón. 

Hay un Silencio que se registra en el cuerpo como cuerpo. 

Hay un silencio que se percibe encima de mí. 

Hay un silencio que me rodea, que me envuelve. 

Hay un silencio que me penetra, que me llena.

 

El ego se llena de ruido para no sentir nada, sobretodo para no sentir su propio vacío. El ego teme al silencio porque en él se ve a sí mismo y siente todo lo que hay, las alegrías y las penas

En el silencio podemos volver a ser sensibles, abiertos, vulnerables y vivos. El ruido anestesia. El silencio despierta (Annie Marquier) 

No es fácil para muchas personas pasar del narcotizante y adormecedor ruido cotidiano al silencio fértil. Es necesario un entrenamiento que nos conduzca a conectar con el silencio y una predisposición adecuada que nos motive a salir de la adicción a hablar, hacer, ver y no pensar.

Para ello podemos comenzar reduciendo el “ruido” externo como la televisión de fondo, la tablet o el móvil como compañía constante. Así, pues, como dice Antonio Blay, la primera misión es tratar de reducir los estímulos externos a aquellos que son imprescindibles.

En segundo lugar, producir silencio de palabras externas. Hablamos por inercia, por costumbre, por convicción, por prejuicio, por estar dormidos. Muy pocas veces hablamos para decir realmente algo. El silencio externo, el que parece más fácil, simplemente callar, es ya una gran ayuda para nuestra madurez psicológica. Necesitamos madurar psicológicamente mientras aprendemos a contemplar, y el silencio nos ayuda a madurar debido a que habitualmente no disfrutamos del silencio de manera voluntaria.

Así, aun cuando todavía no tengamos el silencio interior, es decir, el silencio del pensamiento aquietado, el simple echo de quedarnos en silencio exterior ya nos hace madurar. Aunque sigamos pensando, en el silencio exterior los pensamientos van a mostrarnos alguna cosa gracias a que no caemos en la habitual evasión que nos conduce al sueño profundo. Entonces notaré algún ruido en la máquina psicológica, sentiré que algo esta sucediendo.

Cuando se está en soledad, uno no tiene más remedio que mantenerse ahí, en esa “terapia” de ver un poco los pensamientos. Así, estar callados voluntariamente nos permite madurar. todas estas cosas tienen valor cuando se hacen voluntariamente, ya que si no se hacen voluntariamente nos abocamos rápidamente a evasiones. Cuando voluntariamente hay silencio externo, no hay ninguna evasión. Aquí estoy callado; y puesto que veo algún pensamiento, ya hay alguna madurez.

En tercer lugar, producir silencio de las palabras internas. Las palabras internas son ese monólogo ó diálogo que está ocurriendo constantemente en nuestra mente: lo que yo me debo a mí, lo que me imagino que me dicen, lo que diría, lo que yo diré, lo que aparecerá, lo que ocurrirá.

Todo ese fantástico espectáculo que está pasando por nuestra mente es precisamente lo que hemos de aprender a que se reduzca. ¿Cómo conseguir que no tenga lugar? Ese espectáculo ocurre justamente en la medida inversa de mi lucidez; cuanto más lúcido, menos se produce; cuanto más dormido, más producción.

En cuarto lugar hemos de conseguir el silencio de nuestro nivel emocional. Este silencio se produce automáticamente al reducir los estímulos externos y los internos. Porque la emoción no es otra cosa que una reacción automática, un contraste entre estímulos y modos internos que tenemos de pensar, de sentir, de querer. Luego, tratar de producir el silencio en los sentimientos.

Y, por último, tratar de que se produzca el silencio en las sensaciones.

Más adelante, cuando uno aprende a vivir en silencio se produce un nuevo grado de realización: uno aprende a vivir del silencio, uno aprende a vivir las cosas que vive como procedentes de este silencio. El silencio es la raíz, es la causa, es la matriz, es donde está la verdadera significación, es el verdadero sentido de lo que aquí ocurre, el verdadero argumento. Todo lo que aquí ocurre son solamente señales, símbolos de una realidad que subsiste detrás de todo esto. Vivir el silencio quiere decir tomar conciencia de esa verdad que ya existe y que es la que hace que se vayan expresando las cosas, en cada momento, de un modo y no de otro .(Antonio Blay)

Una vez que hemos aprendido a disfrutar del silencio físico y material, comenzamos a descubrir que el silencio es lo que está detrás de todas las cosas, de todos los fenómenos. Por lo tanto, no tiene ninguna conexión entre fenómeno y fenómeno, entre uno y otro. Lo cual quiere decir que no hay ninguna incompatibilidad en que uno pueda vivir, a la vez, el silencio y la acción. Precisamente porque son dos dimensiones distintas.

No es algo que suela ocurrir cuando nos iniciamos en su descubrimiento. Primero aprendemos las letras y después leemos. Por ello al principio comprendemos el silencio como ausencia de fenómenos, como alejamientos de nuestra identificación con las cosas, con el pensar, con el sentir, con el hacer. Esto es cierto como camino, como aprendizaje, ya que, dado que nosotros estamos partiendo de nuestra identificación exclusiva con los fenómenos, hemos de soltar esa identificación para poder descubrir algo nuevo. Pero no porque el fenómeno sea incompatible con el silencio.

Cuando se abre al silencio uno descubre que no sólo existe silencio en esas intermitencias, en esos espacios huecos sin televisión, sin hablar, o en una meditación. Sino que percibimos que el silencio es una realidad permanente, es lo Único Permanente. El silencio está coexistiendo detrás de todo lo que existe, de todo lo que se mueve, de todo lo que aparece. Yo puedo tener una conciencia simultánea del silencio y de todo lo que está ocurriendo en mí, y fuera de mí; no son dos cosas incompatibles. Puedo aprender a vivir en silencio y, al mismo tiempo, activamente.

Llamamos silencio al preámbulo de la lucidez. El momento en el que se descubre algo de lo que no se había tomado conciencia, el momento del darse cuenta es lo esencial. El silencio es una lúcida apertura a lo real desconocido. El silencio es una música inteligente, callada sí, pero no muda. Porque en el silencio  surge la inteligencia creadora, esa fuerza trascendente e inmanente que trasciende la existencia humana. Desde el silencio sabremos que todo lo que percibimos en el estado de la consciencia dual no son sino maneras relativas de ver la única realidad absoluta. (Consuelo Martin)

El silencio es el vientre de donde nacen los sabios. Si deseas adquirir sabiduría, vuelve a nacer en medio del silencio. Solo así encontrarás tu razón de ser, la razón por la cual has nacido.

Como dice Eckhart Tolle ,cuando pierdes contacto con la quietud interior, con ese silencio, pierdes contacto contigo mismo. Cuando pierdes contacto contigo mismo te pierdes en el mundo. Tu sentido más interno de ti mismo, tu sentido de quien eres, es inseparable de la quietud. Ése es el Yo Soy que es más profundo que el nombre y la forma. El equivalente del silencio externo es la quietud interna.¿Que es la quietud? es el espacio interno o conciencia en el que las palabras de esta página son percibidas y se convierten en pensamientos. Sin esa conciencia, no habría percepción, ni pensamientos ni mundo. Tú eres esa conciencia disfrazada de persona.odas las personas somos manifestaciones temporales de la Conciencia Única.

Cuando estamos en silencio, en quietud interior y atentos, podemos percibir la esencia de la vida, la conciencia o espíritu que vive en nuestro interior y así sentir que no hay separación. Sentir que tu y yo solo somos distintas formas de manifestarse la Conciencia Única, el Todo, el Dios Universal, etc. Independientemente del nombre que le demos, la esencia es la misma

El silencio es una manera de abrir la puerta a lo divino que hay en nosotros.

Carta de la ansiedad para tí

¿Has llegado a comprender el mensaje de tu ansiedad?

Gracias a Fabiola Cuevas tenemos esta carta que la ansiedad te escribe, donde comprenderás cuál es su sentido en tu vida.

¡Hola!

Soy la ansiedad, no te asustes… vengo en son de paz, por cierto, ¿por qué te asustas tanto ante mi presencia?Sé que sientes horrible cada vez que aparezco, que te desesperas y quisieras hacerme desaparecer,sé que si pudieras me mandarías con todas tus fuerzas lejos de tu vida, sobre todo porque crees que estoy aquí para hacerte daño, para amargarte la existencia… inclusive has de creer que puedo llegar a ser la causa de tu muerte; pero créeme, si no te he hecho daño, es porque no es mi intención hacerlo y porque tampoco lo voy a hacer.

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No estoy aquí ni para que te de un ataque al corazón, ni para que te ahogues y mucho menos para volverte loco o hacerte sentir raro e inadecuado; creo que ya te lo he demostrado. Y sí, sé que hago un desastre en tu interior y que te asusto, pero al final del día… no te he matado, no te has ahogado y tampoco te has vuelto loco. La realidad es que estás aquí, teniendo miedo a que eso pase, sin que haya pasado en realidad.

Y te confieso que no porque pienses o sientas que pueda pasar, significa que realmente vaya a pasar

Estoy aquí escribiéndote esta carta porque te quiero contarte la verdad y serte totalmente honesta: si he aparecido en tu vida haciéndote sentir todo esto es porque no había encontrado otra manera de hacerme escuchar por ti.

Estabas tan ocupado tratando de ser exitoso, de ser productivo y de demostrarle a los demás que eres digno de ser amado… que no escuchabas mis pequeñas señales.

¿Recuerdas esa vez que te dio un dolor de cabeza? ¿O cuando tuviste insomnio por más de 2 horas? ¿O qué tal esa vez que sin razón aparente te soltaste a llorar sintiendo que algo andaba mal? ¿y esa vez que te quedaste solo y te sentiste inquieto y buscaste con qué distraerte…? ¿o qué tal esa vez que te dio un temblor en el párpado? ¿aquella alergia en la piel…? y ni hablar de la gastritis y colitis.

Bueno, pues todas esas veces era yo misma tratando de hacer algo para que me escucharas, para que te detuvieras por un momento a sentirme y resolver de verdad lo que te estaba pasando.

Pero no lo hiciste, seguiste con tu ritmo de vida; seguiste con tu misma manera de pensar y reaccionar; preocupándote por el qué dirán, presionándote por ser perfecto, angustiándote por tener el control de todas las cosas a tu alrededor… por salvar a los demás mientras que te descuidabas a ti mismo, y está bien… está bien… comprendo que es algo actual y hasta aprendido.

Pero como eso no es lo que quiero para ti, como sé que puedes ser libre de verdad, entonces intenté algo más fuerte: hice que te doliera la quijada al despertar, que se te taparan los oídos y te sudaran las manos…que tu corazón acelerado para después sentirte agotado y hasta mareado… en fin, tampoco me quisiste escuchar.

Y sé que te desesperas porque no “entiendes” con tu mente racional lo que te está pasando, y claro, con tu mente racional no me vas a entender, ¡al contrario! sólo logras asustarte más y generarte nuevas sensaciones e ideas que no eran mi intención que tuvieras.

Mi intención es ayudarte a ti y a regresar a tu centro, ayudarte a frenar por un momento para que te gires a  ver en tu interior qué es lo que estás necesitando para volver a sentirte libre y pleno.

Mi intención sí es llamar tu atención, y te felicito si estás leyendo esto, pues significa que ahora ya no quieres evitarme. De hecho, sé que estás cansado y cansada de hacerlo, de huir de mí como si fuera un monstruo en medio de un bosque oscuro.

Sé que ya no toleras seguir embobándote horas y horas en el Facebook y la televisión mientras que sabes que hay algo que necesitas atender, que estás cansado de vivir la vida de otras personas para no girarte a ver la tuya, sé que ya no quieres seguir adormeciendo tu cuerpo, que ya no quieres fugarte de la realidad y que realmente quieres disfrutar de tu vida.

Sé, que ya empiezas a estar más dispuesto a sentirme y escucharme.

Y espero de verdad que ahora estés listo y lista para enfrentar tu realidad, para enfrentar la verdad de tu vida y de ti mismo tal y como es, sin máscaras, sin atajos… sin pretensiones.

Y siéndote honesta, yo también ya me cansé de estarte mandando avisos para nada más ver cómo te asustas y sales corriendo, cómo llegas a pensamientos que no son verdad generándote un malestar mayor, alejándote cada vez más de escucharme.

Y como me cansé, me rendí, y decidí escribirte. Pues tengo algo realmente importante que decirte.

Así es que vayamos al grano.

Lo único que llevo tratándote de decir todo este tiempo, es que… es momento de evolucionar.

¿Evolucionar? sí, no es un concepto New Age, es una necesidad de todo ser humano cuando en algún momento de su vida ya no le funciona lo que viene haciendo.

La realidad es que estoy aquí porque necesitas hacer algunos cambios en tu interior y en tu vida, pues aceptémoslo, no te sientes pleno y no estás viviendo como quisieras hacerlo.

¿Quién quiere vivir presionándose a sí mismo? ¿exigiéndose por cumplir estándares aprendidos?

¿Tratando de complacer a medio mundo menos a sí mismo? ¿intentando controlar todas las variables de cada día? ¿quién quiere vivir quejándose y con miedo de todo lo que sucede?

¿queriendo tener la certeza de todo lo que va a suceder? ¿repitiendo los eventos traumáticos de su pasado? ¿echando culpas a los demás?

¿Cómo vas a querer vivir sin ser tú mismo y sin tomar las riendas de tu propia vida?

Para eso estoy aquí, para ayudarte a recuperar esa plenitud que vive dentro de ti, y para lograrlo, tendrás que deshacerte de lo que te impide contactarla. No significa que te tengas que convertir en otra persona, ¡al contrario! significa que necesitas dejar de actuar y pensar como tú no eres y poder ser más tú mismo.

Estoy aquí para ayudarte a ver precisamente qué te impide contactar con tu sentido de vida, con tu pasión por vivir, con tu alegría y con tu verdadero ser. Y que puedas descubrir que hay algo que estás necesitando darte y generarte para lograrlo.

Es lógico que a veces no te des cuenta de esas cosas que necesitas, que te sumerjas en relaciones que no te funcionan, en trabajos que no te gustan pero que “necesitas”, que busques ser amado por los demás poniéndote máscaras y actuando como no eres; es lógico, que busques la seguridad en alguien más y que creas que no puedes tú sólo con esta vida, ¿quién no quisiera regresar a la tripa de su mamá y despreocuparse por todo?

Pero tampoco tienes por qué vivir alerta y protegiéndote de “posibles peligros”, puedes relajarte…

y darte cuenta que no tienes que controlar absolutamente todas las variables para poder dormir con la mente en paz. Puedes hacerte responsable de ti y de tu vida sin que te conviertas en un adulto aburrido abrumado por la vida; puedes seguir disfrutando aunque tengas hijos por cuidar o sueños por cumplir.

Puedes vivir de hacer lo que te gusta y compartir tu tiempo con quien eliges, puedes generarte una manera de pensar más realista y positiva, al final del día, tú no eres tus pensamientos, eres quien se da cuenta que piensa y puedes tomar las riendas de tu mente, claro, de manera amorosa y paciente.

Y para lograr esto, necesitabas darte cuenta que tu mente está interpretando constantemente la realidad, y que no siempre tu interpretación es correcta, que puedes caer en errores, creer esos errores, obsesionarte con esos pensamientos, y alejarte de la realidad que sí está sucediendo.

Es momento de que regreses a la realidad y descubras que hoy, ahí donde estás, estás a salvo, y tienes todo el derecho y la capacidad para tomar las riendas de tu vida. Eso sí, necesitarás perderle el miedo al rechazo, al ridículo, al fracaso y al qué dirán, necesitarás hacerte tu prioridad y confiar en tu voz interior, necesitarás esforzarte por generarte eso que sí anhelas y que sabes que es tu derecho vivir.

Estoy aquí para decirte que necesitas ponerle límites a las personas que te lastiman; para que te agarres de valor y aprendas a decir que “no”; para que dejes de mendigar amor con quien no te merece; para que dejes de depender de la existencia de tu pareja para ser feliz; para que de una vez por todas… ¡cuides tu cuerpo!

¿De qué otra manera le habrías puesto atención a tu cuerpo? Digo, probablemente de muchas maneras, pero ésta está funcionando. Necesitas darle el alimento que necesita, dejar de criticar tu físico y agradecerle por lo que te da; haz que sude y que se mueva, ten tus hormonas al día y duerme las horas que necesitas.

¿Por qué te explotas? ¿Por qué te exiges tanto? No entiendo porque lo haces… si lo tienes todo, lo eres todo, tienes toda la capacidad que necesitas para crear tu propia realidad, pero te tratas como tu propio esclavo, eres demasiado severo contigo mismo… y estoy aquí para pedirte que simplemente te detengas.

Así es que ya sabes… si realmente quieres que me vaya, toma el timón de ti mismo, pregúntate qué has hecho que te ha alejado de tu esencia. Pregúntate realmente cómo quieres vivir y lucha por esa vida, pues es tu vida, y solamente tú puedes decidir sobre ella… si a los demás no les parece, es porque ellos tienen su propia vida, no tendrían por qué comprenderte y tú no tendrías por qué controlar lo que piensan sobre ti.

El único control que puedes tomar es el de ti mismo, y para recuperarlo, necesitarás aceptar que lo has perdido y retomarlo con fuerza. Necesitarás usar toda esa frustración y tensión interior y convertirla en motivación para ir tras lo que anhelas. Por eso, necesitas permitir que yo me exprese, perderme el miedo, sentirme para que veas que estos síntomas tan sólo son una manera de ayudarte a recuperar tu equilibrio, y que si esperas a que pasen… pasarán, y que si aprendes a relajarte y a tener tu mente en el presente, se transformarán.

Así es que la próxima vez que me sientas, cierra los ojos… confía y siénteme, déjate llevar… escucha lo que tengo por decirte, entiendeme y después, ¡pasa a la acción! Por favor, ya no me reprimas, ya no te distraigas cada vez que llego… pues así no podré hablarte y no podrás hacer esos cambios que tú sabes que necesitas hacer.

Espero no tener que llegar muchas veces más en tu vida, pero si lo hago… recuerda que no quiero lastimarte, quiero ayudarte a que recuperes tu propio camino de evolución, el camino que si lo tomas, te hará mucho muy feliz.

Y ya para terminar, quiero confesarte una última cosa, quiero decirte quién soy en realidad:

Yo… soy tú esencia.

Así es, soy tu esencia, disfrazada de ansiedad.

Soy tú verdadero ser, ese que guardaste para proteger, y estoy aquí, gritándote, tocando desde el interior de tu corazón con fuerza para que me escuches. No es taquicardia lo que sientes, soy yo, que quiero salir de ahí.

Déjame salir… déjame tomar las riendas y confía en mí, recuerda quién soy y quién eres, vuélvete a hacer uno conmigo y pierde el miedo a salir lastimado. Yo prefiero que vivamos la vida como es, que la exploremos y que demos lo que tenemos que dar, sea lo que sea, a vivir escondidos por

miedo a lo que pueda pasar…

Así es que hola, yo soy tú, y ya es momento de escucharme.

Con cariño, yo – La Ansiedad

 

 

 

Extraído de http://www.desansiedad.com/carta-de-la-ansiedad-para-ti/