Manejar los enfados con los hijos

Como padres tenemos miedo de que nuestro enfado y nuestra ira pueda ser perjudicial para los hijos, así que muchas veces la contenemos tal y como un buceador contiene el aire. Y claro …esa capacidad de aguante es limitada. No podemos evitar la aparición de la ira, aparece frecuentemente. No es necesario ser siempre pacientes.

Unknown.jpegLos padres conscientes y emocionalmente saludables no son santos. Son conscientes de su enfado y lo respetan. Lo utilizan como fuente de información, una indicación de su preocupación. Sus palabras son congruentes respecto a sus sentimientos dice Haim Ginott

Hay un lugar para el enfado paterno en la educación del niño. No enfadarse en determinados momentos lleva al niño a la indiferencia y no a la bondad. El enfado dice : “mi tolerancia tiene límites”

La rabia debe expresarse de manera que traiga un poco de alivio al padre, algo de perspicacia al niño, y ningún efecto secundario ni a uno ni a otro (Ginott)

3 pasos para sobrevivir a nuestros enfados:

  1. Aceptar que nos enfadaremos bastantes veces con los niños
  2. Reconocernos el derecho a enfadarnos sin culpa ni vergüenza
  3. Siempre que no perjudiquemos a nadie tenemos el derecho de expresar lo que sentimos, sin atacar la personalidad o el carácter del niño

Identificaremos nuestra emoción y lo expresaremos en primera persona (“Estoy enfadado”). Si expresarlo así no mejora la situación lo expresaremos con más intensidad: “Estoy muy enfadado”. En último lugar podemos declarar lo que nos gustaría hacer por ese enfado: “Cuando veo todo por el suelo, los libros nuevos, la ropa limpia, me enfado muchísimo y me encantaría tirarlo todo a la basura”

Manejar el enfado de los niños

A veces los niños están tan alterados que no escuchan nada, ni notan que les estamos haciendo caso.

Un truco puede ser darles un bloc y un lápiz y decirle “Vamos, enseñaré lo enfadado que estás. Haz un dibujo que lo exprese” Y tras su dibujo reflejar, estar presente “Ya veo cómo de enfadado estás, muéstrame más”images.jpeg

Si el niño no sabe aún dibujar, no quiere o no puede, podemos probar a  hacerlo nosotros: ¿Es así cómo te sientes? Y dejar que él continue, quizá rompiendo la hoja…O se le puede presentar un cojín para golpear

Cada vez que demostramos respeto hacia los sentimientos de nuestro hijo, le ofrecemos la oportunidad de hacer una elección o una oportunidad para resolver sus problemas, aumenta su confianza y su autoestima.

Papás y mamás conscientes

Podríamos decir que un padre consciente es aquel que sabe cómo vincularse sanamente, gracias a que está presente y es capaz de escuchar con atención más allá de las palabras.

La paternidad consciente es una ayuda fundamental para hacer una limpieza profunda de nuestras expectativas, frustraciones y cuestiones sin resolver que levantan una barrera entre nosotros y nuestros hijos y que tanto sufrimiento generan en nuestras relaciones familiares. La paternidad automatizada, no examinada puede causar un daño profundo y duradero en el desarrollo de los niños.

IMG_1083.jpgEn muchas situaciones con los hijos no bastan el amor, la espontaneidad y las buenas intenciones. Cuando un padre está frente a determinadas situaciones necesita desarrollar nuevas habilidades de comunicación , aprender nuevos patrones y olvidarse de los antiguos para resolver problemas o lograr que el niño coopere.

Las bases o características básicas que cómo cuidadores hemos de desarrollar:

1.Situarnos en un lugar de “padre adulto”, capaz de reorganizar el propio mundo emocional

Nuestros niños necesitan padres que se sepan situar en un lugar adulto y no en un lugar de carencia, que necesita más de ese hijo que el propio hijo al padre

¿Qué tipos de padres no están situados en ese lugar sano y adulto?

a. El padre helicóptero:aquellos papás sobreprotectores y controladores que sobrevuelan la vida de sus hijos, estando pendientes de sus necesidades hasta límites insospechados, evitando que cometan errores o vivan riesgos. Dificultan la capacidad del hijo para ser autosuficiente y asumir responsabilidades

b. El padre drone. Es el padre que se las arregla para controlar a sus hijos a distancia , desde el móvil, diciendo al profesor con quién ha de sentarse su hijo, y escribiendo en los grupos de whatsapp o en Facebook todos los errores que se cometen injustamente a su hijo desde el colegio, las clases extraescolares etc

c. El padre quitanieves, es aquel que se encarga de quitar cualquier mínimo obstáculo de la vida de su hijo

d. El padre mayordomo, perchero o bocadillo: aquellos progenitores que llevan todas las pertenencias de los hijos, atienden como exclavos a sus deseos, y mientras juegan  sus hijos llevan el bocadillo en la mano y les dan de comer sin que ellos casi se den cuenta

Cuando los padres se posicionan así generan hijos frágiles y dependientes o hijos consentidos y tiranos

2. Capacidad de auto-observación del adulto. 

Poder preguntarnos ¿Qué quiero transmitir? ¿Cuáles son mis valores? y reajustarnos según las circunstancias.

El reto de la paternidad consciente supone llevar a cabo elecciones que reflejen nuestros valores familiares en un estado de atención consciente

Kabat-Zinn

3.Ofrecer una  respuesta sensible y coherente a las necesidades del bebé o del niño. Lo que requiere grandes dosis de empatía y de presencia emocional

Para, respira y pregúntate: ¿Qué es lo que más deseabas de tus padres cuando eras pequeño? Para mucho la respuesta es haber sido reconocidos y aceptados en su familia tal como eran, haber sido tratados con dulzura, comprensión y respeto. Que les hubieran proporcionado libertad, seguridad e intimidad. Y todo esto depende de la capacidad de empatizar de los padres.

Cultivar la empatía supone intentar ver las cosas desde el punto de vista del niño y comprender lo que puede estar sintiendo o experimentando.

4. Ver a nuestro verdadero hijo (aceptación)

Cada niño viene a este mundo con sus propias cualidades , temperamento y dones. Es nuestra labor de padres reconocer la individualidad de cada uno de nuestros hijos y honrarla, aceptándoles tal y como son, sin intentar cambiarles, por difícil que resulte. Es entregarnos al momento presente con el corazón abierto y comprensivo, soltando las expectativas que traíamos.

Esta experiencia de ser visto verdaderamente le lleva a relacionarse con el mundo desde su confianza y fortaleza interior, desde la seguridad en sí mismo, libre de personajes y etiquetas. Desde el conocimiento de que es amado y digno de ser amado, y aceptado tal y como es.

Para lograr esto podemos  preguntarnos ¿Cómo honramos el ser que es nuestro hijo, y como nos respetamos a nosotros mismos?¿Cómo le ayudamos a desarrollar todos los aspectos del ser y permanecer en contacto con sigo mismo? ¿Y como le fomentamos para que vea y respete eso mismo en los demás?

La aceptación es una orientación interna que reconoce las cosas tal y como son, sean o no como queremos, e incluso cuando son horribles en determinados momentos. Aceptar las cosas como son es la base de nuestra capacidad de elegir cómo relacionarnos con lo que está pasando. No es resignarse pasivamente, ni que todo lo que hagan nuestros hijos nos parezca bien. Es sentir que les aceptamos completamente, aunque tengamos claro que algunos comportamientos no lo son y podamos enfocarnos en ellos

5. Aprender a escuchar y adquirir nuevas habilidades de comunicación 

Escuchar es una habilidad que se debe practicar. Escuchar es una parte muy importante de la comunicación afectiva. Cuando los padres escuchan a sus hijos les están mostrando que están interesados y que ponen atención a lo que sus hijos tienen que decir.

Puedes mejorar tu escucha si:

Mantienes el contacto con la mirada, demostrando tu interés, eliminas distracciones en ese momento, como la tele, el móvil, el periódico  o el ordenador. Escuchas en silencio, sin interrumpir, empleando sonidos que le hagan ver a tu hijo que escuchas como “ummm”. Tras ello puedes reflejar lo que le ha contado, reformulándolo, sin sermones, consejos ni interrogatorios

6. Ver a los hijos como espejos o maestros

Tener un hijo es acoger a un maestro en nuestra casa.

Kabat-Zinn

Cuando comprendemos algo de nuestros hijos también comprendemos algo de nosotros mismos.

Cuando soy capaz de empatizar y sentir compasión por el dolor de mi hijo, cuando acepto sus comportamientos contradictorios, irritantes o exasperantes y elijo actuar, pensar y sentir desde el amor incondicional , también me alimento y me sano yo. Me lleva a amar, comprender y sanar al niño que fui

La paternidad es un espejo que nos da la oportunidad de ver lo mejor y lo peor de nosotros mismos así como los momentos de nuestra vida más enriquecedores y más aterradores y sanarlo

Focusing para niños: una herramienta útil para los papás

¿Cómo emplear el focusing en los niños?

Emplear el focusing es absolutamente recomendable con los niños. Si nuestros hijos tienen entre 2 y 6 años responderán con mucha naturalidad, puesto que tienen la capacidad de entrar en contacto con la emoción sentida con facilidad. Si son más mayores se sentirán muy aliviados, pero hemos de respetar sus ritmos y su espacio.

A los niños pequeños les encanta hacer focusing, les parece algo normal. Con los adolescentes pueden en un principio responder un poco a la defensiva, porque no están acostumbrados. Hemos de encontrar el equilibrio entre la distancia y la cercanía.

Cuando venga a nosotros con algún problema, o hayamos vivido alguna experiencia estresante, le preguntaremos si le parece bien que abordemos el problema juntos de un modo diferente. Nunca nos impondremos, sugeriremos, y el niño puede aceptar o no. Nosotros le ofrecemos un espacio y un tiempo para acompañarle, no le empujamos a nada.

uando nuestro hijo se exprese en el focusing reflejaremos sus palabras. NO pondremos nada de nuestra cosecha, sólo escuchamos y reflejamos. Con nuestra presencia y nuestra escucha le damos seguridad y le brindamos la confianza para que despliegue su proceso emocional.

Las preguntas no han de colocarnos a nosotros en la posición central, es decir, preguntaremos ¿Qué te está diciendo por dentro? y no ¿Puedes contarme que te está diciendo por dentro?. Mantengamos al margen los pronombres “yo”, “me” y “mi”.

Aceptar nuestro yo interior, en nuestra sabiduría interior, nos permite aceptar el yo interior del niño. Cuando aprendemos a ser amables con lo que ocurre dentro de nosotros podemos ayudar a nuestros hijos a ser amables con sus emociones.

Esta sería una posible guía para el focusing con niños:

Paso 1. Pedir permiso y crear las condiciones para hacer el focusing.

Si vemos que nuestro hijo está mal podemos pedirle permiso para acompañarle: ¿Te puedo acompañar en este momento? De este modo le damos el control a él. Vamos a prestar atención a lo que nos dice y cómo nos lo dice. Al lenguaje verbal y no verbal.

emocionesssssssss.jpgPaso 2. Dejar que el niño exponga el problema o la cuestión. ¿Podrías contarme brevemente qué ha pasado, en dos palabras? Si no te apetece contarme no pasa nada, lo importante es que lo tengas claro por dentro. 

No vamos a dar mucho tiempo al contenido, a las palabras, porque queremos ir a la emoción.

Paso 3. Vamos a dirigir la atención del niño hacia su interior. 

Le podremos decir que necesitamos conectar con nuestro cuerpo. “Toma conciencia de tus pies. Muéve los dedos para sentirlos mejor. ¿Los sientes? ¿Sientes tu cuerpo sentado sobre la silla? Siente tus manos, mueve los dedos. Nota la respiración. Si quieres puedes cerrar los ojos para bucear en tu interior. Cuándo estés preparado para seguir hazme una señal con la mano.
(Los adolescentes suelen desconfiar y, les cuesta cerrar los ojos. Si se sienten más seguros con los ojos abiertos nos adaptaremos)

Vuelve a imaginar lo que ha ocurrido, aquello que te ha angustiado (por ejemplo: que no le eligieron en el equipo de baloncesto)

Comprueba en qué parte de tu cuerpo sientes esto, ahora que lo estás recordando.
(Ej: en la tripa)

Ahora tómate el tiempo necesario para ver qué sientes en esa parte del cuerpo…(Ej: parece una bola)

Se puede recurrir a pintar: ¿Quieres dibujar algo en relación con ello? ¿Cómo es lo que tienes por dentro?

Permanecemos en la emoción, repitiendo todo lo que el niño nos diga.

¿Puedes permanecer junto a ello, prestándole toda tu atención?

(Ej. Es duro como una piedra que pesa mucho)
Repetiremos lo que ha dicho: Es duro como una piedra que pesa mucho…Mira a ver si eso se corresponde exactamente con lo que sientes… puede que todavía tenga algo más que decirte (Acogemos lo que venga)

Dar tiempo, respetar sus silencios. Aunque no hable ellos están sintiendo cosas y no es nuestra función guiar hacia ningún lado. Hemos de ir un paso más atrás.

Seguramente la sensación cambiará dejando un alivio interior (Se está haciendo pequeñita…)

Podemos terminar preguntando ¿Cómo te sientes ahora?

Tatiana Muñoz

Psicóloga

Inspirado en “Focusing con niños” de Stapert y Verliefde

Mensajes para transmitir a los hijos

Según Alejandro Jodorowsky hay 21 mensajes que nuestros hijos han de recibir de nosotros:

1.-Eres un ser deseado. Estás aquí porque el Universo lo quiso.

2.-Siente que eres libre de ser lo que eres, no permitas que nada ni nadie te etiquete ,ni te imponga guiones que no se corresponden con tu autenticidad.

3.-Cada ancestro de tu árbol es un don que hay dentro de ti para ser usado a tu favor y al de todo el Universo.

4.-Aprende a no pedir amor, simplemente ama.

5.-Cree en los pequeños milagros de cada día y atiende a las coincidencias, en ellas hay mensajes ocultos que te guían en el correcto camino.

6.-Cada día, haz un acto generoso con alguien cercano.

7.-Si en tu árbol genealógico hubo traumas, sánalos actuando.

8.-Déjate guiar por tu cuerpo, es sabio. Él te alertará de las situaciones de las que debas alejarte, sintiendo tensión y malestar. También te dirá cuando estás alineado con lo que eres, sintiendo relajación y bienestar.

9.-No contamines tu cuerpo con tóxicos o una mala alimentación.

10.-En cuanto puedas, sé independiente. Trabaja utilizando tu creatividad y hazte adulto. 11.-Escribe un poema cada día.

12.-Busca y provoca situaciones que te hagan reír.

13.-Tiende a compartir, a colaborar a ser solidario.

14.-Cuando tengas problemas, puedes analizarlos, puedes hablarlos, pero ten por seguro que hasta que no actúes no se producirá la transformación.

15.- Siente GRATITUD por todo lo que te regala el universo.

16.- recuerda que nada en este plano de existencia perece, sino que se transforma.

17.-Lee, estudia, conoce…experimenta por ti mismo.

18.-No te apegues a nada material. No consumas lo que no necesitas.

19.-Tampoco te apegues a ninguna creencia. Lo mismo que tu cuerpo se renueva constantemente, también lo deben hacer las ideas.

20.-Siembra cada día las semillas que te lleguen de dentro o de fuera. La semillas pueden ser palabras, caricias, belleza, acciones. Ellas son los gérmenes de más sabiduría, amor, arte y salud.

21.-Cuida con mimo el territorio que está más allá de tu cuerpo, tu casa, tu barrio, tu ciudad… el planeta y el universo.

 

Las enfermedades de los niños: la materialización de nuestra sombra

Según Laura Guzmán las personas funcionamos en tres planos simultáneamente: el plano físico, el mental y el espiritual. Cuando el modelo es más o menos armonioso lo llamamos “salud” y cuando es menos equilibrado “enfermedad”. Cuando un sentimiento es doloroso , decidimos desecharlo, entonces reaparece en el plano físico y se materializa. Esa materialización inconsciente de aspectos ocultos se transforma en un síntoma. Ese síntoma nos señala el origen del desequilibrio.

Los síntomas son señales y portadores de información precisa, son guías en el camino de la introspección y la búsqueda personal. Pero para poder utilizarlos como mensajeros necesitamos aprender y comprender el lenguaje de los síntomas.

La enfermedad es siempre una parte de la sombra que se introduce en la materia, nos indica lo que me falta, lo que he rechazado, lo que he olvidado o despreciado. Podemos ver la sombra sólo si está proyectada, necesitamos un espejo, y así funciona nuestro cuerpo (o el de nuestro bebé)

eclipse-egipto.jpgLa sombra contiene todo lo que consideramos malo y creemos que debemos combatir, pero el bien depende del mal y el mal del bien. Si somos capaces de conocer y aceptar nuestra sombra no tenemos porqué combatir. La enfermedad trae a la luz de la conciencia lo que está relegado a la sombra y así nos convierte en seres un poco más auténticos, sinceros, verdaderos y completos.

La enfermedad funciona como una conversación con uno mismo: 

1.Me envío un mensaje a mí mismo pero no lo comprendo.

2. Pruebo a mandarme un dibujo (plasmando una molestia corporal), pero no es suficiente

3. Procuro diseñar algo más preciso y profundizo con un síntoma para ver si lo entiendo mejor

Si ante la dolencia sólo respondemos con un remedio físico , la dolencia tendrá que encontrar otro lenguaje para expresarse. La curación tiene que ver con la ampliación del conocimiento de sí mismo, y no con la supresión del síntoma.

El síntoma siempre se anuncia antes en nuestra mente, como una idea, deseo o temor. Y cuando lo ignoramos reaparece en el plano material, en el cuerpo, se proyectan para que podamos observarlos.Si somos madres el síntoma puede estar en nuestro propio cuerpo o en el cuerpo de nuestro hijo pequeño, puesto que estamos fusionadas emocionalmente con ellos. Hasta los siete años nuestra sombra se puede plasmar en ellos, pero más aún cuando son menores de 3 años.

¿Cómo traducir y comprender la enfermedad del niño?

1.Lo primero es comprobar que sus necesidades básicas están siendo satisfechas. Que tenga suficiente contacto corporal con la persona maternante, que se permita la fusión y la alimentación adecuada. Que se respeten los ritmos de descanso y sueño. El confort básico ha de ser cubierto. No nos vayamos a buscar lo complicado cuando puede estar en lo más simple.

2. Si las necesidades básicas están satisfechas buscaremos en la sombra de la madre. Para comprender la enfermedad necesitamos :

Relacionar los síntomas con algún hecho físico o emocional (no soporto a mi vecina, y cada vez que se presenta en mi casa me da dolor de cabeza, que me permite apartarme)

Buscar coincidencias en las manifestaciones en el relato de la dolencia (me dan síntomas de alergia y no puedo parar de estornudar: una manera de “disparar” a los otros para que me dejen en paz, para expresar el enfado que no me permito)

Situar el síntoma en el tiempo, conociendo en qué circunstancia hizo su aparición (tras una situación que vivo como inaceptable me aparece una indigestión con vómitos)

Darnos cuenta de a qué nos obliga y qué nos impide ,el síntoma nos puede dar lo que nos hace falta (Una otitis me impide escuchar las palabras agresivas de mi padre)

En la medida en que una mujer se hace cargo de su propia sombra, la observa, se pregunta, investiga, se cuestiona…libera al hijo de la manifestación de esa sombra. Eso se traduce en ausencia de enfermedades en el bebé

Pero…¿Qué es la sombra?

La sombra son las partes desconocidas de nuestra propia psique y de nuestro mundo espiritual.

La sombra se comienza a desarrollar desde la infancia. Nos identificamos con ciertos aspectos (ser sociables, buenos y generosos) y despreciamos los opuestos (ser mal educados, egoístas y malos). Nuestra luz y nuestra sombra se van construyendo simultáneamente.

Lo que no queremos ser, lo que no queremos admitir o recordar forman  nuestra sombra. Repudiar nuestra mitad no lo hace desaparecer, sólo lo niega de la conciencia. La sombra es todo lo que no podemos reconocer de nosotros mismos. La sombra nos angustia, por eso la rechazamos. La sombra nos enferma, porque se materializa trayéndonos a la conciencia lo no reconocido. Es decir, la sombra nos completa

Nuestra concepción del mundo es dual, con una parte luminosa y otra oscura, y la tarea es atravesar la vida terrenal en busca de nuestra propia sombra para llevarla a la luz y caminar el propio sendero de sanación.

Robert Bly decía que nos pasamos los primeros 20 años de nuestra vida llenando una mochila con todo tipo de vivencias y experiencias, y luego nos pasamos el resto de nuestra vida tratando de vaciarla. Ese es el trabajo de reconocimiento de la propia sombra. En la medida en que rechazamos vaciar la mochila se hará cada vez más pesada y peligrosa a cada intento de abrirla. Es decir, el encuentro con nosotros es obligatorio. O nos sinceramos para observar nuestra sombra, aceptando ese dolor o bien ese sufrimiento se colará en múltiples momentos o vivencias.

Las mamás tenemos el regalo de poder utilizar las manifestaciones del bebé como reflejo Unknown.jpegde la propia sombra, son oportunidades de preguntarnos, de no mentirnos e iniciar un camino de transformación.

El bebé es un maestro, un guía, un espejo cristalino de nuestros aspectos más ocultos. Cuando el bebé nace su cuerpo físico se separa de la mamá, pero a un nivel emocional ambos siguen fusionados. El recién nacido forma parte aún del entorno emocional en el que está sumergido, por lo que todo lo que la mamá siente, lo que le preocupa, lo que rechaza, el bebé lo vive como propio. El bebé siente como propio todo lo que siente la mamá, sobretodo lo que no puede reconocer, lo “no-consciente”, que se relega a la sombra y lo manifiesta

Al tener el alma expuesta en el cuerpo del bebé es posible ver más claramente las crisis que quedaron guardadas, los sentimientos que no nos atrevimos a reconocer , los nudos que siguen enredando en nuestras vidas dice Laura Gutman.

En la medida en que una mujer se hace cargo de su propia sombra, la observa, se pregunta, investiga, se cuestiona…libera al hijo de la manifestación de esa sombra.

El reino sagrado y atemporal de la maternidad

A través del cansancio extremo, el dolor, la soledad con el bebé nuestra percepción aumenta y podemos entrar en contacto con nuestras zonas oscuras. Estar horas en vela, dando el pecho, sosteniendo en brazos al bebé, nos acerca a nuestro Yo profundo, pudiendo vivir experiencias en las que nos damos cuenta de quién somos realmente  y cuál es nuestro propósito vital.

Es otra vía para conectar con nuestra espiritualidad, porque estar presente con nuestro bebé es una gran meditación trascendental, una oportunidad para experimentar una transformación al vivir la pérdida de los límites y la desconexión de nuestra racionalidad. Son vivencias que despiertan miedos, pero no hay ningún peligro.

Si podemos dejar de hacer caso a nuestra mente que nos habla de algunas teorías adulto-céntricas sobre cómo es mejor criar a un bebé, si apartamos los miedos a no hacerlo bien, la culpa por nuestras equivocaciones y aprovechamos la presencia del bebé en nuestros brazos para fusionarnos sin más, es relativamente fácil encontrar la armonía con nuestro yo profundo.

Tener un niño pequeño en brazos es una puerta de acceso a las profundidades de nuestro ser.

Las madres tenemos miedo a las aguas oscuras de la propia psique, pero con el bebé en brazos conectamos con la compasión que se necesita para abrazar con AMOR esas partes sombrías que rechazamos y que han bloqueado nuestra capacidad para ser felices. El puerperio es un momento de liberación, es un camino para “volver a casa”.

Laura Gutman llama en la primera etapa a la madre “mamabebé” puesto que “es” mamá en la medida en que está fusionado con su bebé, y tiene su alma desdoblada en ella misma y en el propio recién nacido.

Vivimos nueve meses de embarazo intrauterino y otros nueve extrauterinos, que se observan en esa fusión emocional total entre mamá y bebé.

Las mamás viven la fusión con el bebé según su grado de equilibrio emocional y sus propias experiencias como bebés, según el tipo de apego que tuvieron con sus propias madres.

Los bebés y los niños pequeños son seres fusionases, puesto que para “ser” necesitan entrar en fusión emocional con los otros. Este estado fusional disminuye cuando su “Yo soy” va madurando en su interior. Sobre los dos o tres años comienza su separación emocional, vinculada al desarrollo del lenguaje verbal. El punto de partida del camino de separación emocional empieza cuando dicen “Yo”.

A los dos años ya tienen una concepción de sí mismos como seres separados de la madre

Criar un bebé nos genera ambivalencias, porque al igual que el bebé se fusiona con la mamá, también las madres nos fusionamos, convirtiéndonos en una “mamabebé” con sensaciones de que vamos a enloquecer, perdiendo nuestros roles habituales, nuestro antiguo lugar en el mundo, nuestros límites.

Pero esta fusión es imprescindible. Nos garantiza que daremos los cuidados necesarios pues estaremos en una sintonía perfecta, comprendiendo, traduciendo y vivenciando cada necesidad. Esta fusión, este desdoblamiento como madre es inevitable, pero hacernos conscientes de él y usarlo es una decisión personal.

La fusión, que es real y palpable en relación con el bebé, nos abre la puerta para fundirnos con todo lo vivo y sentir que todos somos uno. Durante el puerperio, donde la presencia de lo corporal es constante a través del pecho, el calor de los brazos…paradójicamente no importa la materia y el alma atraviesa todas las fronteras físicas. La consciencia se filtra silenciosamente a través de todo

La vivencia de la fusión emocional con el bebé y a través de él con el Todo, nos propone a veces un desvío en el propósito que creíamos tener en nuestra vida

Siete intenciones para la paternidad consciente

Dice Kabat-Zinn que las intenciones que nos fijamos nos recuerdan qué es lo importante . Cuando creamos la intención de hacer algo, esa intención influye en nuestras elecciones y acciones. Son como planos o mapas que nos permiten redireccionar nuestros esfuerzos.

Intención 1: Considerar la paternidad como una disciplina espiritual , como una fuente que me ofrece oportunidades para cultivar la autoconsciencia, la sabiduría y la apertura de corazón.

Intención 2: Aportar toda mi creatividad a la práctica de la paternidad consciente

img_9662Intención3 : Cultivar mi atención plena y el discernimiento con mis hijos, llevando la atención a mi cuerpo y a mi respiración para enraizarme en el momento presente

Intención 4: Me esforzaré en ver a mis hijos como son

Intención 5:Me esforzaré en ver las cosas desde el punto de vista de mis hijos, para comprender sus necesidades y poder satisfacerlas
Intención6: Utilizaré los momentos oscuros y difíciles como material de trabajo para crecer como ser humano

Intención 7: Me comprometo a guardar mis intenciones en mi corazón y ponerlas en práctica lo mejor que pueda cada día, respetando a mí y a mis hijos

(Inspirado en Padres conscientes, hijos felices de Jon y Myla Kabat-Zinn)