El fértil silencio

Tal y como expresa Antonio Blay, hay muchos tipos de silencio:

Hay un silencio que se produce o se registra en la mente, en la cabeza. 

Otro silencio se registra en el pecho, en el corazón. 

Hay un Silencio que se registra en el cuerpo como cuerpo. 

Hay un silencio que se percibe encima de mí. 

Hay un silencio que me rodea, que me envuelve. 

Hay un silencio que me penetra, que me llena.

 

El ego se llena de ruido para no sentir nada, sobretodo para no sentir su propio vacío. El ego teme al silencio porque en él se ve a sí mismo y siente todo lo que hay, las alegrías y las penas

En el silencio podemos volver a ser sensibles, abiertos, vulnerables y vivos. El ruido anestesia. El silencio despierta (Annie Marquier) 

No es fácil para muchas personas pasar del narcotizante y adormecedor ruido cotidiano al silencio fértil. Es necesario un entrenamiento que nos conduzca a conectar con el silencio y una predisposición adecuada que nos motive a salir de la adicción a hablar, hacer, ver y no pensar.

Para ello podemos comenzar reduciendo el “ruido” externo como la televisión de fondo, la tablet o el móvil como compañía constante. Así, pues, como dice Antonio Blay, la primera misión es tratar de reducir los estímulos externos a aquellos que son imprescindibles.

En segundo lugar, producir silencio de palabras externas. Hablamos por inercia, por costumbre, por convicción, por prejuicio, por estar dormidos. Muy pocas veces hablamos para decir realmente algo. El silencio externo, el que parece más fácil, simplemente callar, es ya una gran ayuda para nuestra madurez psicológica. Necesitamos madurar psicológicamente mientras aprendemos a contemplar, y el silencio nos ayuda a madurar debido a que habitualmente no disfrutamos del silencio de manera voluntaria.

Así, aun cuando todavía no tengamos el silencio interior, es decir, el silencio del pensamiento aquietado, el simple echo de quedarnos en silencio exterior ya nos hace madurar. Aunque sigamos pensando, en el silencio exterior los pensamientos van a mostrarnos alguna cosa gracias a que no caemos en la habitual evasión que nos conduce al sueño profundo. Entonces notaré algún ruido en la máquina psicológica, sentiré que algo esta sucediendo.

Cuando se está en soledad, uno no tiene más remedio que mantenerse ahí, en esa “terapia” de ver un poco los pensamientos. Así, estar callados voluntariamente nos permite madurar. todas estas cosas tienen valor cuando se hacen voluntariamente, ya que si no se hacen voluntariamente nos abocamos rápidamente a evasiones. Cuando voluntariamente hay silencio externo, no hay ninguna evasión. Aquí estoy callado; y puesto que veo algún pensamiento, ya hay alguna madurez.

En tercer lugar, producir silencio de las palabras internas. Las palabras internas son ese monólogo ó diálogo que está ocurriendo constantemente en nuestra mente: lo que yo me debo a mí, lo que me imagino que me dicen, lo que diría, lo que yo diré, lo que aparecerá, lo que ocurrirá.

Todo ese fantástico espectáculo que está pasando por nuestra mente es precisamente lo que hemos de aprender a que se reduzca. ¿Cómo conseguir que no tenga lugar? Ese espectáculo ocurre justamente en la medida inversa de mi lucidez; cuanto más lúcido, menos se produce; cuanto más dormido, más producción.

En cuarto lugar hemos de conseguir el silencio de nuestro nivel emocional. Este silencio se produce automáticamente al reducir los estímulos externos y los internos. Porque la emoción no es otra cosa que una reacción automática, un contraste entre estímulos y modos internos que tenemos de pensar, de sentir, de querer. Luego, tratar de producir el silencio en los sentimientos.

Y, por último, tratar de que se produzca el silencio en las sensaciones.

Más adelante, cuando uno aprende a vivir en silencio se produce un nuevo grado de realización: uno aprende a vivir del silencio, uno aprende a vivir las cosas que vive como procedentes de este silencio. El silencio es la raíz, es la causa, es la matriz, es donde está la verdadera significación, es el verdadero sentido de lo que aquí ocurre, el verdadero argumento. Todo lo que aquí ocurre son solamente señales, símbolos de una realidad que subsiste detrás de todo esto. Vivir el silencio quiere decir tomar conciencia de esa verdad que ya existe y que es la que hace que se vayan expresando las cosas, en cada momento, de un modo y no de otro .(Antonio Blay)

Una vez que hemos aprendido a disfrutar del silencio físico y material, comenzamos a descubrir que el silencio es lo que está detrás de todas las cosas, de todos los fenómenos. Por lo tanto, no tiene ninguna conexión entre fenómeno y fenómeno, entre uno y otro. Lo cual quiere decir que no hay ninguna incompatibilidad en que uno pueda vivir, a la vez, el silencio y la acción. Precisamente porque son dos dimensiones distintas.

No es algo que suela ocurrir cuando nos iniciamos en su descubrimiento. Primero aprendemos las letras y después leemos. Por ello al principio comprendemos el silencio como ausencia de fenómenos, como alejamientos de nuestra identificación con las cosas, con el pensar, con el sentir, con el hacer. Esto es cierto como camino, como aprendizaje, ya que, dado que nosotros estamos partiendo de nuestra identificación exclusiva con los fenómenos, hemos de soltar esa identificación para poder descubrir algo nuevo. Pero no porque el fenómeno sea incompatible con el silencio.

Cuando se abre al silencio uno descubre que no sólo existe silencio en esas intermitencias, en esos espacios huecos sin televisión, sin hablar, o en una meditación. Sino que percibimos que el silencio es una realidad permanente, es lo Único Permanente. El silencio está coexistiendo detrás de todo lo que existe, de todo lo que se mueve, de todo lo que aparece. Yo puedo tener una conciencia simultánea del silencio y de todo lo que está ocurriendo en mí, y fuera de mí; no son dos cosas incompatibles. Puedo aprender a vivir en silencio y, al mismo tiempo, activamente.

Llamamos silencio al preámbulo de la lucidez. El momento en el que se descubre algo de lo que no se había tomado conciencia, el momento del darse cuenta es lo esencial. El silencio es una lúcida apertura a lo real desconocido. El silencio es una música inteligente, callada sí, pero no muda. Porque en el silencio  surge la inteligencia creadora, esa fuerza trascendente e inmanente que trasciende la existencia humana. Desde el silencio sabremos que todo lo que percibimos en el estado de la consciencia dual no son sino maneras relativas de ver la única realidad absoluta. (Consuelo Martin)

El silencio es el vientre de donde nacen los sabios. Si deseas adquirir sabiduría, vuelve a nacer en medio del silencio. Solo así encontrarás tu razón de ser, la razón por la cual has nacido.

Como dice Eckhart Tolle ,cuando pierdes contacto con la quietud interior, con ese silencio, pierdes contacto contigo mismo. Cuando pierdes contacto contigo mismo te pierdes en el mundo. Tu sentido más interno de ti mismo, tu sentido de quien eres, es inseparable de la quietud. Ése es el Yo Soy que es más profundo que el nombre y la forma. El equivalente del silencio externo es la quietud interna.¿Que es la quietud? es el espacio interno o conciencia en el que las palabras de esta página son percibidas y se convierten en pensamientos. Sin esa conciencia, no habría percepción, ni pensamientos ni mundo. Tú eres esa conciencia disfrazada de persona.odas las personas somos manifestaciones temporales de la Conciencia Única.

Cuando estamos en silencio, en quietud interior y atentos, podemos percibir la esencia de la vida, la conciencia o espíritu que vive en nuestro interior y así sentir que no hay separación. Sentir que tu y yo solo somos distintas formas de manifestarse la Conciencia Única, el Todo, el Dios Universal, etc. Independientemente del nombre que le demos, la esencia es la misma

El silencio es una manera de abrir la puerta a lo divino que hay en nosotros.

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