Manejar los enfados con los hijos

Como padres tenemos miedo de que nuestro enfado y nuestra ira pueda ser perjudicial para los hijos, así que muchas veces la contenemos tal y como un buceador contiene el aire. Y claro …esa capacidad de aguante es limitada. No podemos evitar la aparición de la ira, aparece frecuentemente. No es necesario ser siempre pacientes.

Unknown.jpegLos padres conscientes y emocionalmente saludables no son santos. Son conscientes de su enfado y lo respetan. Lo utilizan como fuente de información, una indicación de su preocupación. Sus palabras son congruentes respecto a sus sentimientos dice Haim Ginott

Hay un lugar para el enfado paterno en la educación del niño. No enfadarse en determinados momentos lleva al niño a la indiferencia y no a la bondad. El enfado dice : “mi tolerancia tiene límites”

La rabia debe expresarse de manera que traiga un poco de alivio al padre, algo de perspicacia al niño, y ningún efecto secundario ni a uno ni a otro (Ginott)

3 pasos para sobrevivir a nuestros enfados:

  1. Aceptar que nos enfadaremos bastantes veces con los niños
  2. Reconocernos el derecho a enfadarnos sin culpa ni vergüenza
  3. Siempre que no perjudiquemos a nadie tenemos el derecho de expresar lo que sentimos, sin atacar la personalidad o el carácter del niño

Identificaremos nuestra emoción y lo expresaremos en primera persona (“Estoy enfadado”). Si expresarlo así no mejora la situación lo expresaremos con más intensidad: “Estoy muy enfadado”. En último lugar podemos declarar lo que nos gustaría hacer por ese enfado: “Cuando veo todo por el suelo, los libros nuevos, la ropa limpia, me enfado muchísimo y me encantaría tirarlo todo a la basura”

Manejar el enfado de los niños

A veces los niños están tan alterados que no escuchan nada, ni notan que les estamos haciendo caso.

Un truco puede ser darles un bloc y un lápiz y decirle “Vamos, enseñaré lo enfadado que estás. Haz un dibujo que lo exprese” Y tras su dibujo reflejar, estar presente “Ya veo cómo de enfadado estás, muéstrame más”images.jpeg

Si el niño no sabe aún dibujar, no quiere o no puede, podemos probar a  hacerlo nosotros: ¿Es así cómo te sientes? Y dejar que él continue, quizá rompiendo la hoja…O se le puede presentar un cojín para golpear

Cada vez que demostramos respeto hacia los sentimientos de nuestro hijo, le ofrecemos la oportunidad de hacer una elección o una oportunidad para resolver sus problemas, aumenta su confianza y su autoestima.

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Ideario para la existencia

Soy una persona libre, sólo porque tengo derecho a equivocarme, si no pudiera cometer errores me sentiría atada por el miedo a hacerlo mal.

No me arrepiento de lo que he hecho en el pasado, porque cuando miro atrás, me reconozco en las acciones y soy consciente de que he llegado hasta aquí, a pesar de los obstáculos, gracias a la voluntad que me ha acompañado.

He querido mucho y me han querido y continúo haciéndolo como un mandato supremo, porque este sentimiento es el que me alienta para seguir adelante.

También he olvidado y me han abandonado a veces, pero el dolor que me inflingieron me hizo crecer y conocerme mejor, porque mi derrota de hoy es el entrenamiento para la victoria del mañana.

Sé que todo es mejorable y que en mi existen cosas que me gustaría cambiar, pero no me tortura esta circunstancia, porque comprendo que todo lleva su tiempo, y darme cuenta de mis facetas menos positivas ya es un gran paso para la mejora.

Intento compartir mi tiempo con los demás y relacionarme, para entregarle a otros lo que llevo dentro, pero también le dedico parte de la jornada a la soledad, porque defiendo firmemente que quien no se escucha a sí mismo nunca podrá conversar con otros.

Levanto metas basadas en mis sueños e intento llegar a conseguirlas, pero sin torturarme con la prisa, porque la experiencia me dice que muchas veces el camino recorrido, es más bello y gratificante que el propio premio alcanzado.

Dejo que las circunstancias me embriaguen cuando son propicias y analizo con la mayor objetividad posible lo malo que acontece a mi alrededor, porque en ocasiones la tristeza sólo sirve para empeorar las cosas. Pero si alguna vez siento ganas de llorar no me culpabilizo por hacerlo, ni me recreo; dejo que fluya la pena y comienzo a reconstruirme con ánimo en el momento en que puedo.

Expreso mis sentimientos de la forma más clara que se me ocurre. Río a carcajadas si estoy contenta pero también sé gritar de rabia o decir NO cuando es lo que necesito.

No quiero ser perfecta porque se me antoja que es aburrido e irreal y la vida merece ser cierta. Considero poco original y falto de matices actuar siempre dentro de un “tono prudente” ya que arriesgarse a conseguir lo que queremos es gratificante porque es siempre nuevo.

Básicamente, con todos esos buenos y malos momentos que han transcurrido, con esas cosas estupendas y menos agradables que me conforman, soy en mi totalidad una persona ÚNICA e IRREPETIBLE que merece la pena conocer y conocerse en su infinitud, porque como todos, pertenezco a un entramado vital maravilloso, en el que las criaturas, sin excepción, son auténticas y, en cierto modo, mágicas.

Ideario para la existencia

Perfeccionismo, exigencia e ilusión de control

El perfeccionismo es la necesidad compulsiva de conseguir los objetivos respetando a rajatabla los ideales personales, con unas expectativas tan irreales que conducen a la decepción. Se ven las cosas en términos absolutos (o eres perfecto o eres un inútil) y te sientes insatisfecho contigo mismo.

Su aspecto positivo es la gran voluntad de dar lo mejor de uno mismo. Pero cuando la autoestima se basa en ser productiva y tener éxito, no se deja espacio al fracaso, y el esfuerzo se convierte en tiranía.

Exigirnos la perfección equivale a dar la espalda a la vida real. Es la ilusión de tener el control, y es una ilusión muy dañina, que fomenta la autocrítica y la culpa.

En el perfeccionismo hay una cierta oposición a la naturaleza de la vida que es percibida como caótica e impredecible, por lo que se recurre al control, al orden y la ley.

Se observa constantemente la diferencia entre el ideal (como deberían ser las cosas) y cómo son en realidad, entre lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo.

Se cree que hay una manera correcta de hacer las cosas: existe “la manera” y todo lo que no se ajuste es no válido (y en cierto modo censurable)

El perfeccionismo conlleva desarrollar la fuerza de voluntad, control y disciplina. Si consigues hacer las cosas bien “tienes derecho a que te quieran”.

Esta creencia se apoya en una experiencia vital de un amor condicionado a la buena conducta. Si de pequeño sientes que sólo por existir no sirves, no eres querido, tienes que cambiarte, saber cómo debes ser y conseguirlo. Debajo del perfeccionismo está la necesidad de que nos quieran y nos aprueben, “pues nadie rechaza a alguien ideal”.

“Con mucho, la mayor parte de las vidas humanas son destruidas por un exceso de autoexigencia” Max Frisch

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La autoexigencia además es una estrategia para no conectar con la vulnerabilidad. Y la vulnerabilidad constituye el germen de la iluminación. Cuando permitimos que la ternura de nuestro corazón madure nos conduce al corazón despierto.

La autocrítica es un comportamiento de seguridad, diseñado para garantizarnos ser aceptados dentro de nuestra familia, a la vez una conducta de sumisión, porque nos permite degradarnos ante personas imaginarias que emiten un juicio sobre nosotros. Es como si decidiésemos “Me voy a maltratar y a criticarme antes de que tú puedas hacerlo. Reconozco lo imperfecto que soy para que tú no tengas que despreciarme y decirme lo que ya se. Así sentirás lástima por mí en vez de juzgarme y me asegurarás que no soy tan malo como pienso”. Surge del deseo de no ser rechazado y abandonado (instinto básico de supervivencia) y del deseo de control.

La mejor manera de contrarrestar la crítica destructiva hacia uno mismo consiste en entenderla, sentir compasión por ella, y finalmente sustituirla por una respuesta más amable. Si nos permitimos conmovernos por el sufrimiento que experimentamos en manos de nuestra autocrítica. Podemos reconocer que los puntos débiles y la imperfección forman parte de nuestra experiencia humana. De este modo podemos sentirnos más conectados con nuestros compañeros de viaje en esta vida, tan imperfectos y vulnerables como nosotros. En lugar de intentar controlarnos a nosotros mismos y a nuestra propia vida para conseguir un ideal perfeccionista podemos tomar la vida tal y como es, con sus luces y sus sombras.

La felicidad se encuentra cuando nos dejamos llevar con el flujo de la vida, no cuando luchamos contra él. La auto-compasión puede ayudarnos a navergar por estas corrientes turbulentas con sabiduría y aceptación en el corazón.

“No puedes detener las olas, pero puedes aprender a surfear”

Jon Kabat-Zinn