La salida al laberinto de la adicción

La adicción es un síntoma. Es la punta del iceberg que asoma sobre la superficie del agua, dejando oculta bajo ella su mayor parte. Nos engañamos si pensamos que la adicción “es el problema”: no, en realidad es tan sólo una pista que señala que hay algo más profundo oculto bajo ella. Puede tratarse de un gran dolor, de una sensación de incapacidad, de una historia sin sanar o de una búsqueda desorientada. Depende de en qué nivel se haya producido el bloqueo o la pérdida en el camino hacia una vida plena.

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El laberinto de la adicción

Quien está atrapado en una adicción, busca algo externo que alivie a su malestar. Recurre a la conducta adictiva como vía de escape de una realidad que se le antoja intolerable, o tal vez creyendo en la promesa engañosa de una felicidad fácil. En ambos casos la persona cede su poder y pierde su libertad en el intento. Si lo que pretendía era paliar su sufrimiento, se encuentra con que este se despliega en proporciones aún mayores. Si lo anhelado era encontrar un resquicio de felicidad, tropieza con un sucedáneo que pronto se transforma en la mayor de sus desdichas. Si en un principio pudo vivir experiencias de éxtasis enseguida éstas, como si se tratase de espejismos, desaparecieron engullidas por la desolación, como pertenecientes al mundo de lo ilusorio.

Cuando la adicción se apropia de una persona haciéndola su esclava, no deja ningún territorio sin invadir. La salud y el nivel físico se ven pronto dañados, la energía vital únicamente puede transitar por canales relacionados con el fortalecimiento de la conducta adictiva, la lucidez se empaña tornándose una caricatura de sí misma, la inteligencia se somete a la única tarea de encontrar nuevas y mejores oportunidades de consolidar el reinado de la impostora, ningún otro sentido o propósito vital mayor puede sobrevivir a su empuje, las relaciones más sublimes sucumben ante ella. Poco a poco la adicción se convierte en la grotesca soberana de un reino desolado.

Pero hay algo en el núcleo profundo de cada ser que no puede ser dañado. Un vacio interior fértil e inmortal. Una Conciencia que es la misma que anima la totalidad del universo. Unos lo han llamado hálito divino, otros energía imperecedera, otros Espíritu, el Todo, el Tao, la Unidad, lo Transpersonal, la Fuente o la Divinidad… No importa el nombre, en realidad ni siquiera alcanzamos con ninguno ellos a acercarnos a la realidad que queremos definir: se trata de lo que Es.

Y Lo que Es no puede ser dañado, ni sometido, ni matado, ni callado. Lo que Es permanece intacto, aunque puede que oculto, en lo más profundo de cualquier ser, también en las personas que han desarrollado una adicción o cualquier otro tipo de situación problemática. Cuando una persona toma conciencia de quién Es, de su Identidad profunda, se allana el camino de retorno de cualquier esclavitud, también de la adicción. Quién ha hecho experiencia, aunque sólo sea por un instante, de su Identidad profunda no necesita escapar más, comprende que no hay nada que buscar fuera porque siempre estuvo allí, en el Silencio profundo que le habita.

Pero no hay que olvidar que, normalmente, el camino de vuelta a casa requiere prestar atención al ser integral.images.jpeg Si la adicción se manifiesta en los niveles físico, mental, emocional y espiritual, es necesario que también sea tratada desde estos cuatro aspectos. Suspender el uso de una sustancia o abandonar determinada conducta no resulta suficiente para soltar la adicción. De hecho, la simple suspensión puede ser contraproducente si no se están trabajando los anteriores niveles como parte del camino para llegar a la raíz del problema, y pueden darse continuas recaídas o muy frecuentemente buscarse adicciones sustitutivas.

Liberarse de la trampa de las adicciones, encontrar la salida al laberinto, requiere aplicar conjuntamente estrategias de desintoxicación y reparación del daño físico y del campo energético; un trabajo terapéutico serio, individual y muchas veces grupal, que profundice en el nivel emocional, en las pautas de pensamientos automáticos y en las creencias erróneas instaladas, en la sanación de la historia personal y en la adquisición de habilidades de relación, de introspección, de análisis y de crítica; un discernimiento lúcido acerca de las elecciones realizadas y una educación en la responsabilidad de coger las riendas de la propia vida con todas sus consecuencias; un proceso profundo de perdón que rompa cadenas y permita superar la culpa; un entrenamiento en la tarea de ejercer una libertad consciente y un progresivo camino de identificación de los anhelos espirituales más profundos. Por eso superar una adicción es una tarea integral e integradora.

En este sentido una adicción puede ser la gran oportunidad de contestarse a la eterna pregunta de ¿Quién Soy? y emprender el Camino de Vuelta a Casa.

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Vamos a comunicarnos mejor

Entrenamiento en conductas asertivas y habilidades de comunicación

El entrenamiento en habilidades de comunicación facilita el empoderamiento de cualquier persona a la hora de relacionarse con los demás y con el medio.

Todos necesitamos relacionarnos con los demás de un modo adecuado.

La comunicación es una competencia básica que servirá también a las personas en mantenimiento de la deshabituación de su adicción.

¿Qué es una conducta socialmente habilidosa?Según  para Caballo (1991) es aquella que implica un conjunto de conductas, emitidas en un contexto interpersonal donde se expresan sentimientos, actitudes, deseos, opiniones o derechos de forma adecuada (asertiva), respetando las conductas de los demás, resolviendo problemas inmediatos a la situación y minimizar la probabilidad de problemas futuros.

Cuando alguien es capaz de hacer o recibir cumplidos, aceptar o rechazar ofertas o peticiones, expresar molestia o desacuerdo, así como hacer y afrontar las críticas, se comporta de forma asertiva .

Para hablar de asertividad, es necesario identificar primero los otros estilos de respuesta: pasivo o agresivo, y modificarlos por un estilo más asertivo, que genere menos problemas. Se dice que una persona responde de forma:

Estilo de respuesta pasivo:

Cuando demuestra escasa ambición, pocos deseos y opiniones;

En su conducta no verbal tiende a mirar hacia abajo, usa un tono de voz vacilante que apenas es perceptible o de queja, presenta risas nerviosas, vacilaciones en la toma de decisiones, gestos desvalidos, niega importancia a la situación o la evita, la postura es hundida y mueve mucho las manos.

En su conducta verbal usa expresiones como “quizás”, “supongo”, “me pregunto si podríamos”, “te importaría mucho”, “solamente”, “no crees que”, “eh”, “bueno”, “realmente no es importante”, “no te molestes”.

Los efectos que provocan pueden ser el tener conflictos interpersonales, depresión, sentimiento de desamparo, una imagen pobre de sí mismo, hacerse daño, perder oportunidades, andar con tensión, sentirse sin control, con soledad y la mayor parte del tiempo la persona se siente desvalido o enfadado.

Estilo de respuesta agresivo u hostil

Cuando suele mover la cabeza en actitud negativa, con lo que comunica “a mi manera o nada”

Entre las conductas no verbales se observan la mirada fija, un tono de voz demasiado alto, un habla fluida y rápida, realizando enfrentamientos, gesticulación amenazante, postura que resulta intimidatoria, se le percibe como deshonesto, emite los mensajes de modo impersonal.

En su conducta verbal se escuchan frases como “harías mejor en…”, “haz…”, “ten cuidado”, “debes estar bromeando”, “si no lo haces…”, “no sabes..”, “deberías…”, “mal…”. Los efectos que provocan pueden ser el generar conflictos interpersonales, sentimientos de culpa o frustración,

La imagen que tiene de sí mismo es pobre, suele dañar a los demás, pierde oportunidades, presenta tensión, suele sentirse sin control, con soledad y la mayor parte del tiempo está enfadado con todos y por todo.

El estilo de respuesta asertivo

Cuando coopera con los demás para alcanzar objetivos personales;

En su conducta no verbal, se observa un contacto ocular directo, nivel de voz conversacional, con habla fluida, gestos firmes, postura rescta

Los mensajes son en primera persona, ello hace que se perciba sincero, las verbalizaciones son positivas con respuestas directas a la situación, manos sueltas.

Su conducta verbal, permite frases como “pienso…”, “siento…”, “quiero…”, “hagamos…”, “¿cómo podemos resolver ésto?”, “¿qué piensas?”, “¿qué te parece?”.

Un estilo de respuesta asertiva, tiene como efecto el resolver problemas, sentirse a gusto consigo mismo y con los demás y por ello satisfecho, con una actitud relajada.

Siente que tiene el control de la situación, por lo que es capaz de crear nuevas oportunidades.

Para trabajar esta habilidad podemos practicar varias técnicas:

Disco rallado: puede utilizarse al hacer peticiones y también para decir “no”. Consiste en persistir en nuestro objetivo, evitando responder a lo que no tenga que ver con el mismo. Se repetirá la misma frase independientemente de lo que nos diga la otra persona. Por ejemplo:

He decidido que no voy a volver a beber. 

Venga anda, si no va a pasar nada. 

No gracias, de verdad, he decidido que no voy a volver a beber. 

Pero si por una copa no te pasa nada. 

Gracias, pero como te digo, he decidido que no voy a volver a beber. 

Utilizando esta técnica es realmente probable que la otra persona desista en su petición o insistencia si en tres o más veces recibe la misma respuesta.

Banco de niebla. Consiste en mantener nuestro punto de vista, pero con la posibilidad de darle la razón a la otra persona. Al otorgarle el beneficio de la duda, la otra persona no siente que estemos atacando su criterio de la misma manera que podría suceder si comenzamos a argumentar nuestro punto de vista.

He decidido que no voy a volver a beber. 

Venga anda, pero con lo bien que lo pasábamos. 

Puede que antes me pareciera que era una buena forma de pasarlo bien pero he tomado una decisión con respecto a la bebida 

Acuerdo asertivo: con esta técnica admitimos un error o fallo, pero sin entrar en un juicio personal. Por ejemplo:

”Siempre llegas tarde” 

“Tienes razón, ayer y hoy he llegado tarde”. 

Pregunta asertiva: consiste en pedir más información sobre la conducta que hemos realizado para obtener información concreta.

Por ejemplo: “Lamento mucho que te sintieras incómodo con lo que dije ayer, pero ¿qué es exactamente lo que te molestó?” 

Ironía asertiva: consiste en responder de forma positiva a una crítica hostil. Por ejemplo: “Gracias” 

Aplazamiento asertivo: se trata de posponer la discusión o la respuesta a otro momento en el que ambas personas se encuentren más tranquilas. Por ejemplo: “Estoy un poco nerviosa, es preferible que hablemos este tema en otro momento”

Papás y mamás conscientes

Podríamos decir que un padre consciente es aquel que sabe cómo vincularse sanamente, gracias a que está presente y es capaz de escuchar con atención más allá de las palabras.

La paternidad consciente es una ayuda fundamental para hacer una limpieza profunda de nuestras expectativas, frustraciones y cuestiones sin resolver que levantan una barrera entre nosotros y nuestros hijos y que tanto sufrimiento generan en nuestras relaciones familiares. La paternidad automatizada, no examinada puede causar un daño profundo y duradero en el desarrollo de los niños.

IMG_1083.jpgEn muchas situaciones con los hijos no bastan el amor, la espontaneidad y las buenas intenciones. Cuando un padre está frente a determinadas situaciones necesita desarrollar nuevas habilidades de comunicación , aprender nuevos patrones y olvidarse de los antiguos para resolver problemas o lograr que el niño coopere.

Las bases o características básicas que cómo cuidadores hemos de desarrollar:

1.Situarnos en un lugar de “padre adulto”, capaz de reorganizar el propio mundo emocional

Nuestros niños necesitan padres que se sepan situar en un lugar adulto y no en un lugar de carencia, que necesita más de ese hijo que el propio hijo al padre

¿Qué tipos de padres no están situados en ese lugar sano y adulto?

a. El padre helicóptero:aquellos papás sobreprotectores y controladores que sobrevuelan la vida de sus hijos, estando pendientes de sus necesidades hasta límites insospechados, evitando que cometan errores o vivan riesgos. Dificultan la capacidad del hijo para ser autosuficiente y asumir responsabilidades

b. El padre drone. Es el padre que se las arregla para controlar a sus hijos a distancia , desde el móvil, diciendo al profesor con quién ha de sentarse su hijo, y escribiendo en los grupos de whatsapp o en Facebook todos los errores que se cometen injustamente a su hijo desde el colegio, las clases extraescolares etc

c. El padre quitanieves, es aquel que se encarga de quitar cualquier mínimo obstáculo de la vida de su hijo

d. El padre mayordomo, perchero o bocadillo: aquellos progenitores que llevan todas las pertenencias de los hijos, atienden como exclavos a sus deseos, y mientras juegan  sus hijos llevan el bocadillo en la mano y les dan de comer sin que ellos casi se den cuenta

Cuando los padres se posicionan así generan hijos frágiles y dependientes o hijos consentidos y tiranos

2. Capacidad de auto-observación del adulto. 

Poder preguntarnos ¿Qué quiero transmitir? ¿Cuáles son mis valores? y reajustarnos según las circunstancias.

El reto de la paternidad consciente supone llevar a cabo elecciones que reflejen nuestros valores familiares en un estado de atención consciente

Kabat-Zinn

3.Ofrecer una  respuesta sensible y coherente a las necesidades del bebé o del niño. Lo que requiere grandes dosis de empatía y de presencia emocional

Para, respira y pregúntate: ¿Qué es lo que más deseabas de tus padres cuando eras pequeño? Para mucho la respuesta es haber sido reconocidos y aceptados en su familia tal como eran, haber sido tratados con dulzura, comprensión y respeto. Que les hubieran proporcionado libertad, seguridad e intimidad. Y todo esto depende de la capacidad de empatizar de los padres.

Cultivar la empatía supone intentar ver las cosas desde el punto de vista del niño y comprender lo que puede estar sintiendo o experimentando.

4. Ver a nuestro verdadero hijo (aceptación)

Cada niño viene a este mundo con sus propias cualidades , temperamento y dones. Es nuestra labor de padres reconocer la individualidad de cada uno de nuestros hijos y honrarla, aceptándoles tal y como son, sin intentar cambiarles, por difícil que resulte. Es entregarnos al momento presente con el corazón abierto y comprensivo, soltando las expectativas que traíamos.

Esta experiencia de ser visto verdaderamente le lleva a relacionarse con el mundo desde su confianza y fortaleza interior, desde la seguridad en sí mismo, libre de personajes y etiquetas. Desde el conocimiento de que es amado y digno de ser amado, y aceptado tal y como es.

Para lograr esto podemos  preguntarnos ¿Cómo honramos el ser que es nuestro hijo, y como nos respetamos a nosotros mismos?¿Cómo le ayudamos a desarrollar todos los aspectos del ser y permanecer en contacto con sigo mismo? ¿Y como le fomentamos para que vea y respete eso mismo en los demás?

La aceptación es una orientación interna que reconoce las cosas tal y como son, sean o no como queremos, e incluso cuando son horribles en determinados momentos. Aceptar las cosas como son es la base de nuestra capacidad de elegir cómo relacionarnos con lo que está pasando. No es resignarse pasivamente, ni que todo lo que hagan nuestros hijos nos parezca bien. Es sentir que les aceptamos completamente, aunque tengamos claro que algunos comportamientos no lo son y podamos enfocarnos en ellos

5. Aprender a escuchar y adquirir nuevas habilidades de comunicación 

Escuchar es una habilidad que se debe practicar. Escuchar es una parte muy importante de la comunicación afectiva. Cuando los padres escuchan a sus hijos les están mostrando que están interesados y que ponen atención a lo que sus hijos tienen que decir.

Puedes mejorar tu escucha si:

Mantienes el contacto con la mirada, demostrando tu interés, eliminas distracciones en ese momento, como la tele, el móvil, el periódico  o el ordenador. Escuchas en silencio, sin interrumpir, empleando sonidos que le hagan ver a tu hijo que escuchas como “ummm”. Tras ello puedes reflejar lo que le ha contado, reformulándolo, sin sermones, consejos ni interrogatorios

6. Ver a los hijos como espejos o maestros

Tener un hijo es acoger a un maestro en nuestra casa.

Kabat-Zinn

Cuando comprendemos algo de nuestros hijos también comprendemos algo de nosotros mismos.

Cuando soy capaz de empatizar y sentir compasión por el dolor de mi hijo, cuando acepto sus comportamientos contradictorios, irritantes o exasperantes y elijo actuar, pensar y sentir desde el amor incondicional , también me alimento y me sano yo. Me lleva a amar, comprender y sanar al niño que fui

La paternidad es un espejo que nos da la oportunidad de ver lo mejor y lo peor de nosotros mismos así como los momentos de nuestra vida más enriquecedores y más aterradores y sanarlo

Ejercicio mindfulness para evitar el descontrol

Ejercicio de respiración “ZONA SOBRIA” para evitar caer en nuestros comportamientos adictivos y compulsivos

Este ejercicio se puede practicar en cualquier momento, es breve y sencillo. Podemos practicarlo en una situación estresante o de alto riesgo, cuando aparecen los deseos de volver a  consumir o de realizar la conducta adictiva que estamos intentando superar (un atracón de comida, tomar una copa,volver a llamar a la pareja con la que siempre peleaba, comprar compulsivamente…)

Nos ayuda a salir del piloto automático, permitiendo que nuestra respuesta no sea tan reactiva y sí más consciente y responsable.

Recordaremos sus pasos con el acrónimo SOBRIA

S de STOP: Acuérdate de PARAR, reducir la marcha (sal del modo automático)

OB de OBSERVAR: Observa qué está ocurriendo , qué emociones, sentimientos y pensamientos estás teniendo. Date cuenta de todo lo que pasa en tu interior, sin juzgar.

R de RESPIRAR: Concentra tu atención en la respiración, en las sensaciones que produce respirar

I de INCREMENTAR: Incrementa tu consciencia y respira con todo tu cuerpo.

A de APLICAR una nueva respuesta, en lugar de reaccionar automáticamente. Aplica tu consciencia para responder con total plenitud.

Más allá de la autoestima: la autocompasión

La curiosa paradoja es que cuando me acepto tal como soy, entoces puedo cambiar

Carl Rogers

Thich Nhat Hahn: “Eres una manifestación maravillosa. Todo el universo se ha unido para hacer posible tu existencia”

La compasión hacia uno mismo no pretende capturar y definir la valía o la esencia de quienes somos. No es un pensamiento o una etiqueta, ni una crítica o valoración. La compasión es una manera de relacionarnos con el misterio de quienes somos, respeta el hecho de que todos los seres humanos tenemos puntos fuertes y débiles.

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En lugar de perdernos en pensar si somos buenos o malos, tomamos conciencia de la experiencia del momento presente y nos damos cuenta de que todo cambia constantemente, todo es transitorio. Los éxitos y los fracasos vienen y van, no nos definen ni determinan nuestra valía. Sólo son una parte del proceso de estar vivo. Nuestra mente puede intentar convencernos de lo contrario, pero nuestro corazón sabe que la verdadera valía radica en la experiencia fundamental de ser una persona consciente que siente, percibe y ama.

A diferencia de la autoestima, los buenos sentimientos de la compasión no dependen de ser especial ni de alcanzar los objetivos ideales. En lugar de compararnos con los demás, nos centramos en lo que compartimos y nos sentimos más conectados y completos. Los buenos sentimientos de la compasión no desaparecen cuando metemos la pata y somos imperfectos. Cuando la inconstante autoestima nos abandona, el abrazo de la compasión siempre está allí.

La compasión hacia los demás implica:

  • Reconocer y ver claramente su sufrimiento
  • Sentir bondad hacia los que sufren, surgiendo de nosotros un deseo de aliviar su sufrimiento
  • Aceptar que el ser humano es imperfecto y frágil

La compasión hacia nosotros mismos tiene las mismas cualidades.

Emplear la Auto-compasión es como hacer mágia, pues transforma el sufrimiento en alegría. Se da la Alquimia emocional: Cuando aceptamos nuestro dolor con afecto y atención, cuando nos dedicamos compasión hacia nosotros mismos, el nudo de la autocrítica empieza a desacerse para ser sustituido por un sentimiento de aceptación tranquila y conectada. Se produce una transformación espiritual y emocional, como si nuestra esencia, nuestro diamante, surgiera del carbón.

Cuando decidimos abrazar nuestra naturaleza humana imperfecta con compasión, todo cambia. Al responder a nuestro dolor con cariño y conexión, calmándonos y consolándonos cuando nos enfrentamos a nuestra imperfección, creamos nuevas emociones positivas que no estaban ahí un segundo antes:

En lugar de sentirnos incompetentes, nos sentimos capaces y conectados al recordar ese aspecto compartido de la experiencia humanaimages.jpeg

En lugar de limitarnos a sentir tristeza, sentimos esa tristeza pero también ternura al preocuparnos por una herida que hay que curar.

En lugar de limitarnos a sentirnos asustados, sentimos ese miedo pero también nos consolamos con cariño y atención.

Abrazamos nuestras emociones negativas con el calor de los buenos sentimientos. Porque en cada momento de angustia se agazapa el potencial de la satisfacción. El dolor puede convertirse en la puerta de la felicidad, ya que sentirnos amados, cuidados y conectados es lo que nos hace verdaderamente felices.

“Los seres humanos deseamos la felicidad por naturaleza y no queremos sufrir. Por este motivo todo el mundo intenta conseguir la felicidad y librarse del sufrimiento, y este es un derecho fundamental para todos. Si tenemos en cuenta el verdadero valor de un ser humano, todos somos iguales” Dalai Lama

Es decir, no tenemos que ganarnos el derecho a la compasión, ya que nacemos con él

TRES ELEMENTOS DE LA COMPASIÓN

La compasión hacia uno mismo abarca tres elementos fundamentales:

  1. Bondad hacia uno mismo, ser amable y comprensivo.
  2. Reconocer nuestra humanidad compartida. Sentirnos conectados con los demás.
  3. Atención plena, Presencia o Mindfulness

1. La bondad hacia uno mismo consiste en dejar de juzgarse y emitir comentarios internos denigrantes, entender nuestros puntos débiles y nuestros fracasos en vez de condenarlos, y además consiste en consolarnos activamente.

En lugar de maltratarnos sin piedad cuando fallamos tenemos otra opción: reconocer que todo el mundo se equivoca y tratarnos con amabilidad. Cuando nos envolvemos en el cálido abrazo de la bondad hacia nosotros mismos, nos sentimos sanos y salvos.

Para ser amables con nosotros mismos debemos ser conscientes de nuestro monólogo interior y emplear un lenguaje empático, no crítico.

2. Nuestra humanidad compartida.

“Un ser humano es parte de un todo al que llamamos Universo. El hombre se experimenta a sí mismo, a sus pensamientos y sentimientos como algo separado del resto (una especie de ilusión óptica de su conciencia). Esta ilusión es como una prisión, que nos encierra a nuestros deseos personales y en el afecto a las personas más cercanas. Nuestra tarea debe ser escaparnos de esta prisión y ampliar nuestro círculo de compasión, para abrazar a todas las criaturas vivientes y a toda la naturaleza en su belleza. Nadie puede lograr esto por completo, pero el esfuerzo por conseguirlo es, en sí mismo, una parte de la liberación y la base de la confianza interna” 

(Einstein)

El sentimiento de compasión surge del reconocimiento de que la experiencia humana es imperfecta. Todos los seres humanos somos falibles. Cuando estamos en contacto con nuestra humanidad común recordamos que los sentimientos de inadaptación y decepción son compartidos.

Cuando nos juzgamos a nosotros mismos por nuestros defectos damos por sentado que existe una entidad separada y claramente delimitada que llamamos “yo” que es la culpable de nuestros fracasos, pero lo cierto es somos la expresión de millones de circunstancias previas que se han unido para darnos forma en el presente.

A veces nos culpamos porque querríamos creer que tenemos el control. Nos asusta reconocer la interconexión esencial que te hace admitir que el control sobre mis pensamientos y actos es sólo una ilusión.

Al reconocer la naturaleza compartida de nuestra imperfección, la compasión hacia uno mismo aporta el sentimiento de conexión necesario para avanzar y desarrollar todo nuestro potencial.

3. La Atención Plena o Mindfulness

Es el tercer elemento clave para despertar nuestro corazón.

Gracias a la Atención plena afrontamos la realidad, vemos las cosas como son, de forma clara, sin críticas, con aceptación del momento presente.

El mindfulness nos sitúa en el momento presente y nos aporta la toma de conciencia que forma la base de la auto-compasión. Como un estanque transparente y tranquilo, sin ondas, el mindfulness refleja los hechos sin distorsiones.

En lugar de perdernos en “nuestro culebrón particular”, nos permite observar nuestra situación con perspectiva y nos ayuda a no sufrir innecesariamente. Para que no nos pase como a Montaigne, el filósofo frances:

 “Mi vida ha estado llena de terribles desgracias, la mayoría de las cuales nunca sucedieron” 

Cuando eres consciente de que estás experimentando determinados pensamientos y sentimientos dejas de estar perdido en la trama de tu vida.

Imaginemos un pájaro volando en el cielo. El pájaro representa un pensamiento o emoción que estás experimentando en este momento, y el cielo representa el mindfulness, que contiene el pensamiento o emoción. El pájaro podría empezar a hacer giros inesperados, bajar en picado, etc. pero el cielo seguiría ahí, imperturbable. Cuando nos identificamos con el cielo en lugar de con el pájaro (cuando nuestra atención se deposita en la conciencia misma y no en el pensamiento o emoción que se desencadena dentro de esa conciencia), permanecemos tranquilos y centrados.

Así nuestro sentido del “Yo” deja de estar atrapado y de verse arrastrado por el contenido de la conciencia; permanece centrado en la conciencia misma. Podemos sentir ira, sin pensar que esa ira nos definen. Yo soy aquel que observa lo que pasa, no las cosas que pasan. Las cosas que pasan ni son yo, ni me pertenecen a mí. No soy la ira, ni la maldad. Soy el que observa esa emoción que pasa por mí.

El auténtico tesoro que nos ofrece el mindfulness es que nos brinda la oportunidad de responder en lugar de limitarnos a reaccionar. Cuando somos capaces de reconocer lo que sentimos en el momento presente, podemos impedir que esos sentimientos nos lancen a la acción.

A través de la meditación o el mindfulness podemos salir de lo que en budismo se denomina “samsara” o apariencia ilusoria de la realidad, que se deriva del continuo hábito de dividir en dos el campo de la experiencia y suponer que el ego que observa es algo separado del resto. Con la meditación podemos acceder a un conocimiento directo de la totalidad

El Maestro Tailandés Ajahn Chah dice:

“Aparezca lo que aparezca en tu mente obsérvalo. Examina cómo los sentimientos y pensamientos van y vienen, no te aferres a nada. Se consciente de lo que ves, sea lo que sea. Y no creas que nada de eso eres tú. Todo es solamente una visión, una construcción de la mente”

¿De dónde surge nuestro sufrimiento?

El sufrimiento surge de comparar nuestra realidad con nuestros ideales. Como hay pocas posibilidades de que la realidad encaje con nuestros ideales, el sufrimiento es omnipresente.

El sufrimiento aparece cuando nos resistimos al dolor. No podemos evitar el dolor, pero no tenemos que sufrir debido a ese dolor.

El sufrimiento tiene una fórmula matemática, es igual al dolor por nuestra resistencia. Cuanto más nos resistimos a lo que ocurre en el momento presente, más sufrimos.

El dolor es como una sustancia gaseosa. Si permites que simplemente esté ahí, libre, acabará disipándose por sí solo.

Si luchas contra el dolor y te resistes a él, lo encierras, la presión aumentará más y más hasta que se produzca la explosión.

Con la Atención Plena, con la meditación, podemos distinguir aquellos aspectos de nuestra experiencia que podemos cambiar y los que no. La oración de la serenidad de Alcohólicos Anonimos describe bien esta idea:

Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar,

valor para cambiar las cosas que sí puedo cambiar,

y sabiduría para reconocer la diferencia

La belleza de la compasión radica en que en lugar de sustituir los sentimientos negativos por otros positivos, se generan nuevas emociones positivas aceptando las negativas.

“El sufrimiento solo se cura soportándolo hasta el final

Marcel Proust

El silencio

Para lograr el silencio interior es necesario dedicarnos tiempo para ese “cultivo”, al igual que dedicaríamos un tiempo a nuestro jardín si queremos que esté lleno de flores.

img_4579Cuando surge un problema y comenzamos a sentir ansiedad, enfado, desesperación,impulsividad, … y no sabemos qué va a pasar o que hacer, podemos dedicarnos unos minutos de silencio, centrando la atención no en el problema, sino en nuestra respiración, inhalando y exhalando. Si los pensamientos sobre el problema llega a nuestra mente los observamos y seguimos concentrados en la respiración y después de hacer esto, ya con más calma podremos afrontar la situación- problema de otra manera.

Puede que no lo consigamos a la primera, pero igual que en el gimnasio vas poco a poco desarrollando tus músculos, practicando el silencio y el mindfulness desarrollas habilidades que en un principio están “flojas”.

Así como cada gota de agua,abono, y  rayo de sol le da vida a la flor, practicando el silencio se le da otro sentido a las dificultades, por lo tanto a la vida y como la percibimos. Podemos afinar nuestro oido y escuchar el sentido de nuestra vida.

El objetivo del silencio no es simplemente apaciguar nuestra mente sino entrar dentro de lo más profundo de nosotros mismos para no vivir distraídos o inconscientes de lo que pasa en nuestro interior. En definitiva el objetivo final del silencio es acoger al Universo en nuestro Corazón.

Las recaídas en las adicciones

La recaída es parte del proceso de curación

El cambio de una conducta adictiva es un proceso que se da a través de una serie de etapas que va desde que el individuo comienza a darse cuenta que tiene un problema, hasta el momento en que  éste ya no existe. Así, el abandono exitoso de la conducta adictiva abarca una progresión de cinco fases: precontemplación, contemplación, preparación, acción y mantenimiento. (Modelo transteórico de Prochaska y DiClemente)

Cuando hablamos de adicciones nos referimos no solamente a las drogas o al alcohol. También a los trastornos de la conducta alimentaria, las compras compulsivas, las parejas dependientes, el juego patológico, el uso excesivo de las tecnologías o el móvil…

Los procesos de cambio no progresan en forma lineal; es un proceso dinámico de avances y retrocesos, en el que las personas siguen un patrón cíclico o espiral a través de diferentes estadios hasta que logran consolidar el mantenimiento de la abstinencia. Durante este proceso las recaídas se hacen presente cuando las estrategias de estabilización y mantenimiento de la abstinencia fallan; así, una recaída puede originarse tanto en la etapa de acción como en la de mantenimiento, e implican un movimiento a estadios previos

La recaída constituye una crisis y retroceso en los intentos por mantener los cambios de conducta.

Cuando se hace referencia a una recaída, es porque ha habido anteriormente un periodo de mejoría significativa en la liberación de la conducta adictiva.

Hay que tener claro que un consumo aislado (droga, atracón de comida, juego, compra compulsiva…) no es en sí una recaída, ni tiene porqué llevarnos a ella.

Hay diversas etapas en el proceso de recaída (Marlatt):

Desliz o Lapso: Error leve, con una ingesta aislada de la droga o un comportamiento adictivo aislado

Recaída: Proceso transitorio de vuelta al consumo o al comportamiento adictivo, mayor en el tiempo y en la cantidad

Colapso: Regreso a las conductas anteriores de la adicción, con persistencia en el tiempo, y retomando las antiguas pautas de pensamiento

El proceso de recaída no ocurre de la noche a la mañana sino que se va incubando de modo silencioso.

Permanecer en el camino de la recuperación

Para permanecer en el camino de la recuperación debemos hacer que esta sea nuestra prioridad, que sea lo que más anhelamos en este momento en nuestras vidas. Cuando comenzamos el camino de la recuperación quizá sintamos mucha confianza en que vamos a cambiar nuestra vida y dejar atrás la adicción, que jamás tendremos un retroceso. Pero la fuerza de voluntad se va debilitando con el tiempo.

Hace falta un esfuerzo sostenido para mantener viva la recuperación, trabajando activamente la mente, empleando recursos casi diarios que mantengan la llama en ese camino.

Cuando recaemos podemos interpretarlo como un recordatorio de que no queremos rendirnos, por muy difícil que sea la situación: necesitamos levantarnos de esa recaída, reorientar nuestro GPS interno con amabilidad y firmeza, y seguir hacia delante. Cuanto más duros seamos con nosotros, más probable es que recaigamos.

Necesitamos reconocer nuestros errores pero también perdonarlos. La recaída es parte de nuestro proceso de recuperación y sentir vergüenza, ira o frustración no nos hará mejores, pero sentir compasión sí.

Recuperarnos de una adicción requiere esfuerzo diario, es un trabajo a tiempo completo.

 

Ejercicio mindfulness para las recaídas: Espacio para respirar después de un desliz

Después de haber tenido un tropezón, al día siguiente, o en los momentos posteriores, hazte consciente de cualquier enfado o resentimiento que tengas hacia tí. Este es un momento para trabajar la compasión y no caer en el ciclo de culpa, ansiedad y nuevo desliz

Nota tus pensamientos y sentimientos.

Después, conténtrandote en tu respiración, notando como inhalas y exhalas, reconoce simplemente que ese desliz es parte de tu proceso, que este es un nuevo momento (o un nuevo día) para hacer algo diferente.

Mientras expandes tu respiración por todo el cuerpo, habla contigo regalando unas palabras de ayuda y aliento, como si estuvieras apoyando a un amigo que quiere recuperarse.

Puedes decirte “Lo has hecho bien, sigues en el camino de la recuperación, y este tropiezo sólo es una oportunidad para practicar lo aprendido”