Meditación contra la anorexia

Queremos compartir con vosotros este artículo publicado en El Mundo por Raquel Villaécija, donde nos entrevistaron sobre la meditación y la anorexia. Esperamos que os guste:

“Sara Ferrer descubrió el mindfulness en el momento en el que aceptó que sufría un trastorno de la alimentación. Vivía, según relata, desconectada de sí misma, de sus necesidades físicas y biológicas. Empezó a practicar la meditación en la atención plena y experimentó una gran mejoría. “Me ayudó a escucharme, a observar qué es lo que necesitaba mi cuerpo. Volví a recuperar el contacto con esa parte de mí misma que tanto rechazaba”, explica Ferrer, que ahora trabaja como coordinadora del programa de alimentación consciente en la Escuela Transpersonal en Madrid.

Cada vez más centros y profesionales que tratan a pacientes con Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) están introduciendo el mindfulness, o la práctica de la atención plena, en sus terapias con los enfermos para obtener mejores resultados. “Esta herramienta lo que permite es pasar de la conducta compulsiva que se da en este tipo de trastornos a una mucho más consciente. Se trata, en definitiva, de ser conscientes de la cantidad que comemos, saber qué es lo que necesitamos ingerir y ser dueños, en definitiva, de nuestros actos”, explica Carmen Tolosa, experta del Centro de Psicología Aplicada de la Universidad Autónoma de Madrid sobre Trastornos del Comportamiento Alimentario.

Aunque en España elmindfulness aún no está muy extendido en los tratamientos de estas enfermedades, “cada vez hay más psicólogos que las conocen y las utilizan como una herramienta más de trabajo a la hora de evaluar a los pacientes”, señala Tolosa.

Para la psicóloga Sara Valcárcel, “la anorexia o la bulimia son trastornos mentales que tienen una raíz profunda y, por eso, cada caso es personal e intransferible, pero cualquier herramienta que ayude al enfermo a conectar consigo mismo es sin duda apoyo importante en su tratamiento”.

El mindfulness y la meditación logran “rápidos beneficios” en los enfermos, según Darina Nikolaeva, de la Escuela Transpersonal. “Los pacientes que sí lo practican o lo introducen en sus terapias evolucionan mucho más rápido e incluso hay altas totales”, explica Tatiana Muñoz, que trata a personas con estos problemas desde hace 15 años.

Según Carmen Tolosa, el mindfulness “ayuda a regular emociones e identificar aquellas que pueden desembocar, por ejemplo, en atracones o en actos de purga como el vómito”. Según Tatiana Muñoz, “cuando la gente empieza a meditar, sale del estado emocional que le ha llevado a padecer esos síntomas asociados a la comida. Al meditar es como si le dieran al pause y vieran las cosas desde otra perspectiva mucho más consciente. La actitud de no enjuiciarse a sí mismo y aceptar la realidad tal y como es ayuda a que lo emocional no nos secuestre. Pero no se trata de estar relajado, como en la meditación, sino de estar consciente”.

En el hospital Universitario La Paz ya se utiliza el mindfulness para tratar a personas con estos problemas. Uno de los referentes internacionales está en la facultad de Medicina de la Universidad de Montreal, en Canadá. “Intentamos tratar al enfermo o la enferma con ejercicios que calmen el estrés y cultiven una resiliencia a largo plazo. Está científicamente probado que la meditación es beneficiosa y eficaz a la hora de mejorar la salud y la calidad de vida de estos enfermos”, explica el doctor Hugues Cormier, uno de los responsables del programa.

Para el doctor Jean Wilkins, que lleva 30 años tratando a adolescentes con anorexia, “es importante crear un vínculo con el joven, intentar comprender el problema que le ha hecho caer en la enfermedad, y eso se hace a través del diálogo y con tiempo. El tiempo es muy necesario”, añade.

Para Sara Ferrer, que ha vivido el problema desde los dos lados, la alimentación consciente ayuda a “saber qué es lo que necesitas comer, identificar si es hambre física o emocional. Aprendes a controlar la cantidad, a observar los sabores. Empiezas a sentir el hambre, que es tan rechazado por el enfermo en una determinada fase de la enfermedad. Se trata de volver a sentir en el cuerpo las necesidades físicas que durante tanto tiempo han estado desatendidas”.

Alimentación sana y ortorexia

Hay una línea muy fina entre lo que puede considerarse una predilección por la comida sana (un estilo de vida consciente)  y una obsesión por la calidad, pureza y origen de los alimentos, que nos llevaría a la ortorexia.

La ortorexia es un trastornos de la conducta alimentaria, al igual que la anorexia, la bulimia o el trastorno por atracón . La Ortorexia Nerviosa, la vigorexia, la alcoholexia y la Pica, están consideradas como trastornos de la conducta alimentaria no especificados (TCANES).

La ortorexia se define como una obsesión por el consumo de alimentos sanos, hasta un nivel que cabe considerar patológico.  Este trastorno fue definido por primera vez por el médico norteamericano Steve Bratman en 1997, en un libro publicado en el año 2000 en USA y titulado “Health Food Junkies” (“Yonkies de comida sana”).

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En muchos casos la obsesión por la comida pura, ecológica y sana esconde patologías más complicadas de detectar y sanar que la anorexia. Esta obsesión puede conducir muchas veces a suprimir grupos enteros de alimentos por razones ideológicas que, en ocasiones, no se reemplazan correctamente por otros que puedan aportar los mismos complementos nutricionales ocasionando graves problemas para la salud.

Los ortoréxicos suelen ser personas con normas muy rígidas, si en algún momento no las cumplen se angustian y autocastigan con dietas más estrictas, depuraciones o prácticas de ayuno, alaban sus éxitos y tienen un estricto autocontrol para resistir las tentaciones, la autoestima se ve envuelta en la pureza de su dieta y sienten superioridad hacia aquellos que no siguen sus mismos hábitos alimentarios, lo cual les produce una sensación de seguridad y control, desplazando todo el significado de sus vidas hacia la comida sana.

Su vida social y familiar se resiente, no consienten comer comidas “no sanas o impuras”, por lo que han de reducir sus relacione sociales.

¿Cómo podemos diferenciar una decisión saludable de comer consciente y ecológicamente por una patología? La clave reside en la obsesión y el deseo de pureza, la rigidez y la culpabilidad al infligir las reglas y el valor añadido que la persona siente tener por su forma de comer. El ortoréxico escucha más a su mente, a sus ideologías sobre alimentos puros, que a su propio cuerpo.

En cambio aquellos que han evolucionado y son conscientes de la importancia que la alimentación tiene en nuestra salud y nuestras emociones y por ello eligen alimentos ecológicos, preparados de modo saludable, comidos con un enfoque mindfull eating, escuchan a su cuerpo y tienen en cuenta al entorno . Valoran los momentos sociales, dan importancia a las redes humanas, relativizando la gravedad de comer puntualmente alimentos menos sanos. En ocasiones una buena compañía nos nutre más que un maravillosos alimento y quien se encuentra en equilibrio, sano psíquicamente, lo percibe y lo prioriza.

El Dr. Bratman diseño un test de autodiagnóstico para detectar los síntomas de este trastorno de alimentación con las siguientes preguntas:

a) Dedica usted más de 3 horas al día a pensar en su dieta sana.

b) Se preocupa más por la calidad de los alimentos, que del placer de consumirlos.

c) Ha habido una disminución de su calidad de vida, conforme aumenta la pseudocalidad de su alimentación.

d) Se siente culpable cuando no cumple con sus convicciones dietéticas.

e) Realiza una planificación excesiva de lo que comerá al día siguiente.

f) Está experimentando un aislamiento social, provocado por su tipo de alimentación.

La respuesta afirmativa a estas y otras cuestiones similares permitirían, según Bratman, diagnosticar ortorexia.

Si crees que padeces ortorexia y quieres ayuda para sanar, ponte en contacto con nosotros en info@esenciadealquimia.es. Estaremos encantados de acompañarte

Tatiana Muñoz

La herida del rechazo en la anorexia y la bulimia

 

Según Lisa Bourbeau , existen 5 heridas que nos impiden ser nosotros mismos y que nos generan un gran sufrimiento: rechazo, abandono, humillación, traición e injusticia. Para no sentir esas heridas recurrimos a “máscaras “ (“personalidades” que nos protegen )para ocultar ese dolor, pero esto a la vez aumenta la profundidad de la herida.

Si la herida es el rechazo la máscara será ser huidizo.

Si es el abandono, la herida lo ocultaremos tras una más cara dependiente.

La humillación tras la personalidad masoquista.

La traición tras ser controlador.

La injusticia con rigidez.

Las máscaras son visibles en nuestra personalidad y también en nuestro aspecto físico.

Puede resultarnos difícil distinguir entre sentirnos rechazados o abandonados. Abandonar a alguien quiere decir distanciarse de esa persona por algo o por alguien , mientras que rechazar a alguien significa no desear tenerla cerca o no desear tenerla en nuestra vida. Quien rechaza utiliza la expresión “No quiero”. Quien abandona emplea “No puedo”

En el caso de los trastornos de la conducta alimentaria es la herida del rechazo la que se sitúa generalmente debajo de estos problemas, sobretodo en los casos de anorexia.

Nuestras heridas afectan a la manera en que nos alimentamos, pues tratamos al cuerpo físico de la misma manera que hacemos con nuestro cuerpo mental y emocional.

El rechazo es una herida muy profunda. Quienes la viven se sienten rechazados en su interior, sienten rechazo con respecto  a su derecho a existir. Esta herida se puede apreciar desde la tierna infancia ,a pesar de que el progenitor que le hace sentir ese dolor nunca le haya rechazado verdaderamente.

Cuando vivimos sintiéndonos rechazados todo lo que nos va sucediendo lo interpretamos desde el filtro de esa herida, sintiendo rechazo aunque no sea cierto.

La máscara consiste en volverse huidizo, con un cuerpo que parece querer desaparecer y ser muy delgado Es un cuerpo que no desea ocupar mucho lugar

Duda de su derecho a existir. En ocasiones prefieren crearse un mundo imaginativo y estar “en la luna”. Les llama más la atención lo intelectual o lo espiritual que las cosas materiales, que viven como superfluas

La herida del rechazo radica en el progenitor del mismo sexo. Dice Lisa Bourbeau que el progenitor de nuestro mismo sexo desempeña la función de enseñarnos a amar, a amarnos y a darnos amor. El del sexo opuesto nos enseña a dejarnos amar y a recibir amor.

Puede ocurrir que la persona, debido a ese dolor, decida inconscientemente no utilizar a su progenitor del mismo sexo como modelo, llevándola a anularse, infravalorarse. Debido a ello necesita a toda costa ser perfecta y obtener reconocimiento antes sus ojos y ante los de los demás. No se percibe como una persona completa, puesto que busca incesantemente el amor de su progenitor. Al pasar los años está se puede transformar en un odio intenso hacia ese progenitor (odiar exige mucho amor). Las mujeres dejan de confiar en sus madres por temor a no ser comprendidas, ya que para ellas eso es sinónimo de ser amadas aunque esto no sea cierto.

Cuánto más se rechaza a sí misma, mayor temor tendrá de que los demás también lo hagan.

Una de las características más evidentes del huidizo es buscar la perfección en todo lo que hace, obsesivamente,ya que considera que si comete un error será juzgado por ello, lo que equivale interiormente a ser rechazado . Como no cree en la perfección de su ser, lo compensa intentando alcanzar la perfección en todo lo que hace. Confundiendo el ser con el hacer

Sanar esta herida es fundamental para poder ser nosotros mismos, para vivir desde nuestro centro. Su sanción nace de desarrollar un trato gentil y compasivo hacia nuestra persona, de soltar viejas creencias y perdonarnos IMG_1005.jpg